Se presentó el jueves, como ustedes ya saben, El anillo en el agua, en el salón de actos de la Diputación de Cádiz, a pesar de la amenaza de tornado que al final no fue y que había dejado las calles convertidas en reflejo de película de zombis o de catástrofe japonesa con o sin Godzilla al uso.

Me presentó Juan José Téllez y estuvo Téllez, como es natural en él, brillante y cariñoso, irónico como era necesario, haciendo un repaso a lo que fuimos y a lo nada que hemos llegado a ser, y su declaración de amor allí mismo, con beso de tornillo simulado y todo por mi parte, no es sino la constancia de que aunque ya no nos veamos más que de higos a brevas, siempre seguiremos siendo aquellos émulos de la triada del tebeo español, El Capitán, Crispín, y Goliat, aunque nunca supiéramos qué papel encarnaba cada cual porque los alternábamos, como seguimos haciendo.

Estuvo presente la vieja tropa: Ana Sánchez, Leo Hernández, Jomán Ales que ya se llama José Manuel, la siempre bella Dori Barrios, Oscar Lobato (mi amigo más antiguo) y la encantadora Maribel, y un puñado de amigos de entonces y de después, ex-alumnos y alumnos, representantes de la política provincial e incluso adorables ancianitas de la cosa culta. Fue un placer que la encargada de conducir el acto, la delegada de turismo, dijera aquella frase de "soy de la ciudad hermana de Jerez", porque sirvió para recordar que no todo el mundo es tan necio como se empeñan en hacernos pensar las rivalidades absurdas que potencia el fútbol.

Nos faltaron algunos a quienes, como siempre, echamos de menos: Juanito Mateos, lejano en el mapa, aunque siempre presente en nuestros recuerdos; Manolo Chulián, José Ángel y Pedro Alba, ilocalizables desde hace tanto; Antonio Anasagasti, ahora en la reserva activa y medio exiliado en la bella Sevilla; Manolo Ruiz Torres, que tenía bolo en Jerez y no ha aprendido todavía a estar en dos sitios a la vez, aunque sé que prefería haber estado allí, siendo personaje del libro en vez de en su otro acto; Miguel Martínez, que con el huracán tuvo que quedarse en Chiclana. Al menos recuperamos a Troglo y Loli, viejos miembros de la pandilla que salen fugazmente en las páginas del libro y a quienes dar un beso y un abrazo fue una alegría.

Luego nos fuimos a tomar unas cervezas en una ciudad desierta, entre goterones de lluvia y la amenaza de un ciclón que nunca vino. El anillo está, por fin, recuperado del agua. Quién sabe si algún día habrá una segunda parte de esas historias.

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Comentarios

1
De: charo barrios Fecha: 2009-02-07 19:56

Hola Rafa: me habría gustado estar en la presentación, pero al ser un jueves...
pero me alegro de que estuviérais casi todos. ¡buena tropa, si señor!



2
De: WWfan! Fecha: 2009-02-08 00:55

A ver si podemos pillarlo en algún sitio.
Y lástima de presentación, que como la de Carlos Gimenez, me perdí por curro.



3
De: Jose Joaquin Fecha: 2009-02-09 12:17

No sólo la ciudad parecía haberse enfrentado a un holocausto... ¡lo que nos cobraron en el bar donde tomamos la cerveza también era precio post-holocausto!



4
De: RM Fecha: 2009-02-09 12:28

...calla, que si lo sé, me escapo



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