Ayer me sentí eslabón entre pasado y futuro, parte de una cadena que empieza antes que uno y que va a seguir, sin duda, después de uno mismo. Cuesta trabajo, no crean, darte cuenta de que ya no eres el enfant terrible que quisiste ser (pero sin muchas ganas, cierto), y que ya no tienes los miserables veinte años que tenías cuando te echaste a las teclas de la Königer roja la primera novela.

Estuve toda la mañana paseando, tomando copas y filosofando con Angel Torres y con Joaquín Revuelta. O sea, con uno de los nombres más importantes de la ciencia ficción escrita en español, pura historia, el testarudo, apasionado y tenazmente desencantado autor de Las islas del infierno. Y con el autor joven que está empujando más fuerte del momento, reciente premio Alberto Magno (un premio que yo nunca he podido ganar, ni ganaré), el no menos apasionado y vital colega de profesión(es) que confiesa sentirse vacío después de haber terminado hace unos días su primera novela.

Fue un ratito entrañable, de esos que se agradecen porque con los amigos se habla de cualquier cosa y se pasa lo mismo de un chiste tonto a una reflexión con mala baba sobre lo mal que nos tratan los editores... o la gente que se hace pasar por editores en este sacrosanto país nuestro, que esa es otra. Estamos preparando, lo saben ustedes, lo que será la Hispacón del 2004, y no paramos de acumular proyectos y plantar ideas y especular con cómo sería el mundo si el mundo fuera como queremos que sea.

Me sentí, ya digo, parte de una historia: Angel estuvo antes que yo y Juaki viene después que yo. Y aunque Angel me recrimina lo poco que he escrito de ciencia ficción en los veintitantos años que hace que nos conocemos, Juaki comprende y admite (y creo que envidia) que uno lleve tantas cosas adelante. Yo admiro (y envidio) ese celo casi monacal que tienen uno y otro, la ilusión que comparto solo a ratos cuando me encierro con un ordenador y una pantalla en blanco y empiezo o continúo fabulando historias. Ni sé cuántas novelas tendrá Angel aparcadas e inéditas en el disco duro de su cacharro, ni imagino cuántas ideas estarán tomando forma en la mente de Juaki Revuelta para nuestro futuro.

Porque la literatura (y no hablo ya de ciencia ficción) es esa dama oscura que lo mismo te ama hoy que te desprecia mañana, una sombra de uno mismo que se escapa entre los dedos cuando crees que mejor la abrazas. Hoy te adora, mañana te engaña. Hoy está por ti y te deja hacer y de pronto te abandona y se dedica a otro amante y a otros dedos que la acaricien si tú estás enfrascado en otra cosa. Es, como el amor mismo (porque es amor, sin duda), agridulce y puñetera. Y le falta, como al amor mismo, la consumación perfecta que vio Dante en Beatriz, la comprensión de que era más de lo que él era que comprendió Petrarca.

Porque uno ama escribir, más de lo que ama ninguna otra cosa en el mundo, posiblemente. Y ese acto de comunión con lo que está por encima, con la suprarrealidad que pone tu cabeza a mil por hora y te hace tejer palabras y anudar conceptos y trenzar referencias no tiene precio. Nunca he sido más feliz que cuando he escrito a gusto y me he emborrachado escribiendo. Ni he sido más infeliz que cuando he escrito a disgusto y he sentido resaca de mí mismo, cuando las cosas se tuercen, cuando tienes que borrar la pantalla o empezar desde cero, o arrinconar para siempre un personaje o una historia.

Angel, Juaki y yo mismo apuntamos al cielo. Siempre, sin duda. Y es posible que nuestros disparos sean certeros, pero el cielo está alto, y nos esquiva. O dicho de otra manera: en ese acto de amor irreconciliable que es el hecho de escribir, nos falta siempre (o a mí me falta, y eso me escuece) la parte indispensable: un editor que nos mime, que nos entienda, que nos haga de heraldo y de consejero. O simplemente que no nos engañe.

Uno escribe pidiendo la luna y sabe que tiene la luna en la palma de la mano muchas veces. Luego, por desgracia, siempre siempre acaba teniendo que contentarse con ver su reflejo en el agua sucia de un estanque que han pisado antes.

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Comentarios

1
De: Jesús Fecha: 2003-12-23 19:03

Y pensar que Ana Rosa Quintana, Coto Matamoros, Boris Izaguirre y demás escoria encuentran editores para sus libros... da absoluta pena, que asco de país.



2
De: Jesús Yugo Fecha: 2003-12-23 19:24

Bueno, esos "seres" si salen en la tele. Por desgracia la gente sigue consumiendo masivamente todo lo que promociona la caja tonta, como si no existiera nada más, sin la minima curiosidad por encontrar cosas más autenticas.



3
De: karlos Fecha: 2003-12-23 21:24

hagamos una manifestacion y tomemos una cadena televiusiva, derecho alos cinco minutos de gloria XD
ya ta vi air a presentarme a GH y vi allevar una maleta de libros y un mochilin de ropa XD, colare?

pa mi ese acto de amor con la musa CALIOPE sera casi tan profundo como cuando toy con... no digo nombres pero no es dificil (e una persona) XD



4
De: Juaki Fecha: 2003-12-26 02:28

Es cierto, shavá, envidio lo ocupado que estás. Aunque lo que más envidio en este momento es que estés traduciendo Ilión (¿se nota que te he leido en cyberdark?).

Felices Fiestas



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