Cuando terminó el partidillo, Danki volvió corriendo a su casa, sudando y haciendo botar un balón de baloncesto. Abrió la puerta y se fue derechito hacia el salón.

Lala estaba viendo la tele, pero hacía como que leía un libro de física cuántica que un vendedor a domicilio le había conseguido colocar a su padre un mes antes. Papá no sabía decir que no a todo aquel que llegaba cargado de tonterías a la puerta. Tenía una colección de libros raros, biblias de catorce doctrinas y herramientas de precisión que ni te cuento.

--¿Lala? --anunció Danki--. Ya estoy en casa.

--Vaya noticia --respondió su hermana, algo despectiva--. Ha aparecido en la tele y todo.

--Antipática. ¿Dónde está Pis-Pis?

--Durmiendo, supongo. No ha llorado ni nada en todo el rato. ¿Adónde vas?

--A leer mi tebeo nuevo. No lo habrás cogido, ¿no?

Lala exhibió orgullosa el libro de física.

--¿Un tebeo? ¿Yo? Perdona, pero tengo otras lecturas más interesantes...

Danki subió las escaleras. Abrió la puerta de su cuarto, y en seguidita se dio cuenta de que el bebé no estaba en la cuna. Al verlo llegar, el perro ladró excitado, moviendo al compás las orejas y el rabo.

--¿Pis-Pis? --llamó Danki, pero no hubo respuesta. Se volvió hacia la puerta--. ¡Lala, Pis-Pis se ha escapado otra vez de la cuna!

Lala, en el piso de abajo, soltó el libro con gesto de fastidio, y eso que no se estaba enterando ni de jota.

--¡Estará debajo de la cama, como siempre!

Danki se agachó junto a la cama y levantó la colcha de Toy Story, doblando por la mitad la cara de Buzz Lightyear. El perro no paraba de ladrar.

--¡Calla, Monko! ¡Ya te dará de comer mamá más tarde! ¿Pis-Pis? ¡Sal de ahí! ¿Pis-Pis?

Lala entró en la habitación.

--¡Venga, Pis-Pis, que mamá va a llegar de un momento a otro!

Danki se levantó.

--No está aquí. Qué raro...

Lala miró dentro del armario.

--Ni en su escondite favorito tampoco --dijo--. No es posible. Tiene que estar en la habitación. Dejé la puerta cerrada...

--Y cerrada estaba cuando yo llegué. ¿Dónde estará ese mocoso? ¡Jo, la suerte
que tiene Lino de ser hijo único!

--¿Pis-Pis? --llamó Lala--. ¡Calla, Monko! ¿Pis-Pis?

Los dos hermanos contemplaron la habitación y vieron los estragos causados por el bebé el rato que había estado solo, el coche volcado, la silla ladeada, el biberón goteando, el rastro de la leche de continuación que conducía hasta el tebeo.

--¡Mi tebeo! --exclamó Danki, alarmado--. ¿Quién lo ha sacado de su bolsa? ¡Lala!

--¡Yo no he sido! --replicó Lala a la defensiva, y por supuesto que también a gritos--. ¡No me interesa para nada tu tebeo viejo! Tiene que haber sido Pis-Pis.

--¡Lo que me faltaba! Ahora tendré que preocuparme de poner mis cosas lejos de un mocoso y una mocosa.

--Dí lo que quieras --amenazó Lala--. Cuando tenga quince años no te presentaré a mis amigas.

--Calla, que parecéis las hermanas de Cenicienta. ¡Mi tebeo!

Danki cogió el tebeo, ansioso, olvidando de momento que su hermanito pequeño había desaparecido. Monko seguía saltando hecho un histérico.

--¡Deja de ladrar, Monko! ¿O tú también quieres leerlo?

Danki pasó las páginas del tebeo para comprobar que Pis-Pis no se había cargado nada, y entonces vio que estaba en blanco.

--Qué raro... --dijo en voz alta--. En este tebeo no hay dibujos.

--En la librería te han timado --se burló Lala--. Un tebeo sin dibujos. Qué soso. Trae.

Lala le quitó el tebeo de las manos a su hermano y advirtió que, en efecto, no había dibujos.

Danki echó una ojeada alrededor, comprobando el rastro que había seguido Pis-Pis hasta dar con el tebeo, las huellas de manchas de leche, el lapiz caído en el suelo, el cacho de fixo pegado en el borde de la mesa.

--Mira --dijo Lala--, sí que hay dibujada una piñeta.

--Se dice viñeta --corrigió Danki--. Trae.

En la única viñeta que había en todo el tebeo, un hombre de aspecto tenebroso corría llevando a un bebé en brazos.

Danki frunció el ceño, o sea, puso cara de pensar o de estar preocupado. Cerró el tebeo. Comprobó la portada y vio que el tipo de negro era el mismo que estaba dibujado dentro.

Monko el perro saltaba y ladraba enseñando los dientes al tebeo. Danki miró otra vez la viñeta y entonces hizo la conexión. No se le encendió una bombillita encima de la cabeza porque esas cosas sólo pasan en los tebeos, pero el efecto fue el mismo.

--Está ahí dentro --dijo muy bajito, con un hilillo de voz--. Pis-Pis está dentro del tebeo.

--No digas tonterías --replicó su hermana Lala--. Esas cosas no pasan ni en los tebeos. Además, eso no es un tebeo. Es un cuaderno. Será para que estudies matemáticas.

Danki negó con la cabeza. Estaba seguro, seguirísimo. Como cuando sabía de antemano cuáles eran las preguntas que iba a poner el profe de sociales y las acertaba todas.

--Es un tebeo, Lala. Un tebeo... mágico. Mira. ¿Ves? ¡Una sola viñeta! ¡Y hay un bebé, como Pis-Pis! ¡El hombre de la portada lo ha... secuestrado!

Danki se volvió hacia el perro.

--Es lo que nos querías decir, ¿verdad, Monko? Pis-Pis está dentro del tebeo.

El perro ladró con más fuerza. Lala abrió los brazos en gesto de desesperación.

--A ti te ha dado mucho el sol en la cabeza, Danki. Estás majara. Ahora sí que vas a salir en el telediario.

--¿No lo comprendes, Lala? ¡Pis-pis no ha podido salir de esta habitación! ¡No llega al pomo de la puerta! Y en esta viñeta, la única de todo el tebeo... precisamente en ésta...

Danki golpeó la viñeta, marcando con el dedo para dárse énfasis en lo que decía. Entonces la mano se le metió dentro de la viñeta y tras ella todo el cuerpo.

Lala solamente vio que su hermano desaparecía como si de pronto se hubiera convertido en chicle, o en gaseosa, y sólo tuvo tiempo de saltar y agarrarse a su pierna antes de desaparecer también con él dentro del tebeo mágico.

(CONTINUARÁ)

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