Los comics en España
Entre la muerte del general Franco y las primeras elecciones democráticas de 1977 el tebeo en España permanece a la expectativa, sin presentar más novedades de importancia que la publicación de la revista mensual SPIRIT, adaptación bastante desordenada del título homónimo americano editado entonces por Jim Warren (1), la enésima reedición de Jorge y Fernando y Mandrake o la presentación del Agente Secreto X-9 de Archie Goodwin y Al Williamson (1976, Ediciones Garbo); los sempiternos Flash Gordon y El Hombre Enmascarado (1974, Ediciones Vértice), o los menos conocidos Brick Bradford, Ben Bolt, Buzz Sawyer y Juliet Jones (1976, Ed. Maisal). También Bruguera se apunta al carro de las reediciones, a falta de otro material más atractivo y moderno, con la resurrección del título BRAVO (1976), donde en esta andadura se alternan El Cachorro y El Inspector Dan en un claro formato comic-book en el que tampoco se respeta orden ni estructuras. El público infantil cuenta, aparte de los sempiternos títulos bruguerianos a los que vienen a sumarse las adaptaciones de Heidi y Marco de las interminables series televisivas japonesas, con un nuevo contraataque de los productos Disney, en este caso la revista Don Miki (1976, Montena). La edición en formato novelita primero y revista después de un antihéroe, Diabolik (1977, Ediciones Ursus), se ve acompañada de los primeros e inauditos escarceos con el tebeo pornográfico italiano: Lucífera, Hessa, Paco Pito (1976, Elviberia), o la publicación seriada de Blancanieves y los siete enanos viciosos en la revista erótica Emmanuelle. Se trata de claros productos menores, publicados en diversos formatos que jamás perduran, desde el lujoso color de la reedición en tomos gigantes de Blancanieves a las diminutas novelitas de lomos encolados para impedir ser hojeadas en los kioscos. Es un sarampión más, como la concienciación política tras tantos años de represión, que al contrario que ésta perduraría bajo diversas capas hasta nuestros días, haciendo mezcla con el terror, el subgénero carcelario, el espanto gore o, más recientemente, la pornografía infantiloide de los manga japoneses.

Pero la apertura en el terreno sexual, tras cuatro décadas de dictadura, arrastra consigo el ensanchamiento de horizontes del tebeo, como ya había sucedido también en el cine. Posiblemente nadie esperaba que una auténtica edad de oro del comic en España fuera a instaurarse tras la llegada de la democracia y se produjera, al menos durante un lustro, un boom editorial sin precedentes.

La primera gran revista de la transición española que potencia el comic como vehículo "adulto" es TOTEM, pomposamente subtitulada "La revista del nuevo comic", publicada por Editorial Nueva Frontera, heredera-superviviente de la homónima editorial argentina cuando la situación política en el país sudamericano cayó bajo la dictadura del general Videla. Junto con Trocha, su aparición (que coincide incluso en el tiempo con las elecciones del 15 de junio de 1977) marca el inicio de los grandes títulos de la revistas de historietas en el panorama hispano.

Pese a que entonces nadie osaba ponerle pegas, un análisis algo más riguroso, desde la perspectiva que dan los años transcurridos, nos muestra que TOTEM nunca tuvo una política editorial definida, sino que fue una especie de cajón de sastre donde todo tenía cabida, desde las obras maestras indiscutibles hasta las memeces con colorido exhuberante más deleznables. Jugando a la baza de la modernidad y la recuperación de series y autores prohibidos e inimaginables apenas unos meses antes, TOTEM se apunta el valioso tanto de publicar Corto Maltese, ahora castellanizado a Corto Maltés, de un autor entonces tan desconocido en España como inmediatamente popular, Hugo Pratt; Valentina, de Guido Crepax, aunque a partir de una historia ("Baba Yaga") que hacía imposible su comprensión por los recién llegados al título, o sea la mayoría; Alack Sinner, el duro detective de Muñoz y Sampayo o el Arzack de Moebius.

Junto con este material de primera fila se exprimen hasta la saciedad los saldos de la revista francesa Metal Hurlant, publicando tanto los autores interesantes (Caza, Druillet), como aquellos otros en los que no merecía la pena malgastar tinta y papel semicouché. Si bien las páginas en color están editadas normalmente con una calidad y un cuidado entonces desconocidos, las páginas en blanco y negro adolecen de múltiples defectos de impresión, sobre todo en las manchas de sombra, y la rotulación de toda la revista es débil y molesta. Para ser además una revista que suponía el respeto por los autores y sus derechos, en ocasiones se censura el final de alguna historieta (en Alack Sinner, con el paralelismo entre la muerte del viejo exiliado y la agonía de Franco), o se suprimen viñetas caprichosamente para sustituirlas por apresurados textos explicativos (en la primerísima historia de Corto Maltés).

La sobreabundancia de material por presentar a un público retrasado cuatro décadas respecto a la evolución del medio es tan grande que pronto la editorial acompaña a TOTEM de otras dos revistas menores, Blue Jean y Boomerang, herederas del mismo espíritu revisionista y aceptador de su hermana mayor y donde tienen cabida materiales de todo tipo, desde los magníficos Escorpiones del Desierto de Hugo Pratt hasta la más insignificante historieta del autor veneciano publicada en Argentina, jugada que se repite con Moebius o con cualquier otro autor que se imponga como moda mientras queden páginas que ocupar, no importa demasiado su procedencia (prácticamente cualquier revista europea o argentina) ni, por supuesto, su calidad. Los tres títulos de Nueva Frontera admiten y publicitan por igual lo sublime y lo ridículo, haciendo alarde de páginas en color y fantasías oníricas donde nunca está de más algún oportuno desnudo femenino. Son tiempos de euforia donde el "todo vale" no parece presagiar que algún día esa proliferación continua de genios creadores de chuminadas de cuatro páginas incomprensibles y/o con chistecito final acabará por volverse por igual contra títulos y género.

Por otro lado, la ignorancia de TOTEM de la realidad de los autores españoles y sus circunstancias es supina; la presentación de la reedición de "Las crónicas del Sin Nombre" de Luis García y Victor Mora (2) causa rubor, e incluso se da el caso de la publicación de una serie de artículos "eruditos" plagiados por algún chaval a su verdadero escritor, con la consiguiente polémica y demanda. Entre los dibujantes, en los primeros números se potencia, por ejemplo, a OPS, hasta entonces habitual de Triunfo y que en el mundo del "nuevo comic" se ve curiosamente fuera de pie, sin comprender que los absurdos gráficos de Moebius se aceptaban por aquello de ser vos quien sois, y que para saltar en paracaídas primero hay que subirse a un avión. No es extraño que aparezcan en esos primeros tiempos jóvenes promesas que se suman al carro del aerógrafo y la historieta sin contenido y que, claro, acaben desapareciendo por el foro cuando ya ni siquiera eso tengan que "contar". En cierto modo, pese al importantísimo empujón que sin duda dio al tebeo en España, TOTEM ignoró a los autores españoles durante mucho tiempo. Sólo la publicación en primicia de Koolau el leproso de Carlos Giménez puede redimirla en ese aspecto.

Otros autores españoles se recuperan parcialmente en las revistas hermanas, como Hernández Palacios, de quien se presenta el tercer episodio del irregular MacCoy, en blanco y negro que en su caso es como decir al uno por ciento, circunstancia que se repite en Mathai-Dor y Amargo de Victor de la Fuente; el siempre interesante Arcano de Jaime Brocal Remohí o los sobrevalorados Dracurella y El vagabundo de los limbos de Ribera.

TOTEM se convierte poco a poco en un nombre de marca que aparece en todas partes: TOTEM Calibre 38, dedicado al género detectivesco y que por desgracia apenas dura ocho números; TOTEM Humor; TOTEM Aventuras y viajes... Más interesantes son los TOTEM EXTRA USA, donde se dan cabida a autores "independientes" del comic americano como Wally Wood, Vaughn Bodé o Berni Wrightson, demostrando a los estrechos de miras que había, al menos en aquella época, un material yanqui distinto a los superhéroes y a las repetitivas historietas terroríficas de Jim Warren; y sobre todo la serie de tomos en blanco y negro Biblioteca Totem, donde se procede tanto a la recopilación monográfica de algunas series de historietas aparecidas en la revista (Corto Maltés, Alack Sinner) como a la presentación original de material (La balada del mar salado, Aghardi, Mara, Silencio, HP y Guiseppe Bergman), que a veces es moderno (Bran Ruz, Corto Maltés en Siberia) y otras tiene sus añitos (Ana de la Jungla, Wheeling). Las insoportables Aghardi y Mara de Enric Sió, con sus abusivos prestamos fotográficos y su surrealismo sauresco cubren el cupo de autores españoles en esta serie de tomos, un ejercicio revisionista que viene a plantear la duda de porqué, ahora que teóricamente no había censura y se podía contar sin subterfugios, ciertos autores no fueran capaces de contar ya nada.

Contrasta el extraño hueco de los autores españoles en TOTEM con los movimientos de clase que empiezan a producirse entre los mismos. Colectivos como El Cubri o publicaciones de contenido claramente político o social como el tebeo de barrio Butifarra! y, en su vertiente satírico-comercial, El Papus, demuestran que hay gente dispuesta a hacer tebeos de calidad que lleguen a un público adulto que los lleva esperando como agua de mayo desde hace demasiados años.

En este sentido reivindicativo del trabajo y de sus derechos aparece Trocha, cuya primera portada no puede ser más impactante, más aún que el simio astronauta que Moebius asomó a la portada del primer Totem: contra un fondo de viñetas y en una portada roja, un puño en alto blandiendo lápices y pinceles. Anunciada como una especie de "Extra de Bang" (3), la revista viene a recoger lo que queda del proyecto de autofinanciación de otros muchos guionistas y dibujantes y que en su momento iba a llamarse "Bandera Negra". Desembarcados algunos autores por causas internas nunca reveladas, el resto de ellos continúa con la presentación de historias cortas, todas en blanco y negro y casi siempre con un marcado matiz político que llega a hacerse agobiante, rozando el panfleto en ocasiones. Tanto, que alguno de los autores ha reconocido luego que Trocha fue un "sarampión", pero sin duda un sarampión necesario.

Problemas con el título, ya registrado al parecer por un grupo musical (4), hacen que desde el tercer número la revista pase a llamarse TROYA. Destacan sobre todo la serie "Sonrisas" de Ventura y Nieto, donde el dibujante hace un alarde gráfico que tiene su mejor acompañamiento en el caracter poético e intimista de los textos, y la serie de Luis García sobre textos de Felipe Hernández Cava que después sería recopilada como "Etnocidio" en la colección Papel Vivo.

Por desgracia, Troya/Trocha dura poco. La supuesta periodicidad mensual no se cumple jamás, y ya el número donde se cambia de nombre es doble (5). Lo árido y duro de algunos planteamientos, el poco atractivo de las portadas más allá de la primera y tercera, y cierta cansina uniformidad estilística a base de rayados a plumilla y textos en off ligeramente poéticos no pueden competir con el aluvión de títulos, colores y autores que ofrece Nueva Frontera.

El sueño de la autogestión tendría que esperar unos años, hasta RAMBLA, pero nuevas revistas están al acecho a la vuelta de la esquina.



NOTAS:

(1) Es común que este Spirit publique historietas desordenadas en el mismo número. Alcanzado el material americano original, la editorial Garbo deja de consagrar al personaje todo el material del título y lo reduce a una sola historia, a menudo la central en color. Es el momento de cubrir el hueco con una serie de Alfonso Font, Géminis.

(2) "Las crónicas del Sin Nombre" ya habían aparecido como libro de Toutain Editor y su mejor episodio fue ofrecido en primicia por Bang!

(3) El marchamo "Bang!" se aprovecha más como reclamo publicitario de cara a un público entendido que como hecho real.

(4) Antonio Martín apunta a un impreciso "grupo de baile" como propietario del nombre. Es posible que fuera el conjunto de sevillanas "Los de la trocha".

(5) Se publican por tanto solamente siete números aunque se cuenten ocho.

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Comentarios

1
De: Eduardo Rodríguz Fecha: 2006-09-15 10:32

Sombrerazo, D. Rafael, como siempre, no se puede contar tanto y tan bien, en tan poco espacio.



2
De: V. Fecha: 2006-09-15 11:24

Si es que da agonía, joer. Ante estas cosas a ver qué comentamos las hormiguitas de a pie...



3
De: Juaki Fecha: 2006-09-15 13:51

Sigh. En mis primeros años preadolescentes yo estaba enganchado a Paco Pito. Por aquello del onanismo y tal, en modo primate:))



4
De: CarlosP. Fecha: 2006-09-15 20:22

Y yo que me compré el Tótem aque del chimpancé Moebiusiano el mismo día que el primer Puño de Hierro de Claremont y Byrne...

Así se explica esta puñetera esquizofrenia.



5
De: toyvictor Fecha: 2006-09-20 17:07

Valentina era una chorrada psicodélica sin sentido bien dibujada,muy de su época, Crepax era excelente adaptando novelas casi siempre eróticas pero como guionista era ilegible
Muy bueno el artículo, por cierto



6
De: Maximiliano Vargas Fecha: 2007-03-18 00:33

Buenas tardes.
Disculpen las molestias, aprovecho este medio para hacerles una consulta: Me interesaría saber si su editorial está tomando originales inéditos para evaluar la posibilidad de publicarlos. El tema es el siguiente, yo vivo en Argentina y aquí es muy difícil conseguir una editorial que se haga cargo de la publicación. Tengo entendido que en España existe una mayor flexibilidad a la publicación de obras, inclusive a los autores no conocidos. Es por eso que me tomé el atrevimiento de escribirles y, a su vez, ofrecerles una obra de mi autoría para que la evalúen. Les hago la consulta a ustedes porque sé que publican obras de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror, y mi novela precisamente se encuadra en el último de estos géneros. Tomé esta dirección de su página web, aunque no sé si me remito al la dirección correcta para hacer esta consulta. Agradeceré cualquier comentario y estoy a la espera de una pronta respuesta.
Desde ya muchas gracias.

PD: Tengan en cuenta que mi obra tiene un alto contenido erótico.



7
De: Ismael, el Espermatozón Rodríguez. Fecha: 2008-04-02 15:56

Estaba dudando entre intentar hacer una reseña al uso sobre esta revista o, simplemente, escribir sobre mi número favorito en un blog que tengo para intentar aprender algo de portugués. Y 'Los Cómics en España' me ha ayudado a escoger la segunda opción -mucho más facilita, claro-.
Al comprar estos tebeos en la segunda mano (sección Esto ya no se lo lleva nadie "¡Anda, chavalin, carga con otro!") debe haber montones de cosas que nunca sabré, todos esos cientos de curiosidades que explicarían tanto.
Al Bran Ruz solo se le verán nuevos lomos si los gallegos reintegracionistas lo publican con una traducción que los enfrente a los gallegos isolacionistas, o directamente contra el castellano.
Lo de Etnocidio me lo creería, porque el Batallón de San Patricio y el John Wayne falsete siempre encontrarán su público severo.
En cambio, el Pasajero de los limbos me sigue gustando. No creo que se reedite jamás, pero La guerra de las Bonkas sigue teniendo su puntito de teatralidad.
En fin, a mí los Totems, y otras revistas deterioradas, me sirvieron para fardar en la escuela con los dibujos de señoras en pelotas, y ya hacia finales de los ochenta o principios de los noventa.
Mi número preferido es el 23, el de la portada de Koolau.



8
De: putoglamour Fecha: 2011-12-02 18:11

Hola!..

Se cumplen mas de diez años de la publicación de la revista on-line ” ¡Mola! Cagar leyendo el hola.. de gran éxito en los inicios del Internet en Español

La revista fué hostigada durante un tiempo pero se mantuvo publicada años

Yo ya estoy retirado de la publicación Web pero he querido rendir un pequeño homenaje..

http://users8.jabry.com/RevistaMola/index.html


Un saludo
Putoglamour.



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