Llegaron a un nuevo tebeo y Frank Sinatra estaba cantando.

--Start spreadin´ the news...

No, no es que Frank Sinatra fuera un personaje de tebeo además de un actor y cantante. Alguien tenía puesta una radio en algún lugar, y se escuchaba una canción.

--I´m leaving today...

Y al escuchar la canción y ver el tráfico, y los rascacielos, y las banderas americanas, y el humo de la contaminación, y los vendedores de perritos calientes, y los McDonalds, los policías con porra y la gente corriendo, Danki, Pis-Pis y Lala supieron inmediatamente que habían llegado a...

--New York, Newww Yooork...

Eso mismo, ya lo ha dicho en inglés Frank (q.e.p.d), que debía ser tan impaciente como Danki y Lala, o es que en el mundo de los tebeos es norma que los personajes sean más rápidos que el narrador de los libros. Danki, Pis-Pis y Lala habían llegado a la ciudad que nunca duerme, como decía la canción, a la cima de la colina, el lugar donde uno pude ser el número uno... si todos los demás millones que vienen empujando detrás te dejan.

Porque empujando venía el personal. Corriendo como loco séptima avenida abajo. Y no, no es que hubiera rebajas ni nada de eso. Es que habían llegado a Nueva York, pero no al Nueva York de su mundo. Sino al Nueva York del mundo de los tebeos.

--¡Estamos en la Gran Manzana! --exclamó Danki. Y es que a Nueva York la llaman de esa forma, lo mismo que Cádiz es la tacita de plata o Barcelona es perla del Mediterráneo. La gente, que es así de cursi.

--¿En Nueva York? --preguntó Lala.

--Gu.

--No, si al final nos va a salir King Kong, como yo decía.

--No seas chorra, Lala. ¿Cómo nos va a salir King Kong si ese es de una película?

--Pues Gozdilla.

--Es de otra. Y además, se llama Gojira.

--Gu.

--Hijo, pues no sé, pero seguro que nos sale alguien.

--¿Y por qué nos tiene que salir alguien?

--Jolines, Danki, cada día estás más tonto. ¿No ves que toda esa gente viene corriendo para acá?

--Gu.

Y corriendo venía. Como si las Spice Girls estuvieran regalando discos, firmando autógrafos o sorteando besos en la otra punta de la avenida. Y traían las caras descompuestas, los pelos de punta, y de vez en cuando miraban para arriba.

--Hombre, a lo mejor no es Godzilla --remató Lala--. Ni King Kong. Pero o están rodando la segunda parte de Independence Day o aquí pasa algo raro.

Y lo que pasaba era un robot enorme, como de treinta o cuarenta pisos de altura, que caminaba entre los edificios y aplastaba autobuses y taxis amarillos como el que derrumba castillos de arena en una playa.

Un chaval que voceaba periódicos y decía aquello de "¡Extra, Extra! ¡Cocodrilus vuelve a la ciudad! ¡Última edición! ¡Extra, extra!", se dio de bruces con un señor de gafas y traje de chaqueta.

--¿Cómo dices, muchacho?

El vendedor de periódicos le plantó uno en la cara.

--Ah, no. Yo no informo de nada. Si quiere enterarse, compre El Clarín Neoyorkino. Tengo que pagarme la universidad, ¿sabe?

Mientras asistían a este diálogo desde lo alto de una farola a la que habían tenido que encamararse para no ser aplastados por la marea humana (ni por el robot gigante, claro), Danki, Pis-Pis y Lala se dieron cuenta de unas cuantas cosas, a saber:

A) La prensa es rapidísima en Nueva York. Cocodrilus (que así se llamaba el robot gigante) todavía no había llegado a Central Park y ya daban la noticia los periódicos.

B) Las universidades son baratísimas en los Estados Unidos. Te dedicas un par de veranos a vender diarios y ya puedes pagarte la carrera.

C) El señor de chaqueta y gafas estaba en la inopia o más bien:

D) Era un superhéroe en su identidad civil.

Y claro, las opciones A, B y C pueden ser discutibles. Pero la D era fija. El señor de chaqueta y gafas leyó el periódico de una tacada, se dio la vuelta, miró hacia donde la enorme mole de Cocodrilus cubría el sol y el Empire State, y ni corto ni perezoso se metió en una cabina telefónica y...

No, no se cambió de ropas. Todavía no. Jolines, si al final en esta historia todo el mundo va a acabar impaciente.

Se metió en la cabina telefónica, sacó una moneda de un cuarto de dólar, hizo una llamada.

--¿Doc Centurión? --dijo al teléfono--. Alerta Roja.

Y entonces colgó el teléfono y muy tranquilo, porque eso de ser superhéroe se lleva en la sangre y uno sabe que acaba ganando todas las batallas, se quitó el traje y la chaqueta y apareció con un pijama de colorines azul, negro y blanco, y con un casco metálico que le cubría la cabeza y parte de la nariz.

--¡Es Vendaval! ¡La doble personalidad del famoso hombre del tiempo de las noticias de la CXVTBO! --exclamó Danki desde lo alto de la farola.

--El defensor de los débiles y oprimidos --apuntó Lala--. La ley de la Gran Manzana.

--Gu.

Vendaval dio un salto (porque no volaba) y se lanzó con los puños por delante contra Cocodrilus. La tierra tembló. Danki, Pis-Pis y Lala se bajaron de la farola y buscaron un sitito donde poder contemplar una batalla que en las películas cuesta una millonada, por aquello de los efectos especiales, pero que en los tebeos son casi gratis (y además un tebeo cuesta más barato que una peli o un video y lo puedes leer cuantas veces quieras).

Al momento, una nave pequeñita y con aspecto futurista, y las letras GGM en el fuselaje, apareció por encima de la cabeza del robot gigante. De ella se arrojaron, sin paracaídas pero casi como si lo tuvieran, los demás superhéroes que estaban disponibles en ese momento, o sea:

La Capitana Arachné y su secador de pelo (otro más), que no lanzaba rayos desintegradores sino una telaraña amarilla que parecía moco y que dejaba a todo el mundo paralizado de asco. Doc Centurión, el científico más inteligente de este mundo, con su habilidad para hincharse y deshincharse como una pelota de chicle y su dificultad para pronunciar palabras que no fueran esdrújulas. Jackie Judo, maestro en artes marciales y caballero de la Orden del Dragón (y parecido a Bruce Lee, por cierto; estos dibujantes de cualquier parte sacan las ideas). Y Don Justicia, el héroe hispano, vestido de negro y plata y con un antifaz y una espada energética. No, tampoco se le veían los ojos a Don Justicia. Las cosas de los tebeos y las leyes físicas.

--Falta uno --dijo Danki.

--Gu.

--¿Gozdilla o King Kong?

--Jo, Lala, qué pesada eres cuando te da por una cosa. Falta un aspirante a miembro de los GGM.

--¿Y esos quiénes son?

--¿Pero tú no estabas entendiendo ya por fin algo de tebeos, niña? ¿Quiénes van a ser? ¡Los Guardianes de la Gran Manzana!

--Ah. Los defensores de los débiles y oprimidos y todo eso...

--Todo eso. Uno de los grupos de superhéroes que tiene Nueva York.

--¿Y Los Vengadores? ¿Y Los Cuatro Fanáticos?

--Fantásticos.

--O sea, que están bien de salud.

--No, que son los Cuatro Fantásticos, no Fanáticos. Pues en sus respectivos tebeos. En otro mundo. Es que Nueva York está muy solicitado, ¿sabes? Supermán sigue en Metrópolis. Y Batman en Gotham. Pero los personajes Marvel ya no tienen la exclusiva de Nueva York. Todos viven aquí ahora, pero son Nuevas Yorkes que no tienen nada que ver unos con otros.

--O sea, que hay muchos Nuevas Yorkes a la vez.

--Más o menos. Cada universo de tebeos de superhéroes tiene su propia ciudad para destrozarla a gusto. Luego, claro, están los "crossovers".

--Gu.

--¿Los qué?

--Los "crossovers". Que te compras un tebeo de Tempestad Tronante, por ejemplo, y te tienes que comprar luego uno del Puma-Man para enterarte de cómo sigue la
historia. O se mezclan personajes de distintas editoriales y comparten aventuras.

--O sea, que lo mismo acabas como yo y no te enteras de nada.

--Pues lo mismo.

--¿Y quién es el superhéroe que falta para completar el cuadro?

--Charlie Centella.

El chaval vendedor de periódicos esperó a que todo el mundo estuviera mirando para otro lado y chas chas, dio dos taconazos como de Antonio Canales en el suelo y quedó rodeado de una especie de burbuja amarilla, y se convirtió en...

--¡Charlie Centella! ¡Ya está aquí!

--El defensor de los débiles y oprimidos. El héroe adolescente que cambia el polvo por brillo. ¿O canta aquello del toro y la luna?

--Gu.

--Lala, recuérdame que cuando lleguemos a casa te destroce todos los posters que tienes de niñatos despeinados o con coleta.

--Ojalá lleguemos a casa y pueda recordártelo.

Una zarpa de Cocodrilus se posó (es un decir eso de se posó) entre los tres niños, abriendo un socavón en el suelo del que salió un geiser de agua caliente (había roto una tubería) y por el que pudieron ver el metro que pasaba por debajo.

Pis-Pis se quedó colgando de una viga, a tres metros de altura sobre las vías subterráneas.

--¡Pis-Pis! ¡No te sueltes! ¡No te sueltes! --gritaron Danki y Lala.

--Gu.

Un nuevo pisotón de Cocodrilus y Pis-Pis, que era pequeño y no se enteraba de nada, se soltó antes de que sus hermanos pudieran llegar a rescatarlo.


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Comentarios

1
De: JC Fecha: 2007-07-19 15:37

Perdona el descarado offtopic, Rafa. Acabo de releer la reseña que hacías del Spiderman Omnibus y la verdad no me parece que te convenciera mucho. Para alguien que quiera comenzar a comprar el Spidey clásico edición USA ¿lo recomendarías o mejor los Masterworks?
Muchas gracias de antemano.



2
De: RM Fecha: 2007-07-19 17:17

La edición es prácticamente la misma, pero el Masterwork es manejable y se puede leer. El omnibus no.



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