Hace unos meses, aquí mismo, terminaba mi reseña sobre la primera adaptación al cine del libro de Richard Condon, The Manchurian Candidate, preguntándome por qué los científicos manipuladores de aquella versión, teniendo varios conejillos de indias para manipular sus mentes, se dedicaron sólo a uno de ellos. Nos llega la puesta al día y la tecnología de la soberbia película de John Frankenheimer y, a falta de una reflexión un poco más profunda, Johnatan Demme basa su adaptación precisamente en eso. Y, no, viniendo de él no lo hace mal... aunque una comparación con la cinta original es inevitable.

El mensajero del miedo fue, quizás, la primera película sobre la paranoia política, ese subgénero a caballo entre el trhiller y la denuncia social que abarca desde Los tres días del cóndor hasta Conspiracy. Revisitar ahora todo lo que en esa versión en blanco y negro se dejaba entrever, todo lo que allí se denunciaba, era sin duda un ejercicio interesante... y, corriendo los tiempos que corren, casi desaconsejable. En inevitable comparación, insisto, con la versión original, esta nueva revisitación no desmerece en muchos momentos, e incluso supera en ocasiones la ingenua puesta en escena, pero se queda corta en muchos otros y, me temo, pierde esa llamada de alerta sobre la manipulación y el magnicidio que supuso la versión de Frankenheimer.

El peso de la película recae, acertadamente, en Denzel Washington, uno de los actores fetiche de Demme, quien compone a su personaje de veterano de la guerra del Golfo en absoluta antítesis al recio militar que encarnara Frank Sinatra. Su Ben Marco es más realista, más cercano a nosotros, más sonado. Toda su investigación lo lleva donde uno siempre imaginaba que iba a llegar Sinatra, y Demme relata con pulso firme todos y cada uno de sus pasos, complaciéndose en su paranoia, y sacrificando alguna revelación sorpresiva de la película original y descubriendo la carta de la reina de diamantes (que aquí se elude) casi desde los primeros momentos.

Lo que en la versión original es lavado de cerebro aquí, además, se refuerza con investigaciones sobre modificación genética. Una concesión a los tiempos que corren y que nunca queda del todo clara: ¿Los personajes están hipnotizados en todo momento? ¿O se produce en ellos un involuntario cambio de personalidad? Demme elude la historia de amor entre el personaje de Raymond Shaw y su novia, dándola por supuesta, lo cual acelera y da cohesión a la narrativa, pero la dimensión trágica de la relación materno-filial del aspirante a político, con sus resonancias griegas, se resiente al eliminar el matrimonio de conveniencia de su madre con el senador Iselin.

Lo que en la película de Frankenheimer era un clímax absolutamente impredecible, con un montaje endiablado, aquí queda bastante deslucido... precisamente por seguir la lógica y potenciar el personaje del comandante Marco.

Sin el referente de la versión original, insisto, la película es un buen thriller que demuestra que Demme sigue siendo uno de los grandes narradores del cine contemporáneo. Pero quizá falta un poco de mala leche en la puesta en escena. Sustituir a los comunistas del Instituto Pavlov de la primera versión por una multinacional en la sombra, la Manchurian, roza a estas alturas el tópico: daban mucho más miedo los abogados de La tapadera o, directamente, los de Wolfram & Hart. Y no creo que a estas alturas (ni parece que la película lo pretenda) se lleve nadie las manos a la cabeza si "denuncia" que hay lobbies y grupos de presión capaces de controlar las decisiones del hombre más poderoso del mundo. No hace falta más que echar un vistazo al mapa y ver qué está ardiendo en Irak.

La película original, recordemos, fue retirada casi inmediatamente de las pantallas porque pareció inspirar a Lee Harvey Oswald. De cualquier manera, su influencia en el cine posterior fue capital. Quizás haga falta un poco de tiempo y distancia para ver qué alcance pueda tener esta nueva visita al gran juego de ajedrez que es la política y su cada vez más descarada manipulación de las masas.

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Comentarios

1
De: Trashi Fecha: 2004-11-14 10:38

Totalmente de acuerdo.



2
De: Trashi Fecha: 2004-11-14 10:41

Antes se me fue el dedito a "enviar" antes de tiempo. Quería darte la enhorabuena por el texto (semilibro) sobre "Star Wars".

¡Salud!



3
De: RM Fecha: 2004-11-14 10:46

Zenkiu!

Oye, que es verdad, que nos lo pasamos de miedo con G del T, ¿eh? ¡Qué tío!



4
De: Ojo de Halcón (antes Jesús Parker) Fecha: 2004-11-14 10:54

Yo también estoy de acuerdo con tu opinión Rafa :)



5
De: Luis Fecha: 2004-11-14 17:03

Esto no tiene nada q ver con el articulo, pero... leyendome Ilión (la 2ª parte), hay una breve mencion a Frodo, Bilbo y Collum???? Espero q no seas tu el responsable de semejante error.Mira q poner C en lugar de G...



6
De: RM Fecha: 2004-11-14 17:15

Si pone Collum, es, en efecto, una errata.



7
De: Trashi Fecha: 2004-11-15 15:34

Ya me imaginaba que os reiríais mucho con el Gordo. Como él dice: "Los frikis no tenemos nacionalidad". Dadle buena comida, buena conversación y buena gente y estará feliz de acudir al fin del mundo.



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