Lo cantaba, creo, Rod Stewart, ese golfo inglés de voz de cerveza y ojos de tabaco. Y lo cantaba también, allá por mi infancia, el repeinado Adamo: Esta noche va a ser la gran noche.

Eso espero. No sé si recuerdan ustedes que mi amigo Paco (Uncle Sam cada vez que por aquí resopla) se comprometió a descorchar una botella de su colección de whisky por aquello de celebrar el ascenso del Cádiz a Segunda División. Como el ascenso coincidió con la llegada del verano y nuestras reuniones en mi casa se suspenden por el calor (Paco se carcajea de mí diciendo que solo soy un "amigo de invierno"), hemos ido postergando el magno acontecimiento hasta hoy. Iba a ser la semana pasada, pero el susodicho Paco pilló un gripazo de campeonato que dejó nuestras ganas en suspenso otros siete días.

Faltan un par de horas para que la casa se me llene de gente rara. De gente más rara de la que aquí ya vive, quiero decir. Vendrán Paco y María del Mar, que no podrá fumar de puertas para adentro (mis hijos y mi mujer tienen alergia), y despotricará de todo lo que a los demás nos gusta por el simple afán de dar la nota, que no la da porque además nos gusta que raje. Vendrán Antonio Romero y Mariló, con sus looks siempre cambiantes, él con perilla o arete o rapadito o con bermudas, y ella pequeñita y risueña y con zapatones extraños, como de Motormouth o de bailarina de rock clásico. Vendrá Vicente Quignon (aquí Vicente73, qué tontería decir los años), con sus múltiples compromisos y su pesimismo valiente. Y estaré yo y mi santa y los niños durmiendo o haciendo que duermen en la habitación del fondo. No vendrá Rodrigo, que ha caído también con una gripe o una gastroenteritis o una cosa de esas que tanto molestan y más un día como hoy, ni Miguel (Miguel el Oscuro, para los amigos), que tiene día de luto, me parece.

No vamos a estar todos, y es una pena. Pero la compra está hecha: un kilo de langostinos trigre, otro de langostinos salvajes, almejas chilenas machas, patatas fritas de paquete gigante, aceitunas de dos variedades, jamón de bellota y queso curado, un postre exótico del que se encarga Vicente. Y cerveza para ayudar. Una cerveza especial que conoce Paco y que es francesa y tiene el color del whisky y está hecha con malta de whisky. Dice que está muy buena, pero muy fuerte. A ver por dónde nos sale.

Y el whisky prometido, claro. Entre tantos (aunque alguno no bebe), vamos a caber a un sorbo. Me ha dicho un pajarito (bueno, vale, me lo ha contado Paco) que el whisky elegido es aquel que yo compré allá por el 92 en Londres, el que es rojo teja y parece rioja. Una botella que, me dice, hoy vale un potosí. Ya veremos cómo está. Luego, por si acaso, hay un whisky más mundano.

El whisky y el ascenso, claro, son la excusa. No la excusa para beber como cosacos, que tanto no bebemos, sino para vernos, para reunirnos de nuevo, para conversar sentados en el sofá hasta las tantas. Para contar chistes machistas que María del Mar no quiere entender y hacen desternillarse a Mariló. Para referir anécdotas de fantasmas, historias por escribir, películas que criticar y amigos a los que añorar porque no los vemos hace tiempo.

Tonight is the night. A ver cómo nos sale.

Mañana les cuento.


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Comentarios

1
De: JJ Fecha: 2003-10-05 15:49

Pues el Cai ha aprovechado para perder con el Alavés...



2
De: INX Fecha: 2003-10-06 17:24

CHEERS!!



3
De: UncleSam Fecha: 2003-10-06 23:27

JJ, Derrotista ...

Salud, Cadismo y Libertad.



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