Insistimos tradicionalmente en relegar a los cómics que se desarrollan en pocas páginas, alegando que en demasiadas ocasiones que éstos se escudan en una anécdota mínima (cuando la hay) y en la comodidad que supone para sus autores entregar mensualmente esas pocas páginas en vez de embarcarse en sagas más largas que pudieran ser el equivalente a una novela. Naturalmente, hay excepciones de peso, sobre todo cuando esas historias cortas forman parte de un todo y pueden y deben verse como relatos que se engloban en una antología que tiene una unidad temática, estilística o ideológica. Ya hemos visto el caso de Érase una vez en el futuro, de Carlos Giménez, y es de justicia incluir en ese tipo de historieta sobresaliente a un autor como Alfonso Font y estos Cuentos de un futuro imperfecto que publicara la revista 1984.

Font, habría que decirlo alguna vez, es uno de los más grandes autores que ha dado jamás el tebeo español, capaz de un camaleonismo temático que va desde las historietas de espías más o menos light (Géminis) o más o menos desquiciadas (Tequila Bang), a series medievales repletas de documentación y buen hacer narrativo (Bri de Alban) o bellísimos y románticos episodios aventureros en los mares del sur (Rohner), sin olvidar las cínicas Historias negras, la saga juvenil de ciencia-ficción Los Robinsones de la Tierra o su reciente incursión en el western con el mítico personaje italiano Tex. La trayectoria de Font señala, como en muchos dibujantes españoles, una conciencia de profesión, el paso de tebeos más o menos ajenos a la consolidación de una obra propia. En un momento determinado, quizás por imposiciones de mercado, Font abraza la ciencia-ficción como cauce para contar sus historias, y lo hace de manera descollante. Y es que no puede olvidarse que gran parte del atractivo del género, más allá de las sagas megacapitulares y los spin-offs apócrifos, se encuentra en el relato corto, afilado y sorprendente.

Con estos Cuentos de un futuro imperfecto Font demuestra ser no sólo un narrador con un sentido envidiable del storytelling (por más que en ocasiones sus característicos bocadillos desluzcan un tanto la poderosa fuerza de sus imágenes), sino un experto en los resortes de la ciencia-ficción. Adaptando más o menos libremente relatos de Robert Sheckley, como luego haría con Jack London o Robert Louis Stevenson, Alfonso Font entrega las típicas historietas de pocas páginas tan al uso en la época, la herencia de las revistas Warren que Toutain editor publicaba y explotaba por entonces. Sin embargo, Font aporta su visión, trascendiendo desde la primera de esas entregas el recurso fácil de la sorpresa final tan en boga en esos cómics. La sorpresa, que la hay, y en abundancia, sirve para que el lector quede en efecto desconcertado y tenga que volver a releer desde otra óptica la misma historia, pues la capacidad narrativa del autor lo ha llevado de la mano por un sendero para dejarlo colgado de otro; es el caso de "La caza", dos historias ajenas que se unen y se explican en la última página, o de "Stock", donde la condena al amo del mundo se potencia en una última viñeta muda en la que apenas asoma un ojo demacrado, o de "Como una plaga", la constancia de que el hombre nunca aprenderá, vaya donde vaya. Font utiliza la estética y la narrativa de la ciencia-ficción, explicando (o no explicando) sobre la marcha, y cargando a sus historias de un mensaje poético y ácido, de una ideología de la que carecen, claro, los modelos yanquis a seguir por imperativo comercial. Hay ecologismo, sátira, poesía (la bellísima "Ojos verdes" donde además se da una vuelta de tuerca impresionante al machismo intrínseco del medio), denuncia social, humor y sarcasmo. De una de las historias, "Lluvia" (adaptación/transposición de "Viento" de Sheckley) saldrían los dos aturrullados y patanes Clarke & Kubrick, espacialistas, cuyas patosas hazañas explotaría Font unos años más tarde. En paralelo con las Historias negras que servirían a Font para asomar también al género terrorífico, y al Privado, donde daría su particular versión del detectivesco, estas historias cortas suponen un ejercicio de estilo narrativo, la reinvención de un autor y un medio. Y todavía Font, lo veremos en alguna entrega futura, pondría broche de oro a la ciencia-ficción con su serie El prisionero de las estrellas. Lástima que Alfonso Font, y los lectores, tengamos un mercado tan depauperado, tan cicatero, tan cerrado en banda a las obras maestras propias.

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Comentarios

1
De: Dani Fecha: 2009-08-30 15:32

"Font, habría que decirlo alguna vez, es uno de los más grandes autores que ha dado jamás el tebeo español"

Amén a eso.
Giménez, Beà, Font, Usero... Que gran generación de autores



2
De: tristan Fecha: 2009-08-30 20:03

Gran serie de relatos cortos de un gran autor. Para ver su calidad sólo hay que comparar su versión de Tex con la de otros grandes autores: no desmerece en nada.
Me parece una gran idea recuperar a los grandes autores españoles de los 70 y 80 como De la Fuente, Beà, Giménez o el propio Font.



3
De: alondra Fecha: 2010-01-26 23:55

este cuento esta muy largoooo.............



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