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		<title>CRISEI</title>
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		<description>LA BITÁCORA DE RAFAEL MARIN

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		<title>RED SONJA</title>
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		<description>&lt;div&gt;&lt;embed src=&quot;http://widget-06.slide.com/widgets/slideticker.swf&quot; type=&quot;application/x-shockwave-flash&quot; quality=&quot;high&quot; scale=&quot;noscale&quot; salign=&quot;l&quot; wmode=&quot;transparent&quot; flashvars=&quot;cy=bb&amp;amp;il=1&amp;amp;channel=3458764513843300614&amp;amp;site=widget-06.slide.com&quot; style=&quot;width:520px;height:320px&quot; name=&quot;flashticker&quot; align=&quot;middle&quot;&gt;&lt;/embed&gt;&lt;div style=&quot;width:520px;text-align:left;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://www.slide.com/pivot?cy=bb&amp;amp;at=un&amp;amp;id=3458764513843300614&amp;amp;map=1&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://widget-06.slide.com/p1/3458764513843300614/bb_t000_v000_s0un_f00/images/xslide1.gif&quot; border=&quot;0&quot; ismap=&quot;ismap&quot; /&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://www.slide.com/pivot?cy=bb&amp;amp;at=un&amp;amp;id=3458764513843300614&amp;amp;map=2&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://widget-06.slide.com/p2/3458764513843300614/bb_t000_v000_s0un_f00/images/xslide2.gif&quot; border=&quot;0&quot; ismap=&quot;ismap&quot; /&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://www.slide.com/pivot?cy=bb&amp;at=un&amp;id=3458764513843300614&amp;map=F&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://widget-06.slide.com/p4/3458764513843300614/bb_t000_v000_s0un_f00/images/xslide42.gif&quot; border=&quot;0&quot; ismap=&quot;ismap&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cabría preguntarse qué habría sido de Roy Thomas (padre putativo, por lo demás, del Universo Marvel, en tanto es el recién llegado que le da la cohesión y la visión histórica desde su perspectiva de fan venido a creativo), si en su camino no se hubiera cruzado, un poco por la fuerza, Conan el bárbaro. O tal vez no haga falta preguntarlo y la carrera del Boy Wonder habló por sí sola en cuanto se abstrajo del personaje y volvió a los superhéroes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que Thomas y Marvel encontraron un filón en la fantasía heroica es bien sabido, y que a las historias personales del guionista se les unió enseguida la cronología oficial del personaje también. En el saqueo inteligente que se hizo de la obra escrita del texano Robert E. Howard, donde se asimilaron a Conan historias escritas originalmente para otros personajes (algo por lo que no hay que echarse las manos a la cabeza, pues el propio Conan literario parte de un relato rechazado de Kull, luego apenas reescrito y con los nombres cambiados), tuvo un breve conato de ampliación hacia otras mitologías con el inaudito crossover con Elric de Melniboné en los primeros números de las aventuras del cimerio y luego con el rescate de un personaje situado en nuestra realidad histórica, Sonya de Rogatine, quien se vería convertida en una mujer guerrero de la era Hiboria con el nombre de Red Sonja. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No era nuevo que los superhéroes tuvieran una contrapartida femenina (Supergirl, Batgirl, Mary Marvel, She-Hulk, Ms. Marvel), pero hacerla del machista bárbaro tenía su aquél. Incluso con el código censor del Comics Code, Conan era un tebeo algo más adulto que sus contemporáneos en tanto mataba y fornicaba (aunque lo segundo fuese entre viñetas), y su contenido más redondo que un simple comic-book en colorines mensual se potenció con las adaptaciones en blanco y negro para la revista The Savage Sword of Conan. Cuando Red Sonja aparece en uno de los números en color, todavía de la mano del gran Barry Smith, se nos presenta como una mujer indómita que puede hablar al bárbaro de tú a tú, una diablesa salvaje ataviada con una cota de malla y un pantaloncito de cuero. Sonja corta los avances del bárbaro en seco: no se entrega porque no le da la gana y punto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, ay, el mundo de los cómics y la fantasía heroica no se paró ahí. Todavía quizá no estaba maduro el terreno para desarrollar un personaje femenino que fuera lo suficientemente fuerte y dueño de su sexualidad. El público lector, además, era eminentemente masculino. Un Conan-hecho-mujer era algo atractivo a priori, pero quizá difícil de soportar mes a mes. Y entonces Red Sonja cambió su armadura por un absurdo bikini de cota de malla (cortesía del dibujante español Esteban Maroto, que entonces popularizaba ese tipo de prendas en sus ilustraciones), y su motivación en esta vida fue ir matando hombres, deshacer entuertos, vender su espada al mejor postor, emborracharse y robar... y provocar a cuanto donjuán se encontrara en su camino (y a los lectores) con el premio extraordinario de poseerla sólo si la derrotaban en combate. A semejante dislate se le sumó, en una historieta dibujada por Howard Chaykin, un origen seudo-mitológico con violación y aparición diosa-ex machina incluida, para que la muchacha no pareciera tonta y psicótica de remate. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Red Sonja ha tenido varias colecciones y mini-series, desde sus historias de complemento en King Kull a Marvel Feature o las aventuras actuales ya fuera de la escudería Marvel, y en todas ellas se ha comportado de manera tajante y algo antipática, todo sea dicho. Son las aventuras dibujadas por Frank Thorne las más recordadas, pero el propio Thorne debió quedar algo harto de la estrechez sexual del personaje cuando creó luego su contrarréplica cuasi-pornográfica en la divertida y procaz Ghita de Allizarr. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Magnífico personaje secundario en las aventuras de Conan, Sonja la Roja de Hyrkania quizá nunca ha tenido, en la historieta, ese peso específico que habría sido deseable desde aquella magistral introducción de &quot;La canción de Red Sonja&quot; (Conan, número 24), en tanto el rico universo howardiano aquí parece de manera casi tangencial (la nomenclatura de reinos, estéticas y personajes casi no encaja con las aventuras de Conan), y a pesar de que ha habido guionistas y dibujantes femeninas encargadas de realizar algunas de sus historias (es decir, las feministas no han puesto el grito en el cielo ante la auto-forzada abstinencia sexual y el mucho exhibicionismo corporal del personaje), como tebeo se me antoja que siempre le falta un hervor para ser redondo. Quizá es que le sobra el bikini metálico y le falta aquella cota de malla que la hacía parecer, de verdad, una mujer guerrera y no una top model posando para una sesión de fotos con destino a unas páginas centrales desplegables. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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	</item>

	<item rdf:about="http://crisei.blogalia.com//historias/63673">
		<title>KULL EL CONQUISTADOR</title>
		<link>http://crisei.blogalia.com//historias/63673</link>
		<description>&lt;div&gt;&lt;embed src=&quot;http://widget-3d.slide.com/widgets/slideticker.swf&quot; type=&quot;application/x-shockwave-flash&quot; quality=&quot;high&quot; scale=&quot;noscale&quot; salign=&quot;l&quot; wmode=&quot;transparent&quot; flashvars=&quot;cy=bb&amp;amp;il=1&amp;amp;channel=3458764513843296829&amp;amp;site=widget-3d.slide.com&quot; style=&quot;width:520px;height:320px&quot; name=&quot;flashticker&quot; align=&quot;middle&quot;&gt;&lt;/embed&gt;&lt;div style=&quot;width:520px;text-align:left;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://www.slide.com/pivot?cy=bb&amp;amp;at=un&amp;amp;id=3458764513843296829&amp;amp;map=1&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://widget-3d.slide.com/p1/3458764513843296829/bb_t000_v000_s0un_f00/images/xslide1.gif&quot; border=&quot;0&quot; ismap=&quot;ismap&quot; /&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://www.slide.com/pivot?cy=bb&amp;amp;at=un&amp;amp;id=3458764513843296829&amp;amp;map=2&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://widget-3d.slide.com/p2/3458764513843296829/bb_t000_v000_s0un_f00/images/xslide2.gif&quot; border=&quot;0&quot; ismap=&quot;ismap&quot; /&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://www.slide.com/pivot?cy=bb&amp;at=un&amp;id=3458764513843296829&amp;map=F&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://widget-3d.slide.com/p4/3458764513843296829/bb_t000_v000_s0un_f00/images/xslide42.gif&quot; border=&quot;0&quot; ismap=&quot;ismap&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A principios de los años setenta (y, reconozcámoslo, durante buena parte de esa década), los cómics de superhombres que habían configurado el resurgir de la industria la década anterior parecían haberse agotado en sus propuestas. Las nuevas generaciones que se hacían cargo de sus andanzas, quizá demasiado anquilosadas en el respeto a la tradición de sus maestros, se limitaron durante mucho tiempo a conjugar combinaciones con repetición de los elementos que habían hecho florecer el género. Pero la búsqueda de nuevos campos narrativos demostró que había mucho y bueno que contar en otro tipo de historias, y en aquellos días hoy ya impensables se podía experimentar con historias de terror, de kung-fu, de ciencia-ficción o de fantasía heroica. Buena parte de los grandes logros del tebeo americano de la primera mitad de los años setenta está fuera del tronco de los superhéroes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al socaire del moderado éxito de &lt;i&gt;Conan the Barbarian&lt;/i&gt; (en tanto que el reconocimiento al personaje y sus posibilidades se produce más tarde), y sin duda enmarcado en la moda retro que caracteriza esos años (con la recuperación de héroes pulp como La Sombra, Doc Savage, John Carter de Marte, Carson de Venus, Gullivar Jones y, sobre todo, Tarzán), la obra entonces semi-desconocida del texano Robert E. Howard se convierte en Roma de papel que saquear durante años en busca del mármol de su pasado remoto. Y así, el avispado guionista Roy Thomas, aparte de rebuscar a placer cualquier relato del autor que pudiera aplicarse al universo que desarrollaba en su adaptación de Conan the Barbarian, se encontró en las manos con la posibilidad de repetir el filón con las andanzas de un personaje muy similar (y tanto, puesto que algunas historias escritas habían sido canibalizadas por el propio Howard para ser atribuidas a su bárbaro cimmerio), el melancólico y hosco rey Kull de Valusia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Presentado casi como un experimento caprichoso del gran Bernie Wrightson ya en marzo de 1971 (en un número de la revista &lt;i&gt;Creatures on the Loose&lt;/i&gt;) y con la adaptación-cebo del poema &quot;El rey y el arce&quot; en un número de la serie del propio Conan, en cuyo texto de cabecera siempre se hacía referencia al &quot;hundimiento de Atlantis&quot;, o sea, a la historia antes de esa prehistoria, en junio de ese mismo año se publican ya los comic-books en color de &lt;i&gt;Kull the Conqueror&lt;/i&gt;, con guiones de Roy Thomas y dibujos de Ross Andru y Wally Wood, que en seguida darían paso al insuperable tándem formado por los hermanos Marie y John Severin, quienes durante una buena docena de números crearían un cómic modélico, de estatura clásica tanto en la narración como en la solidez de fondos y ambientes; paradójicamente, ese clasicismo formal, que remite en múltiples ocasiones a Harold Foster, es la gran baza de modernidad y de vuelo contracorriente del título, que nunca llegó a mantener una cadencia mensual y que llegó a ser cambiado a &lt;i&gt;Kull the Destroyer&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;Kull and the Barbarians&lt;/i&gt; al correr del tiempo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Kull fue mejor tebeo bien hecho antes que Conan, casi como si se pretendiera hacer historietas más adultas desde un punto de vista reflexivo y no espectacular (es decir, eludiendo casi de continuo el gancho de supuesta adultez que suelen tener los cómics desde siempre: las alusiones algo descafeinadas al sexo y el tratamiento de la mujer como objeto rescatable in extemis por el aguerrido héroe-adolescente de turno). Convertido en un cejijunto y meditabundo gobernante de hombres que se sabe o se cree en posesión de la verdad, y atrapado en las múltiples conjuras políticas de otros hombres mucho más poderosos cultural y financieramente que él, Kull se muestra como un héroe que viene de Hamlet y va hacia MacBeth porque nunca podrá ser Lear, dado a grandes silencios y a juicios de valor donde su máximo argumento será su hacha de guerra: Kull es un dictador que quiere ser un buen rey, el último muro de contención de una civilización que se va a pique y que, en nueva paradoja, necesita del timón de un bárbaro para no zozobrar. Kull es introvertido, triste, fuera de sitio aunque ocupe por la fuerza un trono tras el equivalente medieval a un golpe de estado o una rebelión de centuriones, marcado por una cicatriz que lo diferencia de todos (posiblemente, más que nadie, del propio Conan de quien fue modelo) y enfrentado a una invasión de hombres-serpiente que lleva un paso más allá el manido tema de los comunistas infiltrados en la sociedad para adquirir tintes terroríficos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al grito de &quot;kaa naama, kaa lajerama&quot; como ensalmo revelador de personalidades encubiertas, y auxiliado por el no menos lacónico y silencioso lancero picto Brule, Kull vive aislado en su castillo-trono de todo contacto con las pasiones y las debilidades de la raza humana. Hasta se ha especulado, quizá fuera de lugar, con una posible relación homoerótica entre rey y guardaespaldas, olvidando el público al que iban dirigidos originariamente estos tebeos y la propia característica misógina del escritor de los relatos originales: es decir, si esa relación existiera sería a nivel puramente subconsciente, pues Kull no vive para el amor, sino para la política que, como buen dictador, intenta también anular con su pura presencia. No es extraño tampoco que uno de sus principales opositores sea un alma anarquista como él mismo, el poeta Ridondo, condenado a entenderse con el rey cuando ambos sean exiliados de Valusia, ni que su archinémesis, el mago Thulsa Doom, tenga los rasgos cadavéricos de la misma muerte que a todos acecha, pues conseguido el sueño de conseguir estatus de la vida de cualquiera, ¿qué espera al propio Kull sino ceder en esa batalla y darse por muerto? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tebeo, pese a volar gráficamente muy por encima de otras propuestas, no tuvo la suerte que su compañero y mentor Conan habría de tener. Los hermanos Severin serían sustituidos por el siempre interesante Mike Ploog, y los en ocasiones confusos guiones de Roy Thomas serían encaminados por un más estilizado y ágil Gerry Conway, quien muy inteligentemente aisla a Kull de su reino y lo devuelve a los caminos, exiliado de su reino y del amor de un pueblo que nunca tuvo. La máxima diferencia entre Conan y Kull, pues, se revela en que el primero es la historia de una búsqueda vital y el segundo relata el vacío también vital de un encuentro. Toda la vida de Kull, desde su huida de Atlantis hasta su robo de la corona, se consigna en un par de páginas, mientras que su modelo-competidor Conan estira durante décadas la peripecia que lo llevará, también a él, al trono de Aquilonia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Autores como John Bolton, John Buscema o Howard Chaykin también picotearían de manera irregular en las diversas apariciones del bárbaro convertido en dictador, pero su edad dorada fue, desde sus inicios, la etapa de los Severin, la que lo retrató como fantasma él mismo enfrentado a otros fantasmas en los fríos corredores de castillos encantados, con mujeres a las que no pudo amar e intrigas palaciegas que estaban más allá de la comprensión que le prestaba el hacha de doble filo que fue su cetro. &lt;br /&gt;
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	</item>

	<item rdf:about="http://crisei.blogalia.com//historias/63665">
		<title>CONAN EL BÁRBARO</title>
		<link>http://crisei.blogalia.com//historias/63665</link>
		<description>&lt;div&gt;&lt;embed src=&quot;http://widget-09.slide.com/widgets/slideticker.swf&quot; type=&quot;application/x-shockwave-flash&quot; quality=&quot;high&quot; scale=&quot;noscale&quot; salign=&quot;l&quot; wmode=&quot;transparent&quot; flashvars=&quot;cy=bb&amp;amp;il=1&amp;amp;channel=3458764513843224073&amp;amp;site=widget-09.slide.com&quot; style=&quot;width:500px;height:320px&quot; name=&quot;flashticker&quot; align=&quot;middle&quot;&gt;&lt;/embed&gt;&lt;div style=&quot;width:500px;text-align:left;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://www.slide.com/pivot?cy=bb&amp;amp;at=un&amp;amp;id=3458764513843224073&amp;amp;map=1&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://widget-09.slide.com/p1/3458764513843224073/bb_t000_v000_s0un_f00/images/xslide1.gif&quot; border=&quot;0&quot; ismap=&quot;ismap&quot; /&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://www.slide.com/pivot?cy=bb&amp;amp;at=un&amp;amp;id=3458764513843224073&amp;amp;map=2&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://widget-09.slide.com/p2/3458764513843224073/bb_t000_v000_s0un_f00/images/xslide2.gif&quot; border=&quot;0&quot; ismap=&quot;ismap&quot; /&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href=&quot;http://www.slide.com/pivot?cy=bb&amp;at=un&amp;id=3458764513843224073&amp;map=F&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://widget-09.slide.com/p4/3458764513843224073/bb_t000_v000_s0un_f00/images/xslide42.gif&quot; border=&quot;0&quot; ismap=&quot;ismap&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;Trasvasar a la historieta las aventuras de Conan el bárbaro era un proyecto largamente acariciado por un gigante del medio, Gil Kane, pero sólo el conservadurismo innato de las majors editoriales y los deseos de ir sobre seguro explican lo tímido de su lanzamiento y que se encomendase a un artista primerizo con abundantes lagunas formativas como era (entonces) Barry Smith, que no tenía el caché del maestro. Nadie podía imaginar que se iba a hacer historia y a crear un popular subgénero que a punto estuvo de relegar a segundo plano a los superhéroes, o al menos a abrir una potente vía alternativa durante un par de décadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Escritos originalmente en los años treinta por el texano Robert Erwin Howard, los relatos y novelas de tan singular personaje (un antihéroe en el más amplio sentido del término, pero oportunamente auxiliado por un &quot;código del honor&quot; que lo convierte ipso facto en desfacedor de entuertos prehistórico y caballero andante con poca ropa y mucha labia) habían gozado de cierta popularidad en su momento (incluso se habló de llevar sus hazañas al cine protagonizadas por Victor Mature) y de un oportuno revival en los años sesenta, cuando se recuperaron, reescribieron y continuaron por albaceas literarios sus andanzas, sin duda auxiliadas por las impactantes portadas realizadas por un monstruo como Frank Frazetta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 Conan, no obstante, parecía haber nacido para el cómic, y es en este medio donde alcanza su máxima popularidad y desarrolla a placer las premisas que explican su éxito: mundo postcataclísmico en los albores de nuestra historia, sin leyes ni moral, donde la magia y los monstruos herederos de Lovecraft campan por sus respetos y la vida de un hombre, en lema mil veces repetido, vale tanto como el filo de su espada. En una época en que los grandes directores del cine del oeste habían desaparecido o estaban próximos a hacerlo y el western mismo se había agotado tras las mil revisitaciones televisivas que acabarían, en el recuadrito de las 625 líneas, por agostar cualquier mítica que pudiera tener el género de vaqueros, Conan y sus muchos herederos venían a suponer el relevo ideal, pues el bárbaro cimmerio es a un tiempo cowboy solitario e indio salvaje, apátrida amoral y recio johnwayne de melancólicos silencios, vikingo y romano, huno, pirata, guerrillero, jinete de las mil y una noches o cosaco. El batiburrillo histórico-subcultural de las aventuras del personaje, insisto, no podían dar más que para relatos de segunda fila, sin duda divertidos pero de escasa calidad literaria y tópicos repetidos hasta la saciedad, lo que desde El Quijote la cultura oficial ha dado en creer muerto y enterrado: libros de caballerías. En el cómic, sin embargo, funcionaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 La historia de Conan tenía, entre papeles desordenados e incorporaciones apócrifas, una muy clara trayectoria vital: de bárbaro a rey después de haber pasado por todos los estamentos sociales que fueran necesarios y donde pudiera colocarse una historia. Teniendo en cuenta estos parámetros, el guionista Roy Thomas prepara una serie de argumentos donde, de vez en cuando, se permite adaptar a la historieta las propias andanzas del Conan literario (o de otros héroes y antihéroes creados para otras épocas históricas por Robert Howard). Los titubeos iniciales de la serie, bimestral en un principio, parecen dejar claro cuál debe ser el camino tras el éxito de la sobresaliente adaptación del poético relato &quot;La torre del elefante&quot;: no apartarse de la sombra de Howard. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En un proceso evolutivo que sólo tiene quizás como precedente el de Alex Raymond en los años treinta, Barry Smith pasa de ser un voluntarioso y poco dotado imitador de Jack Kirby a convertirse en un sensible poeta prerrafaelita donde asoman los ecos épicos y naturalistas de Hal Foster. El confuso story-telling de las primeras historias (y es sintomático que la dificultad de leer y entender plenamente las primeras aventuras del bárbaro sean parejas al aprendizaje de Smith, lo que demuestra en manos de quién estaban realmente los argumentos) va dando paso a un estilizado trayecto por el amor y la muerte que desemboca en viñetas de arquitecturas mágicas y joyas repujadas en ornamentos y escenarios mientras Conan guía sus pasos a lo que puede ser, en el cómic, el equivalente epopéyico de lo que fue para la literatura la guerra de Troya: la toma de Shadizar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 Pero Smith abandonó la serie un par de veces y ésta no se resintió, sino al contrario. Un primer interludio trajo por fin al personaje a Gil Kane, en un par de números que fueron durante mucho tiempo los mejor vendidos de la colección; y por fin, tras su marcha más o menos definitiva, la llegada del gran John Buscema quien, con un estilo mucho más clásico y academicista y un story-telling que no busca piruetas en hueco, marca ya para la posteridad la imagen del bárbaro. Buscema se siente a sus anchas en un personaje y unas historias que remiten en ocasiones a los grandes maestros del cómic de prensa de los años treinta, Foster y Raymond, y aunque la arquitectura de las ciudades de magia y fantasía se resiente más que ninguna otra cosa, su manera de abordar el personaje y la Edad Hyboria donde éste se desenvuelve clarifican mucho la dureza poética de las historias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde su llegada al título, la popularidad de Conan es tan grande que, además del comic-book en color de veintipocas páginas, pronto se preparan historias más largas donde se adaptan relatos o novelas de Howard (o se trasvasan las de otros autores). Es la serie Savage Sword of Conan, donde en blanco y negro y con mayor espacio narrativo, John Buscema da lo mejor de sí mismo. Entintado por un buen puñado de colaboradores, con los que no siempre dijo estar de acuerdo, la imagen de estas historias largas del personaje queda inevitablemente unida a las tintas de Tony de Zuñiga, Alfredo Alcalá, Ernie Chan o Rudy Nebres. Si en el comic-book a color hay historias sobresalientes (la mencionada &quot;La torre del elefante&quot; o joyas como &quot;La canción de Red Sonja&quot; o la larga saga con Bêlit, la reina pirata de la Costa Negra), la edición en blanco y negro no se queda a la zaga, con la adaptación de novelas como Sombras en Zamboula (por Neal Adams), Sombras de hierro en la luna (Buscema y Alcalá), La morada de los condenados (Buscema y Montano), Nacerá una bruja (Buscema y la tribu) o la larga y excelente adaptación, en varios números, de La hora del dragón. Sin olvidar la obra maestra que supone el regreso de Barry Smith al personaje: la adaptación de Clavos Rojos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La editorial tenía prisa por explotar el filón del personaje y quizá por eso no esperó a que esas historias se contaran en el momento en que tendrían que haber sido contadas, cuando los vagabundeos del personaje lo llevaran a los escenarios donde habían sido desarrolladas literariamente. Haberlo hecho, además, habría invalidado la inclusión en los resquicios que fueran quedando de nuevas historias. Tampoco se volvieron a contar esas historias cuando la peripecia de Conan pudo alcanzarlas: se preparó, si acaso, una tercera serie en color, King Conan (luego rebautizada Conan the King), y se ilustraron también algunos álbumes y se realizó una tira diaria para los periódicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 Escribir y dibujar tebeos como una cadena de montaje desemboca ineviatablemente en la moraleja de los carros de fuego del poema. Conan se convirtió en una franquicia (ya lo era desde sus inicios), y los elementos mágicos, épicos y líricos que hicieron populares sus aventuras terminaron por ir repitiéndose hasta el infinito, sin apartarse jamás de unos parámetros que fueron originales en su momento y acabaron por convertirse en repetitivos tópicos. La marcha de Roy Thomas y John Buscema de los títulos del personaje fue la penúltima puntilla en su baja de popularidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el interín vinieron multitud de novelas nuevamente apócrifas, las dos películas de todos conocidas, una insufrible serie de dibujos animados y una ridícula adaptación televisiva con personajes humanos y calaveras de goma, un impasse donde los derechos del bárbaro saltan de continente en continente sin que nadie supiera muy bien dónde iría a parar todo el juego y quién realizaría nuevas entregas (al final, Dark Horse se ha llevado el cimerio al agua). Puede que sea ya demasiado tarde para recuperar al personaje, quien tuvo su buena ración de obras maestras y su rincón de gloria en los olimpos del cómic y los mercados de la cosa. Lo cual ya es mucho más de lo que sin duda imaginaron Gil Kane, Roy Thomas y Barry Smith cuando empezaron, con pies de plomo y sin la plena confianza de la editorial, a explorar los límites del comic-book y el estilo Marvel retrocediendo en el tiempo a la Edad Hyboria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://crisei.blogalia.com//historias/63662">
		<title>UURGH AARGH</title>
		<link>http://crisei.blogalia.com//historias/63662</link>
		<description>&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La política es ese instinto que los profesionales del ramo se empeñan (o no) en maquillar de razón. </description>
	</item>

	<item rdf:about="http://crisei.blogalia.com//historias/63646">
		<title>EN SUS MANOS</title>
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	<item rdf:about="http://crisei.blogalia.com//historias/63631">
		<title>LA ÚLTIMA ESTRELLA</title>
		<link>http://crisei.blogalia.com//historias/63631</link>
		<description>&lt;img src=&quot;http://img301.imageshack.us/img301/9163/jacksond.png&quot;&gt;&lt;br /&gt;
	Antes de que lo conociéramos como persona de carne y hueso, fue, para mi generación, que fue la suya, un personaje de dibujos animados, un niño de pelo de seta y nariz chata que cantaba en la tele, por las tardes, aquello de &amp;#8220;One, two, three&amp;#8221; apoyado por otros cuatro niños muy parecidos a él, aunque en escalas, corporales y musicales, diferentes. Michael Jackson, la estrella infantil del nervioso grupo del pop negro, los Jackson Five. Luego creció, pero al contrario que a Joselito, no le cambió la voz, sino el alma (el soul), e inició una carrera en solitario donde se inventó tanto a sí mismo que revisar ahora no ya su admirable discografía, sino los vaivenes de su aspecto físico, hacen que nos parezca estar ante un efecto especial de morphing, como él mismo ensayó en aquel videoclip que hizo historia del medio y los ochenta, &amp;#8220;Thriller&amp;#8221;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Nos acojonó mucho con aquel cortometraje de miedo donde Vicent Price ponía una voz surgida de sus adaptaciones de Edgar Alan Poe y un grupo de zombies se movía a un ritmo frenético, tan imitado luego, tan inimitable. El disco más vendido de la historia del pop, que se dice pronto, y que causó, como la belleza de Florencia a Stendhal, el nombre a un síndrome: el síndrome de Thriller, o la imposibilidad del ser humano de éxito, tan joven, de superar la gloria de su propia obra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Entra ahora en la leyenda, Michael Jackson, tras una vida breve salpicada de extravagancias y de escándalos. Se le quemó el pelo y la cara rodando con Francis Ford Coppola una película en 3-D, Captain Eo, y desde entonces su gusto por el disfraz y la transformación, del que el mismo Thriller era epítome con su paso de teen a hombre lobo a zombie a hombre pantera, ya no fue sólo un capricho, sino una necesidad impulsiva. Se cambió la cara y la tez y por un momento pareció tener la belleza de los personajes de los cómics que tanto le gustaban, pero la degradación de su físico, y quizá de su psique, fue imparable. Los tabloides lo acosaron, él dio pie a rumores con su compra del esqueleto del Hombre Elefante, su mono mascota, su disneylandia particular. Le llamaron el rey del pop y, como cumpliendo una norma dinástica, hasta se llegó a casar con la hija de Elvis, un matrimonio que no duró, porque Michael Jackson siguió llevando adelante quizá hasta el jueves por la noche el juego de ser Peter Pan. Como el propio Elvis, quizás, ha muerto, en una mansión solitaria que se comían las deudas, a la espera de relanzar una carrera que ahora, lejos ya los juicios y las acusaciones no demostradas, tendrá que ser juzgada por lo que fue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Michael Jackson, la última estrella del pop, de los medios de comunicación de nuestro tiempo. Bello, fugaz, degradado, genio. A su voz de chocolate y miel, a sus movimientos de primer mutante del futuro, le acompañó siempre un sentimiento de soledad y de impotencia. Hizo canción denuncia revistiéndola de ritmo, abogó por la paz mundial, quiso acabar con el hambre en África, denunció la violencia y cantó con sentimiento a la muerte por cáncer de un chiquillo. Fue mucho más que un monstruo de feria, el último mito, un niño perdido que, por fin, quizá tenga ya su hueco en la última estrella del cielo, a la derecha.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Publicado en La Voz de Cádiz el 29-06-2009&lt;/i&gt;</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://crisei.blogalia.com//historias/63628">
		<title>COMO OBAMA</title>
		<link>http://crisei.blogalia.com//historias/63628</link>
		<description>&lt;img src=&quot;http://3.bp.blogspot.com/_offI9s0ddy0/Sc5AmbBBd3I/AAAAAAAAAL4/HXkfno7JETY/s320/mosca.jpg&quot;&gt;&lt;br /&gt;
Primer día de curso, hará unos veinte años. Ya había aprendido que es el día en que el profesor se la juega, cuando hay que entrar con la Marcha Imperial de sonido de fondo, no vaya a ser que a los alumnos les de por tocar por su cuenta el aleluya de los ewoks.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de un par de años en exclusiva con los cursos superiores, aquel año me encargaron dos clases de primero de BUP (que traducido resulta tercero de la ESO), y por lo pronto me sorprendió lo pequeñitos e infantiles que eran los alumnos. Daba lo mismo, yo a lo mío: bla bla bla, este año tenéis que hacer esto y esto y lo otro, y la evaluación será así y asá y de aquella manera, y ya tenéis edad para comprender que esto no va a ser un paseo militar y la nota es lo importante y pitos y flautas y aquí vais a tener que sudar la camiseta. Como el sargento de hierro, pero sin tanto taco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y entonces, mientras yo sigo charla que charla, una mosca me empieza a rondar; el inconveniente de iniciar las clases en septiembre, en pleno veranillo del membrillo, veranillo de San Miguel o verano indio. La mosca, imbécil como todas las moscas, no se percata de que está molestando. Vuelve a la carga, me zumba cerca. Durante un momento me siento como el conde Ja-Ja de los tebeos del Capitán Trueno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No intento espantarla, pero me sigue rondando, zumba que te zumba. Y entonces veo que todo el estudiado discurso acojonante se me va a ir a hacer puñetas, porque los alumnos sonríen ante la incomodidad que siento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lanzo la mano al aire, sin mover otro músculo, y por pura potra la mosca queda dentro de mi palma. A la primera. Sin palillos chinos ni nada. Sigo hablando como si tal cosa, me levanto, abro la ventana, echo a la mosca, todavía viva, al patio, cierro la ventana, me siento y continúo mi discurso. Las sonrisas de los chavales se han convertido de pronto en una o repetida de sorpresa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A partir del día siguiente, ya pude dejar la Marcha Imperial de fondo y dedicarme, sí, al aleluya ewok. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://crisei.blogalia.com//historias/63627">
		<title>Y AHORA... BIG BEN BOLT</title>
		<link>http://crisei.blogalia.com//historias/63627</link>
		<description>&lt;img src=&quot;http://2.bp.blogspot.com/_Tkt_A2r1p6I/Rb40Hi2DEeI/AAAAAAAAAQ4/OpECWga1BtE/s400/bigbenboltad.jpg&quot; style=&quot;float:none;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me lo comenta el amigo Andoni y voy corriendo a página de &lt;a href=&quot;http://www.classiccomicspress.com/bolt/index.html&quot;&gt;Classic Comic Press&lt;/a&gt; a comprobarlo. El año que viene empezarán la publicación de Big Ben Bolt, la magnífica tira boxística de John Cullen Murphy y Elliot Caplin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A por ella. </description>
	</item>

	<item rdf:about="http://crisei.blogalia.com//historias/63596">
		<title>BLACKMARK</title>
		<link>http://crisei.blogalia.com//historias/63596</link>
		<description>&lt;IMG SRC=&quot;http://www.graphiqbrasil.com/classicos/images/Blackmark-1.gif&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De un tiempo a esta parte, lexicalizado el término &quot;cómic&quot; (cuya inadecuación ya quedó patente allá por 1929 con la aparición de Tarzán y Buck Rogers), se nos llena la boca hablando de &quot;novela gráfica&quot; para definir lo que vulgarmente hemos conocido siempre como tebeo. Quizás sea necesario ese cambio de nomenclatura para forzar, por fin, un cambio de mentalidad hacia el medio, tanto para el mercado de fuera como para los creadores de dentro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en 1971, Gil Kane (un autor a quien nunca se llegó a reconocer con toda justicia su influencia capital en la &quot;Edad de Plata&quot; de los cómics, en tanto que a él se debe el resurgir de Green Lantern y todo lo que éste arrastró consigo, el apoyo confeso a la fantasía heroica y Conan el bárbaro o su visión estilizada y casi definitiva de Spider-Man) comprendió que el medio de la historieta podía dar mucho de sí, y que los límites podían y debían ser rotos para dar rienda suelta a todo el caudal creativo que llevaba dentro. Más que Will Eisner, a quien los americanos atribuyen la creación de esas &quot;novelas gráficas&quot; que nosotros en Europa sabemos que no son más que &quot;álbumes&quot;, fue Gil Kane quien fraguó la narración gráfica más allá de las pocas páginas del comic-book tradicional o las series de prensa, creando ya en 1968 el título de novela negra &quot;His name is Savage&quot; y, en 1971, los libros (libros, sí) que compondrían la historia de fantasía heroica Blackmark. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Editados en formato bolsillo por Bantam Books (y luego reeditados en revistas como la francesa Phénix y, en los USA en The Savage Sword of Conan; en España en Relatos Salvajes), los libros de Blackmark suponen un curiosísimo híbrido entre novela e historieta: el formato lo aleja de las composiciones de página habituales en el medio, se trata de un tebeo en blanco y negro y, lo más destacado, se juega a sustituir los textos de apoyo en cartucho por bloques de narración fuera de la viñeta. Es, en cierto modo, una novela ilustrada... pero no puede entenderse leyendo solo los textos, ni solo las viñetas, pues éstas utilizan los recursos narrativos propios del cómic (los bocadillos y líneas cinéticas, aunque no onomatopeyas), pero se alcanza la plenitud épica y poética conjugando el montaje gráfico (excelente y cinematográficamente ágil) con los textos que escribiera, sin créditos, ese otro gran autor clave como fue Archie Goodwin. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de Blackmark es, producto de la hibridación, novedosa y clásica al mismo tiempo: hay ecos del Nuevo Testamento y el nacimiento de Cristo, influencias de Conan y la novelística pulp de Edgar Rice Burroughs, cruces con la estética de Flash Gordon y El cantar de los Nibelungos, con Espartaco y con el ciclo artúrico. La historia, como no podía ser de otra forma, deriva la fantasía heroica hacia la ciencia-ficción, demostrando quizás que ambos géneros están condenados a entenderse y que hay todavía mucho territorio inexplorado que no tiene por qué seguir las manidas huellas de Conan y su escuela. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En un mundo postapocalíptico de guerreros medievales y monturas mutantes y barcos de guerra deliciosamente atractivos, donde la magia se confunde con la ciencia y los demonios campan por sus respetos, el nacimiento cuasi-virginal de un niño (en tanto que es fruto de una implantación genética en una madre joven casada con un anciano duro y bonachón a un tiempo), marcado como su progenitora por una especie de cruz negra en el muslo, iniciará una aventura donde el poder y la responsabilidad y el conocimiento como redención se darán baza mientras el sueño del renacimiento espera y el oscurantismo es dueño de Nueva Tierra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Blackmark es un héroe trágico, casi shakespeariano en la peripecia vital que lo lleva de ser testigo de la violación y el asesinato de su madre (en un tebeo realizado en 1971, no lo olvidemos), a ser capturado y vendido como esclavo, gladiador, antes bandido, y por fin libertador in extremis de una sociedad de caballeros feudales que no está preparada para el cambio. En su búsqueda de la libertad y la sabiduría, y en su lucha con las tensiones internas que el enfrentamiento definitivo con los monstruososos habitantes de la fortaleza de Psi-Keep, Blackmark conocerá el dolor de la falta de conocimiento (en tanto es incapaz de abarcar la tecnología que ha quedado en sus manos para su uso), la traición de una esposa que se siente abandonada ante la responsabilidad de gobernante del héroe y, por fin, el duelo a muerte con su Mordred particular, de donde quizá salga el libre destino del mundo al precio de la pérdida personal de Blackmark. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue una historieta apasionante e innovadora que, pese a las buenas críticas cosechadas, no pudo ser llevada a su desenlace hasta que, en 2002, se recopiló en un tomo por Fantagraphics Books donde se recogen los dos libros que componen la saga. Es bueno y necesario experimentar. Pero cuando son los maestros quienes experimentan puede tenerse por seguro que se tratará de una obra grande. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://crisei.blogalia.com//historias/63591">
		<title>UN CEMENTERIO CON MÚSICA DE THRILLER</title>
		<link>http://crisei.blogalia.com//historias/63591</link>
		<description>&lt;img src=&quot;http://hunternuttall.com/blog/wp-content/uploads/2008/11/thriller.jpg&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Eran los años que han muerto hoy mismo, los ochenta, chupas de cuero y corbatas de napa, zapatos sin calcetines y blaziers de color crema a juego, o en contraste, con camisas de color rosa palo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Crawley, Inglaterra, allá por Wessex, yo acompañé un par de años a los chavales que querían aprender inglés, y cada tarde me aburría en un pueblo que no tenía mucha más vida que el pueblo que habíamos dejado en España, pero esa es otra. Cada noche, para regresar a la casa donde yo vivía con dos ancianos silenciosos y una perra huraña (The Dingle, se llamaba la calle), tenía que caminar solito durante un par de kilómetros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Inglaterra la gente, a partir de las cinco de la tarde, lo sabrán ustedes, desaparece. En verano, y en aquel pueblo, quizá por la visita de los españolitos de academia, había algo de vidilla en la insulsa bolera, por lo que nos retirábamos allá a las diez. El pueblito era tan aburrido que muchas tardes yo me quedaba en la casa, cuando los dos ancianos silenciosos se iban al pub a jugar a los dardos, viendo Miami Vice y los primeros episodios de Luz de luna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A las diez de la noche, obviamente, no había un alma en el pueblo, y mucho menos por aquellas calles repetidas de casitas bajas y oscuras. The Dingle era una calle en redondo, un bucle (el primer día me perdí y me costó Dios y ayuda encontrar el número 50, porque volvía una y otra vez al principio del redondel). Antes de llegar a él, tenía que pasar por un cementerio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un cementerio inglés. O sea, como las películas. Un prado verde, entre árboles melancólicos, donde asomaban del suelo las lápidas y las cruces de las tumbas. La acera, en esa zona, se llenaba de baches y de losas levantadas, por lo que pronto aprendí a cambiar de acera y apretar un poco el paso cuando pasaba por aquel sitio. Era demasiado parecido al cementerio de Thriller, el video-cortometraje de Michael Jackson que tanto me había acojonado en casa aquel fin de año en que me quedé solo, sin ganas de ir de fiesta absurda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche, y juro que es cierto, cuando pasaba por aquel cementerio, la luna llena en el cielo, alguien, en alguna casa cercana y oscura, tenía puesta música a todo volumen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba sonando nada menos que Thriller.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esa noche no apreté el paso. Creo que volé, directamente. </description>
	</item>


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