No sé si les interesará a ustedes la tauromaquia. Imagino que, como a mí, lo justito o poco. Este libro es, en teoría, la historia de Manuel Benítez, el Cordobés. El original, quiero decir. El del flequillo. El del salto de la rana y el jamón. El del hambre.

Dominique Lapierre y Larry Collins escribieron, allá por las postrimerías de los años sesenta, cuando el torero estaba en la cresta de la ola, su vida. Y lo hicieron como uno siempre habría querido escribir un libro: dedicándose a él en cuerpo y alma, investigando, tomando notas, haciendo entrevistas, siguiendo durante tres años al objeto de su reportaje.

Naturalmente, les salió mucho más que un libro sobre un torero. Les salió una radiografía de España. Escrito, entonces, para el público internacional. Censurado, entonces, por los ministros del Caudillo. Ahora se recupera el texto original, con esas trescientas páginas que dicen que faltaban en la edición primera. Y, claro, España ha cambiado. Nosotros hemos cambiado. Y podemos asomarnos al libro con los mismos ojos de desconcierto y asombro que los públicos extranjeros de hace cuarenta años.

Lo que Lapierre y Collins nos muestran es un país que fue el nuestro y que parece, hoy, directamente marciano. Escrito como si fuera una película o una novela de suspense, el libro cuenta la primera corrida de El Cordobés en Las Ventas de Madrid, describiendo de manera magistral el ambiente, los personajes, los atascos de tráfico, los reventas, la mordida a la prensa, la llegada del torero a la plaza. Y la lluvia que lo desluce todo y pone en peligro la vida de los diestros. Y entonces vuelve atrás, a Palma del Río, y nos cuenta su nacimiento en un ambiente paupérrimo, la llegada del Frente Popular, la guerra civil (la narración de cómo Franco aborda el Dragon Rapide es puro thriller) y, ya después, la posguerra. El hambre. He escuchado muchas veces historias del hambre, mi madre es experta contándolas (y mi madre es una narradora de primer orden, oigan), y sin embargo lo que aquí leo, no por sabido, deja de resultar menos espeluznante. Hambre, miseria, cárcel, orfandad. El lector va pasando las páginas con un nudo en la garganta, y de pronto la narración nos vuelve a la corrida, y nos cuenta (con una lírica magistral) la historia del toro, también desde su nacimiento: es una de las características del libro: las continuas digresiones: la historia del caballo y los caballos en la lidia, la historia del picador, de los banderilleros, de la suerte de varas o del capote. Y también, remedando una primera persona, las declaraciones de los personajes: las hermanas del propio Cordobés, de su pícaro apoderado El Pipo, de su primera novia.

El libro no es una defensa de los toros. Es una defensa de la supervivencia. Una ventana a un mundo de miseria, represión y miedo donde un joven analfabeto que ni siquiera torea bien, pero tiene un valor a prueba de bomba, lucha durante años por llegar a alguna parte. Sobrecoge, entusiasma, y como buen thriller se guarda la sorpresa para el final, si uno no sabe qué pasó aquella tarde en la plaza.

Así fuimos en tiempos. Quizá así todavía somos. Es bueno asomarse a ventanas que nos lo expliquen desde fuera.

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Comentarios

1
De: EMPi Fecha: 2011-01-07 18:00

A mí los toros me molan. Pero bastante, como al Hemingway y al Welles ese. Y como a Ortega y a la Gardner y al Peck. Incluso a la Sinde. Y al Lapierre.
Me dan igual las polémicas... me aburren. Me harían parecerma al Ramoncín, y ese y su filosofía agota.



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