Me apetece contarles a ustedes una batallita que tuvo dos partes. Sucedió hace unos años, cuando cumplí... bueno, no sé exactamente cuántos cumplí (nunca sé los años que tengo, creo siempre que tengo uno más). Como Daniel era muy pequeñito, supongo que fue cuando cumplí 34 ó 35 años. Me lo recordaron el otro día y estuvimos riéndonos un buen rato.

Tradicionalmente nos reunimos en casa, lo saben ustedes también, cada dos viernes o cada dos sábados. En aquella época, cada semana. Unos cuantos amigos en torno a unas cervezas, unas pizzas y muchas horas de charla. Algunos siguen acudiendo al "Club", otros no.

Aquel año dio la casualidad de que mi cumpleaños coincidió en viernes. O sea, que aquella reunión del Club iba a ser algo especial: ya me estaba yo viendo pagando la pizza, o la tarta, o el whisky del caro.

Y de pronto recibo una llamada. No voy a decir quién fue el soplón, pero me dijo, con esa voz cavernosa que suele usar cuando comunica mensajes importantes, que me estaban haciendo el boicot. Que todos iban a decirme que no podían venir ese viernes al Club, pero que en realidad era mentira, y que me iban a traer una tarta sorpresa. Que yo no dijera nada, que me hiciera el tonto y no me enfadara ni me cabreara ni ná cuando todos ellos me dijeran que, ooops, ese viernes, precisamente ese viernes, no podían. Y que el problema era cómo demonios llamaban al telefonillo y les abríamos la puerta, porque entonces se estropearía la sorpresa: mis amigos querían ver mi cara de circunstancias ante la tarta y las velas.

Un inciso para advertirles a ustedes que el soplón, a quien no voy a identificar, sabía perfectamente que si yo me tragaba la trola me iba a casa de la suegra a dormir el fin de semana y a tomar tapitas con los amigos de El Puerto de Santa María, de ahí el chivatazo.

Total, como dejar la puerta de abajo abierta hubiera sido sospechoso, hablamos con la vecina, y le dijimos que cuando llamaran y le explicaran que venían a darme una sorpresa, que no avisara a la policía y les abriera la puerta de la calle.

Y, en efecto, a lo largo de la semana todos se excusaron y me dijeron que no podían venir a casa ese viernes. Y yo puse voz de circunstancias y les dije que no pasaba nada.

La noche de marras, antes de salir de casa y quedar con los demás (y no estoy seguro de si por móvil o desde una cabina más tarde), el soplón nos avisó: "Ya salimos". "No os olvidéis de poner cara de sorpresa". "¿Estará abierta la puerta de abajo?"

Y nosotros, mientras tanto, preparamos nuestra propia broma. Decoramos la mesa con un mantel de los caros, pusimos dos velas y dos rosas, tres tazas de consomé que servimos con un sopinstant pero que daba el pego, vestimos a Daniel (que tenía uno o dos añitos) de picos pardos y le pusimos una pajarita y lo sentamos en su silla a la mesa. Isa, mi mujer, se vistió como para ir de fiesta. Y yo rescaté el traje de novio y me puse una pajarita muy molona que había comprado en Gibraltar unos meses antes.

Y nos pusimos a esperar.

Un poquito más tarde de la hora de costumbre, oímos perfectamente cómo llamaban al telefonillo de la vecina y cómo ésta les abría la puerta de abajo. Tardaron una enormidad en subir la escalera (y eso que vivo en un primero), porque les podía la risa, la emoción, y era un montón de difícil encender treinta y pico velas. Los veíamos a través de la mirilla de la puerta, uno sujetando la tarta (que era enorme y rectangular, y luego comprobamos que estaba muy rica), mientras la novia de uno de los miembros del Club encendía las velas.

Al cabo de un rato, por fin, llamaron a mi puerta. Esperamos un minuto o así antes de abrir, muertos de risa, y pusimos cara de sorpresa cuando, cáspita, abrimos la puerta y allí nos plantan una tarta gigantesca y nos dicen "¡Sorpreeeesa!" y me cantan el "Cumpleaños Feliz" y esas cosas.

Y entonces se dan cuenta de que estamos vestidos de gala. Y entran en el salón y ven a Daniel medio dormido en la silla, con la pajarita, y las dos velas, y las tazas de consomé y la cubertería de lujo (que por cierto no hemos vuelto a usar). Y les dijimos aquello de "Como no os esperábamos, habíamos empezado a cenar ya. Una cena íntima, ya sabéis: es que hoy es mi cumpleaños".

Y ji ji ja ja, pedimos las pizzas de todas las semanas, y mi mujer puso a freír un montón de croquetas que tenía preparadas de antemano para darle de comer a un regimiento. Y cortamos la tarta y nos la comimos y lo pasamos muy bien. Ellos se fueron a casa convencidos de dos cosas: de que su sorpresa había sido un éxito, y de que de verdad estábamos celebrando mi cumpleaños vestidos de etiqueta (¡y tomando sopinstant y croquetas!). El soplón, mi mujer y yo tuvimos que hacer verdaderos esfuerzos para no partirnos de risa allí mismo y decirles que sabíamos lo que habían preparado.

Pasaron los meses y hasta los años. Sé que en algún momento entre mis amigos cundió una pequeña duda: ¿Estábamos celebrando de verdad mi cumpleaños en la intimidad? ¿Vestidos como tres payasos los tres solos, con pajarita y traje de noche? ¿Y todo lo que teníamos para comer eran croquetas?

Una noche, un viernes de dos o tres años más tarde, estábamos en el club solamente el soplón, nosotros dos, y uno de los otros miembros, el más joven, más impresionable y, en ciertos aspectos, más mosqueón. No sé si ya habían dejado de venir los miembros originales del club y habían llegado amigos nuevos.

Total, que después de la cena, en medio de las copas, el soplón le hace la pregunta con esa miradilla maliciosa que se le dibuja en los ojos cada vez que plantea una cuestión con la que quiere sacar a alguien de quicio: "¿Pero vosotros no os disteis cuenta de que estaba preparado? ¿De que Rafa e Isa sabían que veníamos con la tarta y la sorpresa? ¿Pero no os disteis cuenta de que para cenar aquella noche sólo tenían un cargamento de croquetas?". Y yo le confesé que, exactamente, todo había estado preparado por las circunstancias de que si, en efecto no hubieran venido, nos habríamos ido al Puerto o al cine o a cenar de verdad por ahí fuera.

Nuestro amigo el más joven del club no daba crédito a sus oídos. No era verdad. No era posible. Entonces la broma se la habían gastado a ellos, no al revés. No. Nanai. Imposible. Qué cacho de cabrones. Qué siesos. Qué hijos de puta. Qué traidor era el traidor. Qué chivato. Qué poca vergüenza la nuestra, hacernos los tontos y seguirles el rollo de aquella manera.

Tanto le dio vueltas la tema, que acabó por mosquearse. Pero mosquearse en serio. Qué putada. Qué hijos de puta. Qué poca vergüenza.

Total, que tuvimos que volver a engañarlo y convencerlo allí mismo que no, tonto, que no lo sabíamos, que la broma estuvo muy bien preparada, que lo que pasa es que nos gusta mosquearlo y que sí, que les salió de puta madre, y que la tarta estaba muy rica.

Por ahí tengo todavía, en el salón, una foto donde Isa y yo miramos a la cámara, yo con pajarita y ella con traje de noche, intentando por todos los medios que no se nos notaran las ganas de soltar la carcajada.

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Comentarios

1
De: POTUS Fecha: 2007-09-20 20:38

Verídico, pues yo fui el soplón. La única vez en mi vida que he actuado de agente doble. Superdivertido.
Perfectamente descrito Rafa. Haré referencia de este artículo en el próximo Boletín del CLUB.



2
De: RSMCoca Fecha: 2007-09-20 20:42

Me he partido de risa imaginando la escena...

¿No puedes poner esa foto vuestra aquí? Porfaaaaa



3
De: RM Fecha: 2007-09-20 20:44

No tengo escáner: me lo cargué. A ver si Potus la tiene y me la manda y la cuelgo.



4
De: POTUS Fecha: 2007-09-20 20:55

Rafa, no tengo la foto escaneada. Tengo el original que es en diapositiva. Y no la escaneé antes de darte la foto. Mi escaner no escanea diapositivas convenientemente. El verbo escanear es horroroso.



5
De: POTUS Fecha: 2007-09-20 21:03

Exactamente fue en tu cumpleaños del año 1995, según consta en mi base de datos de diapositivas.



6
De: RM Fecha: 2007-09-20 21:05

36 tacos, entonces



7
De: Alberich el Negro Fecha: 2007-09-20 21:45

¡Estos padres...! "Vivo sin vivir en mí...". ¿De modo que sólo te acuerdas de tu edad recordando la de tu hijo? Curioso proceso el paternal. Y curioso animal el ser humano.
SDEN.



8
De: Petimetre Fecha: 2007-09-20 22:22

Joer, lo que me he reído.



9
De: Mel Fecha: 2007-09-20 23:18

¡qué poca vergüenza! XDD



10
De: WWfan! Fecha: 2007-09-21 08:47

Dicen que ponerse traje de la boda trae ruina.



11
De: RM Fecha: 2007-09-21 11:29

Sí, sobre todo si después te casas



12
De: Jose Joaquin Fecha: 2007-09-21 16:04

Ese pobre hombre todavía se cree que las corquetas que comió estaban hechas de caviar iraní.



13
De: PAblo Fecha: 2007-09-22 16:14

Una cosilla, ¿su mujer no se cabreó por tener que ponerse a hacerle croquetas a los amigotes vestida de etiqueta? Porque la broma es graciosa pero como saltara el aceite y la estropease el vestido...No sé yo... ;-D



14
De: RM Fecha: 2007-09-23 00:00

existe una cosa maravillosa llamada freidora :)



15
De: El joven cabreado e impresionable Fecha: 2007-12-05 22:12

Voy a tener que consultar a un psicólogo o psiquiatra o algo porque no sé si es normal que yo no me acuerde de casi nada. Tengo leves recuerdos pero no de tantos detalles.

Eso sí, ¿en serio me cabreé en serio cuando lo contasteis?. Porque sí que soy mosqueón, pero no creo que me cabreara tanto como para que tuvierais que volver a mentirme



16
De: POTUS Fecha: 2007-12-06 12:19

SR. Cabreado e Impresionable, tiene usted tan mala memoria que ni siquiera recuerda, que al parecer, es usted socio del CLUB.



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