Era bonita, no crean. Espigada, con muy buen tipo y, lo más importante, con conversación. Como tantas de las féminas que se acercaron a nuestro grupo en la edad dorada de nuestras correrías, es decir, a mediados de los ochenta, cuando no éramos yuppies pero vivíamos como si lo fuéramos, apareció de la noche a la mañana y sé que se encaprichó o encandiló, uno tras otro, a la mayoría de mis amigos.

No recuerdo su nombre o no me interesa recordarlo aquí ahora. Rubia con un ligero tono a pelirrojo, el pelo rizado, una cintura apetitosa. Y era simpática, y considerada, y normalmente nunca decía una palabra más alta que la otra, encandilada o encaprichada de la fortuna de andar por casa que semana sí semana también dilapidábamos, sobre todo mis amigos.

Descubrimos pronto que su punto fuerte era explotar nuestro punto flaco. A nosotros, entonces y ahora, lo que nos pirraba no era el tapeo de bar en bar, sino directamente la mesa y el mantel, a ser posible de unos cuantos tenedores en la guía Campsa. O sea, que cenábamos en El Faro y otros sitios de postín al menos un par de veces al mes, y en alguna ocasión, hasta una historia que sí que no puedo contar, cada semana.

Ella, siempre discreta, se nos sentaba al lado y pedía, invariable, una coca-cola. Cuando los demás empezábamos mirar los menúes, lo mismo el paté de cabracho que los langostinos o, si la cosa iba de más pobre, las hamburguesas especiales o las pizzas cuatro quesos, ella se hacía la discreta y decía, claro, que tenía que mantener aquel cuerpo estilizado y aquella cintura apetitosa.

Picábamos siempre: no, mujer, pídete lo que quieras, que nosotros te lo pagamos entre todos. Y ella, entonces, hacía de tripas corazón, le echaba un ojo a la carta, y pedía, como quien no quiere la cosa, aunque la quería, el plato más caro que había a la venta.

No una sola vez, sino siempre.

Una de aquellas noches de asombro por su descaro, le pusimos el mote. Y la llamamos la IVA. Porque cada vez que salía a cenar con nosotros nos costaba a los demás un veinte por ciento más de lo que marcaba la carta.

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Comentarios

1
De: Francisco. Fecha: 2009-01-29 19:55

Justificadísimo mote, a fe mía. ¿Se lo llegasteis a decir a ella en la cara (en plan, "mira, ahí viene la IVA"), o quedó en un comentario más o menos maledicente a sus espaldas?



2
De: RM Fecha: 2009-01-29 19:57

Los caballeros nunca hablan mal de las señoras delante de ellas mismas :)



3
De: Jon Nieve Fecha: 2009-01-29 22:05

Pero...pero... pero alguno se la llevaria al huerto, semejante ejemplar, no??



4
De: Juanmi Fecha: 2009-01-29 23:17

La verdad es que a mí siempre me han admirado las mujeres que son muy guapas y, a la vez, buena gente. Debe ser necesaria una gran fortaleza de caracter para superar el que, sin importar cómo actúes, los hombres se comportarán bien contigo.
Con las mujeres con mucho pecho pasa algo parecido.



5
De: Anónimo Fecha: 2009-01-30 02:41

Pagafantassss xD

Bueno, o pagamenús, más bien ;D



6
De: Angel Guerrero Fecha: 2009-01-30 10:11

A RM (2):

Y que no se te ocurra hablar mal de ellas a sus espaldas, que seguro que se enteran.

De hecho, incluso aunque no hables mal de ellas... ¡se enteran!

Debe ir en el X que tienen de más. Al ladito del gen "vamos de tiendas".



7
De: Ivan Gil Fecha: 2009-01-30 12:11

yo desde que vi regreso al futuro, quedó marcado mi destino en esta vida..."dedicarme a ese gran misterio del universo: las mujeres."

despues de varias decadas de estudios, creo que ya puedo pasar de parbulitos a preescolar...veremos cuando me licencio



8
De: INX Fecha: 2009-01-30 12:45

La gorrona o la garrapata le habría quedado mejor...



9
De: INX Fecha: 2009-01-30 12:52

Las mujeres siempre seremos un misterio, esa es la gracia...



10
De: Juanmi Fecha: 2009-01-30 13:06

No puedo resistirme a copiar este monólogo de Seinfeld:
Me doy cuenta de que las mujeres siempre quieren saber qué estamos pensando los hombres. Pero si es muy fácil: Los hombres pensamos en mujeres. En nada más. Nos gustan las mujeres y queremos a las mujeres, y hasta aquí llega nuestro razonamiento. Por eso les tocamos bocina y les gritamos desde las construcciones. Porque son las mejores ideas que se nos ocurrieron en ese momento.
Tocar bocina, para mí, es el punto más bajo de todos. Siempre que sucede pienso: ahí hay un hombre que se ha quedado sin ideas. Una mujer camina por la acera; un hombre pasa en el coche, y, de pronto, el bocinazo. ¿Qué pretende que haga ella? ¿Sacarse los zapatos y correr detrás del coche? ¿Agarrarse del paragolpes? ¿Que ella le diga en el semáforo siguiente "Qué bien que me tocaste bocina, no tenía idea de que te sentías así"?



11
De: Salther Fecha: 2009-01-30 14:23

¿Las aventuras del joven Rafa Marín suceden en la misma continuidad que Gades Noctem? ¿Son la precuela? ¿Mundos paralelos con crossover anual?



12
De: RM Fecha: 2009-01-30 14:25

Son la misma continuidad: los caballeros Jedi y los padawan.



13
De: sergiofdezmiranda Fecha: 2009-01-30 14:56

Y que se tenga uno que enterar por otros lares...

http://www.dolmeneditorial.com/noticias_ficha.php?IdNot=404#

¡A votar se ha dicho!

¡Y mucha mierda!



14
De: Juanmi Fecha: 2009-01-30 15:06

He votado por la segunda. y parece que va a ganar.



15
De: Illyria Grey Fecha: 2009-01-30 16:28

¡Juas! Menuda fama que tenemos... Y tenéis suerte de que vaya ajustada de tiempo, que si no yo también me pondría a contar mis andanzas juveniles... como super(anti)heroína de serie Z.



16
De: RM Fecha: 2009-01-30 17:06

A mi me gusta la tercera...



17
De: sergiofdezmiranda Fecha: 2009-01-30 20:29

Yo he votado por la primera.

Una pregunta: ¿cuánto pesa en estas cosas la opinión del autor?



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