La música, lo he comentado por aquí más de un par de veces, nunca ha sido uno de los amores duraderos de mi vida. Analizando el por qué de semejante carencia (porque, paradojas de mí mismo, soy un tipo que se pasa la vida cantando), he llegado a la conclusión de que mis acercamientos al mundo de la música, superados los rechazos progres de los ochenta y los calambres estomacales que me provocaban programas como "Aplauso", se deben a los cambios de electrodomésticos, y hasta de coche.

Me explico. Yo fui un niño de música en la radio hasta que un tío mío me regaló su tocadiscos que no usaba (cosa que me chafó, porque yo ya apuntaba adolescencias y quería un estéro) y, con el préstamo de mogollón de discos single de una prima de la otra rama de la familia, me puse más o menos al día en cuestiones musicales. Eso fue en los tiempos de Picnic con Jeanette, de Camilo Sesto, de la canción "Amarillo" que venía adecuadamente en un disco amarillo. El único disco de los Beatles de la colección de mi prima, por cierto, "The Long and Winding Road", me parecía un coñazo supino.

Pueden ver ustedes que, sí, mi primer gusto musical se formó a partir del gusto musical de una fan, hija de su tiempo y su momento. Luego descubrí a los cantautores y ya fue otra historia: siempre me ha interesado más la letra de lo que se canta que la música, mea culpa.

Se me escacharró el tocadiscos, y lo sustituí por un radiocasette, y entonces fue el problema de tener los discos que me gustaban ora en LP de vinilo, ora en aquellas cajitas que se deshilachaban cada vez que se atascaba la ruedecilla. Entre una cosa y otra, me pillaron los ochenta y deserté de la música.

Volví al redil cuando tuve mi primera máquina de escribir eléctrica (primera y última por, cierto) y empezaba a teclear "La leyenda del Navegante". Fue mi acercamiento a Radio 3, y a una música más alternativa y quizá menos comercial, la de Ramón Trecet y Juan de Pablos. Los años de escapar a Gibraltar a comprar casettes de Clannad y Enya. Todo esto coincidió con mi segundo coche, mi viejo Peugeot 205 rojo.

Lo dejé, quizá como resaca del esfuerzo de escribir la novela, quizá porque, atento a las canciones, no me concentraba en las traducciones.

Volví al mundo de la música, una vez más, cuando me compré mi tercer coche, el Peugeot 405 que me ha acompañado hasta hace un par de meses. Los que tienen hijos sabrán que llega un momento en que la música desaparece de tu vida, sustituida por canciones infantiles (mi hijo Daniel, muy pequeñito, se asustaba con la banda sonora del Drácula de Coppola). Para escucharla, en todo caso, tienes que calzarte unos cascos molestos que te aíslan de todo lo demás. Gracias a la radio del coche uno puede escuchar música (hay gente, como mi primo Carlos, para quien conducir y escuchar música son la misma cosa).

Lo que pasa es que ese sancta sanctorum de escuchar música radiada o la música que tú te llevaras puesta en el casette de marras me cerró las puertas la primera vez que tuve que cambiarle la batería al coche, o quizás la primera vez que el coche me dejó tirado. Como soy un desastre para todo lo que signifique papeles, perdí el libretito con la clave del autorradiocasette. Ya saben, una de esas maravillas tecnológicas que permiten que uno no disfrute lo que tiene por miedo a que te lo robe un mangui y así no disfrutar de lo que tienes.

Sin la clave, me quedé sin autorradio. O no. Fui a la empresa del susodicho, les conté el problema, y me liberaron la clave para darme otra.

En realidad, lo que me dieron fue otro autorradio, similar, de otro coche. Nos dimos cuenta a los dos o tres días. Vuelta al taller (o lo que fuera), le contamos el caso: que este autorradio es igual que el mío pero no es el mío (no encajaba de la misma forma en el huequecito). Y el señor que atendía a la vez a tres clientes, el teléfono y al bocata de chorizo que se estaba desayunando, confesó que, sí, se había confundido. Y que mi autorradio lo tenía el otro inútil que tampoco tenía la clave de desbloqueo, que iba a llamarlo, que ya me llamaría para deshacer el equívoco.

Todavía estoy esperando, claro. Mi autorradio original estará perdido en otro coche primo hermano de mi antiguo coche, imagino. El caso es que aguanté con el autorradio ajeno hasta que, en efecto, el coche volvió a quedarse sin batería, o hasta que se averió otra vez. Y entonces ya no pude llevarlo para que me cambiaran por segunda vez la clave (había perdido, of course, los nuevos papeles, y en todo caso uno es tan manazas que no entendía por qué no funcionaba nada al pulsar los dígitos), por la sencilla razón de que la empresa, el hombre que atendía a ancianitas, hablaba por tres teléfonos y comía bocadillos de chorizo para desayunar se había ido con la música (con mi música) a otra parte. Que el concesionario, taller, o lo que fuere, había cerrado, vamos.

Me quedé compuesto y sin autorradio, qué quieren que les diga. Y desde entonces, y durante al menos ocho o nueve años, si no más, mi viejo coche azul fue un silencio musical, aunque no un silencio de motor, permítanme que les sea sincero.

Me he acostumbrado tanto a conducir sin música que, ahora que tengo coche nuevo que viene con su autorradio y su cedé y, por fortuna, no tiene ese sistema de seguridad que impide que uno disfrute de lo que le gusta por miedo a que se lo quite un mangui y así le impida disfrutar de lo que le gusta, me asusto y todo cada vez que arranco y escucho un señor que chilla desconsolado cuando hace como que canta o suena un pseudoanalfabeto que dice majaderías mientras anuncia un disco (no, tranquilos, cambio inmediatamente de cadena cuando empiezan a dar noticias; ventajas de que ahora el mando de la radio esté justo en el volante).

Conque aquí me tienen, con coche y autorradio, escuchando música una vez más, que siempre hace más llevaderos los viajes.

La curiosa paradoja de todo esto es que, cáspita, parece que el tiempo no ha pasado por las emisoras de este país. O quizá es que han estado esperando que volviera al redil, posiblemente.

Porque, verán ustedes, es que cambia uno de un dial a otro, y les juraría que siguen emitiendo las mismas canciones, pero las mismitas mismitas, que uno escuchaba allá por los años ochenta.

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Comentarios

1
De: Wayne Gro Fecha: 2008-03-14 09:30

Pues al igual que su primo Carlos, yo no concibo eso de ir en el coche sin música. Me parece vital, y más ahora que he puesto una radio con puerto usb, a la que conecto mi pen drive y hala, 4 gigas de musica para mi solo. Estoy deseando bajarme otra vez para su tierra (escribo esto desde una ciudad de Albacete) y poder escuchar del tiron todo lo que puedo meter ahí dentro. La música, como se escucha en el coche, no se escucha en ninguna parte.



2
De: CarlosP. Fecha: 2008-03-14 10:00

Yo mas bien diria que la música como puedes escucharla en el coche...no te dejan escucharla en ninguna parte.



3
De: Jeremias Julian Ruiz Fecha: 2008-03-14 10:24

buscate cantautores chachis y modennos.... como Sufjan Stevens



4
De: RSMCoca Fecha: 2008-03-14 12:11

Pues yo en el coche, sobre todo, noticias. Es por la radio y por las ediciones digitales de los diarios que me mantengo un poco al día de lo que pasa. Sólo de vez en cuando pongo alguna cadena de música, como Kiss FM

Y es verdad lo que dices que las cadenas de ese tipo meten mucha música de los '80. Es ese factor nostalgia que afecta a todo.



5
De: WWfan Fecha: 2008-03-14 12:43

Yo me estoy escuchando los temarios en audio MP3 que voy repasando cada vez que cojo el coche.
Evidentemente es cada vez que lo pillo sólo. Si voy con colegas al cine y escuchan tema 12: El color y su simbolismo se cagan en tó mis castas.



6
De: Gina Fecha: 2008-03-14 14:05

Concido con RSMCoca en lo del factor nostalgia invadiendo las cadenas de radio. Parece que a partir del cambio de milenio no ha habido tan buenas canciones como en los 80s y 90s.

Yo soy de las que tiene la radio del coche de la época pre-mp3, así que conecto el Ipod al auxiliar.

Y tampoco concibo conducir sin una buena banda sonora de fondo.



7
De: josem76 Fecha: 2008-03-15 01:16

La nostalgia siempre está de moda. Dentro de unos años los 90 pareceran lo máximo...



8
De: Luis Fecha: 2008-03-15 13:38

Si e rock o pop no te convence, prueba otros ámbitos como la música clásica.
Escucha a Mozart y Vivladi, sobre todo de éste último, las 4 estaciones. Después continúa con Boccherini. Estos autores te servirán para introducirte en la música clásica. Después de unos meses escuchándolos puedes ampliar a Bach y Beethoven. Y mucho más adelante entra en los compositores románticos. Eso siempre y cuando no tengas ningún conocimiento de música clásica.
Estos compositores son los que llegan más rápidamente a una persona poco habituada a escuchar música clásica.



9
De: Ojo de Halcón Fecha: 2008-03-17 12:06

Yo no podría vivir sin música... Mi colección está empezando a darme serios problemas de espacio.



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