Una película de esas que hicieron historia: Paul Newman vuelve de atracar un tren, y uno de los matones de su propia banda lo desafía a una pelea a puñetazos. Una mole, el tío, contra el guaperas de los ojitos claros y la poca vergüenza. Y va Butch Cassidy (o sea, Paul Newman) y le dice al grandullón que, antes de pelear, decidan las reglas. Y el grandullón, en pose Cassius Clay, le responde que nada de reglas. Y sin cortarse ni un pelo Paul Newman (o sea, Butch Cassidy) dice pues de acuerdo, y le arrea un patadón en los mismísimos que lo deja baldao en el suelo para lo restos.

Nos movemos en este mundo, lo poquito que nos dejan y ahora más despacito por la crisis esta que se encadena de continuo, a base de reglas. Unas nos gustan más y otras nos fastidian menos, pero la sociedad más o menos acepta que debe tener unos parámetros para funcionar. Y esas reglas hay que cumplirlas, so pena de que el equivalente a Paul Newman nos suelte una coz en las partes nobles. Lo que pasa es que luego nos ponemos a hacer reglas que ni sabemos muy bien para qué sirven ni cómo hacerlas cumplir, y es entonces cuando se forma el taco: las complicaciones de la sociedad hicieron necesaria la existencia de los abogados.

En el COAC (porque el resto del Carnaval parece que se improvisa o se calca de un año para otro), no hay año que no se de una manita de chapa y pintura a la letra escrita de la normativa. Se recorta tiempo de actuación, porque es necesario, y se estipula que no se pueden utilizar instrumentos más que en el popurrí, o que en esos mismos popurrís o en los cuartetos pueda salir gente haciendo acompañamiento pero sin cantar: eso nos lleva a ridículos como tener al “Mexicano” haciendo pantomima muda (y qué bien la hace, por cierto) sin poder decir nada, pero participando como uno más en las escenas del cuarteto de Morera, o al propio Niño de Malet de la chirigota del Selu desdoblándose en Rodríguez Menéndez para el cuplé.

Y está el tema estrella de estos carnavales: el que intenta que no se dupliquen las presentaciones de las agrupaciones en otros concursos diferentes y el que, al final, no se aplica al momento, y que ha creado esa extraña sensación de contradicción entre el espíritu de la norma y su tardía aplicación. Si la norma no se puede cumplir ni controlarse, entonces no debería existir, así de claro. Y si ha de cumplirse, que sea a rajatabla y al momento. Qué difícil es reglar una fiesta donde solo tendríamos que tener la obligación de divertirnos.


Publicado en La Voz de Cádiz el 28-02-2011

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Comentarios

1
De: Anónimo Fecha: 2011-02-28 21:48

Curiosa imagen: las personas no parecen reales. Quiero decir, es como sie fuesen "soldaditos de plomo"...!



2
De: RM Fecha: 2011-02-28 21:55

Es la comparsa Los Currelantes.



3
De: Rafael García Fecha: 2011-03-02 11:01

Para ser una comparsa el tipo es muy "achirigtado" y cómico, ¿no?



4
De: Lorena Escandell Fecha: 2011-03-06 09:01

Hasta para divertirnos resultan necesarias las reglas, aunque sea las mínimas. ¡Buena reflexión!
Saludos.



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