LOS GEMIDOS DE JENNA
Uno creía que ya estaba hecho a todo, que no lo iba a sorprender ni Santiago Matamagrebíes que bajara ni los marcianitos de Spielberg que lo abducieran para convertirlo en embajador plenipotenciario de Raticulí ante las Naciones Unidas, que los cabreos continuados de ver cómo se fascistiza este país y se idiotizan los españoles eran algo que me iba a costar una úlcera y poco más, y que el descaro del personal que vive del cuento no tendría cuento. O sea, que me hago viejo mismamente; contra mi voluntad, eso sí.

Pero que me sorprenden, oiga. Que lo consiguen. No ya los estultos, que esos pobrecitos bastante tienen con quedarse en evidencia cada dos por tres, convencidos en su lógica aplastante y aplatanada de que todas las opiniones son iguales, sino los listos. Y me refiero por listos a esa gente que es capaz de hacer de la profesión de su vida y de la forma de ganarse los Dom Perignon y las langostas thermidor un puro arte.

Como Jenna Jameson. Ya saben, la actriz porno que se da, según mi amigo Torre, cierto aire a Melanie Griffith pero en pilingui. Una meretriz honrada dentro de lo que cabe, que lo mismo vale para un roto que para un descosido, que posa y baila y actúa y gime. Bella de bisturí bien aprovechado, de esas que se desnudan tan enteras que tienen que tatuarse para vestirse algo. Hace poco su libro biográfico "Make love like a pornstar" (como el hoy olvidado "Yo soy fulana de tal", pero de verdad), fue número uno de ventas en el país de la mayoría moral y el culto a la religión y las armas.

Hay muñequitos tipo madelman de la bella Jenna, ya lo hemos comentado por aquí antes, y hoy me encuentro con la noticia de que, oh maravilla, ahora se comercializa un sistema de llamada a los teléfonos móviles donde no escuchará el afortunado receptor ni la macarena ni el barras y estrellas, ni el antes muerta que sencilla ni el bulería-bulería, sino talmente los gemidos y los susurros y hasta el talk dirty de la nena.

O sea, que tú estás tan tranquilo en un bar atestado tomando una cañita y una tapita de ensaladilla, y en vez del tiroriro que hace que todo el mundo vuelva la cabeza, zas, a voz en grito, literalmente, los gritos desgarrados de la señora desgarrada, orgasmos fingidos en sonido digital mientras el teléfono vibra. Imaginen la cara de los demás parroquianos, de los otros comensales, de la santa esposa de uno, si está enfrente, y pregunta quién llama.

De película de Berlanga, de película de Woody Allen, de película de Almodóvar. Qué idea tan maquiavélicamente brillante, oigan. Qué perfecta arma de relojería contra el puritanismo absurdo que ni nos invade ni nada. Anda que no puede dar juego la patente. Verán cómo nuestro medio centenar de pedorras van y lo plagian.

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Comentarios

1
De: crisu Fecha: 2005-09-15 11:55

est un positivo est buena tipa. Ii buna la sugare mia pula in sea gura



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