Fue una serie nacida, posiblemente, al socaire de la famosa escena de la cantina de Star Wars y su reunión de diversos seres galácticos, pero el sistema de narración empleado y el recurso de historias dentro de historias remite a clásicos de la literatura universal como El Decamerón o, más concretamente, a la hostería donde dan comienzo Los cuentos de Canterbury. No debe ser casualidad, pues al igual que Chaucer satiriza y se mofa de los peregrinos de su largo poemario, incluido él mismo, aquí Josep María Beá pone la piedra final, el giro narrativo definitivo a las tópicas historias de susto y monstruo, a ese estilo de relatos en blanco y negro que popularizaba en Estados Unidos el inclasificable Jim Warren y que el no menos inclasificable Josep Toutain volvió a poner de moda al final de los años setenta en España.

Beá ya había hecho ese tipo de historias cortas para las revistas americanas Creepy o Eerie, donde su trabajo había sido lo suficientemente apreciado para llevarse algún premio internacional, pero es en la revista 1984, nacida al socaire del título americano y pronto convertida en muestrario de los dibujantes patrios, donde nuestro autor da el paso adelante que posiblemente no hubiera podido darse en el país de las barras y estrellas. Mientras que las historias made in USA sólo requieren imaginación y sorpresa final, con el agravante de que una cosa y otra, por repetición y explotación, acaban por no mostrar ni una cosa ni la otra, la manera en que Beá enfoca su trabajo le sirve para contar, por un lado, esas mismas historias delirantes y con un cierto tono de sádico cachondeo ("Unidad de servicio 3M") y por otro para poner en solfa eso mismo que está contando en boca de los descreídos y aburridos clientes de la singular taberna galáctica, nudo gordiano de civilizaciones extraterrestres y realidades oníricas donde alternan pintorescas biologías con prostitutas despampanantes (entre tan abigarrada fauna Beá no desaprovecha la ocasión de remedar las poses de la Última Cena, véase el "Relato de Toksath"), esferas sentientes con gatunos caraduras, bárbaros trufados de quincalla con algún melancólico cyborg ("Relato de Blydhan") cuyas poses, cigarrillo en mano, recuerdan al propio Beá en alguna foto de estudio.

Los hallazgos creativos son dobles: por un lado, las historias en sí, delirantes y siempre inclasificables, donde puede pasar de todo, lo absurdo y lo salvaje, lo romántico y lo violento. Por otro, las introducciones y los finales de esas mismas historias, la vuelta a la "realidad", al ambiente de sana diversificación racial de la taberna con sus seres de sueño o pesadilla, y que quizá alcanzan su punto culminante, en tanto podría ser resumen de la filosofía de la serie misma, cuando Beá da rienda suelta a su sentido del humor y de la observación y retrata (en el "Relato de Wanshott"), los urinarios del lugar y la divertida variedad de inodoros y de pintadas obscenas en sus azulejos. La ciencia-ficción del momento (alguna referencia a Alien es inevitable) se conjuga con los referentes a la estética art deco y los ambientes parisinos del siglo XIX que ya habían asomado en otras obras del autor, por lo que incluso la estética de las historias varía de un relato al siguiente.

Los dieciséis relatos que forman estas Historias de taberna galáctica marcan sin duda uno de los momentos culminantes de la historia del tebeo en España, cuando se demostró que había autores capaces de competir con el material que venía de fuera y derrotarlo con creces porque aportaban una mirada lúcida y crítica al medio y al sistema. La incapacidad de perpetuarse en el tiempo de aquella generación (que no ha tenido herederos entre los pocos autores más recientes) demuestra, más que el autobombo de aquel boom que nos cogió a todos un poco a contrapie, lo mucho de snob y de poco riguroso que hubo en el acercamiento del "gran público" hacia aquel tebeo nuevo que -insisto- unos pocos autores estaban haciendo de manera sobresaliente. Y es que por desgracia, como comenta uno de los personajes de tan singular garito galáctico, el universo ya no es como era.

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Comentarios

1
De: CarlosP. Fecha: 2009-08-30 12:46

Sergio Aragones hizo un chiste parecido con los urinarios para alienigenas en un especial de Mad dedicado a Star Wars.

Y aunque no tengan nada que ver...el nombre de "La Taberna Galáctica" me ha recordado siempre a "La Taberna Fantastica".

Grande el Brujo...e incluso mi paisano.

http://www.youtube.com/watch?v=8rrleYheEMo&NR=1



2
De: Jose Joaquín Fecha: 2009-08-30 14:12

Nuevamente recuerdo estas historietas por los retapados de "Zona 84" que vendían en las ferias de libro usado...



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