Pero vamos, ya hay que ser manazas para meterte en mitad de una batalla de superhéroes y que te pase algo, ¿no? En los tebeos de superhombres siempre la palman las novias de los héroes, o las abuelas, o los compañeros de clase (y de vez en cuando hasta resucitan, como los supervillanos). Lo normal es que si se están dando de tortas en lo alto del edificio Chrysler, por ejemplo, y cae un cascote, pues le dé a tu futuro suegro en el coco y lo deje en el sitio. De todas-todas, no le va a pasar nada a un niño con chupete que pase por debajo.

Y además, que si fuera a pasarle algo, aquí estoy yo para impedirlo. No, no soy un superhéroe. Pero para algo estoy escribiendo este libro, ¿no?

Bien, pues Pis-Pis se soltó y cayó al pozo abierto por las patotas de Cocodrilus. Y no había resbalado ni medio metro cuando Charlie Centella, la Capitana Arachné, Doc Centurión, Don Justicia, Jackie Judo y Vendaval corrieron al rescate.

Y al correr al rescate y ser más rápidos que la caída del bebé, como cada uno estaba en un punto diferente de las alturas, sus poderes se combinaron y crearon un cortocircuito en Cocodrilus, que se quedó así con las patas al aire, la boca abierta, y los ojos medio saltones diciendo qué ha pasado, quién me ha quitado las pilas.

Los superhéroes se fueron pasando a Pis-Pis de uno a otro, como si no supieran qué hacer con él (todos eran solteros aunque Doc Centurión y la Capitana Arachné estaban en capilla desde hacía lo menos treinta números de su colección), o el bebé hubiera ensuciado el dodotis con la tensión del momento (algo plenamente justificable, desde luego).

También el mundo de los superhéroes era algo machista. Primero, porque eran cinco señores y una señora (y de muy buen ver, aunque el peinado que llevaba estaba un poco pasado de moda, con tanto cardado y tanta permanente). Segundo, porque se fueron pasando a Pis-Pis como el que sostiene una radiografía. Charlie Centella a Don Justicia. Don Justicia a Vendaval. Vendaval a Jackie Judo. Jackie Judo a Doc Centurión. Doc Centurión a la Capitana Arachné. Como diciendo: "Toma, tú, limpia".

La Capitana Arachné cogió al bebé de una forma un tanto incómoda (recordemos, era soltera y no tenía hermanitos pequeños), pero era una mujer liberada y estaba a punto de iniciar otra vez el recorrido y dárselo a Doc Centurión para que éste se lo diera a Jackie Judo, para que éste se lo diera a Vendaval, para que éste se lo diera a Don Justicia, para que éste se lo diera a Charlie Centella, cuando Danki y Lala le quitaron al bebé de las manos.

--Muchas gracias, señora --dijo Lala--. Es nuestro hermanito, ¿sabe?

--Se llama Pis-Pis. Nosotros somos Danki y Lala.

--Martínez. De los Martínez por la Libertad del Puerto de Santa María.

--Gu.

Los seis superhéroes se quedaron mirando a los tres niños, como si pensaran que eran extraterrestres invasores de esos que cambian de forma y quieren dominar la tierra. Vendaval tosió. Para ser el hombre del tiempo, parecía que esa mañana no había cogido paraguas.

Pero Charlie Centella tosió también.

Y Don Justicia.

Y Doc Centurión.

Y la Capitana Arachné, que siempre hacía lo que hacía su prometido.

Y Jackie Judo, pero en chino.

Y los seis superhéroes se llevaron las manos a los antifaces, como diciendo "qué trancazo he pillado". Y Danki, Pis-Pis y Lala miraron a ver si había una farmacia cerca que pudiera venderles paracetamol o aspirinas, aunque fuera sin receta.

Y al volverse vieron en el aire una M de fuego, y dos letras E mayúsculas que surgían de lo alto de un edificio muy bonito, de metal todo, brillante como una bici nueva.

--¡Ay, caramba! ¡El signo de Maleficus! --exclamó Don Justicia.

--¡Y el Escuadrón Enmascarado! --señaló Vendaval.

--Coff coff --dijo Charlie Centella.

--Coff coff --dijo Jackie Judo, pero en chino.

--¡Nuestro cuartel general! --tosió la Capitana Arachné.

--Mmm --dijo Doc Centurión, rascándose la barbilla--. Entonces el ataque de Cocodrilus ha sido una maniobra de diversión.

--¿De diversión? --dijo Lala--. Pues no sé qué ha tenido tanto destrozo de divertido.

--De diversión quiere decir de distracción, so inculta.

--En efecto --afirmó entre tos y estornudo Doc Centurión--. Parece que el ataque de Cocodrilus tenía por objetivo hacernos salir de nuestro cuartel general.

--¡Repámpanos! --exclamó Don Justicia--. ¡Y ahorita no más ha caído en manos de Maléficus y su Escuadrón Enmascarado!

--No lo comprendo... --dijo la Capitana Arachné--. ¿No dejaste conectadas las defensas?

Doc Centurión se rascó la cabeza. Por lo visto, la extraña enfermedad que acababa de atacarlos afectaba a los otros superhombres con calambres y toses y a él con picores.

--Se me olvidó... Necesitaba toda la energía para un experimento muy importante en el Sector Negativo...

--Seguro que te has dejado además el portal abierto.

--Lo más probable. Estaba tan enfrascado en mis investigaciones...

--Pues no sé vosotros, pareja --dijo Vendaval--, pero a mí me da en la nariz que ahora sí que van a estar conectadas las defensas. Maléficus hace siglos que quiere conquistar nuestro Edificio Epsilon y quedarse con todas nuestras máquinas.

--Habrá que impedirlo --dijo muy resuelto Charlie Centella, que no pertenecía a los GGM (por eso no había reconocido a Vendaval de paisano, ni Vendaval a él), pero estaba loco por integrarse en sus filas. Más que nada, ya sabéis, para tener una nómina fija y poder pagarse los estudios.

--Pues adelante, mis cuates, sí --animó Don Justicia.

--Usa usa o ño a noné --dijo Jackie Judo.

--¿Cómo? --preguntaron todos a una.

--Pues que llegó la hora de los guantazos, epa.

Y todos echaron a correr o a volar hacia el Edificio Epsilon. Pero se cansaron en seguida.

--No lo comprendo --dijo Vendaval, mosqueado y moqueando--. Parece como si nuestros poderes no funcionaran.

--O estuvieran siendo neutralizados no más.

--Pues la hemos hecho buena --comentó Charlie Centella--. Enfrentarnos al Escuadrón Enmascarado a la mitad de potencia.

--Y son muchos más que nosotros.

Y además estaban las defensas automáticas que no dejaban entrar a nadie en el edificio. Excepto a los malvados enemigos de los Guardianes de la Gran Manzana una vez cada nueve números.

Ya era mala suerte para Danki, Pis-Pis y Lala que les hubiera tocado precisamente en éste.

--Tengo una idea --dijo entonces Doc Centurión, pero no se encendió nada, primero porque Doc Centurión estaba siempre lleno de ideas y usaba chips diminutos y no bombillas, y segundo porque sus poderes estaban a medio gas.

--A ver, todos en fila --ordenó, y se tumbó en el suelo y empezó a hincharse como si se hubiera dado un atracón de bombones y se hubiera intoxicado, pero no era eso. Estaba utilizando como podía lo que le quedaban de superpoderes.

Los demás superhéroes fueron siguiendo sus instrucciones paso a paso. Vendaval y Jackie Judo se colocaron uno a cada lado, pisando a la bola de carne estirada en que se había convertido Doc Centurión. Dentro se situaron Danki, Pis-Pis y Lala. Don Justicia cubrió con su sable energético la retaguardia. La Capitana Arachné reforzó el perímetro de la pelota en la que se estaban metiendo todos con sus telarañas amarillas de moco solidificado y perfumado, y Charlie Centella lo recubrió todo de su brillo positrónico.

Los Guardianes de la Gran Manzana, todos a una, apretaron el acelerador de sus poderes y echaron a rodar a toda pastilla por la Séptima Avenida, rebotaron en el Yankee Stadium, chocaron contra el Empire State, recorrieron ganando cada vez más velocidad el puente de George Washington, y acabaron subiendo por puro impulso por la pared de cristal del Edificio Epsilon.

Las defensas disparaban sus rayos, redes, campos de fuerza, campos magnéticos, lluvias ácidas, taquiones gravitónicos, pero nada.

Extenuados y con la lengua fuera, los GGM lograron irrumpir en el principal laboratorio de su cuartel general.

Y allí, claro, los estaban esperando los supervillanos, Maléficus y su Escuadrón Enmascarado.

Y el portal del Sector Negativo, que Doc Centurión se había olvidado de cerrar o alguno de aquellos malvados había abierto.

Y que brillaba.


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