De niño me divertía que febrero tuviera un día más. El mes de los locos estaba como una cabra y, además de ser el más cortito de todos los meses, de vez en cuando se soltaba el pelo y, una vez cada cuatro años, decía aquí estoy y empujaba el calendario un poquito, ganándose un día.

Las matemáticas astronómicas cuentan, supongo. Ahora ya no me hace tanta gracia (he perdido muchas de las ilusiones de niño; alguna me queda), entre otras cosas porque es un lío eso de que ya no puedes pensar si el cumpleaños de tal fue lunes al año pasado, este año será martes, porque como si fuera un parchís de calendario, hay que saltarse una casilla y decir que no, que miércoles. Esto, que parece sin duda la chorrada que es, descoloca un poco a la hora de discutir en petit comité cuándo caerá Navidad, o Año Nuevo, o Reyes, no crean.

Lo peor-peor, es que me gusta que febrero y marzo sean meses calcados, por aquello de que los veintiocho días de febrero cuadran perfectamente en cuatro filas de siete. No vean ustedes lo bien que queda uno en clase cuando, mirando el calendario de febrero y planificando exámenes para marzo, va marcando los días con una seguridad aplastante. Siempre hay alguno que señala, desde el fondo: que te has equivocao, que estás mirando en febrero, no en marzo. Y entonces, zas, la sonrisa de tiburón bajito y con gafas y, la epifanía, el descubrimiento: es que febrero y marzo coinciden siempre. Y se levanta la hoja del calendario y se demuestra, hic est, que en efecto son el mismo mes, sólo que a marzo le han brotado tres días más por eso de que empieza la primavera.

Este año no puede ser. Este año no intento el truco. Habrá que esperar al año que viene.

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Comentarios

1
De: RPB Fecha: 2004-02-29 13:04

Lo mejor es que el 29-F sea sábado o domingo (vaya, acabo de consultar mi reloj y pone que estamos a 1 de marzo).



2
De: Alfred Fecha: 2004-03-01 17:32

Oh, vaya, un post sobre Febrero. Y Febrero, ya se sabe, es el mes del Carnaval. Miren ustedes que buena excusa para continuar realizando mi particular recapitulación del pasado concurso del Gran Teatro Falla, ahora que todavía nos queda a los más jartibles el último cartucho del Carnaval Chiquito, tras haber apurado como buenamente se ha podido la semana dedicada oficialmente a la fiesta grande de la ciudad.

Para cerrar el capítulo de los tangos resaltaré la reposada música compuesta por el señor Zamora para su coro, pues anteriormente no la mencioné, al menos explícitamente, y rescataré del olvido otra letra más que me pareció interesante en tal modalidad, el piropo a la gaditana creado por Antonio Rivas para "Son de Piedra", del cual destaco la particularidad de estar escrito desde la naturaleza obrera del tipo.

Pasando ahora al apartado de los pasodobles comenzaré por la modalidad de chirigota.

En dicha modalidad yo personalmente señalaría a la chirigota "Los Valientes" como aquella cuya batería de pasodobles ha resultado más completa, pues prácticamente todas sus letras me han parecido buenas o muy buenas, desde el tradicional piropo a Cádiz hasta aquellas otras sobre la emigración, la familia o los padres divorciados (mucho mejor, y bastante menos trágica, que la destinada al mismo tema por Tino Tovar en su comparsa, creo yo), o sobre todo la que el letrista dedicó con tanto cariño al Pepón de Cádiz y sus pitos de carnaval.

Y si del Pepón hablamos quizá cabría destacar también la letra que su anciana y simpatiquísima chirigota cantó sobre la sana rivalidad que antaño existía en el certamen del Falla, resaltandola frente a las agrias polémicas y los amargos enfrentamientos que tan a menudo envenenan la competición hoy en día.

De "Los Pavos Reales" yo destacaría el pasodoble dedicado a la telebasura, un tema que no se toca tanto como debería, dadas las alarmantes cotas de podredumbre que la famosa caja tonta anda alcanzando últimamente, y aquel otro, todo un derroche de sensatez, sobre la intolerencia que muchos participantes del concurso demuestran ante las críticas.

Asimismo, de todos los pasodobles interpretados por la agrupación del Lobe y compañía, "No somos nadie", me quedo sin duda alguna con la letra en la que admiten humildemente, y en su caso con total sinceridad, creo, no ser nadie en la fiesta, sino tan sólo una chirigota más ("el día en que yo nací/esto ya estaba aquí/y yo lo respiraba/y siempre seguirá así/conmigo o sin mí/el día en que me vaya").

Por otra parte, de "Lo que diga mi mujer", la chirigota ganadora, yo únicamente destacaría el pasodoble sobre el perro, pues me parece la única letra de dicha chirigota, en lo que respecta a pasodobles y cuplés, verdaderamente reseñable.

Pero claro, como ya dije en alguna ocasión, yo le hubiera dado el primer premio a "Los Pavos Reales", ya que a mi juicio igualan a la agrupación de Selu García Cossío en presentación, popurrí y estribillo, y la superan ampliamente en pasodobles y cuplés.

Tampoco puedo dejar de citar, por su originalidad y gaditanismo, la letra que los del Noly, Paco Cárdenas y Ramón Peñalver le cantaron a la madre del señor Eduardo Bablé, quien vistió a los populares títeres de la tía Norica durante su época de mayor esplendor.

Y de esta misma chirigota, "La Hermandad del Mopu. Haciendo el camino", destaco de igual manera el pasodoble que interpretaron sobre otro de los grandes temas estrella de este año, el soterramiento.

Y lo destaco principalmente por haber sido posiblemente el mejor escrito de todo el concurso sobre dicha cuestión, así como también por tener el detalle de reconocer honestamente, muy al contrario que el resto de autores, que al menos a ciertas zonas de Cádiz sí le ha hecho mucho bien tal operación urbanística.

Ya por último, y mientras no se me ocurra ninguna otra letra de pasodoble digna de mención, destacaré las letras dedicadas con total justicia por Manuel Santander a la figura del postulante y al Macarty, genuino representante del auténtico cadista, aquel que apoyó al equipo durante toda su estancia en segunda B y no esperó a la subida para hacerlo (y lo dice alguien a quien el fútbol, sinceramente, ni le va ni le viene).

Y también el pasodoble a la Viña cantado por "Los Veteranos del Vietnam" me llamó la atención, en este caso por hablar no solo de sus virtudes, sino también de sus múltiples contradicciones ("un barrio que pregona libertad en sus músicas y letras/pero se escandaliza si ve a una mujer haciendo top less en la Caleta").

Músicalmente hablando, prácticamente todos los pasodobles citados hasta el momento me parecen interesantes, desde el particular sello que Juan Carlos Aragón ha sabido imprimirle nuevamente a su composición para la última chirigota citada, hasta la rabiosa pureza del pasodoble guerrillero y peleón de Santander, pasando por el sabor rancio de la música del Pellejo para "Nunca es tarde si la dicha es buena", la deliciosa melodía que siempre trae David Márquez Mateo, en este caso cantada por "Los Pavos Reales", o la maravillosa musicalidad del pasodoble del Sheriff, tan exquisitamente expresada en la voz del señor Andrés Gatica.

Ya a otro nivel, siempre desde mi punto de vista, aunque también con un excelente nivel de calidad, convendría citar las músicas de pasodoble de las chirigotas "Los Monstru", "No somos nadie", "Secta satánica cultural recreativa Muero en Cai", "La Vieja Trova viñera" y "Action Cádiz. Contra la Maldad y el Vicio (24 horas a su servicio)".

Sí, son muchas (afortunadamente), pero ya dije que musicalmente la edición del concurso de este año me había parecido bastante interesante.

Tal vez más adelante añada algún apunte más a este particular repaso mío por los pasodobles chirigoteros del pasado concurso. Lo que sí dejo pendiente, de momento, es el correspondiente repaso a los pasodobles de comparsas.

Un saludo.










3
De: RM Fecha: 2004-03-01 20:35

¿Y de las callejeras no nos dice usted nada, don Alfred?



4
De: Alfred Fecha: 2004-03-02 13:53

Pues de las callejeras, Don Rafael, le diré que por ahora, entre unas cosas y otras, no he visto, ni grabado, tantas como desearía (sí, en efecto, servidor se echa a la calle grabadora en mano para que el olvido no se trague nuestras benditas representaciones anuales de poca vergüenza gaditana).

Al fin y al cabo, se ha tornado ciertamente complicado para mí disfrutar de sus actuaciones este año, teniendo en cuenta que las lluvias arruinaron el primer fin de semana de la fiesta y que en Sevilla, desde el lunes hasta el viernes, no se cortan las clases en la universidad (aunque el lunes me las saltara, finalmente para nada, debido a la lluvia ya citada).

Así pues, este último fin de semana procuré aprovechar al máximo mi tiempo y logré captar las divertidas actuaciones del ingenioso romancero de Paco Mesa (con "arreglos" del Gómez), "El Marqués de Sade", la de uno de los cuartetos callejeros que siempre suelo escuchar, este año caracterizado como "Las Geishas", y la de los imprescindibles "Bajancias" del Gómez, Emilio Rosado y compañía.

Estos últimos, por cierto, ya se sabían aparentemente todas las letras, exceptuando algún que otro desliz de esos que en el Gran Teatro Falla no se perdonan y en cualquier esquina de la Viña se celebran entre risas.

Y si bien es cierto que quizá otros años sus letras han brillado con más fuerza y su humor ha sido un tanto más elegante (este año han tirado por la calle del medio en la mayoría de sus cuplés y no se han mordido la lengua en ningún momento, aunque sin perder nunca la gracia o la agudeza que les caracterizan), tampoco convendría obviar la excelencia de algunas de ellas, especialmente, siempre desde mi punto de vista, las más finas, aquellas que sin usar palabras malsonantes lo dicen todo.

La del pijama que los reyes le regalarán a su hijo Felipe "para que la noche de bodas al menos estrene algo" o la del apretón en mitad de la carretera serían algunos ejemplos.

Y me resisto a concluir este mensaje mío sin destacar aquí un aspecto de esta chirigota del que nunca suele hablarse, es decir, de la maravillosa música de sus cuplés (o cuplecitos, que suena más cariñoso y además refleja mejor lo relampagueante de sus versos).

Si se cruzan con "Los Bajancias" por la calle no lo duden ustedes y pérense un momento a escuchar su melodía.
No encontrarán ustedes en todito Cádiz un cuplé más sandunguero, más bailable, más alegre, más picarón ni más gaditano en su compás que el de esta agrupación.

Y a ver si en el Carnaval Chiquito tampoco nos llueve y puedo localizar a la chirigota de las niñas, "Las Pollitas la Pantoja", a los animosos chirigoteros de "Los Negros Albinos" o al romancero del señor Salvador Fernández Miró.

Un saludo.





5
De: Alfred Fecha: 2004-03-09 15:57

Bien, como lo prometido es deuda, y el presente post, con todos sus comentarios, desaparecerá pronto, aprovecho este rato para darle cerrojazo al pasado Carnaval, comentando los pasodobles de comparsa que más me han gustado, tanto en lo escrito como en lo musical.

En ambos aspectos yo destacaría ante todo los pasodobles de la agrupación que más me ha entusiasmado en tal modalidad, es decir, "Paco, baja aunque sea en pijama", de los señores Rosado, Cárdenas y Peñalver.

Y aunque prácticamente todas sus letras sean de auténtico sombrerazo, yo particularmente, a pesar de su evidente excelencia, no me quedo con las que ya han sido destacadas por aquí, es decir, con la dedicada a Chatín (cuyo remate es sencillamente magistral: "Que si el Brujo fue mago /Chatín con sus manos /fue malabarista")o aquella otra que versa, nunca mejor dicho, sobre la la famosa novia del Paco del título, la Caleta, comparándola entre exquisitas rimas de deliciosa sencillez con el nuevo hotel de cinco estrellas que pretenden construir frente a sus orillas.

Tampoco me quedo, no, con aquellos otros pasodobles, igualmente excepcionales, en los cuales estos comparsistas piropearon a su ciudad de forma tan elegante o defendieron su papel como veteranos dentro de la fiesta.

Yo me quedo sin dudarlo con la letra escrita por Paco Cárdenas y Ramón Peñalver a las vecinas localidades de San Fernando y, sobre todo, Puerto Real, desde la que nos llega a los gaditanos la electricidad, a través de "seis sedales" que cruzan la bahía, y donde sus obreros, como bien cantaba la comparsa, todavía "votan utopías". Sensacional.

Y no les extrañé a ustedes que mi verbo se apasione al escribir sobre el grupo reunido por el incomparable Libi, en cuyas filas pueden encontrarse voces tan históricas y destacadas del Carnaval de Cádiz como las del Catalino o el McGregor, un auténtico regalo para cualquier oído.

La comparsa que entre todos ellos han subido este año a las tablas del Falla, simple y llanamente, me ha enamorado.
Y lo ha hecho desde su misma presentación, primera muestra de buen gusto en el repertorio de la agrupación, cantada a los ritmos del maestro catalán Serrat y con un recuerdo para el maestro gaditano Paco Alba, no menos entrañable por sus pinceladas de humor, sino todo lo contrario ("Cuando moría en Cádiz este milenio /vino en bicicleta un conileño, un conileño/ el más grande del mundo / con metro y medio").

Y de su popurrí qué voy a decirles, si a lo largo del mismo no sólo ha podido escucharse una de las cuartetas más ingeniosas de todo el concurso ("En maqueta, en maqueta"), sino también uno de los comentarios más lucidos que jamás se han escrito sobre el rumbo que actualmente anda tomando la fiesta más gaditana. Todo un lujo de comparsa, insisto.

De otras agrupaciones, sin embargo, también destacaria aquí alguna que otra letra.

Tal sería el caso de la comparsa que este año ha sacado Bustelo, "Los Regaera", de la que podrían resaltarse las letras dedicadas a la irrefrenable libertad de la que gozan las coplas de nuestro Carnaval ("dale palos en la boca /dale el fuego de tu llama/ que puede que hoy tú la calles / pero volverá mañana"), a la moda que hoy en día tanto anda propagándose por España de sentirse gaditano aun sin haber pisado jamás la tierra, ni mucho menos haberla vivido, en lo bueno y en lo malo, o aquella otra en la que el autor narraba con extrema sensibilidad la despedida de una familia gaditana a una de esas chiquillas del tercer mundo que cada año son acogidas en la ciudad para que pasen un verano algo más dulce del que podrían vivir en sus países (si les soy sincero, quizá haya sido esta una de las coplas que más me hayan emocionado de todo el certamen, y de la cual cabría destacarse a mi entender su remate, afortunadamente más optimista y esperanzador de lo que probablemente hubiera sido en otras manos).

De la comparsa "Gaditanos", por su parte, yo personalmente me quedaría con la primera letra de todas las que cantaron a lo largo de su participación en el concurso del Gran Teatro Falla, aquella en la que ponían de manifiesto una de esas verdades que nunca está de más recordar: probablemente quienes los esperaran este año en completo silencio dentro de la sala los despreciara tranquilamente hace algunos años, visitando la barra del teatro durante su actuación, cuando en sus inicios adultos traían comparsas tan agradables como lo fueron "Historias de Cai" o "La Comparsa".

De igual manera me parecieron destacables los dos pasodobles de la comparsa barbateña "Los Licenciados" en su estreno dentro de la competición, el uno destinada a criticar la importancia que los nuevos planes de estudio conceden a la religión (un tema menos criticado en la fiesta de lo que debería), el otro, inmenso y maravillosamente escrito, dedicado a conmemorar el veinte aniversario del primer premio conseguido en el Gran Teatro Falla por la comparsa de Barbate "Filo Andaluz", recordando de forma totalmente merecida la impagable labor del señor Manuel Varo y dedicándole un hermoso homenaje al autor de aquellos afiladores.

Ya por último, pues mi listado de letras preferidas no resulta demasiado largo aunque mi mensaje sí lo sea, destacaría yo desde estas líneas mías las dos letras que cantaron en su primer pase los comparsistas de "Los Tristealegres", la primera de ellas dedicada a la madre (un tema muy sobado, pero que ellos supieron enfocar desde un punto de vista bastante novedoso, al compararla con diversas figuras femeninas de la Historia o la Mitología, como la Pasionaria, Lola la Piconera, la Vírgen María o Juana de Arco), y la segunda a la progresiva perdida, tan lamentable como cierta, de los temas locales y el lenguaje autóctono en las coplas del Carnaval. Un segundo pasodoble, por cierto, en el que no resulta difícil intuir la pluma de Antonio Martín, de quien se sabe que ha colaborado con esta comparsa en algunas letras.

Musicalmente hablando serían muchos los pasodobles a destacar, desde los compuestos por Bustelo y Paco Rosado para sus respectivas comparsas, ya citadas, al del Noly en "La Cárcel Vieja" (algo peor, no obstante, que el del año pasado con "Los Vikingos", siempre desde mi punto de vista), pasando por la melodía creada por un recuperado Pepe Martínez para los mencionados Tristealegres, el compás de "Los Licenciados" barbateños, la musicalidad de Tino Tovar en "Las Estaciones" o la agradable sencillez de "El Batallón de Salvoechea".

Seguramente habrá habido este año muchas más letras, muchas más músicas dignas de mención, pero mi memoria no da más de sí, qué se le va a hacer.

Afortunadamente, sin embargo, nos queda ahora toda una vida por delante, ahí es nada, para digerir y disfrutar adecuadamente el aluvión de coplas que un año más nos cayó encima por Febrero en Cádiz.

Un saludo.








6
De: RM Fecha: 2004-03-09 20:45

Los posts no desaparecen, Alfred, ni los comentarios. Quedan archivados y se puede acceder a ellos pinchando arriba a la derecha, en "archivos".



7
De: Alfred Fecha: 2004-03-10 14:01

Lo sé, lo sé, Don Rafael. Me refería a desaparecer de la página principal, la de inicio, que es, supongo, la que la gente termina leyendo siempre.

Un saludo.



8
De: Vicente73 Fecha: 2004-03-10 17:15

Deacuerdo a un 85% señor Alfred. Solo un desacuerdo importante... ¿¿¿¿Sencillo el Batallón de Salvoechea????

Por Dios.



9
De: Alfred Fecha: 2004-03-11 13:36

Hablaba de la música de su pasodoble, mi estimado señor Vicente. Yo al menos la recuerdo sencilla, vaya.

Lástima que a Sevilla Pecci este año el grupo le haya flojeado un tanto, siendo como es, a mi juicio, uno de los autores más interesantes y menos valorados en la modalidad de comparsas.

Un saludo.



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