A veces, en ese afán de simplificarlo todo y creernos el ombligo del mundo (nosotros mismos a través de nuestra asignatura), a los profesores nos cuesta creer que hay vida más allá de nuestro segmento de clase. Que quien con nosotros es un estudiante excelente puede no serlo en la asignatura que nos precede o que nos sigue, que los chavales son personas que están llenas de matices y hay momentos en que deslumbran y otros momentos en que se queman, que no los conocemos más que en la medida que podemos conocerlos tras tres horas a la semana y un par de años de contacto. Y que tienen vidas a las que no podemos acceder, vidas que malgastan y vidas que aprovechan, como nosotros malgastamos y aprovechamos nuestras propias vidas.

Me he preguntado a veces qué pensarán mis antiguos profesores y mis antiguos compañeros de las diversas clases por las que fui pasando cuando ven mi foto en un periódico o me reconocen como autor de alguno de mis libros. ¿Trazarán la conexión entre el yo que yo era y el yo que soy ahora? ¿Les podrá la curiosidad y picarán entre mis hojas, o será más fuerte la preconcepción y la ignorancia de no conocerme?

El viernes fui al teatro a ver a un buen puñado de alumnos representar, después de un montón de meses de ensayo, Tres sombreros de copa de Miguel Mihura. Y experimenté exactamente esa sensación de la que les hablo más arriba: cómo chavales que son revoltosos, o malos estudiantes, o buenísimos estudiantes, o grandes tímidos, o desconocidos (porque no conocía a todos los que se asomaron a las tablas de ese mismo teatro donde yo ensayé tantas veces, con otros chavales), son capaces de ofrecer unos matices de su personalidad que yo desconocía. Y que desconocían, posiblemente, ellos mismos.

Estuvieron todos magníficos en sus respectivos papeles, supieron dar el lenguaje gestual preciso, las inflexiones de voz necesarias para hacerse oír en una sala que no tiene precisamente buena acústica, trabajaron a la perfección el equilibrio entre la comicidad y el surrealismo. Todo ello con un presupuesto ínfimo, robando horas aquí y allá.

Todo por esa maravilla inexplicable que va más allá del teatro y las bambalinas y los pone en el camino del descubrimiento, de la epifanía de su propia edad de maravillas y asombros.

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Comentarios

1
De: Antoine Fecha: 2007-12-03 19:30

Si lo han hecho bien son para tener en cuenta, es una obra muy dificil de interpretar.



2
De: Javi Gala Fecha: 2007-12-04 09:44

Yo fui de época teatrera-Juan Asián. Supngo que me perdí otro gran profesor de teatro.



3
De: JJ Fecha: 2007-12-04 22:05

Yo que pretenezco al grupo de los revoltosos y malos estudiantes no?? xD
Gracias Rafa por mencionarnos..
!!Nos vemos en literatura¡¡



4
De: Andy Fecha: 2007-12-04 23:00

eyyyyyyyyyy!!!
de verdad no nos conoces?¿?¿ JA JA JA tanto te sorprendio?¿ tan diferente somos?¿
Me alegra que te des cuenta de eso y de que nos hayas incluido en tu blog, que aunque no lo parezca, significas muxo para algunos de nosotros

PD: mañana le dare las gracias a Xano por comentarmelo!!!!!!!!!!!!!!



5
De: Jose Joaquin Fecha: 2007-12-05 13:36

También yo dediqué un post en mi blog (pinchad mi nombre) a la obra. Estuvo genial, y espero poder volver a verlos en acción.

Lo bonito del teatro, a diferencia del cine, es que puedes ver mil veces una obra y nunca es igual.



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