La quinta historia, como la tercera, cubre un periodo de tiempo de varios meses y cuenta anecdotario real a través de la visión de un personaje ficticio. No tendría argumento en sí misma, sino una especie de hilo conductor doble: por un lado, los comentarios reales sobre lo que sucede en el Teatro de las Cortes de San Fernando, entonces la Isla de León que da título al álbum, y por otro la reacción que la llegada de los diputados y el asedio francés (y, más tarde, el brote de fiebre amarilla que obliga a las Cortes a trasladarse a Cádiz) provoca en Muergo, el niño co-protagonista de la historia.

La historia no tiene argumento novelesco de exposición-nudo-desenlace, y no sucede de corrido, sino espaciada a lo largo de varios meses, los que transcurren desde la llegada de los primeros diputados en septiembre de 1810 hasta su marcha a Cádiz más tarde, en febrero de 1811. Por tanto, las escenas no van concatenadas, sino que habrá que mostrar por las ropas, el color de los cielos, algún elemento de decorado que vaya cambiando (la maceta de la casa o las hojas de los árboles de las calles, por ejemplo) que van pasando semanas. En cine o televisión se solucionaría con fundidos en negro y música, y en cómic podría ponerse un rótulo con “meses después” o “días más tarde”, pero no habrá más que un rótulo en la historia, en la primera viñeta, por lo que el lector debe comprender que pasa el tiempo sin necesidad de que lo llevemos de la mano todo el tiempo.

Usamos un personaje ficticio, MUERGO, un niño de unos nueve o diez años. Un pícaro, si supiera serlo. Mariscador, de ahí su mote, hijo de madre viuda y sin hermanos ya. De tez oscura, sucio, desgreñado, analfabeto. Muergo se gana la vida mariscando, o haciendo chapús, o robando, todo lo que pueda conseguirle un trozo de pan, ahora que es el sustento de su madre. La llegada de los diputados y los soldados lo abre a un mundo desconocido, quizá excitante, muy distinto al mundo que conocía apenas unos meses antes. Es demasiado joven para ir a combatir más allá del Puente Suazo contra los franceses del otro lado, y su madre no se lo permitiría en cualquier caso. Por tener un referente cultural, podría parecerse al niño pescador de Ribera.

Por conveniencia de la historia, y ésta es la parte ficticio-poética del argumento, Muergo conoce a un diputado y le sirve como criado. Es la relación entre el niño que no entiende lo que pasa y el diputado que le comenta lo que han ido haciendo en las sesiones lo que configura la historia. El diputado es real, aunque la historia de la relación entra ambos sea ficticia. Lo identificamos como AGUSTÍN DE ARGÜELLES, uno de los más famosos y comprometidos, de ahí que comente su entusiasmo con la libertad de imprenta, la supresión del Santo Oficio y su deseo de acabar con la esclavitud (cosa que finalmente no consiguió). Hay información gráfica del personaje, pero aquí debe tener unos treinta años.

Lo ideal sería cuatro, cinco o seis viñetas por página, no mucho más. Como estamos trabajando al estilo Marvel (más o menos), cada punto y aparte indica más o menos una viñeta o una secuencia de viñetas. Cuando se trata de diálogos que son más importantes que la acción, el dibujante es libre de buscar los planos y contraplanos que considere más atractivos para narrar la historia, sin recurrir ni a la espectacularidad vacía ni a los primeros planos mirando a cámara. En esos momentos, cada diálogo y su respuesta van acotados en el guión con un recuadro, para que se comprenda que deben ir juntos en la misma viñeta.

Es muy importante el lenguaje gestual de los personajes, la corriente de simpatía entre el niño y el diputado. La solemnidad de los momentos solemnes y los detalles aparentemente secundarios (la gente que tose a lo largo de la historia).


PÁGINA 1


En cuatro viñetas, alargadas si es posible, la secuencia.

En la primera viñeta, vemos al niño Muergo mariscando en la orilla del río. Cañizos, aguas turbias, fango hasta las pantorrillas. Muergo puede tener a la cintura una cestita de mimbre, un garabato para mariscar, algún cangrejo, cañaíllas e incluso algún muergo en la cestita. Se le ve concentrado, las piernas abiertas, observando el fangal donde va a localizar su próxima presa.


TEXTO: ISLA DE LEÓN, 24 DE SEPTIEMBRE DE 1810


Las viñetas 2 y 3 muestran a Muergo capturando cañaíllas, o cangrejos, o muergos. Puede ver la misma primera viñeta en pose algo cambiada, para indicar la paciencia de la labor, o cambiar el ángulo de cámara y ver, desde el punto de vista cle niño, el agua y el bicho que está debajo, y cómo lo captura y lo lleva a la cesta.


En la cuarta viñeta, en la orilla del río, la madre de Muergo, que es pequeña, encorvada: una mujer mayor, de unos cincuenta años. O al menos con esa edad que se asocia don las mujeres muy mayores. No tiene que ser guapa (ya hemos tenido una madre guapa en la serie). Aire agitanado, si el dibujante cree que se puede comunicar mejor esa sensación de desamparo.

La madre llama al niño, que se vuelve a mirarla desde su sitio en el río. Al fondo, muy lejos, si es posible, podemos ver humo de explosiones, o cañones: el niño está mariscando en un sitio que muchos días es escenario de guerra.

MADRE: ¡Muergo! ¡Muergo! ¿Quieres quitarte de ahí, chiquillo, que te van a pegar un tiro?

PÁGINA 2


Con gesto algo contrito y fastidiado, Muergo sale del agua. Vemos que no lleva zapatos. En la orilla por donde sale hay otra cesta de mimbre con mariscos recién capturados.

MADRE: ¡A disgustos me va a matar este niño!


La madre le da un cate en la cabeza cuando llega a la orilla.


Gesto de dolor exagerado del niño, aunque debe quedar claro que va a seguir haciendo lo que le de la gana.


MADRE: Anda, tira pa casa. Y vete a ver la gente tan rara que está llegando.


Los dos echan a andar hacia el pueblo, cargando entre ambos la cesta de mariscos que Muergo tenía en la orilla.


MUERGO: ¿Más soldados, mamá?

MADRE: ¿Soldados? ¡No! ¡Señoritos!


PÁGINA 3


Una viñeta grande, diputados reuniéndose a la puerta de la Iglesia Mayor, utilizada para la ocasión. Vemos algunos soldados, clero (mucho clero), intelectuales de la época, jóvenes y viejos, gordos y delgados. Gente a caballo. Y mirándolos, a distancia, quizá mantenidos a raya, el pueblo llano que los ve llegar. Uno de ellos es Muergo, que no puede evitar hacer el comentario despectivo.


MUERGO: Pues no tienen mucha pinta de ser capaces de defendernos


http://www.bicentenario1812.org/infantil/rutasyvisitas.asp


En dos o tres viñetas, montaje analítico: Muergo se acerca a un burgués orondo (quizás un diputado conservador), y se le coloca al lado con disimulo. Su intención es robarle el reloj… pero el burgués orondo se da cuenta y reacciona dándole un empujón.


DIPUTADO: ¿Eh? ¡Mi reloj! ¡Aparta, rapaz!


Muergo cae al suelo y vemos que el diputado conservador (o sea, el señor orondo), no se contenta con haberse quitado al chaval de encima, sino que ha pretendido en un momento determinado liarse con él a bastonazos.

Un hombre más joven y atractivo lo detiene. Es una viñeta sin palabras, pero debe quedar claro que el joven (que es Argüelles), está librando al chico de una paliza. Se puede contar en dos viñetas, sin palabras.


PÁGINA 4


1. Argüelles se arrodilla y ayuda al chaval a levantarse.


ARGÜELLES: ¿Cómo te llamas, neñu?

MUERGO: A mí me dicen el Muergo, señor.


2. Ahora vemos más de cerca el rostro joven, noble y algo idealista del diputado liberal. La documentación nos muestra al Argüelles maduro, pero en el momento supuesto de esta historia tiene 34 años. Hay que “rejuvenecerlo” (y procurar que la ropa sea de la época, la de la imagen posiblemente sea posterior). Aquí hay una imagen:

http://www.fuenterrebollo.com/faqs-numismatica/numis-fotos/agustin_arguelles_19.jpg

http://el.tesorodeoviedo.es/index.php?title=Imagen:P300.png

http://www.esculturaurbana.com/paginas/alc002.htm

Como más adelante vamos a redibujar el famoso cuadro, es conveniente que Argüelles sea el personaje que aparece en el mismo: el joven vestido de oscuro que está de pie en el centro, a la derecha, con la mano hacia abajo, junto al obispo.

Arguelles sonríe con cierta sorna: es bien consciente de que el chaval intentaba robarle al otro hombre.


ARGÜELLES: ¿Muergo el ladrón?


3 . En esta escena de diálogo que sigue en esta página y la siguiente, dejo a la elección del dibujante la disposición de las viñetas, que no deberían de ser más de cinco o seis, donde pueda espaciarse el diálogo sin ser demasiado molesto. Cada recuadro de diálogo indica una viñeta. Hay que buscar los planos y contraplanos necesarios para que no sea un tebeo de bustos parlantes ni de personajes que miran a la cámara, sino que debemos ver que el niño y el diputado interactúan, y que se establece una corriente de simpatía entre los dos.

MUERGO: Yo me dedico a mariscar, señor, porque dicen que todavía soy mu chico pa ser pescador. Y de todas formas, con los barcos franceses a tiro, tampoco me dejaría mi madre.


4.

MUERGO: Cangrejos, cañaíllas, coquinas, y muergos, que es lo que se me da mejor y lo que más me gusta, porque parecen navajas chiquititas, como las que usan los bandoleros


PÁGINA 5


Sigue la conversación, mientras caminan por la calle hacia la iglesia mayor.


ARGÜELLES: Tienes mucha imaginación, muchacho.

MUERGO: Más hambre tengo, señor

ARGÜELLES: Agustín, Don Agustín de Argüelles. Necesito un criado que no se olvide de almidonarme las camisas y darle lustre a mis botas.

MUERGO: Sé hacer también esas cosas, señor. Me enseñó mi hermano mayor.

ARGÜELLES: ¿No sería más conveniente que lo contratase a él?

MUERGO: Trabajo os costará, señor, a menos que sepáis hacer milagros. Los franceses lo mataron dos días antes de que el duque de Alburquerque los pusiera en fuga.

ARGÜELLES: Ahora vendrás a decirme que eres huérfano.

MUERGO: Lo soy, señor. Mi padre murió en lo de Trafalgar. Mi hermana murió de las fiebres hace un año. Sólo estamos mi madre y yo en el mundo



En esta última viñeta, vemos cómo el sonriente Argüelles entra por fin en la Iglesia Mayor donde van a jurar, y el niño se queda en la puerta.


ARGÜELLES: No sé si se te da mejor capturar mariscos u hombres, muchacho...


PÁGINAS 6-7

Página doble para recalcar la importancia del momento: la apertura solemne de las Cortes. Lo ideal es redibujar este famoso cuadro:

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/d6/Cadiz_02.jpg


Únicamente, alterar al personaje central para que sea el propio Argüelles (si es que no es él realmente): el personaje de pie, vestido de negro, que está con la mano hacia abajo, al lado de un obispo, a la derecha. En cualquier caso, “nuestro” Argüelles tendría que ir vestido como va él desde el principio.


El secretario del despacho de Gracia y Justicia (a la izquierda, de pie, con el pelo blanco), pronuncia el juramento, que repartiremos en tres bocadillos encadenados:


SECRETARIO: ¿Juráis conservar en su integridad la Nación Española y no omitir medio alguno para liberarlo de sus injustos opresores?

SECRETARIO: ¿Juráis conservar a nuestro amado soberano el Sr. D. Fernando VII en todos sus dominios, y en su defecto a sus legítimos sucesores y hacer cuantos esfuerzos sean posibles para sacarlos del cautiverio y colocarlos en el trono?

SECRETARIO: ¿Juráis desempeñar fielmente el encargo que la Nación ha puesto a vuestro cuidado, guardando las leyes de España sin prejuicio de alterar, moderar y variar aquellas que exigiesen el bien de la Nación?


DIPUTADOS (un solo bocadillo con rabitos múltiples, en la parte derecha de la escena): ¡SÍ, JURAMOS!

PÁGINA 8

Primer plano, muy serio y muy severo, del Presidente de la Regencia:


PRESIDENTE: Si así lo hiciereis, Dios os ayude, y si no, os lo demande.


En fila de dos, los diputados juran sobre los Evangelios.

Salen a la calle y se encaminan hacia el Teatro de las Cortes. Vemos a MUERGO entre la gente, siguiendo desde el público el avance de Argüelles.


El comentario que hace el personaje espectador es histórico, y se publicó así en la prensa de la época.

UN ESPECTADOR: ¿Las Cortes van a reunirse en un teatro? ¡Qué vergüenza para la posteridad!


Los diputados entran finalmente en el Teatro Cómico (hoy teatro de las Cortes, y comienzan la sesión. Muergo, los espectadores y sobre todo las mujeres se quedan fuera).


http://www.san-fernando.es/fotos/teatro-cortes1.jpg



PÁGINA 9

Una página muda: la cámara sigue a Argüelles cuando él y los demás diputados toman asiento por primera vez en las Cortes.

Y por un momento se miran, aturdidos, como si no supieran qué hacer.

Es decir, la página, sin texto alguno, debe mostrar en varias viñetas con montaje analítico ese momento mágico donde las Cortes empiezan su trabajo, sin saber muy bien qué van a hacer.

Vemos recelo, nervios, desdén por parte de los conservadores, ilusión por parte de los jóvenes, improvisación.

Y tesón.

Un mazo golpea, y la sesión comienza, y comienza la Historia.



(Hay una clara diferencia entre los diputados jóvenes (los liberales) y los diputados mayores, que son los conservadores. No quisiera que pareciera que estamos jugando a buenos y malos, ni que la lectura política parezca contemporánea pero ya desde el primer momento hubo una clara diferencia entre unos y otros: los libros nos dicen que los primeros eran tachados de “petrimetres sin experiencia de mando”, “de mocitos que se dejan engañar y engañan”, mientras que en el bando conservador la oposición a la celebración de las Cortes fue casi continua desde el primer día; el obispo de Orense y presidente de la Regencia, por ejemplo, puso el pretexto de que estaba cansado y no prestó juramento… y trató de huir, como contaremos en off en la página siguiente: no olvidemos que en el fondo las Cortes terminan cuando los “persas” denuncian a sus compañeros y consiguen que Fernando VII derogue la Constitución y encarcele y persiga a esos mismos diputados liberales. Ésta es, quizás, la página más importante de todo el tebeo).


PÁGINA 10


Escena también sin palabras: el contraste con la página anterior. En la calle, Muergo está sentado en un escalón o un poyete, solo, esperando a que termine esta primera sesión.

Contraplano, visto desde el punto de vista del niño (de quien vemos la espalda), el cielo, donde vuelan dos pájaros.

Cae la noche, el niño sigue allí, esperando, dormido.

Las puertas del teatro se abren, salen los diputados. Es muy tarde.

Argüelles encuentra al niño dormido en la calle.

Lo cubre con su abrigo y se lo lleva en brazos a casa.



PÁGINA 11

Cambio de escena. Viñeta alargada: ha pasado unos días. La habitación de Argüelles, modesta: una mesa, una cama, una ventana donde hay una gran maceta con flores, un armario. Fuera, está lloviendo. Muergo está colocando una hogaza de pan o unos platos en la mesa. Si el plano no lo muestra ahora, más adelante debemos ver que ya lleva zapatos. Muergo se gira en el momento en que Argüelles entra por la puerta, empapado, y deja caer un fajo de papeles sobre la cama.


ARGÜELLES: ¡Inaudito! Sencillamente inaudito.


Argüelles se sienta a la mesa, las manos en la cabeza. Está profundamente conmovido, casi desesperado.


ARGÜELLES: No sólo se negó a prestar el juramento debido pretextando cansancio… ¡Ahora quiere volverse a su diócesis!


Muergo le sirve un plato de pescado, posiblemente algo que él mismo ha mariscado. No puede evitar hacer la pregunta.

MUERGO: ¿Quién, señor?

ARGÜELLES: ¡El obispo de Orense! ¡Don Pedro de Quevedo! ¡El mismo presidente de la Regencia se muestra contrario a las Cortes!


Nuevamente, Arguelles se deja llevar por el sofoco. Rechaza el plato.

ARGÜELLES: ¡Nos llama afrancesados! ¡Revolucionarios! ¡Dice que está enfermo y al mismo tiempo quiere regresar a sus tareas pastorales!

ARGÜELLES: ¡Simplemente, se opone al nuevo espíritu de los tiempos!



Argüelles, airado, se pone en pie. Más calmado, porque no entiende que la cosa vaya con él, Muergo simplemente retira el plato para otra ocasión mejor.


MUERGO: Mi padre, que Dios lo tenga en su gloria, siempre se santiguaba al paso de un cura… y no por cosas de fe, precisamente.


ARGÜELLES: ¿Cómo van a progresar estas Cortes en su trabajo si los mismos diputados muestran una actitud tan servil, tan obstinadamente negativa a nuestros esfuerzos?


PÁGINA 12


Primer plano de Muergo, en plan sabihondo de diez años.

MUERGO: Pues aunque lo encerréis a cal y canto y el arzobispo lo obligue a jurar eso que andáis escribiendo, mi señor, me temo que las Cortes han encontrado a su primer enemigo….


Argüelles garabatea rápidamente una nota. Escribe sin sentarse de nuevo a la mesa.


ARGÜELLES: Como si no tuviéramos bastante con el francés a las puertas y el rey cautivo…



Entrega lo escrito a Muergo. Vemos que es un texto lacrado.

ARGÜELLES: Muergo, lleva recado a don Diego Muñoz, dile que tenemos que reunirnos con urgencia…



Muergo sale corriendo de la casa.

Viñeta panorámica, Muergo corriendo por la calle. No se diferenciaría de un chiquillo cualquiera, pero corre con un destino en mente. Ha dejado de llover, pero vemos que el suelo está lleno de charcos


PÁGINA 13

Muergo llega a una esquina.

Se detiene.

Vemos un primer plano de su rostro, absolutamente asombrado.

Muergo se da media vuelta, corre por donde había venido.

Sube corriendo las escaleras de la casa.


MUERGO: ¡Don Agustín! ¡Don Agustín! ¡Tenéis que venir a ver esto!


PÁGINA 14


Una viñeta-página. A caballo, un hombre vestido con uniforme de capitán general del ejército español. Es Luis Felipe de Orleáns, francés, exiliado (y que en el futuro será el último rey de Francia, por cierto)

Estas son las imágenes que he logrado encontrar de él:

http://www.claseshistoria.com/revolucionesburguesas/imagenes/%2Bluisfelipeorleans.jpg

http://www.1st-art-gallery.com/thumbnail/139568/1/Louis-Philippe-Dorleans-1773-1850-1834.jpg

http://www.tocqueville.culture.fr/images/engagements/diaporama/html/person_01.jpg


En este momento histórico, el Duque de Orleáns debe tener unos treinta y pocos años. Se le ve majestuoso a caballo, con el sombrero en la mano… pero también ridículo y fuera de lugar: como veremos en la página siguiente, su aparición sorpresiva en San Fernando creó un problema diplomático que tuvo a las Cortes preocupadas durante unos meses, hasta que pudieron librarse de él. Es por eso que la escena debe bordear un poco el ridículo: un tipo a caballo, exagerado, de rostro algo alelado.

Hay diputados a pie que lo observan con cara de pasmo. Un diputado o un curioso tose (detalle muy importante).

En plano más cercano al lector, en escorzo, vemos las cabezas de Argüelles y de Muergo.


DUQUE DE ORLEANS: Bon jour, monsieurs. Je suis Louis Philippe, Duc de Orleans.


PÁGINA 15

Un grupo de diputados en una reunión “secreta”, es decir, no en el teatro de las Cortes ni en un despacho al uso, sino en una casa, o en el reservado de una taberna. Son cuatro o cinco hombres, y por las sombras y las lámparas encendidas vemos que es una reunión que tiene lugar a horas casi clandestinas. Sobre la mesa hay papeles, velas encendidas, tinteros, copas de vino y jarras. Como siempre en las páginas de conversación, el dibujante debe mover la “cámara” para evitar los bustos parlantes, jugando con los planos y los detalles.


UN DIPUTADO: ¿Pero ese francés ha dicho exactamente lo que quiere?

OTRO DIPUTADO: ¡Lo nunca visto! ¡Se ofrece para combatir él mismo contra los franceses!


DIPUTADO 3: No le gusta Bonaparte.

DIPUTADO UNO (riendo): ¡Vaya, ya somos dos!

DIPUTADO 2: Sí, don Antonio, pero vos no pedís que os entreguen el mando de un cuerpo de ejército. ¡Y es lo que ese duque de Orleáns pretende!

DIPUTADO 4: ¿No será una estratagema? Como el Caballo de Troya.

DIPUTADO UNO: ¡No, señor Capmany! ¡Ha declarado ante la Regencia que, como está emparentado con la casa de España, viene como príncipe y como soldado!


DIPUTADO 3: Eso se llama pescar en río revuelto. ¡Quitar a Pepe Botella para poner en el trono a un Orleáns!

DIPUTADO 4: ¡Y ahora quiere hablar ante las Cortes!


DIPUTADO 2: ¡Eso sería un desacato a la majestad del pueblo español!


PÁGINA 16

Argüelles entra en la habitación, en teoría después de entrevistarse con el embajador al que cita. Lo vemos quitarse un abrigo, servirse una copa de vino, etc, mientras la conversación con los otros diputados continúa.


ARGÜELLES: ¡Y a nuestros aliados ingleses! Al embajador Weslesley no le hace ninguna gracia la idea de que esté aquí.


DIPUTADO 1: Ni a Castaños tampoco.

ARGÜELLES: Más me preocupan los ingleses que Castaños. Los conozco bien.

DIPUTADO 3: Pues habrá que capear el temporal, y darle la salida menos onerosa posible.

ARGÜELLES: Y seguir trabajando en lo nuestro, que bastante preocupaciones tenemos ya, entre el asedio y las enfermedades.



La página cierra con un primer plano de preocupación del Diputado 1.


DIPUTADO 1: Ahora habrá que saber ponerle el cascabel al gato, señores….


PÁGINA 17

Viñeta alargada, plano general. El muelle de Cádiz, y una fragata que zarpa, llevándose al duque de Orleáns. En la popa del barco, vemos su nombre: ESMERALDA. En el embarcadero, las autoridades civiles, eclesiásticas y militares que han acudido con pompa y circunstancia a decirle adiós. Banderas al viento. El diputado número uno se vuelve aliviado y sonríe. A su lado, el otro diputado tose en un pañuelo.


DIPUTADO 1: Gracias al cielo, cascabel puesto… y en buena hora. ¿Os sentís mal, don Luis?

Acercamiento a la escena de los dos diputados, en plano medio.


DIPUTADO 2: Debo haberme resfriado. Hay fiebre en mi casa…

DIPUTADO 1: Ya os dije que no tendríais que abrir vuestras puertas a tanto refugiado y tanto portugués como están llegando a la Isla…


Un establishing shot; un árbol con hojas peladas, para indicar que es invierno. Detrás, una campana tocando a rebato.

Un cortejo fúnebre, en viñeta alargada. Para que no parezca que quien muere es el diputado, lo podemos ver entre los miembros del cortejo.

La página la cierra otra viñeta alargada, donde vemos varios cañones apuntando directamente al lector, y soldados franceses de artillería con sus morriones y sus banderas.



PÁGINA 18

Muergo y Argüelles en la habitación que ya hemos visto antes. Ahora el número de libros y papeles ha aumentado considerablemente. La ventana está cerrada, pero la maceta está por dentro: las flores están mustias, porque es noviembre. La escena puede ser Muergo afeitando con una navaja grande a Argüelles, y luego secándolo con una toalla húmeda donde puede quedarse, como un presagio, una mancha de sangre.


MUERGO: Hoy se os ve más contento que otros días, don Agustín. ¿Será que habéis comido?

ARGÜELLES: Es un día histórico, Muergo: ¡Hemos conseguido aprobar la libertad de imprenta!


MUERGO: ¿Es que estaba presa esa señora?

ARGÜELLES: En más sentidos de los que crees, rapacín. Gracias a ella, podrás escribir o publicar tus ideas sin que nadie te lo revise ni te lo prohíba…


MUERGO: Un problema menos pa cuando aprenda a escribir… pero me temo que antes habrá que salir por piernas de la Isla. Dicen que los franchutes están ya en El Puerto…

ARGÜELLES: Y hay más de cuarenta muertos por la fiebre amarilla. Entre un asedio y otro, se está hablando de instalar las Cortes en otra parte. Quizá a Levante. O a Cádiz, que está a dos pasos.



ARGÜELLES: Lo malo es que, si esa fiebre mortal se transmite por el aire, como dicen los sabios, es posible que la llevemos con nosotros sin saberlo…

ARGÜELLES: Y nos estamos jugando la salud de la Patria.


La página cierra con un primer plano de Muergo, triste y preocupado. Una viñeta de silencio.



PÁGINA 19

Los cañones franceses disparan ahora contra el lector, viñeta alargada, paralela a la de la página 17.

Argüelles, vestido para viaje, levita negra, guantes, desde la puerta de la habitación, llamando a Muergo.

ARGÜELLES: ¡Muergo, Muergo! ¡Tenemos que partir para Cádiz, a la iglesia de San Felipe! ¡Y de inmediato!


Recorre las habitaciones, recoge algún libro o algún papel.


ARGÜELLES: ¿Muergo? ¡Muergo! ¿Dónde se habrá metido este rapaz?


El cuarto vacío.


ARGÜELLES: ¡Muergo, las Cortes no pueden esperar!


Gesto preocupado de Argüelles, que tiene que montar en un carruaje que se lo lleva.

PÁGINA 20

El carruaje echa a andar.

Vemos que se une al camino con otros carruajes similares, con gente a caballo o a pie que se marcha.

Muergo, asomado a una ventana, lo ve partir.

Se vuelve. En su propia casa pobre, vemos a la madre tendida en un camastro, enferma de las fiebres.

También Muergo tose.



ENDE.

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