También se puede ser patriota con el sexo, y si no que se lo pregunten a 007 o, si nos apuramos, a la Judit bíblica.

Erase una vez la Segunda Guerra Mundial, y un autor que no pudo demostrar con las armas que era tan patriota como el vecino, que sí que se había ido al frente y lo había dejado a él solo en su tablero de dibujo, rodeado de mujeres empeñadas en cuestaciones y, con suerte, ocupando los puestos de trabajo que quedaban vacantes. Así que, ni corto ni perezoso, nuestro autor, uno de los más grandes de todos los tiempos, Milton Caniff, no se resignó a ser estrecho de pecho, tener la espalda lastimada o (lo descubro en este libro) sufrir de narcolepsia, y presentó a los jerifaltes de la guerra la idea de hacer una tira para entretener a los soldados y reconocer el esfuerzo que hacían para proteger la sociedad de los derechos humanos, la tarta de manzana y el American Way of Life, en suma.

Y, como estamos hablando de uno de los más grandes, no se limitó a hacer cuatro rayas y cumplir, sino que se entregó a la tira en cuerpo y alma, creando un producto fresco, pícaro, desvergonzado y, sí, bastante machista, que escandalizó en su época a la sociedad bienpensante que no se batía el cobre en el frente y que sin embargo hoy se lee con una sonrisa en los labios, porque rezuma ingenuidad y ternura en todos y cada uno de sus cuadritos.

Caniff al principio, lo sabrán ustedes, utilizó a Burma como reclamo sexual para esta tira que hizo de manera gratuita para los soldados. Y hasta se publicó en los periódicos exclusivos de los G.I. Joes con el nombre de Terry y los piratas, aunque Terry no apareciera, sino la rubia despampanante.

Pero si Caniff quiso ser patriota desde la retaguardia, descubrió muy pronto que el capital no tiene por qué serlo también: una cadena de periódicos se quejó de que los rivales publicaran una tira con el mismo nombre de la tira que ellos pagaban religiosamente, así que Caniff tuvo que dar marcha atrás, arrancar de cero, sustituir a Burma por Miss Lace y, de paso, crear historia.

Llamada "Male Call", un juego de palabras intraducible que lo mismo alude a la llamada del macho que al servicio indiscutiblemente masculino que era entonces la guerra ("Cosa de hombres" quizá sería una traducción algo apañada), la serie cuenta, a través de tiras auto-conclusivas de entrega semanal, las vicisitudes de una muchacha morena e ingenua que no es consciente de lo atractivo de su cuerpo ni de los subidones de testosterona que provoca en los soldados y marineros (casi nunca oficiales) a su paso. La serie es absolutamente blanca: no hay ni un solo momento de desnudo, Lace se comporta en ocasiones más como un muchacho que como una chica, o como una madre, o como una hermana, sirviendo de contrapunto idealizado con la realidad que los soldados veían a su alrededor. Ni siquiera aparece en todas las tiras, ya que hay al menos un tercio de ellas donde los protagonistas son los chicos del frente.

Hay mucho humor, hay mucho juego de insinuaciones, y juegos de palabras, y equívocos. Y, siendo Caniff uno de los más grandes y estando en plena facultad de su capacidad artística, un maravilloso trabajo de luces, sombras y enfoques.

Male Call se publicó en los periódicos militares de todos los frentes, de manera gratuita, y dejó de existir en cuando la guerra terminó. Este libro que se publica ahora en Hermes Press (similar al que ya publicara Toutain en España hace muuuuchos años), recopila todas las tiras, incluidas las de Burma, más aquellas que no pasaron el filtro de la censura (que existió y Caniff aceptó), más algún que otro pin-up ya posterior, cuando nuestro dibujante ya había dejado de ser el primero de la clase y su concepto del sexo y del patriotismo había quedado algo anticuado.

No se dice en ninguna parte, pero déjenme que yo elucubre por mi cuenta: con Male Call Caniff fue consciente de que los personajes de Terry no eran suyos, sino del syndicate, y quizá en este trabajo en apariencia menor se encuentre el germen de su deseo de independencia y el control creativo que luego tendría cuando decidió dejar su serie insignia para crear Steve Canyon. También aquí se puede ver el acercamiento, entonces inofensivo, a la temática militar que marcaría el militarismo de su nueva obra.

Un ratito de risas garantizadas tienen ustedes. Y de historia viva del siglo y del medio.

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Comentarios

1
De: RM Fecha: 2011-10-12 14:21



2
De: RM Fecha: 2011-10-12 14:22



3
De: Ivan Gil Fecha: 2011-10-12 16:34

pura maravilla.....que envidia



4
De: Andoni Fecha: 2011-10-12 22:47

Lo recibí el mes pasado, junto con el libro sobre Caniff. Ambos, imprescindibles. Y esperando ahora a "Steve Canyon"...



5
De: EMPi Fecha: 2011-10-13 00:15

Y su modelo se llamaba Dorothy Partington. y la relación entre Caniff y esta chica, Dotty, constituye el argumento divertidisimo de la primera trilogía de Pin Up, de Berthet. veas estudio Caniff de Tebeosfera, firmado por un servidor.



6
De: PAblo Fecha: 2011-10-14 08:34

¡¡ Qué grande Caniff!!

Estas tiras tienen un punto cómio a lo Billy Wilder genial...

Impacientes Saludos.



7
De: Santi Fecha: 2011-10-14 17:18

Pin-up, editada por Norma, te introduce bien en el mundillo de Cannif y su obra.

Barbarroja integral 1,(3 tomos ) 44 euros. ¿Merece comprarlo en castellano...?



8
De: RM Fecha: 2011-10-14 18:17

Barbarroja siempre merece la pena.

Pin-Up aunque divertido, es absolutamente injusto con Caniff. No comprendo cómo los herederos no han llevado a los autores a los tribunales.



9
De: luis h Fecha: 2011-10-15 00:10

No sabía que se iban a publicar los integrales de Barbarroja....podéis decir la editorial que lo publicará?



10
De: Santi Fecha: 2011-10-21 08:46

Los derechos ya están adquiridos para España.

Netcom2, la editorial de Alix llegó tarde para adquirirlos...ya estaban comprometidos. A la fuerza tiene que ser Ponent-Mon.



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