Pues me temo que a partir de ahora, lo de saltar la reja va a tener otro sentido que el ya clásico, el del Rocío de Almonte, Huelva. Y me temo que, en cualquier caso, y suponiendo que alguien fuera capaz de mirar con curiosidad el salto cuasi-religioso-pero-menos de la ermita, ahora se acordará de este otro salto que estamos viendo en diferido por las teles, en las noticias. Tanto despotricar del muro de Berlín y ahora resulta que teníamos el muro de Berlín aquí mismito, cruzando el Estrecho.
Manda cojones. Manda miseria. Y qué fácil es, señor Mariano (y anda que no tiene usted cancha para largar por esa boca, si fuera capaz de ordenar seguidas dos ideas constructivas) ver los toros desde la barrera y echarle la culpa al malvado Zetapé, como en todas. Como si, un poner, si usted fuera ahora mismo presidente de todos los españolitos (con o sin hilos detrás, que esa es otra) ese montón de negros muertos de hambre y miseria (porque me toca tanto más los cojones usar el eufemismo "subsaharianos", coño) decidirían que no, hombre, por Dios, que cómo van ellos a entrar en terreno español, que cómo van a querer saltar la valla, que esas cosas sólo se hacen cuando se hacen y contra quien se hacen, que le vayan dando a la alianza de civilizaciones y los acuerdos de pesca.
¿Nadie, nadie es capaz de reconocer que este problemón no tiene solución ninguna? ¿Que esos miles de hombres, mujeres y niños muertos de hambre tienen derecho a buscarse otros pastos donde puedan creerse que vivirán, como nosotros, en un paraíso? ¿Y que nos dan mucho miedo cuando entran así, en tromba, y que no nos queda más remedio, ay, que protegernos, y que cerrarles el paso, y la cosa se liará cuando se tire a matar, que llegaremos también a eso?
¿Nadie, nadie es capaz de agachar la cabeza y avergonzarse de la sociedad en que vivimos? ¿Nadie pensará con esa misma cabeza, por quienes representa, en vez de asegurarse su minutito en la tele o en la prensa y dedicarse luego a lo suyo, porque a fin de cuentas vive de eso y para eso y lo demás son posturitas? ¿Nadie querrá hacernos ver que, con la que está cayendo, hagamos lo que hagamos seremos los malos, siempre, de esta historia?
Se ve en la tele las imágenes de Ceuta y de Melilla, y se ve a los habitantes de Ceuta y de Melilla, acojonados como estaríamos acojonados usted y yo, señora, pero haciendo muchos de ellos lo que ni usted ni yo ni las instituciones sacrosantodemocráticas hacen bien (porque tampoco les llega, cierto): dar de comer y beber a cuantos pueden.
Hay problemas irresolubles, losas que pesan sobre nuestras conciencias y nuestra estabilidad, verdades como puños que sacuden la cómoda estructura de nuestras mentiras. Al final, acabaremos entrando en guerra, literalmente, contra el hambre y la pobreza.
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