Son más o menos los apuntes de una conferencia que di en la Facultad de Periodismo de Sevilla, en el transcurso de unas jornadas dedicadas al cómic de terror. Parece que no estuve muy brillante. O, lo que es lo mismo, que no convencí al respetable con mis argumentos. Lo mismo fue culpa mía, sin duda. Lo mismo es que invitar a alguien a que vaya a poner verde al tema central de las jornadas es mentar la bicha. Pero yo sigo en mis trece: el terror encuentra en el mundo del cómic la horma de su zapato...

Antes de iniciar
Antes de iniciar estas reflexiones sobre los cómics de terror, es necesario definir algunos términos, para acotar el terreno donde vayamos a movernos. En psicología tradicionalmente se establece una clara diferencia entre MIEDO y ANSIEDAD. Todos los seres humanos hemos experimentado alguno de estos dos desórdenes de comportamiento. El miedo es una respuesta emocional, fisiológica y conductual frente a una amenaza exterior conocida (como puedan ser un atraco o un coche sin frenos), mientras que la ansiedad tiene unas causas menos claras, que pueden provocar comportamientos similares a los causados por el miedo pero cuyo origen es más difuso. Es, en cierto modo, miedo al miedo, una anticipación de desgracias por venir, imaginarias o reales, que viene acompañada de un sentimiento de temor o de síntomas somáticos de tensión.

Más allá de la ansiedad o el miedo, estaría el terror. El miedo en grado sumo, relacionado tradicionalmente en el mundo de lo literario como miedo incontrolable hacia lo incontrolado, hacia aquello que está más allá del mundo físico, cuyas causas y efectos se desconocen porque responden a otro plano. En cómics, cine o literatura, entendemos por terror el enfrentamiento (y casi siempre el vencimiento) a lo sobrenatural.

No es difícil imaginar que el terror pre-literario tuvo su origen en el primer enfrentamiento del hombre con la naturaleza. El rayo que mata o incendia, la lluvia que moja y congela, el volcán que destruye, la tormenta que destroza. Entonces el mundo físico y el mundo espiritual eran una sola cosa. No es extraño que el terror del hombre primitivo se entroncara con la religión. Uno puede imaginar el acto de exorcismo que supone mancharse la mano de ocre y pintar los bisontes de Altamira para crear un conjuro con el que luego cazarlos. Altamira, ya se ha dicho, fue la Capilla Sixtina de la Edad de Piedra, un templo, una iglesia.

El terror literario toma esa idea del temor del hombre a lo desconocido y lo plasma, no de manera física en la pared de un refugio, sino de manera mental. Son los cuentos de viejas en torno al fuego, las hazañas de dioses y demonios a los que los hombres sirven. Debió ser la misma sensación de espanto e indefensión a la que los griegos antiguos se sometían cuando Homero, o su equivalente, les recitaba el encuentro de Ulises en el Hades, el hambre de sangre de los antiguos guerreros aqueos, el encuentro terrible con la madre muerta. De la tradición oral a la tradición escrita, son innumerables los ejemplos de miedo al más allá.

Esa tradición se recupera para la pintura quizás con las pinturas negras de Goya. Podemos imaginar perfectamente la expresión de pavor de quienes visitaran la Quinta del Sordo y vieran por primera vez los monstruos producidos por el sueño de la razón. Ese terror visual se potencia ya en el siglo veinte con el terror cinematográfico, que crea o recupera una escuela estética que todavía nos ocupa, la de las ilustraciones victorianas y los periódicos sensacionalistas, las sombras y los espantos y el terror a la carne muerta.

De rebote, la estética del terror cinematográfico se contagia a la historieta.

Sin embargo, la llegada del terror al cómic es tardía. No por el carácter infantiloide al que tradicionalmente se ha condenado al medio, sino porque entre el sueño y la pesdilla, la historieta prefiere el sueño, lo onírico. Conocemos y admiramos el Little Nemo in Slumberland, pero pasamos siempre de puntillas por las Memorias de un comedor de queso, donde el mundo imaginativo de Nemo se convierte en pesadilla continuada y donde se encuentra el primer enterramiento en plano subjetivo de la historia.

El cómic crea mejor mundos de fantasía, de humor, de acción y aventura, incluso de sexo, que de terror. Durante años, el máximo exponente de un momento terrorífico en la historieta fue el encuentro de Príncipe Valiente con los sirvientes muertos del maga Belsatán, en una historia que inmediatamente continúa en comedia de costumbres.

Dicho de manera clara: el cómic de terror no produce terror. Ofrece una imitación del terror en otros géneros, pero nada más.

Y es que, para producir terror, el medio del cómic se encuentra con graves carencias. A saber:

1 Falta de entorno adecuado. Un tebeo se lee en cualquier parte, con interrupciones, con luz. No se produce la necesaria abstracción de la realidad para sumergirnos en otro ambiente.

2. Falta de estímulos envolventes. No existe oscuridad, no existe música, no existen los trucos de montaje propios del cine: se imitan, pero no se consiguen.

3. Falta de ritmo propio. Una película, una obra de radio o televisión, un drama tienen un ritmo propio que marcan sus autores. En un tebeo de terror, el ritmo de lectura lo marca el lector. El autor entrega su trabajo y es el lector quien acelera o desacelera.

4. Falta de conexión o identificación. Quizá por culpa de la síntesis de la que vive el cómic, no se produce el necesario proceso de identificación con los personajes. Los “monstruos” suelen quedar demasiado lejos de ese proceso identificativo; cuando los protagonistas humanos se ven en problemas metafísicos, sabemos que no les va a suceder nada, pues suya es la serie. Cuando se trata de historias cortas, esa misma brevedad hace que no se produzca la empatía necesaria con los personajes. Esos defectos, sin embargo, se consiguen en la media hora necesaria de un capítulo televisivo.

5. Dependencia del cine, la literatura, la televisión o incluso la radio. Dicho de otra manera, una película da susto, un tebeo no. Si el cine de ciencia ficción casi podría ser un bastardo de otros géneros, lo mismo sucede con el cómic de terror, que acusa en demasía su dependencia de lo que se explora y explota en otros medios.

En un cómic nos limitamos a ser testigos del terror, pero no participamos del miedo. Nos asomamos a una serie de ventanas donde la gente, los personajes, viven una serie de situaciones terroríficas. PERO ESAS SITUACIONES NO NOS AFECTAN. En el mejor (o el peor) de los casos, nos repugnan. Siempre está acechando el peligro de lo gore.

Existe un despegue entre lo narrado y lo vivido. En el cómic de terror es característica la existencia de un narrador que se burla de la historia, rebajando ya de entrada el posible efecto terrorífico. En el cómic de terror sirve como pura diversión (¿quizá un efecto para burlar la censura del Comics Code?). El Tío Creepy o Rufus (en menor medida el Misterious Traveler de Steve Ditko) surgen de Rod Serling y The Twilight Zone o más exactamente de Alfred Hitchcock y su “humor negro”. En algún caso más serio está planeando la sombra de Orson Welles y los dramas radiofónicos del Mercury Theatre... pero no nos olvidemos de que la voz de Welles (que fue La Sombra), guardaba en el fondo una broma de Halloween.

Una característica propia del género de terror en el cómic es la aportación de la narración en segunda persona, lo cual acentúa el dramatismo y las cualidades poéticas de la prosa.

La historieta de terror, más que ningún otro género, y en especial cuando está bien hecha, abunda en la profusión de textos en off, de cartuchos que revelan, además, su descendencia de Edgar Alan Poe y su prosa poética. No es extraño que, escudándose en Poe, en el cine de Roger Corman y en las historietas de la escudería Warren se mostraran adaptaciones, en ocasiones excelentes, de los relatos del genio de Boston. Sin embargo, quitando alguna adaptación ocasional de algún relato disperso de Stephen King (“El cortador de césped”), o los relatos o películas de Clive Baker, se eche en falta una puesta al día en la adaptación a la historieta de relatos o novelas de autores más de nuestro tiempo.

No es extraño que los referentes más inmediatos sean lo gótico, lo Hollywoodiense o lo televisivo (a fin de cuentas Vampirella desciende de Vampira antes de que su trono lo robara Elvira); ni tampoco que el gran boom del terror en el comic se produzca al socaire de las modas terroríficas en el cine. Los EC Comics se deben al revival Universal de los años 50 (recordemos que el boom de los años 30 no tiene reflejo en el cómic más allá de la bruja enemiga de Popeye... o pasando de bruja a bruja: la malvada madrastra de Blancanieves comunica perfectamente terror en la pantalla... pero no en su adaptación a las tiras de cómics).

Huérfano de estilo y estética propias, el cómic se apodera del terror en los años sesenta, burlando la censura y escudándose en un supuesto tono adulto que no es tal, justo cuando el technicolor impulsa el éxito de Hammer Films y James Warren retoma la línea EC, rebajándola de contenido revolucionario. Es una moda que dura hasta 1977, cuando el cine de terror desaparece y es la ciencia ficción la que domina en las pantallas. Desde entonces, y han pasado 25 años, el terror no ha tenido un referente ni una presencia clara en el mundo de los cómics, y hasta las mejores obras de tiempos recientes (Swamp Thing, Sandman) se sirven del género como excusa para derivar lo superheroico (Swamp Thing) o lo férico (Sandman). Hay que decirlo de una vez: ni Swamp Thing ni Sandman dan miedo. Sus estimables cualidades como cómics se sitúan al margen del género al que supuestamente se abscriben.

La historieta se basa en el continuismo de un personaje, mientras que el terror en la historieta tiende a historias cortas y, cuando el filón de agota (y se agota pronto) repetitivas (EC, Warren). Los cómics suelen vivir de explotar las andanzas de un personaje, y el terror tiene problemas para explotar un personaje de manera continuada, porque el sentido del suspense y de lo increíble se pierde a la larga.
Cuando los cómics de terror
Cuando los cómics de terror se centran en series más o menos continuadas y explotan un personaje fijo, éste es el típico héroe o anti-héroe fáustico, byroniano. Drácula, el Zombie marveliano, Frankenstein, Mort Cinder. La figura de conexión con la realidad se deja al comparsa: Ezra Winston en Mort Cinder; o se potencia a un personaje “investigador de lo paranormal” como pueda ser Dylan Dog, que suele aparecer casi como secundario él mismo.

El terror en el cómic es un género bastardo, un manierismo. Drácula es una transposición al terror del marveliano Doctor Muerte; Frankenstein remite a Hulk; Wolfman no puede sacudirse el yugo de las películas de Lon Chaney y acaba resultando un híbrido de la angustia existencial del superhéroe (¿qué gran responsabilidad conlleva el no poder dominar de motu propio un gran poder?), y los hippies trotamundos de Easy Rider, cuyo mayor exponente superheroico-terrorífico es Ghost Rider, o cómo poner en la tecnología Harley Davidson (luego Yamaha) al jinete sin cabeza de Washington Irving. Obviemos a otros personajes como Damon Hellstrom, Satana o Mephisto.

En la falta de pureza del terror en la historieta radica su debilidad y, por qué no decirlo, parte de su encanto. Enfrentarse a la realización de un cómic de terror es una empresa condenada (al infierno) de antemano. El cine de terror anda siempre a un paso de lo ridículo; el cómic de terror se mueve en las aguas de lo repetitivo, es decir, del aburrimiento.

Hoy el terror no está en la historieta, sino en los juegos de rol que a veces saltan a la realidad.

La misma mezcla de factores del terror, su impureza, se nota en las historietas de bárbaros, que proceden de una mezcla de mitos nórdicos o hebreos, de Thor a Sansón, y se combina con los abominables entes preternaturales de H.P. Lovecraft. Pero aunque Lovecraft y su prosa pudieran provocar fascinación y desasosiego, esos mismos conceptos, retomados por Robert E. Howard, se ponen al servicio de ensalzar las gestas heroicas de Conan o King Kull. Cuando el cómic ilustra “Villanos en la casa”, gran parte del terror gótico que puede haber conseguido REH al mostrar a un simio enloquecido (otra vez Poe), se pierde en los dibujos: un mono es un mono, y hay que llamarse Frank Frazetta para que produzca algo parecido al miedo.

El cine de terror es expresionista o hiperrealista. Un nuevo handicap al que se enfrentan los dibujantes es a su propia capacidad para dibujar lo indibidujable. En la historieta, causa más desazón un juego de luces y sombras (Mort Cinder, Sherlock Time) que una plasmación cuasifotográfica de la realidad de lo macabro. Todo se viene abajo cuando la sugerencia de lo terrorífico se deja en manos de dibujantes poco hábiles que acaban deslizando la historia hacia lo chabacano. Un ejemplo: si yo les digo que el cajón tengo una cabeza decapitada, la revelación les inquietará más que si la muestro y descubro que es de plástico.

Lo mismo en la historieta: un maestro como Breccia podía jugar con lo mostrado y lo no mostrado, potenciando el efecto de la luz sobre la cuenca de un ojo, sobre un diente, sobre una arruga o sobre un rictus. Un dibujante menos dotado (y recordemos el giallo italiano), querrá mostrar desde su prisa y su limitación esa cabeza cercenada colgando. En multitud de casos no se provoca terror, ni ridículo, sino piedad.

El terror en los cómics es un manierismo. Son historias hechas “a la maniera de”. Normalmente, ese concepto de terror imitará los ambientes explorados en otros medios cercanos, en general el gótico según su traslación cinematográfica. En sus momentos más bajos, remedará las soluciones ya emprendidas o explotadas por otros autores, hasta derivar peligrosamente en fórmula. En sus momentos más inspirados explorará las capacidades expresivas de la tinta y el papel para experimentar la creación de un ambiente propio. Con eso tendremos que contentarnos para definir qué es, o qué debe ser un buen cómic de terror en la historieta: aquel que transmite la inquietud de un ambiente.

Eso puede entrar en contradicción con la tradicional cladidad expositiva de la historieta: el cómic como arte secuencial, como sucesión de encuadres expositivos que avanzan en el tiempo y, por yuxtaposición, adquieren cualidades narrativas.

De la atmósfera y el montaje dimana la invitación/imitación al terror que propone la historieta.

En ese montaje destacaría un experimento sobresaliente realizado por Carlos Giménez en los primeros años setenta, su adaptación de “El miserere” de G. A. Bécquer (otra vez la dependencia de material ajeno). Giménez fuerza los encuadres, recurre a la repetición pictórica de escenas, acerca la cámara que es el ojo del lector a planos-detalle del protagonista y, quizás inconscientemente, admite que todo eso es insuficiente, dadas las características intrínsecas a la obra que presenta. Y entonces Giménez se apoya en la música e, imposibilitado para hacerla oír, tiene que reproducir la partitura del miserere que el personaje escucha y el lector tiene que imaginar que oye.

El máximo exponente del ambiente explotado a tope para envolver la historia y producir un efecto nuevo es Alberto Breccia. Las pinturas negras, el cine expresionista alemán, técnicas de collage y experimentaciones surrealistas se suceden y combinan en su obra, en la progresión que va desde Sherlock Time a Mort Cinder a Los mitos de Cthulhu y más allá.
El claroscuro
El claroscuro y las masas de sombra que respiran son los elementos que definen a Sherlock time; es Lovecraft o la amenaza de sus dioses primigenios com pueden estar esperándonos en el hueco de un armario o al pasar la página.

En Mort Cinder ese contraste expresivo se intensifica y contagia la realidad ajena al terror quizás porque esa realidad es el terror mismo. Si Sherlock Time es un mundo de contrastes entre luz y sombra, en Mort Cinder las sombras se multiplican y es la gama de grises la que define el ambiente. El mundo en violento blanco y negro que son los “ojos de plomo” marca de inquietud la ciénaga y su vegetación hecha con cortes de cuchilla sobre el papel, talla los rasgos de Mort Cinder y el doctor Angus, carga de edad y flaqueza las arrugas del rostro del viejo Ezra; queda implícito en la serie que en las huellas del tiempo que se graban en los objetos de la tienda de antiguedades hay historias olvidadas y también está acechando una sombra terrible que te puede devorar en cualquier momento.

Por último, en la versión onírico-pesadillesca que Breccia en solitario hace de Los mitos de Cthulhu la realidad se ha vuelto loca. La víctima de la cosmogonía de dioses desquiciados que percibimos como algo peor que demonios es un monstruo él mismo, un acólito, una Rosemary que abraza a su bebé y se contagia de su mirada. El collage aplicado a las viñetas comunica la sensación de un universo compuesto por placas tectónicas que se dezlizan y se rozan y pueden provocar de un momento a otro un movimiento sísmico que alcanzará niveles cósmicos.

Por último, lo surrealista y el ambiente logran en Mis miedos de Enric Sió una conjunción perfecta. Hay a la vez una sensación de temor inexplicable al que no se puede aplicar ninguna lógica, y a la vez esa opresión que envuelve al sueño hasta convertirlo en pesadilla. Son historias surrealistas y misteriosas donde se consigue aquello mismo que el cómic de terror no tiene: arrancar al lector el control de la narración.

Los cómics no venden pesadillas. Venden sueños. A pesar de la dificultad intrínseca del medio, es bueno que se experimente y se intente romper la pared entre una cosa y otra.


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Comentarios

1
De: Melkart Fecha: 2003-12-07 23:32

Bueno, antes que nada saludos a todo el mundo, que hacía ya una temporada que no me asomba al cajón de sastre de Rafa.
Ahora decirte, Rafa, que en parte estoy muy de acuerdo contigo (no recuerdo haber leido tebeos de terror que me dieran miedo). Pero los defectos que atribuyes al comic, como que puedes leerlo en cualquier sitio y con interrupciones, son perfectamente aplicables al cine o las teleseries.
Por un lado, porque si alquilas una cinta en video, la puedes ver con luz, con tus amigos armando gresca, y con tu primo pequeño jugando a los tente.
Por otro lado, porque también en el cine la gente puede ir de cachondeo... no es un defecto del comic solo, simplemente que la gente a veces ve el terror de cachondeo.
Y las series, que a veces están muy bien, te meten publicidad en medio, lo cual jode mucho y te corta el ritmo aunque uno quiera estar atento.



2
De: RPB Fecha: 2003-12-07 23:33

Como siempre, Rafa, un artículo excelente. ¿Sabes? Aunque es verdad que mucho miedo no daba, si no hubiera sido por el Tío Creepy, nunca hubiera conocido a Lovecraft; de hecho, me estoy acordando de una historia en la que se mencionaba a HPL que trataba sobre una partitura que, al tocarla, enloquecía a quien la estuviese oyendo. Esa historia, a decir verdad, me acongojó bastante.



3
De: RM Fecha: 2003-12-07 23:42

Sí, Jose, pero incluso con amiguetes y con un cubata por delante, la capacidad de abstracción y de concentración que produce una peli no la produce un tebeo. ¡Recuerda que hasta en clase la gente ve las pelis más o menos en silencio!



4
De: xavi Fecha: 2003-12-08 01:42

Leed La casa en el confín de la tierra.

http://miarroba.com/foros/ver.php?temaid=1019280&foroid=117030



5
De: RM Fecha: 2003-12-08 02:21

Ojo que no estoy diciendo que no haya tebeos de terror buenos. Lo que sostengo es que no dan miedo.



6
De: RAW Fecha: 2003-12-08 04:53

Hablando de comic y terror la de VAN HELSING tiene pinta de llevar la estética de STEPHEN SOMMERS hasta sus últimos extremos.. ¿A cuántos monstruos junta? Drácula, el Hombre Lobo, Frankenstein... por lo menos nos vamos a reír ¿no?



7
De: RM Fecha: 2003-12-08 07:14

Igual que nos reímos con Abbott y Costello o con aquella Pandilla alucinante, supongo.

A mí me suena a Solomon Kane apócrifo, ya veremos.



8
De: RPB Fecha: 2003-12-08 08:04

Para cómics que dan miedo, los de _Paracuellos_, Rafa. Una vez leí un tomo y, de verdad, no quisiera volver a leer algo así en mi vida.



9
De: RM Fecha: 2003-12-08 09:08

De acuerdo, Rodolfo. Pero eso no es terror: es miedo. Sin duda, es miedo.Y léete los demás. Si el cómic ha dado una obra maestra, es esa.



10
De: V. Fecha: 2003-12-08 19:05

Magníficas reflexiones, como siempre... pero el caso es que a mí si hubo un cómic que me dio miedo. Tal vez por el contexto (leído siempre en noches campestres y con diez o doce años), o tal vez porque alguno de los guiones dosificaban la trama como es debido y se acompañaban de excelentes dibujos de Boix. Hablo de la revista SOS (por otro lado, casi siempre infumable).
Tuve la suerte de que mi tío trabajase entintando para Editorial Valenciana (ya sabéis, "El Guerrero del Antifaz", "Roberto Alcázar y Pedrín", "El Espadachín Enmascarado", "El Hombre Enmascarado", que no era otro que The Phantom...), y cuando pasaba alguna noche en su casita del campo devoraba los mismos cómics (que guardaba el hombre como recuerdo, ya que la mentada editorial quebró dejándoles en la calle y sin liquidar deudas...) una y otra vez. Una de las historietas, de un hombre (al parecer, brujo) que ayudaba a un grupo de ancianos adinerados que querían encontrar un remedio para la muerte, era estremecedor. Sobre todo, cuando descubrías que el brujo era un vampiro, y que no sólo se los beneficiaba uno a uno, sino que al final amenazaba con merendársete... Vamos, hasta hice cruces de cartón para poder pasar la noche.

V.

Postdata: ni qué decir tiene que he heredado todos los cómics de mi tío y la del vampiro ha perdido su magia, aunque aún me inquieta. Niñez, divino tesoro...



11
De: Jesus Fecha: 2003-12-08 21:25

Jejeje, gracias Rafa por el articulo sobre los cómics de terror, qué curioso que lo has puesto el día despues de preguntarte yo sobre los de la editorial EC... ha sido adrede? :)

Muchas gracias por tu sabiduría, de todos modos, al ser el primero, me lo compraré a ver que tal.



12
De: EFE Fecha: 2003-12-08 22:29

"AGUJERO NEGRO". De BURNS. YA.

Terror no, claro, pero es maravillosamente perturbador.



13
De: J.D.G. Fecha: 2003-12-09 01:46

Vale, miedo no dará, pero cada vez que releo Jennifer de Bruce Jones... Me da un no se qué



14
De: RM Fecha: 2003-12-09 02:41

Magnífica historia, sí, señor.



15
De: noimpo Fecha: 2003-12-09 11:56

Bueno, es muy tarde (quién me manda a mí ponerme a leer a estas horas), así que espero se me disculpe por escribir el comentario antes de terminar de leer el texto. Remataré la faena mañana.

El caso es que en general estoy de acuerdo contigo, Rafa. Pero mientras te leía, me he acordado de tres ejemplos que a mí me han causado terror en cierta medida (y no cuento a Miguel Angel Martín, que lo único que me provocan sus tebeos es repulsión y desinterés): las primeras apariciones de Alimaña en Capitán América y sus primeras escenas en La Última Cacería de Kraven (DeMatteis siempre me ha tocado la fibra sensible); Pesadillas de Otomo; y algunos momentos especialmente ambientados de Bone, en los que todo parece tener vida y movimiento y textura, e incluso olores (para eso Smith es animador profesional y un tipo con talento, supongo). Y habrá más, estoy casi seguro, pero ahora no me vienen.

De lo que estoy convencido es de que es muy difícil causar terror con una historia, especialmente en los tebeos. Y más a lectores a partir de ciertas edades, que todo hay que decirlo. Pero no imposible, sólo hay que hacer las cosas bien.



16
De: noimpo Fecha: 2003-12-09 12:08

Pensándolo, diría que la clave está en que esos tebeos cuentan con una muy buena definición de personajes, una sólida narración y una soberbia ambientación. Y que leí cada uno con la edad adecuada y en el momento preciso, más o menos.

Pero a ver qué pienso de todo esto mañana, con los ojos abiertos.



17
De: noimpo Fecha: 2003-12-09 12:20

Y para rematar mi falta total de coherencia al redactar, añado un comentario más:

Puede que esas historias que he citado no sean tan terroríficas en realidad, pero es que ha habido veces en que me he abstraído muchísimo leyendo tebeos u otras cosas con letras. Y esa es la forma en que hay que leer, lo que se dice viviéndolo. Cosa que depende de la historia y del lector a partes iguales.

¿No?

(Quién lo diría, que la incontinencia verbal me viene cuando más sueño tengo...)



18
De: Karlos Fecha: 2003-12-10 03:41

Coincido contigo rafa, pero debido a mi coleccionismo por material perdido de mi infancia, aparte de lo nuevo XD, compro y almaceno y como a ti, pero en mi ambito, mi casa no, pero mi habitacion crece para adentro (asimilare la de mi hermano) recomiendo los comics de EL OTRO NECRONOMICON de Segura y Brocal Remohi (en paz descanse o en su amado Walhalla)



19
De: RBZ Fecha: 2003-12-10 04:51

Siento llegar tarde a la tertulia pero no sé si será que soy un sensiblón y bastante cobardica pero a mi la pesadilla "el Corintio" de los cómics de Sandman (no recuerdo si en el segundo o en el tercer arco argumental) me aterrorizó de mala manera.



20
De: RM Fecha: 2003-12-10 05:16

Pero cierras el tebeo y se acaba.

En el cine, aunque cierres los ojos, sigues escuchando la música. Y a veces es hasta peor no ver, sino imaginar lo que pasa.

Y lo mismo con un buen libro de terror-terror. Lo cierras y, ja, no te libras (¿alguien ha leído "Los perros de Tíndalos"?).



21
De: Ctugha Fecha: 2003-12-11 01:34

Los perros de Tíndalos son ya el colmo, Rafa. Y uno que pensaba que se podría librar...



22
De: apderrasamasdf Fecha: 2006-01-02 13:16

la historia es ñarga y yo la quiero corta



23
De: Cisne Negro Fecha: 2007-10-20 16:54

De la misma manera que argumentas que los cómics no pueden dar miedo, arguyendo las mismas razones se podría decir lo mismo de la literatura de terror.

No creo que pueda decirse de forma absoluta "los cómics no pueden dar miedo". Si acaso, la (poca) experiencia nos dice eso, hasta el momento. Decir eso es negarle de forma "innata" una cualidad al medio que no tiene por qué faltarle. Insisto, podríamos decir lo mismo de los libros: todo eso de los estímulos, el entorno, el ritmo... Es lo mismo.

No hablas del manga. Aunque no sean exactamente terror, obras como "Dragon Head" o las de Naoki Urasawa apuntan en esa dirección, y creo que de forma correcta.

Habrá que seguir leyendo.



24
De: RM Fecha: 2007-10-20 17:28

Chico, a mí me puedes acusar de cualquier cosa, pero de (poca) experiencia en esto de leer tebeos, como que no...



25
De: Cisne Negro Fecha: 2007-10-20 22:08

No me has entendido, quiero decir que quizá la poca experiencia del medio nos puede hacer pensar eso; en ningún momento he querido decir que no hayas leído, porque no lo sé... Me gustaría saber qué piensas del resto de mi comentario.



26
De: RM Fecha: 2007-10-20 22:39

El comic de terror japonés que conozco me provoca, sobre todo, desasosiego. Por lo enfermizo, más que nada. Pero no terror. Urasawa hace unos thrillers cojonudos, pero no terror.

En cuanto al medio... joder, que tiene ya más de un siglo. El mismo tiempo que el cine. Lo que pasa es que hay cosas que se pueden contar en un medio y otras cosas que se cuentan peor. El terror, en el comic, queda cojo. La falta de sonido, por ejemplo, se consigue muy bien en cine y comic, y no tan bien en literatura...





27
De: Taisen Fecha: 2009-09-17 02:53

Estaría de acuerdo... si no hubiera leido cosas de Junji Ito, Kazuo Umezz y demás astros del manga terrorífico. Vamos, a ver quién es el valiente que se lee "Uzumaki" y luego duerme sin pesadillas.



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