Saben ustedes que, si quieren, si les apetece, si lo sienten hoy pueden ir a votar. Sí, o no, o en blanco. O nulo. Allá ustedes. Allá nosotros. Personalmente no tengo una opinión muy clara sobre el tema: no me he leído el sacrosanto texto (tampoco me he leído entero el texto de la Constitución Española), veo muchos pros, muchos contras, y sé que vote yo lo que yo vote, voten ustedes lo que ustedes voten, esto es un hecho irreversible que no puede, ni debe, dar marcha atrás. Con respaldo o sin respaldo, si de verdad queremos que un día haya algo parecido a unos Estados Unidos de Europa (antes de que, como en las novelas de ciencia ficción, existan unos Estados Unidos de la Tierra), me imagino que habrá que ir pasito a paso y poco a poco. O sea, que ni yo ni ustedes lo verán de pleno... y de ahí mi perplejidad cuando me cuentan, los que al parecer sí han escudriñado el texto, lo difícil o casi imposible que va a ser cambiar ese texto en el futuro... detalle que me deja aún más perplejo cuando se trata de gente que milita o simpatiza con ese partido que se opone a que se cambie una coma del texto que es la base de nuestras leyes.

Saben ustedes que yo, de política, entiendo lo justito, y se nota en esta bitácora, donde el tema sale poco o sólo por razones de causa mayor. Me desencandilé del tema allá por el referedum de la OTAN, la última vez que le hice caso a Felipe González, cuando dijo "Voten ustedes sí, y pásenme después factura en las elecciones generales". Eso hice, y no volví a votar hasta hace once meses.

Me parece que (y la palabra "parecer" es aquí una elegancia) que al amigo ZP le van a hacer justo lo contrario. Vale que el fantasma de la abstención va a ser sonado, vale que si sale sí va ser justito justito, vale que si el referendum no es vinculante y bla bla bla. Por lo que llevo visto y escuchado, en gente muy cercana a mí, son muchos los que no van a votar sí o no a Europa: simplemente, estas elecciones de hoy van a ser la revancha por las elecciones perdidas hace menos de un año. Y aunque el líder del partido de la oposición diga que sí, que hay que votar sí, no pueden imaginarse ustedes la cantidad de militantes de ese partido que conozco que van a votar no, pasándose por el forro de los cojones lo que les dice su líder, que lo mismo el hombre lo dice con convicción, aunque sepamos que hay otros que lo dicen con la boca chica. No van a esperar a las próximas elecciones municipales, autónomas o generales: hoy se va a pasar factura a una derrota que siguen considerando injusta. Una de las armas, curiosamente, es el sms. Vota no, pásalo. De militante a militante.

Qué estupidez. Qué cicatería. Qué injusticia. Si el resultado de las elecciones generales hubiera sido el contrario, hoy estarían todos henchidos de orgullo votando que sí, y quizá el partido en el gobierno estaría, a su vez, diciendo que vale desde la oposición, pero que podría ser mejor, ahora ellos con la boca chica. Pero se trata de demostrar, no sé, que también se puede amagar y hacer pupa e intentar romper la baraja. Qué despilfarro de dinero, entonces, el de un partido que preconiza el sí entre unos militantes (¿sirven los mítines para convencer a quien no está ya convencido de antemano?) que van a votar que no. Dinero que, además, es de todos los demás ciudadanos.

Entre una cosa y otra, hemos instalado a buena parte de nuestra sociedad en la ultraderecha. Y lo peor es que no le damos importancia o no queremos darnos cuenta.

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