2005-07-24

550. LLEVO LA PAPA

LLEVO LA PAPA
A quién se le ocurre, por Dio. Esto le pasaba por ser un pichafloja, porque en el fondo aunque iba de duro no sabía decir que no. La leche que mamaste, Torre, pero cómo te dejas meter en una de éstas. Tan tranquilito estaba él, ordenando las fotos de la colección del Cadi antiguo, que desde que en la plaza de abastos los domingos no vendían más que basuras sin reciclar ya no había quien encontrara cositas güeni-güeni, con la de material que tenía que haber todavía por ahí perdido en los cajones del tío difunto de cualquier familia, y pegan en la puerta y es Chano el Veleta, con dos manchas de sudor en el sobaco que a ver si alguien tenía güítos de rodar un anuncio de televisión de detergente donde se los quitaran, anda, y los pantalones cortos, y una playera na más en el pie izquierdo, porque en el derecho, qué ta pasao, una venda que parecía que se había venío pacá corriendo cuando empezaron a embalsamarlo. Qué me va a pasar, Torre de mi arma, que me caío por las escaleras y tengo un esguince.

Un sofoco, Chano el Veleta, ciento cincuenta kilos en canal y más llorica que el chavalín aquel de Operación Triunfo, el del flequillo que cada vez que le hacían una entrevista se ponía a desgañitarse, como si imitara a Camilo Sesto, que ya son ganas. Y Torre, el pobre, que ni se lo vio venir, tan entretenío estaba ordenando las fotos del torreón de Puerta Tierra, cuando sólo había un agujero y no dos, antes de la explosión que acompañó, vaya tela, el mismito día de su nacimiento. Que la cosa estaba mu malita, Torre, que le habían dicho que lo menos veinticuatro horas de reposo, que a ver cómo llevaba él mañana a casa el dinero, que les iban a cortar la luz y el teléfono y el canal plus, y hasta el agua. Bueno, el agua se la iban a cortar a todos como no lloviera o el chavalín de Operación Triunfo viniera a hacer unas galas, tiempo al tiempo.

Total, que se le ablandó el corazón, qué carajote. Y le dijo a Chano el Veleta que allí estaba el tío, que un amigacho es un amigacho, como los tres mosqueperros, picha, y que él le echaba el cable en lo que fuera. Tontolaba. Eso le pasaba por haber dejao de fumar: si todavía fumara, lo mismo habría tenido carraspera y se habría podido callar la boca. Pero qué va, él tuvo que hacerse el listo. Y se la dieron con queso y sin papel de estraza.

Y lo que cansaba, sus castas, ir arrastrando el carrito por la playa. Porque resulta que Chano el Veleta vivía a la pijotá, hoy vendiendo caballitas en la calle San Félix y mañana repartiendo carteles de Supersol, y este año, vaya tela, había conseguido una licencia para vender refrescos por la Victoria. La mare que parió al demonio, no podía haberse buscao un chapú ni haberse colocao vendiendo numeritos, qué va. Un carrito, una nevera, to hasta arriba de latas, y palante. La mar de fácil, Torre, le dijo el tío. Y una polla como una olla.

A los veinte minutos de recorrerse la orillita de la mar Torre estaba que tenía ya la lengua como almidón, y dos rozaduras en los pies, de las sandalias que se enchuponaban en la arena mojá. Y con el calor que hacía, lo natural en verano, po resulta que nadie le pedía una mísera cocacola. Tasclaro, como que allí había más gente vendiendo bebidas que jipis en el paseo marítimo delante de su casa. La cuenta había perdido ya de la de veces que se cruzaba con uno y con otro, y lo rápidos que eran los demás, jolines, que pasaba él con su carrito y en cuantito que parecía que un guiri (o uno de Cadi-Cadi de to la vida, tampoco era cuestión de volverse racista) le daba un toque y le pedía algo, zumba, por arte de magia, se le adelantaba otro, y así no había manera de vender una joiaporculo lata de nada.

Iba a ser, lo más normal, que le daba corte anunciarlas. Porque a él lo único que se le ocurría era decir “Llevo la papa”, que era una cantinela que se sabía de toda la vida, y aunque no pudiera competir con la voz de contralto de Manolito Ponce, que es que ni el Pelahigos ni el Caracó tenían na que hacer con el timbre del nota, no era plan anunciar un producto que no llevaba. Porque llevar, cónchiles, llevaba de todo: de naranja, de limón, agua natural con gas y sin gas, cerveza sin alcohol y cerveza de hombre, trinaranjus, aquarius, cocacola y sevená, de to. Lo especial que era la gente en la playa, que ya hasta pedían a la carta, ribera del Duero reserva del 77, que no estuviera a más de dos grados por debajo de la temperatura óptima, gracias.

Pero joé, que él era un novato y cómo iba a competir con el que vendía los mariscos, que ése era otro, descalzo tol día y sin arrugar el uniforme blanco. O con la chavalita que era más rápida que Spidi González, o con don Ramón (bueno, don Ramón no se llamaba, pero era idéntico al del Chavo del Ocho), que además era un poeta el tío, y un músico en ciernes, y cantaba con tolarte del mundo “Fanta naranja fanta limón, sué de naranja, sué de limón, la cocacola la colacola, bébela bien fresquita la cocacola la cocola”. Un fenómeno. Lo que se estaba perdiendo el Falla. Menos el chaval sudamericano, que muy ufano decía “Bebidas” na más, la mar de soso pero con éxito porque estaba cachas, es que los demás parecía que estuvieran haciendo un casting pal coro de Chico Pastrana.

A la hora y pico se tuvo que beber él mismo una cervecita de las que llevaba (eso sí, sin alcohol) porque estaba ya que se deshidrataba. A las tres horas, llevaba en lo arto cuatro cervezas, dos con alcohol, y a las dos y pico de la tarde las tuvo que acompañar de dos cocacolas, y como le entró hambre, le cambió una lata por un par de paquetes de papas a Manolito Ponce una de las muchas veces que se cruzaron a la altura del Europlaya.

Vendió tres latas en toda la mañana, y se bebió la mitad de lo que llevaba. La otra mitad se la mangó un chavalín de unos diez años a quien dejó a cargo del carrito mientras se daba un chapuzón, que estaba que se moría, ya, más sudao que los cargaores de la Palma.

Se volvió pa casa, se tumbó en el sofá y llamó a Chano el Veleta, que seguro que andaba el tío viendo cómo el Armstrong ése se ponía como una moto subiendo el Turmalet. Mira, cojone, la próxima vez que te haga falta, me lo dice y yo te compro to las latas, y así lleno el frigorífico para un par de semanas. Que eso ni es trabajo ni na, por el amor de Dios, con lo bien que se estaba antes en la playa con las galerías y los chiringuitos a pesar del olor de las sardinitas asás. Que el año que viene, si quería, que se pusiera a vender patatíbiris, y ya entonces hablaban. Vaya por Dio, tol día queriendo cantar “Llevo la papa” y al final la papa se la llevaba en los brazos, cargaditos de agujetas. Y pa colmo se había escoñado también un pie porque un gracioso había torcido una de las pasarelas de madera.

Y luego decían que en Cadi la gente es floja.

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Comentarios

1
De: INX Fecha: 2005-07-25 08:17

Estas cosas le pasan por ser cómo es...un trozo de pan...qué hombre, no escarmentará en la vida...



2
De: RM Fecha: 2005-07-25 10:12

Total, si el verano es largo y no tiene otra cosa que hacer...



3
De: INX Fecha: 2005-07-25 11:43

También es verdad...



4
De: RM Fecha: 2005-07-25 11:44

Pues ya verás la semana que viene lo que le pasó al pobre en la farmacia de guardia...



5
De: INX Fecha: 2005-07-25 12:19

¡AY, DIOS! Que ya me lo estoy imaginando...
;))



6
De: Jesús Cuadrado Fecha: 2005-07-28 14:39

¡Oh, gracias por rescatar lo de "carajote"!
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