Hay libros que te salen al paso y te arrollan y otros libros que uno pone a curtir al sol, esperando que maduren hasta que llegue el momento de escribirlos.

En estos dos libros están las dos facetas, los dos ejemplos de mí mismo. Empecé a escribir La ciudad enmascarada en 1978. Redacté una veintena de páginas y lo dejé ahí, postergándolo sine die, a la espera de que llegara el día de ponerme manos a las teclas. Y pasaron más de treinta años. El argumento de la historia es el mismo, las escenas ya estaban pensadas en su momento: el climax final, la soledad de los personajes, el desencanto por la literatura.

Pero la novela se ha ido redondeando con los años. Ha ganado en técnica, los personajes son ahora más complejos, más profundos. Mi amor por Cádiz y mi repulsa por Cádiz son también más intensos.

Yo nunca quise ser el protagonista de este libro y durante mucho tiempo me fijé en mi compañero Juan Carlos Benítez, ya fallecido, para pillarle los tics. Al final, fue otro compañero, Paco Sánchez, quien acabó por prestarme su vivencia para explicar la situación del personaje central.

Hay un juego inevitable con Lovecraft y con los mitos de Cthulhu. Precisamente de no saber pronunciar la palabra de marras parte el libro: ¿Y si alguien fuera capaz de recitar el conjuro? Sin embargo, y creo que por eso el libro tardó tanto tiempo en apoderarse de mí, siempre estuve en la duda: Si escribía una novela del corpus lovecraftiano, y el personaje era profesor de literatura y ex -poeta… ¿qué papel tenía Lovecraft en la historia? ¿Su ficción era una realidad o era una ficción? ¿Lovecraft existe en el mundo que se recrea en Cádiz, o se recrea su mitología?

Ni una cosa ni otra. En el proceso de investigación sobre Lovecraft uno encuentra los mitos fenicios: encuentra a Dagon, encuentra a El, encuentra a Tanit. Y al final decide escribir una especie de “Ultimate Lovecraft”, una especie de antropologización de Lovecraft. Ya no es una obra de los mitos: es una obra de los mitos que crearon los mitos. Uno de los personajes, el malo (hay dos amigos representados ahí, ambos de la época de El niño de Samarcanda, por cierto), pretende reivindicar los cultos fenicios, y de ahí parte el juego: los sarcófagos antropoides, los sacrificios a niños en el antecedente de nuestro carnaval, ese juego de torres que sirven como pararrayos cósmicos. La novela se compone de pequeñas anécdotas reales que forman un mosaico ficticio.


La otra novela me salió al paso. El niño de Samarcanda, con su nombre de novela histórica o de libro de César Vidal. Un día te viene la música del primer capítulo, como pasa tantas veces (porque lo difícil de escribir un libro, para mí, es encontrarle la música), y de ese capítulo se pasó al siguiente, y al siguiente, y al otro.

A mí me han gustado siempre las historias de santos. Y lo más parecido que conozco a un santo en la tierra, un santo profano, es Juanjo Téllez, que ya era una leyenda cuando lo conocí en 1976, cuando yo salía de ver La trastienda y nos tomamos un perrito caliente sin mostaza.

El niño de Samarcanda es un retrato, una autobiografía ficticia, un ser inventado que es mezcla de Juanjo y de mí mismo e imagino que de mucha otra gente. Había un viejo poema de Téllez, donde aparecía un verso que decía algo así como “Sabedlo, hablo de mí, pero también hablo de vosotros”. En este libro yo hablo de Téllez, pero también hablo de mí: he rellenado los huecos de su historia y sus intimidades con algunos huecos de mi historia y mis intimidades. Pero creo que el retrato es válido: para él y para mí, para vosotros.

Es el retrato de un tiempo que ya no volverá. Entre otras cosas porque ya no existen las tardes de café y radio, los tebeos de Victor héroe del espacio, las emisoras clandestinas, los libros de Historias Selección (que sí han vuelto al mercado, pero los chavales de hoy están más por Harry Potter o por los videojuegos).

Me pareció necesario contar aquella cultura del bar de la esquina donde veíamos la tele, de los niños gamberros de nuestros barrios, que ahora se llaman canis. De nuestros padres, que eran niños cuando la guerra y que posiblemente no tuvieron la infancia que nos dieron a nosotros. De nuestras abuelas, que nos malcriaron más de lo que nosotros hemos malcriado a nuestros propios hijos.

Hay tres o cuatro momentos clave en el libro que creo que marcaron a nuestra generación, o al menos a la sensibilidad de los que tenemos sensibilidad de nuestra generación: los libros, el affaire La la la, la llegada del hombre a la Luna, el cierre de Gibraltar en el caso de Juanjo, la muerte de Franco.

Este libro trata del descubrimiento de los libros, de la música. De aquellos tiempos nuevos que reventaron una mañana de noviembre de 1975.

Este libro es un viaje iniciático. Una especie de precuela de otro de mis libros, El anillo en el agua (que tardó más de quince años en publicarse: este solo ha tardado unos meses, menos mal). Un libro que espero forme parte de una trilogía de lo íntimo si alguna vez me vuelve a pillar la música y el arrebato y escribo el otro libro en paralelo que iría un poco más allá que este libro, un libro que se llamaría Barrio.

Es también un libro épico. Si en La ciudad enmascarada siento el terror como el peso de lo cotidiano, de lo vulgar, de lo inevitable y cutre de la vida (porque la vida sería más divertida si saliera Godzilla de la bahía y derribara el segundo puente), en El niño de Samarcanda he querido hacer, sobre todo, una novela épica. Juan José es un héroe de las cosas pequeñas, pero sus pequeñas victorias son grandes victorias.

Juan José es más grande que la vida, y por eso la novela va adquiriendo tintes épicos a medida que el personaje se va haciendo, se va convirtiendo en el mito que es hoy. En el santo varón que hoy es.

El niño de Samarcanda no fue torero, ni fue cantante (menos mal). Fue poeta. Y fue periodista. Y fue un mito, una leyenda. El superhéroe capaz de estar en dos sitios al mismo tiempo. Y ahora es un escritor que a la vez es un personaje de ficción.

Y además es mi amigo, ea.



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Comentarios

1
De: RM Fecha: 2011-05-11 17:02

Mis palabritas de respuesta y embauque al personal después de las bellas presentaciones de Juanjo y Antonio.



2
De: Fran González Fecha: 2011-05-11 18:35

Enhorabuena, Rafa. He visto las fotos que has colgado en facebook y te brillan los ojos como a una madre que acaba de dar a luz y le colocan a su bebe recién nacido en el regazo..a disfrutar este momento! tus "bebes" ya están en la calle!



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