El segundo de los guiones de la serie. Quizá, de los doce, el más "histórico", en tanto la anécdota que se cuenta parece auténtica en sus detalles. El relato está escrito aquí. Lo ilustró Alberto Foche.

GUIÓN SOLANO
MAYO DE 1808.


La segunda historia, aunque tiene tintes novelescos, parece que es absolutamente verídica: así al menos lo aseguran los historiadores. Es una historia enormemente trágica, en tanto la situación de Cádiz en ese final de mayo de 2008 roza lo surrealista: España se ha alzado contra los franceses y en la bahía de Cádiz está atracada la flota francesa desde la batalla de Trafalgar, barco con barco de la escuadra española. Si Cádiz declara la guerra a Francia también, los barcos pueden disparar a mansalva contra la ciudad, y causar un caos absoluto. El pueblo exige pasar a la acción y SOLANO, el gobernador militar, afrancesado pero anti-napoleónico, pero patriota, comprende que sería un suicidio hacerlo. Finalmente, el pueblo se alza contra Solano y lo ejecuta, creando la triste paradoja de que uno de los mejores generales españoles no puede por tanto enfrentarse a los franceses.

La historia de PIGNATELLI, su amigo y maestro de esgrima, que mata a Solano para evitarle el deshonor de ser ahorcado por la plebe, también parece verídica.

Te toca dibujar mucho contraste, muchas escenas de masas, que puedes solventar con un poco de documentación y dibujando “de truco”. Me gustaría que toda la historia tuviera un colorido violento, rojo y cárdeno: buena parte se va a desarrollar de noche y es importante esa sensación de desamparo.

Escribo el guión al estilo Marvel, que es el que da más libertad al dibujante para mover “la cámara” y los personajes. Es decir, en cada página hago una descripción de lo que ocurre, pero sin marcar exactamente lo que hay que dibujar en cada viñeta (angulaciones, planos, etc, los dejo a tu gusto). Normalmente, cuatro o cinco viñetas por página, no muchas más, a menos que sean viñetas pequeñitas de plano-detalle. Lo normal es interpretar cada punto y aparte como una viñeta o una secuencia de viñetas.

Los textos (bocadillos y cartuchos, cuando los hay), van acotados en cada página como si fueran una obra de teatro o cine.


Como siempre, mucha más importancia la imagen que el texto.


PÁGINA 1.

En dos o tres viñetas, para situar la acción.

Mayo de 1808: Madrid se subleva. En estas viñetas vemos algunas escenas de clara estampa goyesca: los mamelucos, la cañonada de Daoíz y Velarde, los fusilamientos.

No copies directamente a Goya, pero inspírate en esas situaciones, para que el lector se sitúe. Intenta ser todo lo explícito que puedas en el horror de la guerra. Asegúrate de que veamos una bandera francesa en llamas en la esquina derecha de última viñeta.

TEXT0: Madrid, 2 de mayo de 1808

PÁGINA 2.

La cámara se retira y vemos una bandera francesa, pero sin arder, flamante y orgullosa.

La cámara sigue retirándose y vemos, al ladito, entre cordajes, una bandera española.

Ampliamos totalmente el plano y vemos una escena de barcos: SIETE barcos franceses y varios barcos españoles atracados en la bahía de Cádiz, unos cerca de los otros, las banderas al viento desde lo alto de las cofas o desde las popas. Demasiado cerca. Los barcos, ojo, tendrían las velas arriadas. Vemos también que todavía tienen las secuelas de Trafalgar, y que no están en situación de hacerse a la mar: remiendos en los cascos, pequeños barcos de reparaciones, huellas de cañonazos, etc.


TEXTO: Cádiz, últimos días de mayo de 1808

En la parte inferior de la página, en viñeta pequeñita y estirada, y quizá plano lejano, dos figuras que practican esgrima. Uno, el de la derecha del lector será Solano; el otro más delgado y grácil, a la izquierda, es Pignatelli. Visten de blanco, pero sin máscara.

Solano, por lo que he visto en las pocas imágenes que hay de él, es un hombre de unos cuarenta años, tirando a grueso, patilludo, moreno. Se da cierto aire a SANCHO GRACIA, pero no el de Curro Jiménez, sino el de años posteriores.

Solano aparece de “figurante” en dos viñetas de la primera historia. Quizá sería interesante que os pusierais de acuerdo Mateo Guerrero y tú en su aspecto.

Pignatelli no aparecerá en ninguna otra historia, de momento, y en cualquier caso tendría que usarse el físico que tú le des, porque no hay referentes. Carlos Pignatelli es de origen italiano, al menos sus familiares. Es posible que fuera primo de la duquesa de Alba y amigo de Goya, o sea, que no era ningún mindundi. Yo lo dibujaría como el típico guaperas, con bigotito a lo Errol Flynn.

PÁGINA 3.

Atención a la primera viñeta que es importante en la historia: viñeta alargada, donde vemos cómo un sable con botón alcanza el pecho del otro esgrimista. Sólo ese plano detalle: la espada, el botón, el pecho. La espada de Solano que encuentra el pecho de Pignatelli y vence el duelo de entrenamiento. Es decir, vemos la punta de la espada entrando de derecha a izquierda. La escena se repetirá en el momento del clímax final de la historia y será la estocada inversa, de izquierda a derecha.

BOCADILLO EN OFF: Touché!

Los dos amigos se quitan los guantes, se refrescan, se dan la mano, o cualquier acción que indica que el duelo ha terminado. Ambos sonríen, pero en Solano hay una cierta preocupación en el ceño.

PIGNATELLI: Ya no hay quien pueda vencer tu guardia, Francisco.

SOLANO: En la esgrima tal vez, amigo mío. Pero en la guerra… tenemos demasiados frentes abiertos.

Un oficial de menor graduación abre la puerta, e indica que los generales han llegado. Se parece mucho a Solano (moreno, patillas, el uniforme) pero es más delgado. No vamos a contar su historia aquí, pero es el edecán de Solano, José de San Martín.

SAN MARTÍN: Mi general, han llegado.

SOLANO: Hágalos pasar, San Martín.

El grupo de generales entra mientras Solano termina de ponerse la guerrera azul.

SOLANO: Buenas tardes, caballeros. Creo que ya conocen a Don Carlos Pignatelli, maestro de esgrima y miembro, como algunos de nosotros, de los Caballeros Racionales .

Primerísimo plano del mapa de la ciudad y la bahía, y la mano de Solano que indica la situación. En el mapa vemos los barcos fondeados en la bahía y, fuera de ésta, un semicírculo que indica la presencia de otros barcos, en este caso ingleses. Cada barco puede estar señalado por sus respectivas banderas.

SOLANO: La situación sigue siendo precaria. No importa lo que esté pasando en el resto de la nación, nosotros tenemos a los franceses en la bahía y a los ingleses, que siguen siendo nuestros enemigos, cercando nuestras aguas .


PÁGINAS 4-5.

Estas dos páginas muestran la discusión entre Solano y sus generales. Cuatro o cinco viñetas por cada página, donde se espacie el diálogo. Juega con las expresiones de preocupación de unos y otros. Pignatelli está presente pero en segundo plano, presente sólo porque es masón como son masones casi todos ellos y porque el lector debe reconocerlo más tarde en los avatares de la historia. En cualquier caso, participa poco: un miembro de la junta de defensa más.

Alterna los planos y contraplanos, incluye planos detalle de entrecejos, copas que estén bebiendo, manos apretando espadas, ventanas donde se ve la bahía al fondo….

Cuando veas que en cada parlamento de Solano hay mucho texto, y para que los bocadillos no sean demasiado grandes, divídelo en dos bocadillos más pequeños.

GENERAL MORLA: Pero, general Solano, toda España se ha alzado contra los franceses.

SOLANO: ¿A las órdenes de quién, Morla? Nuestros reyes siguen prisioneros de Bonaparte, no hay una cabeza militar que dé las órdenes. El populacho, mal armado, poco podrá contra el ejército más poderoso del mundo.

SOLANO: Y no es lo mismo una emboscada en una ciudad o en un bosque que bombardear a unos barcos que, sin duda, responderán a nuestro fuego.

OTRO GENERAL: Sevilla ya se ha alzado, señor. Y nos exige…

SOLANO: Como nosotros nos alzaremos, téngalo por seguro. Cuando llegue el momento.

MARISCAL DE CAMPO: ¿Cuándo?

COMANDANTE GENERAL DE LA ESCUADRA: He comprobado nuestro arsenal. Es insuficiente para enfrentarnos con éxito a esos brulotes. Atacar estos barcos será una masacre doble: perderemos nuestra flota… y quién sabe cuántas vidas de civiles.

MARISCAL DE CAMPO: Pero el pueblo exige una respuesta.

SOLANO: El pueblo no está preparado, insisto. Y no tiene autoridad para declarar la guerra. Les recuerdo, señores, que yo soy la máxima autoridad militar de Andalucía. Estoy esperando noticias de Castaños


SOLANO: Sólo una acción conjunta y, quizá, una tregua razonada pueda impedir que el almirante Rosilly aniquile a la población.


SOLANO: No tengo que justificarme, señores. Mi historial demuestra que no tengo miedo a la muerte. Pero un civil no es un soldado.


SOLANO: Sólo podemos esperar que los ingleses comprendan que Francia ya no es nuestra aliada. He enviado mensajes al almirante Collingwood.


SOLANO: Sólo con la ayuda de los ingleses podremos resolver esta situación. Hasta entonces, caballeros, estamos en tablas.


GENERAL: Pero la población se impacienta, señor. Quiere armas. Anhela demostrar su patriotismo.


SOLANO: De nada sirve un patriota muerto. Eso nos lo enseña la historia.


SOLANO: Mis órdenes son tajantes: esperaremos dos días a tener la respuesta del inglés. Dos días. Hasta entonces, que el pueblo espere.


PIGNATELLI: ¿Y si el pueblo se subleva por su cuenta, general?


SOLANO: Entonces que Dios nos coja a todos confesados.



PÁGINA 6.

Una viñeta grande. Es de noche. Un par de soldados escoltan a un tercero quien, subido en una tarima de madera, a la luz de las antorchas, en una plaza pequeña, lee el bando de Solano donde exhorta a la calma. Lo que dice el soldado es textual.


SOLDADO: ¡El campo de Marte es solo el teatro del honor: los asesinatos prueban bajeza y cobardía, cubren de infamia y atraen represalias crueles y justas….!

No hay mucha gente escuchándolos y, en cualquier caso, lo que dice el bando (que es prolijo y pesado y es de suponer que no escuchó nadie ni entendió nadie) no les hace ni puñetera gracia.

En plano cercano, volviéndose con gesto de rechazo total, un personaje que luego va a tener cierta importancia, en tanto se va a enfrentar a Solano en cuerpo a cuerpo y Solano va a matarlo. Es PEDRO PABLO OLAECHEA, antiguo novicio cartujano. Para lo que nos interesa contar, es “el malo”.

En otra viñeta estirada, pequeña, que refleja el descontento del pueblo, vemos a Olaechea sublevando a la población.

OLAECHEA: ¿Habéis oído eso? ¡El marqués del Socorro va a entregarnos a los franceses!

HOMBRE 1: ¡Traidor!

HOMBRE 2: ¡Afrancesado! ¡Cobarde!

PÁGINA 7.

En dos o tres viñetas, la sublevación de la gente: puños al aire, hoces, palos. Banderas francesas que arden (asaltaron una hostería propiedad de un francés y también el consulado), barriles que ruedan. Lo que supone, entonces y siempre, una algarada callejera.

El tercio inferior de la página nos muestra una recepción en la Capitanía General. O sea, una fiesta. Viñeta grande donde vemos a militares, nobles, mujeres bellas y mujeres ancianas, la inevitable araña gigantesca colgando del techo, etc.

PÁGINA 8.

Los cristales se rompen por las pedradas que tira la gente desde fuera.

Escenas de pánico entre las mujeres y los asistentes a la fiesta. Solano guarda la calma.

Solano, en el balcón, se enfrenta a una muchedumbre de gente con antorchas, azadas, etc. Dos viñetas, una que nos lo muestra de frente, desde abajo, y otra donde lo veamos en escorzo, de espaldas, y podamos ver a la gente congregada. Entre ellas destaca el ex -seminarista Olaechea que hemos visto antes.

SOLANO: ¡Escuchad! ¡Escuchad! ¡Los barcos franceses saben que queremos atacarlos! ¿No habéis visto cómo han maniobrado para poder tenernos a tiro?

SOLANO: ¡En dos días recibiremos respuesta del almirantazgo inglés! ¡Entonces, con su ayuda, podremos conminar a los franceses a rendirse! ¡Lo que os pido ahora es un ejército de voluntarios!

SOLANO: ¿O es que queréis convertir Cádiz en un baño se sangre?

OLAECHEA: ¡Traidor! ¡Cobarde! ¡Entréganos las armas, Solano!

GENTE: ¡Tú lo que quieres es rendirte a tus amigos franchutes!


Un disparo da en la pared, junto a la cara de Solano.


PÁGINA 9.

Vemos a la gente corriendo hacia la Capitanía cargando con un cañón pequeño. El seminarista agita un pañuelo blanco que inicia el ataque.

En otra viñeta, un grupo de monjes capuchinos entregando fusiles a la muchedumbre.

Dentro de la fiesta, Solano confía a su esposa y algunas mujeres a Pignatelli.

SOLANO: Carlos, pon a mi esposa y las demás mujeres a salvo. Tú no eres militar, no se volverán contra ti

PIGNATELLI: Pero, Francisco, ¿qué vais a hacer vosotros?

SOLANO (entristecido): ¿Qué soldado es capaz de disparar sus fusiles contra su propio pueblo?

PÁGINA 10.

Los soldados disparan al aire, pero la muchedumbre no se detiene.

Irrumpen en la capitanía. Vuelcan mesas, rompen vasos, incendian los cortinajes, etc.

Solano sube corriendo las escaleras.

Lo vemos en la azotea, solo, rodeado de otras azoteas. Está anocheciendo. El mar al fondo.

Solano salta de una azotea a otra más baja.

PÁGINA 11.

Los miembros de la muchedumbre llegan a la azotea también.

Se dispersan.

Solano se dispone a saltar una nueva azotea más lejana cuando se enfrenta al seminarista que hemos visto antes.

Forcejean.

Solano lo alza en vilo, escena tipo Conan.

Lo lanza por el patinillo.

PÁGINA 12.

Plano cenital, el seminarista en el fondo de un patio, como un muñeco roto.

Una puerta que se abre y una mujer, pelirroja, que se lleva un dedo a los labios.

Solano, acalorado, entra en la casa de la viuda. Ha perdido la espada en la pelea.

La viuda tira de un libro y una habitación secreta se abre tras la pared.


PÁGINA 13.

Solano, sudoroso, apretujado contra el hueco de la pared. Juego de luces y sombras en su cara.


La muchedumbre que entra en casa de la viuda.

HOMBRE: ¿Dónde está? ¿Ha entrado aquí?

VIUDA: Aquí no hay nadie. Podéis comprobarlo.

Muebles volcados, sillas rotas, libros caídos. La viuda, irlandesa ella, no pierde la compostura.

UNO DE LOS HOMBRES: Esperad… mi padre trabajó en esta casa. Construyó una habitación secreta…


Otro de los hombres coloca un cuchillo en la garganta de la mujer.

HOMBRE: Habla, ¿dónde está Solano?

Solano abre la puerta desde dentro.

SOLANO: Estoy aquí.


PÁGINA 14.

El calvario de Solano: tres o cuatro viñetas donde vemos cómo, con las manos atadas a la espalda, la muchedumbre armada lo conduce por las calles, le tira piedras, etc.

GENTE: ¡Traidor! ¡Francés!

UNA MUJER: ¡A muerte con él!

GENTE: ¡Dile a tus amigos franceses que aquí estamos!

Hay casas ardiendo, escenas de pillaje, etc.

Solano no pierde la compostura en ningún momento.

La última viñeta, pequeñita, estirada: Pignatelli corriendo con la espada en la mano.

PIGNATELLI: ¡Solano! ¡Solano!


PÁGINA 15.

Un par de viñetas más donde vemos a Pignatelli corriendo, siempre el sable en la mano, y se va encontrando con gente con fusiles que dispara al aire, le pega fuego al bando, tira piedras contra casas, arrincona a soldados que no se atreven a disparar….

Pignatelli sigue a la gente que corre toda en una misma dirección.

Y entonces vemos en primer plano un cadalso de donde cuelgan dos horcas vacías.

En otra viñeta, la muchedumbre que empuja a Solano hacia la horca.

GENTE: ¡A la horca con él!

PÁGINA 16.

Esta página, además de un claro tono a pasión de Cristo, es una especie de corrida de toros. Goya en Cádiz. Humos, tonos rojos y ocres.

De la multitud sale un chavalillo granujiento y clava un cuchillo a Solano en la ingle.

Solano se desmorona y cae de rodillas.

Un segundo exaltado le clava un navajazo en la barriga.

La multitud grita enardecida.

Vemos que Pignatelli se ha vuelto hacia el lector, los ojos en lágrimas, la espada cruza la viñeta y brilla ante su cara.

PIGNATELLI: Pueblo ingrato… ¡un varón tan noble no puede morir ahorcado como un vulgar criminal!


PÁGINA 17.

Cruce de miradas entre Pignatelli y Solano. Dos viñetitas estiradas en la parte superior de la página, los ojos serenos de Pignatelli arriba, los ojos de agonía de Solano abajo.


La inversión con respecto a la viñeta de la página 2: ahora vemos como es el sable de Pignatelli el que atraviesa, de izquierda a derecha, el pecho de Solano, que sigue vistiendo su uniforme.

El plano se aparta y vemos que Solano cae muerto mientras Pignatelli, horrorizado y dolorido, se retira. En la multitud, hay gente que se alegra y gente que ve privada su diversión.

Primeros planos de bocas de los manifestantes.

GENTE: ¡Ahorcad su cadáver igualmente!

GENTE: ¡Que baile el traidor, que baile!

PÁGINA 18.

Aparece el magistral don Antonio Cabrera, o sea, un monje. Buena gente.

MAGISTRAL: ¡Basta! ¡Basta! ¡Pérfidos! ¿Es que no es suficiente haber asesinado al más noble de nuestros generales?

MAGISTRAL: ¡Allí, en el mar, esperan nuestros enemigos! ¡No en tierra! ¿Qué clase de guerra vais a hacer si vosotros mismos dais muerte a quienes pueden dirigiros en la lucha?

MAGISTRAL: ¡Atrás! ¡Que nadie profane más el cadáver de este hombre!

Con la ayuda de un par de hombres, el monje se lleva el cadáver de Solano a cuestas.

Hay gente que se avergüenza, gente que aún quiere cebarse en el muerto.

Pignatelli los sigue.


PÁGINA 19.

De noche en la catedral nueva en construcción, el magistral vela el cadáver de Solano, mientras Pignatelli monta guardia tras la puerta cerrada, la espada en la mano.

Una viñeta donde vemos que Pignatelli se confiesa al magistral por haber matado a su amigo.

Dos viñetas similares: en una, ante la catedral en construcción la muchedumbre que todavía espera apoderarse del cadáver.

En otra, la misma escena, ya sin nadie.

Una viñeta estirada y pequeñita: al amanecer, en un carro, Pignatelli y el magistral llevan cubierto el cadáver de Solano.

PÁGINA 20.

Pignatelli y el magistral, de pie, ante el nicho donde han enterrado a Solano. El nicho esta en la quinta fila.

PIGNATELLI: ¿Sin nombre ni honores, don Antonio?

MAGISTRAL: Sin nombre ni honores, don Carlos. La turba todavía sería capaz de profanarlo. Que no sepan dónde está.

PIGNATELLI: ¡Viene alguien!

Llega un cortejo fúnebre compuesto por gentes todavía armadas, que traen el cadáver, en alto, del seminarista que Solano mató. Para reconocerlo, debería ir fuera del ataúd, como Julieta en la película de Zefirelli.


Primerísimo plano del nicho, donde vemos este texto escrito, que es auténtico:

“Aquí yace don Pedro Pablo Olaechea, capitán que fue de las tropas voluntarias de esta plaza. Falleció el día 29 de mayo de 1808, de edad de 38 años”.


El plano se retira un poco y vemos que ha sido enterrado en el nicho de al lado del nicho sin nombre. Vemos los dos nichos, uno con ladrillos y mal terminado, si marcas. El otro con las palabras escritas. Sensación de soledad, jaramagos, etc.

Plano final, viñetita pequeña, muy alejado el plano de los barcos en la bahía, tal como estaban al principio de la historia.


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