2009-06-10

1953. SALVAVIDAS


Hace unos diez o doce años, cuando mis hijos eran más pequeños, ir a la playa se convirtió en un sinvivir, por aquello, claro, de que eran pequeños, y había que estar ojo avizor no se perdieran entre la gente, o se dieran una voltereta triple en el charquito, o todas esas cosas que pasan cuando los padres estamos más atentos mirando el tanga de la vecina de sombrilla que de nuestras obligaciones.

En la playa de Cádiz (en la playa Victoria, quiero decir) el reponer y alisar arena crea un charquito que parece un canal. Cuando sube la marea se embravece y puede llegarle a una persona de estatura más o menos normal incluso hasta el pecho: es una playa que hace escalones y produce cierta sensación de ilusión óptica ver que vas dando saltitos con las olas a la altura de los cataplines y veinte metros por delante hay un turista polaco al que le llega por los talones. Uno no se acostumbra a esas cosas porque ya he dicho en algún lugar de esta bitácora que la playa es distinta cada día.

Como otros veranos me pasé aquel verano haciendo de Mitch Buchanan: incluso tenía (tengo) un par de bañadores rojos. Allí, en la falsa orillita, vigilando las volteretas triples de mis hijos, controlando el asedio de las olas, el ataque sigiloso de los pica-pica (en otro lugar, medusas).. y todo eso sin dejar de mirar a la chica del tanga amarillo o blanco que hace como que no sabe que al salir del agua se le transparenta el totus tuus.

Puestos a vigilar niños, lo mismo da vigilar a los tuyos que vigilarlos a todos, y así me pasé ese verano (y algún otro) controlando a los dos míos y controlando a los que venían corriendo, llorando esmorecíos, porque se habían perdido; o sacando del agua a aquellos que daban volteretas cuádruples mientras sus padres bebían Cruzcampo. Recuerdo que incluso una vez, ya más adentro del charquito, se me acercó un chaval con los labios azules y muy educadamente me dijo: "¿Puede usted ayudarme, que creo que me estoy ahogando?". Le tendí el bugi que llevaba, lo remolqué a la orilla, y lo entregué al cuidado de un hermano algo caleti que le había perdido la pista.

Pero nada, absolutamente nada puede compararse al trabajo que me dio aquel verano la francesita rubia. Una monada. De anuncio de Coppertone. Acompañada de una madre veinteañera, si es que llegaba a tener veinte años, que lo dudo, y una abuela de muy buen ver todavía que no llegaría a los cuarenta (el término milf, por cierto, tendría que traducirse al cristiano por pureta). Las dos venían a la playa, se tumbaban de frente o boca abajo, se embadurnaban de loción, se quitaban la parte de arriba de los tangas y se quedaban sobadas. No digo que se ponían morenas porque no, todo lo que conseguían era un curioso color rojizo, como de cangrejo moro o de coñeta (que no sé si saben ustedes que son dos tipos de cangrejos de mi costa).

Con la madre adolescente en brazos de Morfeo y la abuela de muy buen ver recordando maratones en la riviere gauche, la niñita rubia, unos dos años, tenía toda la playa para hacer barbaridades. O sea, para ahogarse en el charco donde jugaban mis hijos y medio barrio de la Laguna.

Un caso, la criatura. Debí de sacarla del agua unas veinte veces en dos semanas: siempre volvía al remojón, siempre perdía pie, siempre la sacaba y le decía (sabiendo que no iba a entenderme) que tuviera cuidado. La entregaba a la madre adolescente y a la abuela de muy buen ver, que ni siquiera se coscaban del peligro que corría una y otra vez la cría, y vuelta a empezar. El ángel de la guarda de la niña, supuse, había decidido tomarse unos días de vacaciones.

Una tarde sacaba yo el coche del aparcamiento. Ibamos al Puerto, imagino, o a San Fernando a hacer la compra. No sé por qué, en lugar de rodear la glorieta y desembocar en la Avenida, por puro azar, giré a la derecha el volante y decidí salir por el Paseo Marítimo (esto me hace sospechar que sí, que iba a San Fernando, al Pryca que ya empezaba a llamarse Carrefour).

Uno de mis hijos hizo algún comentario, o no estaba bien amarrado al autoplay. El caso es que lo miraba por el retrovisor, controlando, y desatendiendo unos segundos (pero unos segundos nada más) la conducción (iba a veinte si acaso), cuando de entre dos coches, en el Paseo, despistada y como si la vida entera fuera un parque de juegos, se me planta ante el coche, cruzando sola la acera, la niñita francesa rubia.

Nos quedamos petrificados. Un segundo más y la habría arrollado. Me paré, bajé del coche, la cogí de la mano y la devolví a la acera, donde la madre adolescente y la abuela de muy buen ver, todavía entangadas, tomaban un refresco o se limpiaban de arena los pies con una toalla.

Naturalmente, ni se dieron cuenta ni me dieron las gracias. Regresé al coche y comprendí, en ese momento, que no era que el ángel de la guarda de la niña estuviese de vacaciones: es que el ángel de la guarda de la niña era yo mismo, aunque no estuviera en nómina.

Referencias (TrackBacks)

URL de trackback de esta historia http://crisei.blogalia.com//trackbacks/63407

Comentarios

1
De: Jose Fecha: 2009-06-10 15:27

XD XD



2
De: Jose Fecha: 2009-06-10 15:43

XD XD



3
De: El Jose de las 15:27 Fecha: 2009-06-10 16:39

No paro de imaginar a Rafa corriendo detrás de la francesita por toda la playa mientras las otras dos se tocan el potorro a dos manos. Me parto.



4
De: CarlosP. Fecha: 2009-06-10 17:16

Milf por pureta????????????????????????????????????????

EstooOoOoOOOoOOooooOOOooOooooooOOOoOOoOoOOOoo....pa mi que no, eh?



5
De: El Té de las cinco servido a las siete. Fecha: 2009-06-10 19:17

No, evidentemente NO, Pachecou. XD



6
De: RM Fecha: 2009-06-10 19:25

Eso es porque no sois de Cadiz, ni del Puerto, donde en el habla una pureta es una señora madura de buen ver y mejor palpar. Y una "puretona" o una "vieja puretona" es una anciana.

Nuff Said.



7
De: CarlosP. Fecha: 2009-06-10 23:46

Si que sois raros...tambié decis "lo vas a caer" y "un Fanta".....

Si es que como los franceses no pasaron mas allá de PuertaTierra......



8
De: RM Fecha: 2009-06-10 23:47

del puente suazo, oiga, que los cañaíllas se portaron.



9
De: CarlosP. Fecha: 2009-06-11 01:19

que "tambié" más castizo me ha salido



10
De: Mirbos Fecha: 2009-06-11 02:15

vaya yo creo que el puente se llamaba Zuazo, pero acabo de ver la omnisciente wikipedia y dice que tambien se le llama Suazo... cosas de la vida

muy buena anecdota, aunque creo que ya la habia escuchado fuera del blog



11
De: Benito Fecha: 2009-06-11 08:18

Hablando de milf's y demás, ya hay mucha gente que lo ha traducido por "mqmf".



12
De: AJC Fecha: 2009-06-11 12:51

Madres así de tranquilas, las hay a montones. Antesdeayer mismo tuve que sufrir a una desahogada que había colocado a su hijo sobre la arcada del puente que hay sobre el Genil y, aunque al principio lo llevaba de la mano, hubo un momento en que lo dejó solo. El corazón me dio un vuelco. Y tuve que morderme la lengua para no afearle su proceder. Por suerte, hubo otro ciudadano, más fogoso, que no se la mordió y le dijo, entre algún que otro improperio, algunas cosas que más de uno de los que por allí pasábamos le habría gustado espetarle a la incauta.
Por cierto, dado tu patronímico, más que ángel, tú deberías incluirte en la sección de "arcángel" de la guarda.



13
De: Benito Fecha: 2009-06-11 13:26

Muy bien visto, AJC.
Es que hay estudios que demuestran que el nombre que nos asignan al nacer condiciona nuestra existencia, nuestro proceder y nuestra personalidad de una manera mucho más importante de lo que podríamos imaginar.



14
De: mientrascagas Fecha: 2009-06-11 15:00

sisi, pero es verdá que en cádiz se le dice pureta a eso :)



15
De: CarlosP. Fecha: 2009-06-11 20:05

¿y donde metemos la "g"? jeje.....va a resultar mas dificil de decir que "Bruguequin".....

No puedooorrr...



16
De: bladerunner Fecha: 2009-06-11 22:05

Y otro bonito termino siguiendo con el tema del lenguaje, "esmorecio"; no sabia lo que significaba pero una vez averiguado via google, no se me ocurre otro termino mejor para lo que designa. De hecho, ya no se me ocurre ningun otro, jejejeje.



Nombre
Correo-e
URL
Dirección IP: 54.198.132.162 (1e9d7f1524)
Comentario