... O temporada nueva, no se dejen ustedes engañar. Los apuros de tiempo, económicos, los problemas de producción o los contratos de rodaje de los actores, el jefazo máximo, el cincuentenario evidente o vaya usted a saber qué cosa aconsejaron cortar en dos la temporada en curso del Doctor Who (eso que, quizá ahora más que nunca, se llama NuWho), lo cual explica los diversos finales en falsos del trozo que se vio el año anterior, con las interminables despedidas de la parejita Pond, tan desangelados todos y tan aburridos en lo que parecían prometer y nunca prometieron, y el reinicio o tal que así que aseguró la llegada de una nueva companion, bonita, algo marisabidilla y no sé si del todo bien escrita, bien interpretada o bien dirigida (llega a hacerse cargante en ocasiones), ese misterio algo innecesario que Moffat se sacó de la manga (como se sacó de la manga los misterios innecesarios -por no resueltos a satisfacción- de Rory y Amy) para mantener a los fans pendientes de un hilo, de oca en oca, desde el episodio de navidad hasta ayer mismo.

Moffat y equipo han seguido decepcionando y seduciendo a partes iguales. La mini-temporada, o como queramos llamarla (todavía, que yo sepa, no hay a la venta un pack en dvd que reúna todos los episodios, pero sí se venden en dos bloques) ha tenido al menos tres entregas que destacan, pero el resto se ha hundido en la mediocridad una vez más. No les sale bien el arco narrativo, el diseño de producción es apabullante y visualmente muy atractivo, pero vengo notando carencias en la dirección cada vez más acusadas, lo cual redunda en la manera en que los actores entregan sus líneas (Matt Smith va despendolado en ocasiones pero no transmite) y en el ritmo con que las historias se presentan: parece, en algún momento, que los argumentos se componen en una especie de base de datos que funciona por combinar elementos.

Ha habido un par de capítulos perfectamente olvidables, o al menos perfectamente olvidables para los niveles de lo que es, hoy, la saga del Doctor sin nombre conocido. Episodios como The Ring of Akhaten o Cold War o The Crimson Horror son lo mismo que hemos visto mil veces, sin chicha ni limoná, predecibles y hechos con regla de cálculo. Ni siquiera el gran Neil Gaiman está a la altura, tras su brillante aportación la temporada anterior, con su vuelta de tuerca pero menos a la mitología de los cybermen, donde el tono férico y el final deus ex machina, una vez más, restan elementos de sorpresa.

Más agradables han sido el primer episodio, The Bells of Saint John, donde se nota la sombra de Davis y que casi podría haber sido intercambiable con cualquier capítulo de David Tenant. Y también deliciosamente entretenido, Journey to the Center of the Tardis.

Digamos que Moffat and company son expertos en la mitología del Doctor (se ha dicho varias veces que esta etapa tiene mucho en común con el Tercer Doctor), pero les salen mejor las referencias al resetting iniciado en 2005 que a las aventuras más añejas, quizá porque el formato no se adecua bien a la hora corta (y a veces infinita) de los nuevos episodios.

Y ese referirse a las aventuras más recientes, al moderno Doctor, es lo que hace que, al final, Moffat de el do de pecho y nos presente el que es, quizás (o por lo menos para mí), el mejor episodio de todos los que ha coordinado desde que es baranda máximo de la serie: el final de temporada, The Name of the Doctor, donde una vez más ha sido capaz de hilar finísimo y al mismo tiempo, por fin, cerrar la trama de la misteriosa identidad de Clara Oswald (un nombre, por cierto, que hace el guiño al asesino de Kennedy, pues la serie se estrenó justo el día del magnicidio en Dallas) y, al mismo tiempo, abrir espectacularmente la puerta para el capítulo del cincuentenario, que se estrenará el 23 de noviembre.

Emocionante, trepidante, divertido y al mismo tiempo, por lo que parece, profundamente socavador de la mitología reciente del Doctor: ¿Quién es (lean esto en inglés, please, para captar el sutil juego de palabras que yo también sé hacer) John Hurt y qué relación tiene con el pecado nefando que se apunta? ¿Ese pecado nefando, esa renuncia a su "nombre" de Doctor es lo que todos sospechamos o le habrá dado tiempo a Moff de sacarse de la manga otra cosa? ¿Ese juego de tres doctores (lástima que Eccleston sea tan rarito el hombre y no juegue a cuatro barajas) subvertirá el orden establecido y nos contarán que vivimos en una realidad paralela que no se corresponde a la original? ¿O será todo un bluff, como ha habido tantos en el pasado más reciente?

De momento, Moffat confirma una octava temporada para el año que viene, donde seguirá Matt Smith. Pero ni uno ni otro deberían descartar un relevo en el futuro. El problema, naturalmente, es quién será capaz de hacerlo.





Para ustedes quizá solo sean tebeos. Muñequitos. Dibujitos monos. Eso con lo que entretener a los niños hasta que, oh, den el paso a la literatura seria de sombras de greys y biografías íntimas de famosos televisivos.

Para muchos de nosotros los tebeos son cultura. Otra cultura que está dentro de la cultura. Un medio de expresión y comunicación que va en paralelo a otros medios. Arte, se nos antoja. La crónica viva de nuestro tiempo desde hace más de un siglo: en los tebeos están nuestros sueños y también nuestros defectos, nuestras aspiraciones y nuestras carencias, nuestro ahora y nuestro entonces. Los tebeos son memoria sentimental. Los que leemos tebeos, los que escribimos tebeos y de tebeos, los que coleccionamos tebeos y amamos los tebeos no solo recordamos el contenido de esos tebeos, sus aventuras, sus gags, sus autores, sus censuras: también somos capaces de recordar, con precisión de archivero loco, el momento en que compramos tal o cual ejemplar de tal o cual colección, qué hacíamos en ese momento, qué pensábamos, qué impresión nos causó. Ustedes sabrán dónde estaban cuando asesinaron a Kennedy o cayeron las Torres Gemelas. Nosotros también recordamos dónde estábamos y qué hacíamos cuando murió Gwen Stacy o salió el primer número de Watchmen.


Los tebeos son, por tanto, nuestra historia. Son historia.

Y como son historia, hay que abordar su existencia editorial como se abordan los estudios históricos. Con rigor de archivero. Con cientifismo universitario. Cien años y pico de edición en España dan para muchos títulos, para muchos sueños, para muchas historias.

Saber qué hemos sido es una tarea tan ardua como difícil, tan apasionada como casi inabarcable. Colecciones y personajes que duraron muchos años, en muchas ediciones, y colecciones y personajes que apenas duraron un número o dos, pero existieron, y se sabe que existieron, o son directamente leyenda.

Y aquí tenemos el resultado de ese estudio histórico, de esa clasificación infinita y casi imposible de nuestra historia editorial, de nuestras vidas como lectores de tebeos, desde las postrimerías del siglo antepasado hasta lo que se publicó anteayer mismo.

Un libro de libros. Mucho más que un catálogo. Horas de vida dedicadas al estudio de la vida que la Asociación Cultural Tebeosfera ha dado forma. Para ayuda indispensable de aquellos que sueñan todavía con leer todo aquello, para saber lo que fuimos, lo que fueron quienes fueron antes de que fuéramos nosotros, lo que unió a padres e hijos, lo que separó a nietos de abuelos. Más allá de modas e imperativos editoriales, por encima de censuras y guerras civiles.

Nuestros tebeos.


2013-05-08

HAL FOSTER EN EBOOK




Sportula acaba de publicar mi librito Hal Foster: Una épica post-romántica a un precio irrisorio. Están ustedes avisados.

2013-05-05

VIKINGS



El History Channel (el Canal Historia, para entendernos) es esa cadena dedicada a divulgar los aspectos más llamativos del tema, a menudo con abundantes pausas de publicidad, con escenas repetidas ad nauseam, con teatralizaciones hechas sin un duro y, de un tiempo a esta parte, dando sitio a lo magufo con historias de alienígenas o a lo garrulo con aventuras de tasadores pasados de calorías o de cazadores de caimanes del bayou.

La sorpresa de la temporada televisiva, sin embargo, la ofrece esta cadena cuando, por fin, se pasa directamente a la ficción entregando una serie de corte histórico no documentalista. En plena eclosión de la fantasía heroica y la fantasía histórica, Vikings se convierte en un híbrido entre ambas, sin los excesos de moda, pero con el aliciente de ser un producto de calidad, donde el diseño de producción no desmerece de lo que podamos ver en otras series, o incluso en la gran pantalla.

Nueve episodios dura la primera temporada, y el éxito de la propuesta parece que ha sorprendido a todos, por lo que ya se prepara una nueva entrega. Casando muy bien el tono pedagógico con la ficción, Vikings narra la historia de Ragnar Lothbrok y de su hermano Rollo, dos chicarrones del norte empeñados, al menos el primero, en navegar hacia el oeste para saquear cuanto se ponga a tiro. Y, por ser unos chicarrones del norte algo modernos, se encuentran con la oposición del earl de turno, reaccionario y autoritario como se supone que debe ser un mandamás, máxime en una época tan salvaje como la que se presenta.

Los capítulos avanzan, las tramas son sencillas pero tienen su aquel, se narra con la violencia justa y con el sexo justo (o sea, poco de ambas cosas, acostumbrados como estamos a los excesos pirotécnicos de Spartacus) momentos históricos como el saqueo a Lindisfarne y su monasterio, y con todo lujo de detalles vemos las extrañas costumbres de ese pueblo ya mítico: su religión, sus entierros, sus políticas internas, sus malos modales y su ambición. Los paisajes son espectaculares, la puesta en escena hermosísima, y los personajes, pese a estar tan alejados de nosotros y estar motivados apenas por la ambición y por el ansia de paternidad, son atractivos y comprensibles. La figura del sacerdote esclavo, curiosamente, no sirve para hacer apología del cristianismo, sino todo lo contrario.

A un más que impresionante Gabriel Byrne como el earl Haraldson se une la pareja protagonista, Travis Fimmel y Clive Standen, que interpretan a los dos hermanos siempre al borde de la ruptura. Fimmel, que ya hizo de Tarzán en su día, se convierte ahora en un irónico y salvaje Ragnar que da más miedo que Conan en un día de cabreo.

Ahora que otras series de más renombre caen en el pesado bucle de perderse en el bosque, encontrar a otros personajes, seguir perdiéndose en otros bosques y encontrar a más personajes, Vikings ofrece una trama no demasiado complicada, con los subplots justos y, sobre todo, con una estructura narrativa envidiable. El sleeper de la temporada, The Americans aparte.

Solo la alucinación de Odín en los primeros minutos del primer episodio vale más que muchas horas de otras aventuras supuestamente medievales.



Aquí tienen ustedes unas cuantas presentaciones de esta monumental obra para elegir.

2013-04-27

IRON MAN 3



Las películas de superhéroes no pueden estar contando lo mismo todo el rato, y demasiadas veces me he quejado de que la estructura es siempre similar, sobre todo cuando por imperativo comercial y narrativo se pierde medio metraje contando el origen del héroe y otro medio contando el origen del villano. Si además le sumamos que la cosa tiene por narices que ser espectacular, que hay que contentar no solo al lector de tebeos (tan escaso) sino también al espectador de cine de personajes de tebeos (que no tienen por qué ser, y de hecho no lo son, la misma cosa), y al espectador ocasional (que es el que forma la mayoría y quien proporciona las pelas) nos topamos con el problema que hemos visto siempre en las "adaptaciones" a la pantalla. Todo es simple, veloz, algo increíble y en ocasiones sin pies ni cabeza. Muy difícil, con esos inconvenientes, hacer obras maestras para la historia del cine... a menos, claro, que te tomes al superhéroe en serio y entregues una película trascendente.

Pero los superhéroes, claro, no son trascendentes. O no lo fueron durante muchas décadas. Y cuando se acercaron a la realidad, y pretendieron ser adultos, acabaron en muchas ocasiones demostrando sus incongruencias de base. Hablo de los cómics. Pero también pasa en el cine.

La estrategia de trasvasar a la pantalla el sentido de cohesión del primer universo Marvel (ese que coordinó con sentido exquisito del tempo ese señor tan malvado al que todos los gafapastas odian, Stan Lee, el EDITOR de la cosa) se inició con Iron Man hace un buen puñado de años y se ha ido ramificando y extendiendo, lo sabemos, hasta encontrar su punto de inflexión en la película de Los Vengadores. Ahora empieza la segunda fase. Todos los personajes están presentados, habrá que esperar qué arco narrativo une cabos en la segunda entrega de los héroes más poderosos de la Tierra dentro de unos cuantos años, pero ya no vale perder el tiempo con presentaciones de personajes y antagonistas, ni contar la misma historia con disfraces diferentes. El reto ahora está en hacer algo distinto, o que lo parezca.

Por eso, en esta primera película post-Vengadores se agradece por una parte que se de por asimilado todo lo que ha sucedido antes, pero no se juegue al guiño y el cameo y la hipersaturación de referencias. Todo empezó con Iron Man y todo vuelve a empezar con Iron Man, y más que con Iron Man, con Robert Downey Jr., que hace perfectamente de Robert Downey Jr. metido dentro (es un decir) de un buen puñado de armaduras imposibles.

Le ha venido bien a la película el cambio de director (y es sintomático que el personaje de Happy quede excluido de toda la película), y sobre todo le ha venido bien el cambio de orientación. Una historia de navidad (¡en primavera!), con una voz en off que acerca en la entrada y la salida del film al personaje, una historia de derrota convertida en victoria, una buddy movie en ocasiones, el habitual chunda chunda y un acercamiento a James Bond que se agradece.

No hay más. Pero tampoco hay menos. La película explora el concepto de las armaduras de Iron Man como los tebeos nunca han sido capaces (cuántas veces, Carlos, hemos comentado que Tony Stark no necesita estar dentro de la lata), es tan de rabiosa actualidad que me extraña que no hayan retrasado su estreno tras los atentados de Boston, se saca de la manga una sorpresa de antología que nadie ve venir aunque las pistas son claras, juega a las conspiraciones y los sabios locos y justifica plenamente (quizá como una especie de reconocimiento a los servicios prestados) que veamos de continuo las caras de los personajes, sin cascos o máscaras: aquí Robert Downey Jr. se convierte en héroe de acción durante buena parte del metraje, sin necesidad de que sea sustituido por el muñeco animado. Y se agradece.

Sí, hay exceso pirotécnico al final (ríanse ustedes del caos espectacular del Tintín por captura de imagen). Pero es un cuento de navidad con caída y redención (¡Y con niño!), con milagro final pero sin moralinas. Y con mucho humor y diálogos noir muy divertidos. Y avanza la trama de estos personajes que un día fueron de papel.

¿Será la última película de Downey como Tony Stark/Iron Man? Según los contratos, sí. Pero los contratos pueden volver a redactarse. Y, en todo caso, ya hemos visto muchas veces en cine cambiar de actores sin que las franquicias se resientan.



Ya está disponible la versión en ebook de mi novela. Baratita y pinchando aquí.



Nadie daba un euro por ella. Yo mismo salí escopetado tras ver el primer episodio. La propuesta estética (mucha sangre, mucho sexo, mucha violencia y mucha parla) parece que todavía espanta a quienes siguen pensando que de la historia del gladiador tracio solo les vale la película de Stanley Kubrick, pero Spartacus, contra viento y marea, haciendo de tripas corazón, remontando la desaparición temprana de su intérprete, las condiciones presupuestarias que nunca han sido muy allá, tirando de serendipia y de honestidad ha acabado por convertirse en la serie más valiente, más interesante, más indescriptible y más sorpresiva de la televisión de los últimos años.

Un peplum a estas alturas. Desmadrado, con un habla imposible (ay de quien ose verla doblada) y unos personajes que son una delicia, tanto los buenos como los innumerables malvados que han ido asomando y palmando en las tres temporadas (y en la precuela) hasta desembocar en esta guerra de los condenados que terminó anoche.

Y terminó a lo grande, entregando lo que es quizás el mejor episodio de las cuatro temporadas (y eso que el inmediatamente anterior también tuvo lo suyo), rompiendo de manera descarada la contención del ludus que había sido su santo y seña durante la mitad de la historia y aprovechando las pantallas verdes para airear la trama y presentar unas batallas entre esclavos rebeldes y legiones romanas que no tienen nada que envidiar al cine de mucho mayor presupuesto y actores y directores de más renombre.

La temporada estaba condenada al final que ha tenido: así lo marca la historia y así la han ido contando, siendo fieles en lo posible a lo que se sabe de lo sucedido y añadiendo por el camino referentes cinematográficos (el inevitable "Yo soy Espartaco" sigue provocando escalofríos) y hasta shakespearianos (Shakespeare en esta serie es un guía ineludible), jugando con la frontera difusa que separa el bien y el mal, lo honesto de lo malvado: hemos visto a romanos muy malos pero cuando las tornas cambian hemos visto también la relajación de la moralidad en los esclavos (y no me refiero, claro, a las escenas de cama, abundantes y de agradecer).

El plantel de secundarios, desde Crixus a Saxa, pasando por ese improbable y cínico Julio César o el amoral y desclasado Gannicus, acaba por centrarse en los dos contendientes principales: Spartacus y Crassus, un romano noble pero cruel, ambicioso pero justo a su medida, la antítesis perfecta del esclavo rebelde porque en el fondo es su reflejo casi exacto.

La quiniela de quiénes vivirán y quiénes morirán, o cómo morirán, se mantiene hasta el final, hasta los últimos minutos, llenando de épica la última batalla. Y atentos a los títulos de crédito finales. Queda Spartacus como una serie redonda, perfecta, contenida en sí misma, donde los autores han contando lo que querían contar sin marear perdices ni alargar tramas, metiendo y sacando a los personajes cuando la narración los necesitaba: en ningún momento hemos visto que nada fuera seguro, y el gran goce de la visión de estos capítulos es comprobar la inteligencia de los guiones, cómo todavía puede contarse una historia sabida y hacerlo de sorpresa en sorpresa.

2013-04-09

SARITA SARITÍSIMA



No fue nunca una gran actriz ni una gran cantante. Pero fue una diva. Lo más parecido que hemos tenido jamás en España a las estrellas del couché y el glamour de otros cines foráneos, como un cruce a destiempo entre Jane Russell y Elizabeth Taylor. Guapa de pueblo, superviviente de la guerra civil, quiso ser rubia al principio y acabó siendo estereotipo racial, hasta en la copla que no era suya: niña bien o pecadora encarcelada, amante mora de Felipe el Hermoso casi inspirada en la Zoraida de El Guerrero del Antifaz, recatada por imperativo legal y, en su pase al cine americano, la protagonista secundaria de dos westerns apreciables, quizá lo único salvable de su carrera: Veracruz y Yuma, dos papeles parejos que la encumbraron y la condenaron a ser india o mexicana pero no pudieron atarla a una cinematografía que posiblemente le era ajena, problemas de idioma aparte.

Amiga y algo más de los republicanos en el exilio de México, sorprende que prefiriera el corsé de la España de la época a la libertad de las Américas, pero quizá prefirió ser aquí cabeza de león que cola de ratón allá el resto de su vida: el éxito de El último cuplé la convirtió en la pecadora oficial de nuestro cine, la transgresora, la señora que encandilaba a los señores al pasar, la hembra de rompe y rasga que vive un poco aparte de la sociedad, como vivió siempre ella. Fue una bomba a su aire y tuvo el mérito de serlo con elegancia, simplemente insinuando en las pantallas lo que se intuía en su vida privada, abundante en amores y en los lujos mallorquines que nos están vedados a la mayoría.

Se inventó un personaje y lo explotó hasta ayer mismo: de Sarita Montiel a Saritísima. Actriz, entonces. Si la hubiera escuchado cantar aquello de “Fumando espero”, Sigmund Freud no habría sido capaz de decir que a veces un puro es solamente un puro.





En traducir "The Singing Sword" por "La Espada que Canta"....



El viaje define a los personajes, como define, a veces, a las personas. El viajero que regresa no es ya el mismo que partió, porque lo que ha vivido y conocido, lo que ha padecido y disfrutado, lo observado y aprendido han hecho de él una persona distinta, más sabia en ocasiones, o más frustrada quizás, más cínica o más vieja.

El viaje compone buena parte de las aventuras de Príncipe Valiente, y la peripecia continua de sus servicios al rey Arturo y la búsqueda caballeresca de la aventura se multiplican desde el momento en que Val y sus acompañantes se convierten en habitantes de tres patrias: Camelot, las Islas de la Bruma, y Thule. La necesaria presencia de Aleta en el Mediterráneo, o de Val en Vikingshölm, o su situación como caballero de la Tabla Redonda del Rey Arturo permiten a Hal Foster alternar los tres escenarios y dar al viaje, ya sea por mar o por tierra, la necesaria presencia para dotar de vida al título y permitirle mostrarnos diferentes paisajes y diferentes culturas.

El viaje, se ha dicho más arriba, modifica al viajero, y si ya el regreso de América, el nacimiento de Arn y el servicio de Tillicum había alterado significativamente el statu quo del joven matrimonio entre la reina griega y el príncipe vikingo, es ahora Arf quien experimenta y sufre en propia carne la dureza de atravesar una Europa convulsa. Como con otros personajes anteriores y posteriores, Foster nos enseña una lección de humanidad: un lisiado no es menos hombre por serlo, y la salida de eliminar a Arf como escudero de Val (una función, la del joven aprendiz, que pronto recaerá por derecho propio en el Arn pre-adolescente, ahora que su madre tiene a las dos gemelas para entretenerse), le sirve al autor para jugar la pirueta pirandeliana de hacer que el muchacho cambie la espada por la pluma. El amor interviene (un amor adolescente que se recuperará muchos años más tarde), y Arf deja de ser un aprendiz de guerrero para convertirse en historiador y poeta. Y Foster, generoso siempre con sus personajes, le concede el honor de ser, en su ficción, el Cidi Hamete Benengeli de la biografía de Valiente, dándole el cargo de historiador oficial de la leyenda del Príncipe Valiente, cuyos supuestos pergaminos (y aquí vemos cómo funciona una rudimentaria imprenta de cera) son la base sobre la que se cimienta la historieta.

Sorprende, sobre todo a aquellos que hemos leído de corrido toda la larga saga de Prince Valiant, devorando en un par de años lo que tardó décadas en realizarse, el subterfugio del flashback donde, casi en la voz de Val, repasamos la emocionante historia de la reconquista de Thule y la caída de Aldelkrag. Pero, poniéndonos en el ritmo real de lectura de la serie, estas páginas “repetidas” se producen casi quince años más tarde que su publicación original. La excusa argumental es perfecta, en cualquier caso: Val relata a Arf y su familia el lance y los lectores conocen así aquella historia o, como mucho, igual que nosotros hoy, la recuerdan. Es un subterfugio que Foster utilizará en alguna ocasión más, y no cabe duda de que, además de su engarce con lo que está contando sobre los personajes, tiene un motivo en el mundo real: cinco o seis semanas que permiten al autor descansar (no olvidemos la edad que tiene aquí ya Foster) y sin duda documentarse para nuevas historias. Las semanas de repaso narrativo permiten que nuestro autor recupere el tiempo en otras cosas, y es posible que al ponerse al día necesite contar mucho en pocas viñetas, de ahí que la aventura de Boltar y Tillicum en el secuestro del pequeño Arn que cierra este libro esté en ocasiones algo saturada de texto.

¿Se equivoca quizá Foster en algún momento de este álbum? Cuando Val recibe la flecha en el cuello, su atacante justifica que lo ha confundido con el tirano Sigurd Holem. Sin embargo, más adelante vemos que a quien más se parece el tirano es a Rufus Regan, y en cualquier caso el juego de parecidos lo explota Val, siempre teatrero, al usurpar la personalidad bajo disfraz de Jarl Oder…

Foster adopta en estas páginas una tímida defensa del cristianismo frente al paganismo vikingo, reconociendo la importancia para la cultura y el fin de la barbarie del evangelio que el rey Aguar quiere que se predique en el norte. Y sin embargo, casualidad o no, la espectacular plancha donde Val ve el arco iris y los dioses paganos se publica la misma semana de Navidad...


2013-03-17

BANSHEE



"Ciudad pequeña, grandes secretos" es el lema de Banshee, la serie ¿policiaca? que ha terminado su primera temporada de diez capítulos estos días. Un producto que encarna a la perfección esa nueva televisión que asoma cada vez más a las pantallas de la tele por cable norteamericano y que componen, tomando del cine la violencia extrema y el sexo explícito una nueva forma de fidelizar al espectador que quizá esté harto de culebrones y realities dentro y fuera de las demás series al uso.

Banshee es un western moderno, como parece que se estila últimamente, porque el western en realidad no muere, sino que se camufla. Y como buen western camuflado aquí tenemos la historia de un ex-convicto que, por azares del destino (y la complicidad desvergonzada de los guionistas) asume la personalidad del nuevo sheriff del pueblo de Banshee, que ha tenido la desgracia de cruzarse en su camino y acabar fiambre (aunque no por culpa suya). Súmenle ustedes que Lucas Hood (que así se llama el sheriff cuya personalidad asume nuestro innombrado protagonista) cuenta con la ayuda de un experto informático algo psicópata y drag-queen, y un ex-boxeador negro que le respalda, para tenernos en vilo durante toda la temporada, en tanto la premisa está pillada con pinzas y la situación de Hood y los demás se complica porque Hood va buscando a su ex, con quien dio un golpe de muchos millones de dólares en joyas, y su ex es ahora una mujer honrada camuflada también en ese pueblito donde la comunidad amish vive a su bola, un ex-miembro de la comunidad amish (el mejor personaje de todos, por cierto) es al mismo tiempo el rico de la zona y además el jefe de la mafia local, y donde, para remate, el malo remalo, de extraño apellido Rabbitt, es el padre de la ex y ha jurado matar tanto a Hood como a su propia hija.

La premisa es algo extravagante y sin embargo funciona. Y funciona por el plantel de secundarios, porque cada capítulo es una voltereta sin red donde puede pasar de todo (aunque no pase), por la violencia extrema de las peleas a puñetazos y/o con todo lo que se tercie, y por las escenas de sexo subidas de tono, algo gratuitas en su mayoría, pero con ese agradable tono de transgresión que nos hace ver que estamos ante un producto distinto.

A la usanza de las pelis de éxito, cada capítulo tiene post-créditos una pequeña escenita de menos de un minuto que sirve para ampliar el cliffhanger o avecinar la trama.

Un soplo de aire fresco entre tanta serie repetida de psicópatas (léase The cult o The following) que sabemos que no van a ninguna parte.

Y Hood es, desde luego, un paisano de los que ya no se estilan.



preciados seguidores de la edición de “Príncipe Valiente” en blanco, negro y grises:
Ya está impreso y puede pedirse hoy mismo el nuevo volumen: “Príncipe Valiente: Los Hijos de Odín”, que es el octavo en la serie y el segundo publicado por La Imprenta de Uruguay (como todos saben, los primeros seis los publicó Manuel Caldas). El precio sigue siendo de 25 Euros, más gastos de correo certificado (6 Euros por un ejemplar, 8.50 por dos, 11.50 por tres, 13.50 por cuatro y 15 por cinco o seis). Puede pagarse por transferencia bancaria, Paypal, giro postal o Western Union.
El libro se envía desde Portugal, en donde se imprimió, por lo que los pagos por transferencia bancaria deben ir dirigidos a nombre de nuestro representante allá (representante y también responsable por la calidad de la edición), el Sr. Manuel Caldas (IBAN: PT50003506660003845690063; BIC/SWIFT: CGDIPTPL). Los giros postales deben de igual modo enderezarse a Manuel Caldas, al Apartado 222, 4490-909 Póvoa de Varzim, PORTUGAL. Para pagar con Paypal (de preferencia, hágalo como “personal”/“other”) , el email es a.costa.IMPRENTA@adinet.com.uy. O, si se prefiere, mcaldas59@sapo.pt. Cuando realice su pago, envío o transferencia, por favor comuníquelo a uno de los emails anteriores e informe de su dirección.
La única forma de pago que nunca tiene costes para el cliente es Paypal, así que si no tiene Paypal vale la pena buscar un amigo que lo tenga y pueda pagar por usted. Respecto a transferencias, hay bancos que no cobran nada dentro de Europa, otros que cobran un poco y otros (¡cuidado!) que cobran muchísimo.
Atención: para los primeros 100 pedidos hay un regalo: una cartulina de 63 cm de ancho con la viñeta (en blanco y negro) del armamiento de Val (página 103). ¡Sólo para los primeros 100 pedidos!
Otro regalo: en https://www.wetransfer.com/downloads/155a43e1a8f55d724f77bc7f5eac041320130313094425/7b688e se puede bajar, hasta el 27 de marzo, 4 planchas de “Príncipe Valiente” (728, 751, 765 y 809) en blanco y negro al tamaño en que las dibujó Foster (se trata de reproducciones de pruebas, no de reproducciones de los mismos originales).
Gracias y saludos.
¡Y viva el Príncipe Valiente (de Foster)!



Lo anuncian también para mayo.



4 tomos. A partir de mayo (je). Lo malo es que van a mezclar las diarias y las dominicales.



A partir del sábado santo.




La leyenda del Navegante, mi novela de fantasía renacentista, ya disponible en Sportula en edición digital.



El más golfo de la clase tiene alma de disc jockey o de poeta y, a escondidas, ha cultivado una extensa cultura de videoclub (de vídeo comunitario, si fuera de Cádiz) que le permite fagocitar todo lo aprendido por ósmosis y presentarlo con un sesgo nuevo. Lo hemos visto a lo largo de su cinematografía y lo vemos ahora en este Django Desencadenado (¿por qué no Django libre?), donde se aproxima sin ningún tipo de rubor, aunque quizá sin entenderlo plenamente, a eso que nosotros hemos dado en llamar spaghetti western, la deconstrucción entre el naturalismo y la caricatura del género cinematográfico por excelencia.

El spaghetti western, sobre todo cuando hizo (y lo hizo muchas veces) factor común con el gazpacho western, es decir, cuando se rodó en Almería y otros escenarios españoles, es un divertido subgénero sin pies ni cabeza, sin rigor histórico, con secundarios baratos que en ocasiones dieron el salto a la primera línea del star system y con otros figurantes que prestaban su experiencia teatral o televisiva (recordemos la larga lista de actores españoles, desde José Bódalo a Fernando Sancho), junto a unos guiones que a veces dan la impresión de haber sido improvisados más que extraídos de las novelas de a duro de la época.

Tarantino en el fondo se acerca solo tangencialmente a Sergio Leone: en ese sentido, la entrada de la película es muchísimo más pasada de rosca y surrealista en el Django original: un tipo que va por la vida arrastrando un ataúd, ahí queda eso, pero acepta el enclavar su historia en un mundo inexistente donde se mezcla ese western chusco con el otro subgénero, subgénero a su vez de la blackploitation, como es el mundo de las plantaciones y los mandingos. No parece que al director-guionista le interese ser fiel a la Historia (con mayúscula), aunque sí es cierto que, pese a lo que diga Spike Lee de su visión de la esclavitud y la negritud, hace una fuerte condena de la primera y no duda en plantar un personaje negro protagonista (más o menos) en medio de una situación imposible de la que, como no podía ser menos, sale airoso.

Jugando a traspasar el western el argumento de la primera parte de los Nibelungos, tenemos casi tres horas de aventura desproporcionada, grand guignolesca en ocasiones (aunque quizá no lo suficiente): una película episódica que remite levemente (o eso me pareció) al Huckleberry Finn y que podría haber sido perfectamente una miniserie televisiva con más tiempo para desarrollar los diversos escenarios. La violencia es exagerada como de costumbre, la sangre chorrea y corre a raudales y los personajes entran y salen, disparan y mueren a velocidad de vértigo.

Christoph Waltz sigue demostrando que es uno de los mejores actores del momento, y si añadimos el hecho de que es alemán y suelta (sin acento) larguísimas verborreas en inglés su mérito se acrecienta. Casi diría que es Waltz el protagonista de la película, porque si algo falla en el entramado (donde destacan también, para mi sorpresa, Samuel L. Jackson y un divertido Don Johnson; a Leo di Caprio le falta un punto de pasarse de rosca para estar perfecto) es precisamente el actor protagonista, Jaime Foxx, demasiado hierático, demasiado fuera del contexto: el papel, no lo olvidemos, fue escrito para Will Smith, que se descabalgó pronto.

Curiosamente, pese a la violencia, para acercarse al spaghetti western le falta el detalle del masoquismo: los héroes del subgénero se han caracterizado siempre por recibir enormes palizas y torturas de las que salen hechos papilla para después ejecutar sus venganzas. Aunque aquí se da esa tortura, parece como si Tarantino se cortara un poco (¿para poder acceder a otra calificación?), como también se corta al narrar en off la violación de Hildy y su prostitución y las peleas a muerte entre los mandingos: cualquier película de los setenta (¡y eran americanas!) era más heavy en ese sentido.

Donde Tarantino sigue dando una lección es en la elección de músicas, desde el leitmotiv de la película original al cierre a los acordes de Le llamaban Trinidad.

2013-01-19

LINCOLN



El Spielberg más lacónico para el presidente más icónico. Después de años de preparación, cambios de actor protagonista y refinamientos de guión, se nos presenta por fin no la biografía del asesinado dirigente norteamericano, sino los dos últimos meses de su vida y el vendaval político, social e histórico que supuso la aprobación de la decimo tercera enmienda de la Constitución norteamericana para abolir la esclavitud: es decir, el paso de cambiar una ley susceptible de ser modificada para cambiar la Constitución misma: eso que nuestros políticos, con nuestra propia Constitución, no se atreven a hacer aunque lo mismo ya toca.

Es una película de guión, casi una pieza teatral, y resulta admirable cómo el director lo comprende y se hace a un lado, dejando quieta la cámara y permitiendo que los actores interpreten su texto con esa sensación de intimidad que da la luz natural y la recreación naturalista de los interiores. La temática de la película, que podría resultar cansina a los no versados o interesados en la materia, consigue convertir una negociación política contra reloj casi en un thriller, tal es la maestría del guión, que alterna al mismo tiempo con sabrosísimas pinceladas sobre la vida íntima del presidente, su esposa y sus dos hijos. No se reconoce en los créditos y es evidente que el guionista Tony Kushner (que ya guionizó esa otra obra maestra, Munich) ha hecho los deberes y ha escarbado en cuanto libro y documento haya encontrado a lo largo de los muchos años que le ha llevado completar la tarea, pero sigo pensando que la novela homónima del gran Gore Vidal tiene mucho que ver con lo que se cuenta, con cómo se cuenta, y en la manera en que se producen las relaciones humanas en esta película.

Todos sabemos el final (o los finales) que tiene esta película, y sin embargo la escena de la votación en el Congreso dividido está narrada con pulso envidiable, como si fuera una película de juicios donde el espectador espera la resolución del jurado. Spielberg logra que no resulten confusos las negociaciones ni apaños que en poco menos de treinta días llevaron a la aprobación de la enmienda, ayudado por unos actores secundarios de sombrero que, además, se parecen enormemente a los personajes históricos. Impresionante la fisicidad que presta el siempre grande Daniel Day-Lewis al Honesto Abe, la carga del peso de su cuerpo, la tensión de sus manos, el paso... y la voz, aunque flaco favor le hace el doblaje a un actor que por su cuenta experimentó y ensayó hasta dar no solo con el acento que imaginó que debía de tener Lincoln, sino con el timbre de voz que sería preciso para hacerse oír en los discursos. Day-Lewis le presta además a su personaje la socarronería necesaria y, a la vez, la reflexión y el dolor. En algún lugar leí alguna vez que el asesinato de Lincoln fue, en cierto modo, el precio a pagar, una expiación casi aceptada y prevista por los horrores de la Guerra de Secesión, y eso se ve aquí, sin decirse, en la penúltima escena entre Lincoln y Grant.

Es una película política sobre la política, y nos desvela que la política es, antes que ninguna otra cosa, negociar y ceder. Alternando algunos momentos de comedia física (qué bien está James Spader), la reflexión de que hay que recurrir a triquiñuelas prácticamente inmorales para llevar adelante un deber moral se centra no solo en Lincoln (que en las escenas finales carga sobre sus espaldas la responsabilidad de seguir adelante con esa política cuanto menos dudosa), sino en el personaje que interpreta un inspiradísimo Tommy Lee Jones, el abolicionista radical que es, en el fondo, quien más cede en sus ideas, sabiendo que lo que se aprueba es poco, "pero suficiente". El animal político que encarna, desabrido al principio, apasionado después, se revela en su última escena en pantalla como un ser humano adelantado a su tiempo, atrapado por la sociedad en la que vive y guardador de un secreto que en su época, de puertas para afuera, habría sido inaceptable.

Sorprende además, hoy, ver cómo ha cambiado el partido republicano desde entonces.




'Nuff Said!



Anoche, con la pestiñá, dio comienzo oficiosamente el carnaval de Cádiz. Dentro de un rato, erizada y ostionada. Esta tarde, el concurso de agrupaciones del Falla. Y así hasta febrero.

Pueden ustedes ir comentando incidencias (yo, mientras tanto, sigo leyendo el libro de Juan Carlos Aragón, que no deja títere con cabeza).

2013-01-12

JACK REACHER



El western nunca ha muerto del todo, y películas como este Jack Reacher lo demuestran. Basta trastocar los caballos por autobuses y la eterna lucha entre vaqueros y ovejeros por empresas constructoras y mafias internacionales tras el crack de la burbuja para contar la misma historia de siempre con la convicción de que se está estrenando una franquicia que puede llegar muy lejos.

Basada en la serie de novelas del personaje (que no he tenido ocasión de leer, ni leeré, posiblemente), Tom Cruise arriesga las pelas para encarnar a un personaje que teóricamente debe ser un armario ropero, por tamaño y poderío físico, y sale absolutamente airoso de la prueba, entregando su buen hacer profesional y sacando partido de esa forma envidiable de envejecer que tiene. Cruise, aunque no nos guste reconocerlo porque somos así, ya no es el niñato insolente de Risky Business o Cóctel, y a su buen puñado de héroes de acción añade ahora este otro, un ex-policía militar que vive en pleno anarquismo de sí mismo, un desfacedor de entuertos o un justiciero que llega y se va como el jinete solitario que un día fue este mismo tipo de personaje. Se le añaden unas dotes detectivescas que rayan en lo paranormal, unas artes marciales que en todo momento parecen auténticas y no florituras con cables invisibles, y se conjuga todo con unos diálogos chispeantes, a medio camino entre los chascarrillos humorísticos y los comentarios cáusticos de los personajes fetiche de la novela negra, y tenemos, ya, un héroe para nuestro tiempo.

Imagino que en la adaptación de la novela y el personaje (no es ni siquiera la primera de las novelas de Jack Reacher) se habrán cuidado muy mucho de despiojar todo aquello que huela a machista, retrógrado y políticamente incorrecto. Por eso, pese a la tensión sexual entre los dos protagonistas, no hay ningún atisbo de relación sentimental ni romántica, los diálogos evitan meterse en honduras que puedan ofender a las minorías de hoy (no sabemos, como no supimos cuando vimos por primera vez a Dirty Harry cómo se interpretará la cosa dentro de veinte años), y la acción discurre bien dosificada, entre la investigación policial, la excelente presentación al mundo del personaje y las inevitables ensaladas finales de tiros y puñetazos que remiten, quizá, a la primera Arma Letal.

Hay buen cine en Jack Reacher, tanto por la estilización del guión (en un mundo completamente saturado de dramas policiales-judiciales televisivos es muy difícil innovar, y aquí se logra dar la sensación de tabula rasa) como en la sobria dirección que permite algunas escenas sobresalientes: todo el prólogo de la película, desde el asesinato del francotirador hasta la presentación de Jack es soberbio, contado sin palabras y en planos cortos que recuerdan a lo mejor del cine de los años setenta.

Jack Reacher es un nuevo superhéroe sin superpoderes increíbles. O quizá sí sean increíbles, pero el aura de superioridad mental y física del pequeño Tom Cruise nos lo hacen cercano y simpático, un paisano. Tras su personaje de Misión Imposible, Cruise puede haber encontrado su Harry el Sucio personal.




Es posible que no supiéramos dónde nos estábamos metiendo.

La idea del Bicentenario de la Constitución de 1812 sonaba desde hacía tiempo en todos los mentideros de la ciudad. Iba a ser la panacea, el momento que pondría de nuevo a Cádiz en el centro del mundo, como nos cuentan que fue un día. Habría actos culturales y actos políticos, habría exposiciones y conferencias y pasacalles y concursos, ensayos eruditos y también, si era posible, entretenimiento. Creíamos que tendríamos un segundo puente sobre la Bahía y que nuestras infraestructuras mejorarían para darnos el impulso definitivo de entrada en el siglo veintiuno. Qué se consiguió y qué se nos quedó en el charco de los papeles mojados es algo que no viene a cuento aquí y ahora: saque cada lector sus conclusiones propias.

A nadie, cierto, se le ocurrió hacer la gran película del Cádiz de aquellos años. Hubo novelas de autores de fuera y novelas de autores de dentro, se celebró en Carnaval y todo el mundo quiso colaborar de alguna forma, algunos desinteresada, otros, quizás, por colgarse la medalla.

Y entonces llegamos nosotros.

¿Cómo podríamos desde la humilde historieta, desde el tebeo de toda la vida, poner nuestro granito de arena para contar cómo fue el 12, qué supuso la Pepa para la vida y la historia de esta ciudad, para la historia que ahora celebraríamos doscientos años después?

Y por eso, una tarde, nos reunimos en la Casa Pemán e intercambiamos una lluvia de ideas. ¿Se editaba una revista conmemorativa donde cada dibujante diera su propia visión, o un serie de historias donde se contara más o menos qué fue aquello? Se propuso entonces la idea de hacer una serie de álbumes, tres por año. Y de la barra libre de cada autor para dar su visión, por aquello de no repetirnos, y también por no salirnos demasiado de madre, se decidió contar en esos doce libros una gradación dramática desde los inicios remotos de la situación histórica hasta el final de aquel sueño constitucional. Y yo, que pensaba colaborar si acaso en un par de álbumes, me vi de pronto en la labor de guionizarlos todos, para que la visión en conjunto compusiera una historia con principio y fin. Fritz, o sea, Ricardo Olivera, se quedaría con las funciones de director artístico y enlace con el puñado de dibujantes con quienes habría que contactar.

Tres álbumes por año, en los próximos cuatro años. ¿Cómo llamar a la criatura? ¿Doce álbumes para el 12? Y se decidió, en aquel momento, llamar a la serie 12 del Doce.

Eso fue hace cinco años, cuando el 2012 todavía parecía muy lejano. Teníamos tiempo de sobra.

Se pretendió, desde el principio, contar la historia a ras de calle, no desde los grandes hechos pomposos y los próceres con palabras esculpidas en piedra, sino de la gente normal, desde el pueblo llano, desde los gaditanos y gaditanas de entonces, nuestros tatarabuelos: cómo vivieron aquella invasión de liberales y diputados, de portugueses exiliados, de ingleses que de pronto dejaban de convertirse en el enemigo que había derrotado a la flota en Trafalgar para ser el aliado contra el todopoderoso Napoleón Bonaparte.

Y se pretendió, también, que los dibujantes fueran en lo posible autores de Cádiz, tanto de la provincia como de la ciudad, aunque fue inevitable recurrir (y fue un acierto) a algún autor de otros rincones de España: la calidad de su trabajo nos permitía hacer ese dispendio. Como el guionista de pronto se puso muy serio y muy sesudo, y como también era imposible no contar con Melchor Prat (Mel) como parte integrante del equipo, se decidió que los álbumes se complementaran con una página de tiras humorísticas, donde nuestro dibujante pondría a veces en solfa buena parte de la lección histórica y moral del álbum recién leído.

Pronto se hizo necesario un asesoramiento histórico, sobre todo para las peculiaridades del dibujo y la necesaria información gráfica a la que tendrían que recurrir los dibujantes. José Joaquín Rodríguez Moreno sería el encargado de esa tarea, y también de completar cada álbum con una serie de notas históricas que complementaran la narración y pudieran servir, a su vez, de guía didáctica de la época.

Mientras Fritz se dedicaba a contactar con dibujantes y ofrecerles la posibilidad de trabajar en los álbumes (álbumes que a veces estaban programados para tres o cuatro años más adelante), con un año de anticipación sobre el primero de los álbumes, yo empecé a leer toda la bibliografía sobre el tema a la que tuve acceso. No fue una tarea ingrata, pero sí agotadora: leer cada noche, aunque fuera en diagonal, textos y textos sobre un hecho histórico donde la palabra sustituyó a la acción y donde el debate fue más importante que el marco bélico donde, como en una burbuja, los diputados doceañistas redactaron su Constitución fue un esfuerzo.

Porque el principal problema de todo aquello fue que quisimos siempre hacer tebeos modernos. Tebeos que, antes que vehículos para la propaganda o la didáctica de la historia, fueran tebeos de hoy para los lectores de hoy. En ningún momento se quiso hacer tebeos históricos como habíamos leído y sufrido desde siempre: páginas y más páginas de personajes posando y textos al pie explicando los pormenores de la historia. Queríamos historias donde los personajes fueran identificables, cercanos, populares. Y queríamos que los dibujos y el color transmitieran la idea de que, en todo momento, estábamos haciendo cómics contemporáneos: por eso dos álbumes (casi tres) son mudos, por eso no hay sobreexplicación en textos de apoyo, por eso se pretende una disposición de páginas de no más de cuatro viñetas en horizontal en la mayoría de los libros.

Durante casi un año antes de empezar a guionizar, servidor de ustedes leyó y subrayó, buscando los elementos anecdóticos que pudieran rodear los álbumes de la imprescindible capa de peripecia necesaria: la huida de unos presos franceses de un pontón sugirió la historia de la barca de “Las cuevas de María Moco”; la epidemia de fiebre amarilla que obligó a los diputados a escapar de Isla de León (hoy San Fernando) e instalarse en el Oratorio de San Felipe Neri nos dio en bandeja el toma y daca entre el niño Muergo y el liberal Agustín Argüelles; el romanticismo que nacía y los muchos periódicos de la época inspiraron la pareja de enamorados de “Domingo de Piñata”; la hermosa idea del pueblo de Cádiz iluminando la playa con fogatas para socorrer a los barcos tras la batalla de Trafalgar y la inquietud de quienes oyeron el fragor de la batalla desde tierra fue el eje donde se vertebró “Trafalgar”, nuestro primer título.

Los doce álbumes, poco a poco, cuajaron como una especie de teatrillo donde los personajes asomarían de un libro a otro, a veces como protagonistas, a veces como meros transeúntes: ahora que la serie está terminada pueden ustedes ver cómo Teresita la Reina aparece varias veces, igual que Chano y Sebastián, nuestra pareja de pícaros cómicos, o María la panadera y su hija Pepa, y hasta en la escena del último álbum que rememora los fusilamientos de Torrijo veremos el destino final del gacetillero Ernesto.

Fue uno de los principales problemas logísticos de esta historia: que cada dibujante comprendiera su labor en el mosaico de los doce álbumes, que compondrían una vez leídos todos una suerte de “novela gráfica”, y que el parecido físico, siendo tan distintos a veces los estilos de los muchos artistas, permitiera reconocerlos de un álbum a otro.

Escribir un tebeo histórico puede ser más o menos fácil, pero dibujarlo no lo es. Sobre todo, sobre una época de la que hay tan poco material gráfico donde basarse. ¿Cómo era Cádiz en 1812? ¿Qué calles son todavía reconocibles y podrían servirnos de inspiración plástica? ¿Qué esquinas? ¿Qué plazas? ¿Cómo eran las farolas, los cafés, los periódicos? ¿Y la moda? Goya siempre vino a nuestro encuentro, y a veces incluso el cine de cartón piedra de Cifesa. Pero siempre nos queda el resquemor: ¿Eran correctos aquellos uniformes? ¿Esos pantalones y ese sombrero? ¿Qué queda hoy del cementerio de entonces? ¿Había lunas en los escaparates de las tiendas? ¿Y la bandera? ¿Era ya la rojigualda (sabemos que no), o no merecía la pena ser puntillosos e identificar a España por otra distinta?

Los dibujantes tuvieron que ir entregando primero su trabajo a lápiz, para que al menos tres pares de ojos más buscaran algún gazapo inevitable. Desde el magistral dibujado con aspecto de mago de El señor de los anillos, que hubo que cambiar cuando se encontró la imagen real del personaje, al jinete que montaba al revés, o el equívoco al dibujar a Fernando VII en lugar de Carlos IV. Anécdotas que pudieron ser corregidas a tiempo, entre risas a veces, con apuro otras.

Han sido cuatro años de trabajo. Muchas horas de lectura, muchos lápices afilados, muchas pinceladas de color. Está mal que lo digamos nosotros, pero el experimento no se había hecho nunca en ningún otro sitio. No de esta forma. No con tanta dedicación de tanta gente como ha colaborado. Ha sido un trabajo conjunto: dibujantes, guionista, coloristas, asesor histórico, coordinador. Cada uno ha sabido, casi siempre, dejar a un lado sus manías y sus egos y ponerse al servicio de lo importante: la historia y el tebeo.

Han pasado cinco años desde que empezamos y al vértigo del paso del tiempo se añade la tristeza por el punto final. Quedan tantas historias por contar de Cádiz y con los gaditanos… Ojalá que un día podamos iniciar otro proyecto similar. Y ojalá podamos ver los doce álbumes recopilados en un solo libro.

Nos queda dar las gracias a toda la gente que nos ha arropado con sus prólogos; a Enrique del Álamo, el primero que confió en nosotros; a José Luis Almozara, que nos sirvió de enlace y voz de la conciencia cuando había retrasos; a José Luis Romero, que tomó el testigo; a la Oficina del 12, al principio, y al Servicio de Publicaciones de la Diputación de Cádiz, que nos ha permitido rematar la faena a pesar de la crisis.

Y a los lectores anónimos que siempre nos preguntaban cuándo saldría un nuevo número.



2013-01-04

ALTERNIDADES


Nadie calculó las consecuencias que los viajes en el tiempo iban a tener en la memoria.



El penúltimo álbum de la serie se desarrolla en dos tiempos: la actualidad y 1813. Si entendemos que el último álbum, “El deseado”, es una especie de epílogo, éste sería en realidad el álbum que cierra nuestro teatrillo, y vemos cómo tras el final de la guerra y la marcha de las Cortes a Madrid nuestros personajes se marchan también o se quedan.

“Moreno” es el apellido que usaron en Cádiz, y me imagino que en más sitios, los esclavos negros liberados. Hay muchos “Morenos” apellidados en Cádiz y, mestizos de mestizos de mestizos, todavía conservan algunos rasgos negroides.

La historia funciona como doble parábola. Por un lado, tenemos a Bernabé, el esclavo que ya hemos visto siempre en segundo plano en otras historias, que tiene que acompañar por fuerza a su amo a América. Su amo es un diputado liberal que, aprobada la nueva Constitución, marcha a su tierra convencido de que las bases del futuro y la independencia están abiertas, como así fue en realidad.

Por otro lado, tenemos la historia de Mustafá, sosias contemporáneo de Bernabé. La historia abre y cierra con él, y casi podría ser una ensoñación. Mustafá, negro subsahariano, malvive vendiendo en los puestos callejeros: discos piratas, fundas de móviles, artesanía, relojes, lo que sea.

No te marco lo que debe aparecer en cada viñeta, ni cuántas viñetas componen cada página, para que puedas trabajar a tu gusto. Más o menos, cada punto y aparte sería una viñeta, pero puedes reelaborarlo como quieras. Los textos de apoyo y los bocadillos van indicados en recuadro. Me he explayado en los diálogos para seguir tu estilo y para que así puedas desarrollar las secuencias como mejor quieras.


PÁGINAS 1, 2, 3

En tres páginas, a tu gusto, vemos a MUSTAFÁ en su tenderete callejero. Cedés piratas, o fundas de móviles, una escultura africana tipo masai de esas de madera que parece que hacen en serie. Mustafá es joven, pero tiene el semblante triste. En algún momento de la historia, hacia el final, cuando recuperemos el presente, veremos que tiene las palmas de las manos llenas de cicatrices por haber saltado la reja de Ceuta o de Melilla.

La calle tendría que ser reconocible: la Plaza de las Flores, o la Calle Ancha, o cualquiera de esos rincones donde se coloca la venta ilegal.

En la primera viñeta, este bloque de texto.

CADIZ, 2012


Vemos que Mustafá no está solo: hay otros puestos en el suelo, como el suyo. La gente pasa, algunos curiosean, otros van a lo suyo y ni miran.

Uno de los otros negros se vuelve a mirar a un lado.

Y entonces da el grito de alarma:

VENDEDOR: ¡AGUA! ¡AGUA!

Velozmente, los vendedores recogen sus mercancías y echan a correr.

Los vemos tirando del cordel y recogiendo a toda prisa la venta. Alguna cosa cae al suelo, un negro tropieza. Una típica señora vieja increpa.

Vemos entonces que es la poli la que llega (buscar información de los uniformes de la policía local de Cádiz)

Los negros se dispersan, cada uno para su lado.

Nuestra cámara sigue a MUSTAFÁ, que corre como puede cargando con la escultura de madera masai (esto es un homenaje a Las calles de Arena, je).


Vemos en algún momento el terror absoluto en el rostro del muchacho: sabe que ser detenido es ser deportado. Es un sin papeles.


Mustafá corre, callejea, pierde parte de la mercancía.

Se esconde tras un contenedor de basura.

La policía pasa de largo.

Mustafá recoge sus cosas.

Mira el rótulo de la calle donde ha llegado. CALLEJÓN DE LOS NEGROS.

Agotado, se sienta en el zaguán de una casa, a cobijo.

En el suelo, se lleva las manos a la cara, angustiado.

Nos centramos en su rostro.

Y entonces enlazamos con el rostro de BERNABÉ, el otro negro de la historia, en el año 1813.

PÁGINAS 4-5


Bernabé va vestido de levita celeste, con una corbata de lazo blanco de encaje en el cuello. Es grande, agraciado, con el pelo rapado muy corto. A primera vista parece que llora, pero un alejamiento de la viñeta nos muestra que está lloviendo.

Bernabé, junto con su amo, don Carlos MANUEL de la Habana, y un puñado de burgueses elegantes y de luto, está asistiendo a un sepelio. Ojo, el cementerio de Cádiz, como los cementerios andaluces, son una serie de calles donde se entierra en nichos hacia arriba, no en el suelo. Como los restos de Mexía Lequerica, que es a quien se está enterrando, se perdieron, tampoco sabemos si se le enterró en algún pequeño mausoleo, aunque lo más probable es que no.

Bernabé, naturalmente, se mantiene en segundo plano. Hay un cura joven con una biblia en las manos y es don Carlos MANUEL, el amo de Bernabé, diputado americano, quien pronuncia las palabras del responso.


Mientras dos Carlos MANUEL va diciendo el respondo, la cámara puede ir deteniéndose en los participantes en el sepelio.


TEXTO: CÁDIZ, OCTUBRE DE 1813

DON CARLOS MANUEL: “TODO LO QUE NACE MUERE; TODO SE DISIPA Y DESAPARECE: SÓLO SUBSISTE LA VERDAD, QUE ES ETERNA”.


DON CARLOS MANUEL: SON LAS MISMAS PALABRAS DE DON JOSÉ MEXÍA LEQUERICA, ESPAÑOL DE INDIAS, COMO MUCHOS DE NOSOTROS, GADITANO DE DEVOCIÓN.


DON CARLOS MANUEL: UNO DE NUESTROS DIPUTADOS MÁS PRECLAROS. DEFENSOR DE LA LIBERTAD HASTA LA MUERTE.

DON CARLOS MANUEL: LA FIEBRE AMARILLA QUE VUELVE A ASOLARNOS NO ENTIENDE DE RAZONES. PERO PUEDE DON JOSÉ SENTIRSE SATISFECHO DE SU OBRA. ESPAÑA ESTÁ EN DEUDA CON ÉL. EL FUTURO TOMARÁ LA FORMA DE SUS SUEÑOS…

DON CARLOS MANUEL: DESCANSE EN PAZ.

Terminado el sepelio, mientras salen del cementerio, uno de los participantes se acerca a don Carlos. Tendríamos que poder ver que hay cierta diferencia de tez entre ambos, ya que don Carlos, al ser cubano, es más moreno de piel.

CABALLERO: ¿Y AHORA, DON CARLOS? ¿QUÉ SERÁ DE LAS CORTES AHORA?

DON CARLOS MANUEL: LA FIEBRE AMARILLA NOS TRAJO A CÁDIZ. LA FIEBRE AMARILLA NOS EXPULSA.


DON CARLOS MANUEL: TRISTE IRONÍA, QUE MEXÍA LEQUERICA, QUE TANTO DEFENDIÓ NO MARCHARNOS DE CÁDIZ CEDIENDO AL MIEDO, HAYA SUCUMBIDO ÉL MISMO A LA ENFERMEDAD…


DON CARLOS MANUEL: AHORA, EL GRUESO DE LOS DIPUTADOS MARCHARÁ DE LA ISLA DE LEÓN PARA CONTINUAR SU LABOR EN MADRID.

CABALLERO: NUEVOS TIEMPOS SE AVECINAN. ¿VUELVE USTED A LA HABANA?


DON CARLOS MANUEL: SÍ, DON FROILÁN, YA ES HORA DE VOLVER A CASA. HAY QUE SEGUIR TRABAJANDO POR LA CAUSA.


PÁGINA 6

Bernabé, el “Moreno” que da título a la historia, escucha la conversación mientras su amo y el caballero suben a un carruaje. Vemos que, aunque no dice nada, lo embarga una sensación de tristeza.

A pie, porque es un esclavo, o sentado en la parte trasera del carruaje, Bernabé sigue a su amo.

El carruaje se detiene ante una mansión.

Los dos caballeros, charlando de lo suyo, bajan.

Bernabé se queda solo en la calle, los hombros caídos.

Vemos entonces, en la esquina, asomar a la esclava negra Herminia. Herminia es bajita de altura, sobre todo comparada con Bernabé, que debe medir metro ochenta. Pero vemos que, desde los últimos álbumes donde ha aparecido de refilón, ha crecido: es más mujer, más bonita, algo más rotunda de formas. Si en los números anteriores podía tener catorce o quince años, ahora tiene un par más. Hay un claro tono de complicidad entre los dos esclavos.

Un cruce de miradas.

Bernabé se aleja de la puerta de la mansión y se reúne con Herminia en la esquina, donde no puede verlos nadie.

Sin ser demasiado expresivos en su expresión corporal (no se besan, por ejemplo, porque son esclavos y están en público), vemos que Bernabé y Herminia están enamorados.

HERMINIA: ¿QUÉ HA DICHO, BERNABÉ? ¿TE PASA ALGO?

BERNABÉ: NOS VAMOS, HERMINIA. NOS VAMOS DE CÁDIZ.

HERMINIA: ¿A LA ISLA, CON LOS OTROS DIPUTADOS? ¿A MADRID, COMO SE DICE?


PÁGINA 7


La conversación entre los dos esclavos enamorados sigue. Para “airearla” puedes dibujar la gente que pasea por la calle. Entre ellos, CHANO Y SEBASTIÁN (del álbum 6), que se desprenden del uniforme de la milicia con aire entristecido, porque se les acaba el chollo.


BERNABÉ: NO. NOS VOLVEMOS A LA HACIENDA. A CUBA

BERNABÉ: A CASA.

HERMINIA: A LA HABANA…

BERNABÉ: DON CARLOS MANUEL TIENE NEGOCIOS QUE DIRIGIR. Y LOS INTERESES DE LOS INDIANOS NO SON LOS DE LA POLÍTICA DE ESPAÑA.


Herminia empieza a llorar. En silencio, bajito, como una niña. En algún momento sería interesante que se posara una mano en el vientre apenas abultado, y que al final de la secuencia Bernabé coloque su mano sobre la mano en el vientre de ella: no lo van a decir en la conversación, pero debe quedar claro que ella está embarazada y que la separación de ambos tendrá consecuencias catastróficas para ambos.


HERMINIA: ¿QUÉ VA A SER DE MÍ AHORA, BERNABÉ? SI TÚ TE MARCHAS… SI NO TE VUELVO A VER…

HERMINIA: ME QUEDARÉ SOLA.

BERNABÉ: PERO LA SEÑORITA CLARA….

HERMINIA: YA NO ME QUIERE, BERNABÉ. YA NO ME NECESITA. SE MARCHA TAMBIÉN.


PÁGINA 8

La conversación entre los dos esclavos continúa. Es aquí donde tendríamos que terminar la escena con la mano de él sobre la mano sobre el vientre de ella.

HERMINIA: SE VA A SEVILLA. CON SU MARIDO. TODOS SE MARCHAN.

HERMINIA: YA NO ME NECESITA. ALLÍ TENDRÁ CRIADAS BLANCAS. ALLÍ INTENTARÁ SER FELIZ…

HERMINIA: Y YO… ¡AY, BERNABÉ! SI YA NO ME QUIEREN, SI YA NO LES SIRVO… ¿QUÉ SALIDA ME QUEDA, SINO LOS PROSTÍBULOS? NO SERÉ ESCLAVA, PERO SERÉ ALGO PEOR…

HERMINIA: ELLA NO ES FELIZ, ¿SABES?… Y LA FELICIDAD QUE NO TIENE TAMBIÉN SE LES NIEGA A TODOS NOSOTROS.


La acción cambia ahora a ERNESTO, el enamorado de CLARA, a quien ella dejó por casarse con un viejo rico, DON ATAÚLFO (álbum 8). Ernesto, a quien hemos visto juvenil y algo simplón, está ahora sentado en un café, demacrado, alcoholizado, despeinado, sin afeitar, con el lazo deshecho y una de las lentes de las gafas rota y sin reparar.

Vemos que Ernesto tiene en las manos unas cuantas cartas amarillentas, dobladas y gastadas una y mil veces. Son las cartas de amor que Clara le escribía y que ha conservado. Sobre la mesa, también, entre la botella caída y los vasos, podemos ver un ejemplar del periódico en el que Ernesto trabaja, EL CONCISO

Ernesto vuelve a repasar las cartas de amor. O, más bien, la carta de rechazo (siempre nos estamos refiriendo al tomo 8).

Las dobla.

Las guarda en el bolsillo de su chaleco, y vemos que, para sorpresa, tiene una pistola de chispa allí guardada. La idea tiene que ser doble: Ernesto está pensando en el suicido y, por otra parte, como es capaz de cualquier cosa, se está radicalizando en su postura, hasta convertirse en un liberal radical (en el último álbum veremos que lo fusilan junto a Torrijos en el famoso cuadro).


PÁGINA 9

Ernesto sale del café.

Camina por las calles. Debe dar la impresión de que las calles lo ahogan, que son muy estrechas, que es un ratón en una ratonera.

Se detiene ante la casa donde ahora vive Clara.

Por la puerta lateral, vemos que la esclavita Herminia entra en la casa.

Ernesto mira hacia una ventana abierta.

Desde dentro de la habitación, vemos a Clara en la ventana.

Clara cierra la ventana.

Parece que duda un momento.

Sale de la habitación, baja las escaleras.

Llega al salón de la casa, donde su padre, su anciano y orondo marido (ver documentación tomo 8) y su hermano EVARISTO están conversando. Los dos hombres mayores están sentados, el joven está de pie.


DON ATAÚLFO: LA ÚLTIMA PALABRA, EN CUALQUIER CASO, LA TIENE SU MAJESTAD.

PÁGINAS 10-11-12

La conversación ocupa unas tres páginas. Cada recuadro indicaría lo que dicen en cada viñeta, aunque puedes incluir viñetas de silencio. Hay veces que el recuadro indica dos textos, un personaje que habla y otro que responde.

Los tres caballeros hablan, fumando y tomando un coñac o un café. Clara se sienta en un lado, pero no participa en la conversación, que es cosa de hombres. Sin embargo, la “cámara” sí que se centra en ella un par de veces: cada vez que su marido, don Ataúlfo, expone su visión pragmática del mundo con una frase demoledora, echando por tierra los ideales románticos y liberales de su hermano… que alguna vez fueron también los suyos.

En algún momento de la conversación, para airearla, vemos que entra Herminia trayendo una bandejita con dulces y café.

Durante toda la conversación, vemos a don Ataúlfo como un tipo pagado de sí mismo, algo odioso. A don Evaristo padre como un hombre rendido a lo inevitable (entregar su fortuna y su destino a don Ataúlfo), y al joven Evaristo, siempre de pie, como un rebelde-pero-menos que se rebela contra su destino como consignatario naviero.


DON ATAÚLFO: DESDE CÁDIZ PUEDEN HABER PEDIDO LA LUNA, PERO LA CORTE ES OTRA COSA. MADRID ESTÁ MUY LEJOS. Y NO SOLO EN LOS MAPAS.


DON ATAÚLFO: CÁDIZ NO TIENE LA VOZ DE ESPAÑA. NO ES TODA ESPAÑA, AUNQUE ASI SE NOS ANTOJARA.

EVARISTO: CON MIS RESPETOS, DON ATAÚLFO, PERO LA HISTORIA SÓLO CAMINA HACIA ADELANTE. EL FUTURO QUE LA CONSTITUCIÓN HA…


DON ATAÚLFO: EL FUTURO NO LO CONOCE NADIE, DON EVARISTO. Y LOS JÓVENES MENOS QUE NADIE.


DON ATAÚLFO: ES BONITO SOÑAR, NO LE QUEPA DUDA. PERO LUEGO LA REALIDAD ES SIEMPRE DISTINTA.


DON ATAÚLFO: DURANTE TODOS LOS AÑOS DEL ASEDIO HEMOS VIVIDO COMO DULCES DETRÁS DE UN CRISTAL, CREYENDO QUE CÁDIZ ERA EL MUNDO.

EVARISTO: ¿Y ACASO NO LO ERA?


DON ATAÚLFO: ES POSIBLE. PERO LO QUE UNOS CUANTOS ILUSTRADOS HAYAN PENSADO EN ESAS LARGAS SESIONES EN EL ORATORIO NO TIENE POR QUÉ SER LO QUE MÁS CONVENGA A ESPAÑA.



EVARISTO PADRE: ¿PRECONIZA USTED ENTONCES UNA VUELTA ATRÁS?

DON ATAÚLFO: ¡DIOS ME LIBRE! ¡NO, POR FAVOR! SÓLO SI PUDIERA VOLVER A SER JOVEN, YA ME ENTIENDE USTED, JA, JA.


Aquí sí podría verse, tras esa línea de diálogo del viejo gordo, a Clara, que baja la cabeza y se mira el regazo.


DON ATAÚLFO: PERO LA VIDA SÓLO CAMINA HACIA ADELANTE, COMO USTED BIEN DICE, JOVEN…

DON ATAÚLFO: AUNQUE A VECES SÍ SE PUEDA ENMENDAR LOS ERRORES DEL PASADO.

EVARISTO: SERÁ SU MAJESTAD QUIEN DECIDA, ESTOY SEGURO. Y PARA BIEN.

EVARISTO PADRE: ESA ES LA PARADOJA, DON ATAÚLFO. HEMOS VIVIDO EN UNA BURBUJA DURANTE LA GUERRA Y EL ASEDIO… Y HEMOS VIVIDO BIEN.


EVARISTO PADRE: NUESTROS NEGOCIOS HAN FLORECIDO. Y, GRACIAS AL ENLACE ENTRE NUESTRAS FAMILIAS, GRACIAS A USTED, HAN MEJORADO. FALTA POR VER QUÉ SERÁ DE CÁDIZ AHORA.

DON ATAÚLFO: SI SE ABREN OTROS PUERTOS AL COMERCIO…

EVARISTO PADRE: HABREMOS DADO LA LIBERTAD A LAS AMÉRICAS A CAMBIO DE LA PÉRDIDA DE NUESTRA PROSPERIDAD.


Otra vez la alusión a lo que ha renunciado Clara es evidente.


EVARISTO PADRE: ME TEMO, HIJO MÍO, QUE VENDRÁN TIEMPOS DIFÍCILES PARA NUESTRA COMPAÑÍA.

EVARISTO: SABE USTED, PADRE, QUE YO NO…

EVARISTO PADRE: ¿OTRA VEZ CON LO MISMO, EVARISTO? DE NIÑO QUISISTE SIEMPRE SER MARINO. LUEGO, MILITAR, PESE A TU DESTINO COMO COMERCIANTE. Y AHORA…

EVARISTO: AHORA SÉ QUE QUIERO SER MÉDICO, PADRE. Y LO SERÉ. NO ME FALTARÁ TRABAJO. NO PASARÉ HAMBRE.


EVARISTO: EN LA GUERRA HE VISTO LO QUE ES LA MUERTE Y EL DOLOR. SÉ QUE EL SOCORRO DE UN MÉDICO ALIVIA TANTO COMO EL CONSUELO DE UN SACERDOTE.


EVARISTO: NO TENGO ALMA DE CURA, PERO HE APRENDIDO A SUTURAR HERIDAS…

EVARISTO PADRE: YA SENTARÁS LA CABEZA, HIJO MÍO. YA CAMBIARÁS DE IDEA.


EVARISTO: NO CAMBIARÉ, PADRE. ESTUDIARÉ MEDICINA.


EVARISTO PADRE: ¿Y QUIÉN LLEVARÁ LAS RIENDAS DE LA EMPRESA CUANDO YO FALTE?

EVARISTO: DON ATAÚLFO PODRÁ HACERLO. O LA MISMA CLARA. O LOS HIJOS QUE ELLOS TENGAN.

Evaristo no entiende el efecto que la alusión a la maternidad y el sexo con un viejo provocan en su hermana.


EVARISTO: SÉ MÁS DE SANGRES QUE DE CUENTAS, PADRE…

EVARISTO: SI EL FUTURO DEL COMERCIO PINTA TAN NEGRO COMO DICES, MÁS NOS VALE ENCONTRAR UNA ALTERNATIVA QUE NO DEPENDA DE LOS ARANCELES Y LAS AMÉRICAS…


Evaristo sale de la casa, algo airado, se pone el sombrero.

En la calle lo espera CHANO RODRÍGUEZ, el antiguo criado y guerrillero del álbum 7. Chano sigue siendo un mocetón enorme, pero ahora tiene más cicatrices y, si se puede mostrar sin que use bastoncillo, renquea.

CHANO RODRÍGUEZ: ¿Y BIEN, SEÑORITO EVARISTO?

EVARISTO: TOZUDO, CHANO. TAN TOZUDO MI PADRE COMO SERVIL EL MARIDO DE MI HERMANA…


PÁGINAS 13-14

Las dos páginas siguientes son la conversación entre el amo y el antiguo criado mientras caminan por las calles. Alguna de ellas tendría que ser reconocible (se enviará documentación). Aunque la conversación parece muy seria y muy trascendente, los dos amigos sonríen y sólo en los momentos de aparte de Chano Rodríguez vemos la tristeza y la tragedia del mundo que termina.


EVARISTO:PERO YO SERÉ MÉDICO.


CHANO RODRÍGUEZ: Y SERÁ USTED UN BUEN MÉDICO. COMO HA SIDO UN BUEN SOLDADO. BIEN LO SABE ESTA PIERNA MÍA… SI NO ES POR USTED, NO LO CUENTO.

En la calle, vemos carruajes con equipaje en lo alto, gente que se despide entre pañuelos y abrazos. Los diputados se marchan, los militares también.

Evaristo se queda mirando el carruaje, la calle solitaria.


EVARISTO: TODOS SE VAN… SIN LAS CORTES, CÁDIZ VUELVE A SER UNA CIUDAD PEQUEÑA. UNA ISLA.


EVARISTO:¿QUÉ HARÁS TÚ, CHANO? ¿TE VUELVES A CHICLANA?


CHANO RODRÍGUEZ:¿QUIÉN ME QUEDA EN CHICLANA, SEÑORITO EVARISTO? SÓLO MUERTOS…

CHANO RODRÍGUEZ: YA NÁ MÁS QUE SÉ DE GUERRAS… NO DE CAMPOS.

CHANO RODRÍGUEZ: EN CHICLANA ME ESPERA EL HAMBRE.


EVARISTO: PUEDES QUEDARTE AQUÍ CONMIGO, A MI SERVICIO. COMO CUANDO ÉRAMOS NIÑOS.

CHANO RODRÍGUEZ: ¿UN CRIADO COJO, SEÑORITO EVARISTO? ¿DÓNDE SE HA VISTO?


CHANO RODRÍGUEZ: MUCHOS DE MI CUADRILLA SE HAN QUEDAO EN EL MONTE. VUELVEN A SER LO QUE ERAN ANTES DEL FRANCÉS: BANDOLEROS.

EVARISTO: ¿VAS A ECHARTE AL MONTE TÚ TAMBIÉN? ES UNA VIDA PELIGROSA.

CHANO RODRÍGUEZ: YA ESTOY HARTO DE MUERTES, SEÑORITO EVARISTO. LA SANGRE LLAMA A LA SANGRE, Y YO YA HE DERRAMAO SUFICIENTE.


En la calle donde están, como casi desde cualquier calle de Cádiz, al fondo, puede verse la línea el mar y los palos de los barcos.


CHANO RODRÍGUEZ: DICEN QUE EN UNAS SEMANAS ZARPARÁ UN BARCO PA CUBA. SI PUDIERA ENCONTRAR PASAJE... ALLÍ SÍ QUE PODRÍA EMPEZAR DE NUEVO.


EVARISTO: CHANO, A VECES PARECES TONTO, MI BUEN AMIGO. ¿QUÉ COMPAÑÍA CREES QUE ES LA PROPIETARIA DE ESE BARCO?


Chano Rodríguez se vuelve a mirar a su amo y sonríe.

Los dos se alejan hacia el muelle.


PÁGINAS 15-16


Teresita la Reina, la prota del álbum 3, que también ha asomado en otras historias, toma ahora el relevo de la historia. Habla a la cámara, como si el tebeo fuera de pronto una obrita de teatro. Es lo que hacía en el álbum 3, “Con las bombas que tiran”. La diferencia es que aquí, en realidad, no se está dirigiendo al lector, sino al maromo que está acostado en la cama.

Teresita es una prostituta guapa del momento. Y, como en aquel álbum, la vemos que se está vistiendo después de haber hecho un servicio.

Sólo al final del monólogo veremos que está hablando con un cliente que, bigotudo y viril (podría ser un oficial del ejército), está fumando en la cama mientras la ve vestirse, aquello que decía Paco Umbral de que cuando mejor se observa el cuerpo de una mujer es después del coito, sin deseo.

Teresita se va vistiendo, se va maquillando, se va emperifollando, y al final de la escena vemos que en la puerta tiene hechas las maletas.

SE ACABÓ EL CARBÓN, QUIÉN LO IBA A DECIR.


PERO VAMOS, QUE YA TOCABA, ¿NO?

QUE UNA YA ESTÁ JARTA, PERO QUE MU JARTA DE GUERRAS Y DE FIEBRE AMARILLA.

ANDA QUE NO HE PERDÍO YO CLIENTES CON LA FIEBRE AMARILLA.

PERO MIRA, HAY QUE SEGUIR BUSCÁNDOSE LA VIDA, ¿A QUE SÍ? MIENTRAS EL CUERPO AGUANTE, Y EL MÍO VAYA SI AGUANTA.


AQUÍ YA NO HAY NEGOCIO. SE VEÍA VENIR.

SI EL DINERO SE VA, NOS TENDREMOS QUE IR TAMBIÉN LAS PUTAS.

A CUBA, QUERÍA LA DUEÑA QUE ME FUERA. NI LOCA. VAMOS, LO QUE ME FALTABA, A HACERLE LA COMPETENCIA A LAS MULATAS.


YO ME VOY A MADRID, CON UN DIPUTADO QUE ME TRATA COMO UNA REINA Y ME VA A PONER CASA Y TODO.

COMO UNA SEÑORA, EN LA VILLA Y CORTE. AL TEATRO, A LOS CONCIERTOS, Y SIN TENER QUE CAMBIAR DE JINETE CADA NOCHE.

PERO TÚ NO TE OLVIDES DE VENIR A BUSCARME CUANDO QUIERAS, CORAZÓN.

UN BESO.

Cambiamos de escena, para despedirnos también de los últimos personajes que nos quedan de nuestro teatrillo. En una sola viñeta, que me gustaría que fuera apaisada para ocupar toda la parte inferior de la página, vemos una casita de campo, con una acequia al lado, un par de árboles, un corralito, lo que sea.

Un muchachito rubio y alto, desnudo de medio cuerpo para arriba, con pantalón blanco, está secándose el sudor del trabajo, feliz. Tiene un hacha clavada en el suelo. Una muchachita morena, embarazada, le está reprendiendo amablemente (puede tener en la mano una patata). Sentada detrás, en la puerta de la casita, una mujer algo mayor, que cose algo para el futuro niño que nazca. Son los tres personajes protagonistas del primer álbum de la serie, Trafalgar, siete años más tarde. La mujer que cose es María, el jovencito rubio es el oficial inglés, William Foster, y la muchachita morena es Pepa, que ya no es una niña como entonces (los personajes se reencontraron en el álbum 10, Viva la Pepa).


PEPA: NO, NO, WILLIAM. THIS IS NOT POTATO, ESTO SE LLAMA “PAPA”.


PÁGINAS 17- 18-19

Un par de viñetitas para mostrar que han pasado un par de semanas: pajaritos volando, banderas al viento, flores en los árboles.

Vemos el muelle, y un barco que espera para zarpar. Hay gente que sube al barco, otros que se despiden.

Bernabé, el esclavo negro, termina de subir los bultos del equipaje de su señor.

Vemos que Chano Rodríguez sube al barco también, tras despedirse del joven señorito Evaristo.

En el muelle queda sola la esclavita Herminia, llorosa y muda.

Un juego de miradas entre ella y Bernabé, que la mira desde la borda del barco.

El barco suelta amarras, larga el trapo.

Y Herminia se va quedando lejos, en tierra, cada vez más pequeña.

El barco se interna en la bahía.

En la borda del barco, Bernabé y su amo don Carlos Manuel. Contraste absoluto entre uno y otro: Bernabé sujeta las jarcias, cabizbajo, tristón. Don Carlos Manuel con la cabeza alta, aspirando el aire salado y el viento.


DON CARLOS MANUEL: ¡AH, POR FIN A CASA! ¡CASI ME PARECE OLER YA EL TABACO Y LA CAÑA!


Es entonces, por primera vez, cuando don Carlos Manuel se da cuenta del estado de melancolía de su esclavo.


DON CARLOS MANUEL: ¿A QUÉ VIENE ESA CARA, BERNABÉ? ¿ES QUE ACASO NO TE ALEGRAS DE VOLVER A LA HACIENDA?


BERNABÉ: USTED SE VA DE AQUÍ CON LA ILUSIÓN DE HABER HECHO UN MUNDO NUEVO, DON CARLOS. PERO YO… YO VUELVO AL MISMO MUNDO DE SIEMPRE.


BERNABÉ: HAN ESCRITO USTEDES LEYES MÁS JUSTAS. HAN ABOLIDO EL SANTO OFICIO Y DECLARADO LA LIBERTAD DE IMPRENTA.


BERNABÉ: PERO YO SIGO SIENDO ESCLAVO. Y LO SERÉ HASTA QUE ME MUERA.


DON CARLOS MANUEL: NO SE PUDO CONSEGUIR, BERNABÉ… DIOS SABE QUE INTENTAMOS ABOLIR LA ESCLAVITUD CON TODAS NUESTRAS FUERZAS.


BERNABÉ: A VECES CON INTENTARLO NO BASTA, DON CARLOS.


Un cruce de miradas entre el amo y el esclavo.

Don Carlos María se da media vuelta, bruscamente.

Baja a su camarote.

Bernabé continúa junto a las jarcias contemplando la tierra que queda atrás.


Don Carlos Manuel aparece de pronto tras él. Trae unos papeles en la mano, y una pequeña cartera de cuero.


DON CARLOS MANUEL: TIENES RAZÓN, BERNABÉ.

DON CARLOS MANUEL: NO HACEN FALTA LEYES QUE ME OBLIGUEN A RECONOCER QUE ERES MI IGUAL. QUE ERES UN HOMBRE.


DON CARLOS MANUEL: ES TU CARTA DE LIBERTAD. YA ME LAS APAÑARÉ YO CON MI PADRE.

DON CARLOS MANUEL: MANDARÉ ARRIAR UN BOTE SI ES EN CADIZ DONDE QUIERES QUEDARTE…

El ex esclavo coge emocionado los papeles, la carpetita de cuero.

Se los guarda dentro de la camisa.

BERNABÉ: PUEDO NADAR MÁS RÁPIDO QUE CIEN MIL BOTES. ¡VUELVA USTED A LA HACIENDA, DON CARLOS! ¡YO FORMARÉ AQUÍ MI CASA!


Bernabé se zambulle desde el barco. Podemos ver entre la gente que lo ve a Chano Rodríguez.

Nada.

Con brazadas poderosas, pronto vuelve al muelle.

En el camino, se cruza con una barquita de pescadores donde los ínclitos CHANO Y SEBASTIÁN, nuestro gordo y el flaco, se forman un lío con las redes.

CHANO: ¿TÚ QUIERE QUE YO TE DIGA MI VERDÁ, COMPARE? QUE ESTO DE LA PESCA NO VA A SER LO NUESTRO TAMPOCO.

SEBASTIÁN: ¡DIGO! CON ER PEPE BOTELLA SE VIVÍA MEJÓN. ESE SÍ QUE ERA UN CABALLERO…


Bernabé llega a la orilla.

Sale del agua.

Herminia lo ve regresar y sonríe.

Bernabé sonríe también. Vemos en el primer plano de su rostro el brillo de sus dientes y de las gotas de agua.



PÁGINA 20

Volvemos entonces al presente. Mustafá despierta de su ensoñación. Lo que en Bernabé son gotas de agua son en él gotas de sudor.

Mustafá recoge una vez más su petate, la estatua, la manta.

Sale del portal, a la calle.

Vuelve a buscar un sitio donde plantar su mercadillo, en la Alameda, delante del mar.

En la bahía, en una viñeta más grande, alargada. vemos a los dobles contemporáneos de Chano y Sebastián, pero ahora van vestidos de uniforme de aduanas y su barca es una patrullera que vigila las costas.



END.




Con ocasión de su septuagésimo cumpleaños, Jack Kirby fue entrevistado por teléfono en la emisora de radio neoyorquina WBAL. Después de que el periodista le preguntara por el trabajo como parte de la aparentemente ferviente y alegre era bullpen de la “Merry Marvel Merchandising Society”, Kirby respondió llanamente:

—No me parecía alegre. En aquellos días, era algo profesional, contabas tus ideas y recibías tu salario y te las llevabas a casa. Era una cuestión muy simple. No es nada que pudiera dramatizarse, o glorificarse, o glamurizarse en ningún aspecto… Yo creaba la situación, y la analizaba, la hacía viñeta a viñeta, y lo hacía todo menos poner las palabras en los bocadillos.

Pero Jack, dijo el entrevistador, ¿y esas legendarias reuniones con Stan y contigo que animaban la oficina?

—No era así —dijo Kirby—. Puede que fuera así después de que yo cerrara la puerta y me marchara a casa.

Y entonces el presentador del programa introdujo la llamada de un invitado sorpresa: Stan Lee.

—¡Quiero desearle a Jack feliz cumpleaños! —la voz familiar resonó por las ondas—. ¡Es una enorme coincidencia, estoy en Nueva York y acabo de poner la radio y aquí te encuentro, hablando de Marvel, y me he dicho que bien podría llamarte y no dejar pasar la ocasión sin desearte muchas, muchas felicidades, Jack!

Kirby respondió al momento.

—Bueno, Stanley, quiero darte las gracias por llamar, y espero que estés bien de salud, bien de salud.

Lee alabó el trabajo de Kirby.

—Nadie podía mostrar la emoción y el drama como tú lo hacías.

—Bueno, gracias por ayudarme a mantener ese estilo, y ayudarme a evolucionarlo –dijo Kirby—. Nunca lo lamenté, Stanley. Fue una gran experiencia para mí.

Y entonces, después de cinco años sin hablarse, Kirby le dijo a Lee que lo respetaba.

Después de diez minutos más de recuerdos y piropos, Stan dejó caer esto:

—Y déjame que lo diga: cada palabra de diálogo de esos guiones era mía.

Risas incómodas en el estudio.

—Cada historia.

KIRBY: Puedo decirte que yo escribí unas cuantas líneas sobre cada viñeta.

LEE: ¡No se publicaron en los libros! Jack no está equivocado según su propia versión, porque, respóndeme sinceramente…

KIRBY: No me permitían escribir….

LEE: ¿Te leíste alguna vez alguna de las historias después de que estuviera terminada? ¡Me parece que no! Creo que no has leído ninguna de mis historias. Creo que siempre estabas ocupado dibujando la siguiente. Nunca leíste los tebeos cuando estuvieron terminados…

KIRBY: … mis propios diálogos, Stanley. Y creo que así es la gente. No importa qué estuviera escrito, era la acción lo que me interesaba.

LEE: Lo sé, y mira, Jack, nadie siente más respeto por ti que yo, y lo sabes, pero creo que nunca consideraste que el diálogo fuera muy importante. Y creo que considerabas que cualquiera puede hacer los diálogos, es lo que yo estoy dibujando lo que importa. Y tal vez tengas razón, no estoy de acuerdo con eso, pero tal vez tengas razón.

KIRBY: Solo intento decir que creo que el ser humano es muy importante. Si un hombre escribe y dibuja y hace una serie, debería proceder de un individuo. Creo que deberías tener la oportunidad de hacerlo todo solo.

Cuando se le pidió que se despidieran, Lee lo hizo primero:

—Jack ha dejado una marca tremenda en la cultura americana, si no en la cultura mundial, y creo que debería estar increíblemente orgulloso y satisfecho de sí mismo, y quiero desearle todo lo mejor, a él y a su esposa Roz, y a su familia, y espero que dentro de diez años yo pueda estar en alguna ciudad en alguna parte, escuchando un tributo a su octogésimo cumpleaños, y espero tener la oportunidad de llamar de nuevo y desearle lo mejor también. Jack, te quiero.

—Bueno, lo mismo digo, Stan —dijo Kirby—. Pero… uh… uh… sí. Muchas gracias, Stan.

Silencio, durante un momento.

—Warren, ¿estás ahí? —le preguntó Kirby al co-presentador—. Uh… ahora puedes comprender cómo era entonces.


(De Marvel Comics: The Untold Story, de Sean Howe)

2012-12-27

LOS MISERABLES



El teatro, como la historieta, se nutre de la síntesis. El cine también, pero utiliza otras herramientas y emplea de otra manera la elipsis. Por eso, tradicionalmente el problema que han tenido las obras teatrales al ser traspasadas a la pantalla, mayormente a la grande, es la necesidad de airearlas, de salir del espacio constreñido del proscenio, de que los personajes se muevan y anden y ocupen lugares distintos.

En Los Miserables encontramos cómo un medio, el cinematográfico, adapta y adopta otro medio, el teatral en su vertiente musical, y necesita idear un sistema narrativo que permita al mismo tiempo respetar la intimidad de unos personajes que se expresan a través de monólogos cantados en su mayor parte y por otro mostrar a esos personajes en unos entornos que alternen los exteriores con los interiores.

La película, queda dicho entonces, no adapta la novela, sino la adaptación bastante cribada ya de la colosal obra de Victor Hugo. Y si, en teatro, el espectador acepta que pasen veinte años en tres horas y goza y disfruta de los cambios de ambiente y la velocidad de la trama, en cine a veces esa velocidad hace que, paradójicamente, la película avance con lentitud. Enormemente fiel al libreto original (con la sola inclusión de una quizá innecesaria canción nueva, pero así se opta a un Oscar que de otra manera quedaría vedado), la película de Tom Hooper (un director que, pese a haber sido galardonado con un premio de la Academia viene de la televisión, y mucho se le nota), calca la narrativa teatral, pasando sin apenas transición de un tema cantado al siguiente, anunciando en ocasiones la fecha en que ocurren las diferentes acciones y poco más. Se echa en falta, o al menos lo eché yo, momentos de pausa dramática entre un tema y otro, música sin canciones, planos generales (establishing shots, que les dicen) que ayuden a fluir la acción y separar los tiempos: pero eso, claro, nos habría llevado a una película de cuatro horas.

Así, lo que en teatro se acepta con gusto porque el espectador va a hacerse engañar y a disfrutar como un cómplice del juego escénico, queda en pantalla apresurado o desdibujado: esto se nota especialmente en la relación amorosa a tres entre Marius, Éponine y Cosette, cuya historia de amor-desamor y flechazo no tienen la suficiente garra y acaba por resultar un poco increíble, precisamente porque en pantalla necesita un tiempo de exposición que la narrativa cinematográfica no le permite.

La película es "bonita", en tanto el material del que parte, tanto la novela como la obra teatral, son sobresalientes, y el trabajo de los actores es de sombrero. Flojea, ya digo, la dirección, donde unos CGI algo increíbles alteran con un abuso de primeros planos y una escena en las barricadas que suena a estudio. Curiosamente, en la versión teatral de la película es este momento de magia cuando el escenario consigue no parecerlo y el espectador entra en el juego de creer que, en efecto, está en una calle cualquiera del París en revolución.

Hooper rueda las canciones de Los Miserables con música en vivo a la que luego se añade la orquestación: las voces que escuchamos son las voces de los actores, lo que les permite expresar matices que de otro modo se perderían. Sin embargo, en contraste al plano general continuo que es la experiencia teatral, esta búsqueda de la intimidad obliga a rodar "de cerca", casi en permanente primer plano, para apreciar esos matices (Hugh Jackman o Anne Hathaway expresan tanto dolor en sus gestos como en sus voces), pero corre el riesgo de ser algo cansino. Es precisamente en el personaje que sale peor parado de la adaptación, Javert, interpretado por un tanto mecánico y desangelado Russel Crowe, donde el director se permite planos generales y tomas de vértigo espectaculares que restan fuerza, me parece, al caos interior del personaje.

Son Jackman y Hathaway los que más se entregan a sus papeles respectivos, y si hace semanas que se da por hecho que ella copará el Oscar a la mejor actriz secundaria de este año, a falta de ver a Daniel Day Lewis como Lincoln, Jackman se postula como un claro favorito. Es cierto que su voz no tiene la voz de tenor con la que la versión teatral nos ha presentado a Valjean, pero lo suple con creces con su entrega y su labor actoral. Ninguno de los actores, por bien que canten, está a la altura de los repartos del musical, pero compensan de manera extraordinaria esa carencia con unos matices interpretativos que los actores del musical (quizá, insisto, por aquello del plano lejano) no pueden mostrar. Se nota perfectamente quién es cantante (Samantha Barks o Colm Wilkinson, el Jean Valjean original, que aquí interpreta brevemente al obispo y que sin duda tiene que contener su vozarrón para no comerse a Hugh Jackman).

Los fans del musical no saldrán decepcionados de la película, y como película, aunque imperfecta, no resulta cansina para el profano a pesar de su metraje. Destacar en lo negativo la nefasta traducción y subtitulación, que inventa cosas, escamotea otras y recurre estúpidamente a la hipérbaton e incluso a la rima (¿es quizá un corta-y-pega de las letras de las canciones del musical español de los noventa?). Tampoco parece muy acertado haber doblado las partes dialogadas, escasísimas, que solo consiguen crear un brusco contraste innecesario en el acuerdo tácito que es siempre una obra musical.

2012-12-19

EL HOBBIT



Antes de que se convirtiera en un texto sagrado, El hobbit fue una novela infantil escrita por un filólogo excéntrico (como no puede ser de otra manera) y que se publicó justo el mismo año en que Walt Disney estrenaba su Blancanieves, motivo quizá de la inquina que profesó el viejo JRRT al mago de los dibujos animados.

Tras la adaptación al DVD previo paso por el cine de la trilogía de El señor de los anillos, y tras un azaroso periodo de pre-producción donde bailaron directores, nos llega ahora la precuela (pero menos), dirigida también por Peter Jackson y donde se tira de la novela y al mismo tiempo se rellenan los huecos de tiempo necesarios para hacer de un libro que podría haber sido adaptado perfectamente en una sola peli una nueva trilogía. Cómo van a inflar lo que queda del libro para llegar con él hasta 2014 escapa a mis entendederas, pero imagino que la elefantiasis característica del director y la productora se encargará de rizar el rizo sobre el rizo de las escenas de acción, despeñando, rescatando, volteando y volviendo a despeñar a todos los enanos y medianos que aparezcan de aquí a entonces.

La película es larga y hay momentos en que, en efecto, se hace muy larga. Tiene que recurrir a flashbacks de relleno para informar sobre las motivaciones de los personajes (los enanos, especialmente) y curiosamente es ahí donde mejor funciona, cuando se entrega de nuevo a la espectacularidad característica de la otra trilogía. Cae, sin embargo, en algunos defectos de bulto: los enanos son indistinguibles, carentes de personalidad, y prácticamente se van las tres horas de metraje sin que sepamos cómo es cada uno; tampoco se distinguen mucho los orcos y los trasgos, y jugar al paralelismo con El señor de los anillos hace que, en el fondo, todo suene a visto y conocido... sin tener por qué serlo.

Lo peor es la dificultad de ensamblar un material que, insisto, es infantil y por tanto limpio y blanco, con el otro material de libros y biblias posteriores: en ese aspecto, el encuentro con los trolls o la aparición ridícula de los animalitos de Radagast el pardo chocan con las cabezas decapitadas, el canibalismo de Gollum o la crudeza de las escenas de batalla.

El libro es episódico y ese carácter, que funciona bien en letra impresa, se hace oneroso al trasladarlo a la imagen. La sucesión de pequeñas aventuras hace que alguna de ellas no tenga mucho interés (la escena con los gigantes me sacó literalmente de la película), mientras que parece excesivo el recurso al deus ex machina cada vez que las cosas se les ponen chungas a los viajeros. No hay mayor diferencia entre lo que es Bilbo y lo que será Frodo, y las proporciones entre enanos y hobbit no siempre se respetan.

El diseño de producción es apabullante. Gollum/Serkis está aquí aún mejor que en la trilogía. La escena del juego de adivinanzas está bien llevada (aunque no queda claro, quizá por cosa del doblaje, que Bilbo se pregunta a sí mismo primero qué tiene en el bolsillo) y el encuentro entre Gandalf y Galadriel es tan emotivo que casi se lee un romance entre líneas.

Lo mejor, la música de Howard Shore, en especial el uso del leitmotiv según los protagonistas de la acción sean elfos, orcos, la Comarca o los enanos, completando y redondeando su trabajo en la trilogía anterior. Entre los enanos, por cierto, están un irreconocible James Nesbitt (Jekyll) y un algo más reconocible (pero no mucho) Aidan Turner (el vampiro Mitchell de Being Human).

El prólogo entre Ian Holm y Elijah Wood, quizá innecesario, tiene su truco: las tres películas de El Hobbit se presentan, a su manera, como una especie de paréntesis mientras esperan la llegada de Gandalf a la Comarca. Cuando la nueva trilogía termine, enlazará posiblemente con el principio de El señor de los anillos, creando un bucle que permitirá verlas de continuo.



Presentamos ayer, nada menos que en el Oratorio de San Felipe Neri, el mismo sitio donde hace doscientos años se redactó la Constitución de 1812, el último número de la serie 12 del Doce, un honor que para unos humildes comiqueros pone punto y final al compromiso de realizar, en cuatro años, doce álbumes de historieta donde repasáramos y diéramos a conocer qué sucedió entonces y cómo la posibilidad de cambiar el mundo ilusionó a diputados venidos de todas las Españas y a gaditanos y gaditanas por igual.

Con el último tomo, "El Deseado", lo que hace cinco años parecía muy lejano llegó a su conclusión, contra viento y marea y a pesar de la crisis que nos acogota. Ha sido un placer. Ha sido un honor. Nos quedan ganas de seguir jugando con los cómics y con la historia.

2012-12-12

BLUEBERRY INTEGRAL



Ahora tenemos a Blueberry hasta en la sopa, mayormente en una serie de spin-offs y series de juventud que no le llegan a la suela de los zapatos a lo que fue la serie cuando estaba en manos de su guionista, el magistral Jean-Michel Charlier, que supo llevar adelante una novela-río donde además el genio de su dibujante, Jean Giraud, entonces Gir, fue despuntando de página en página hasta convertirse en la estrella más rutilante de la historieta de los últimos cincuenta años.

Se recopila ahora en Francia un integral a color (existía, que yo sepa, otro en blanco y negro con este mismo material), donde se integran los tres primeros álbumes de aquella serie que entonces se llamaba Fort Navajo: el que daba nombre a la serie y sus dos primeras continuaciones, Tormenta en el oeste y El águila solitaria.

La edición, como todas las ediciones integrales, tiene ese marchamo de calidad que cabría esperar. A la posibilidad de leer de corrido los tres primeros títulos de la serie se suma ese puñado de datos que ofrecen los prólogos y, sobre todo, las imágenes y páginas y bocetos de esos prólogos. En este caso, aparte de alguna ilustración de Gir y alguna portada de Pilote (realizada por Jijé, por cierto), se ofrece aquella divertida página de broma donde se cachondearon de los lectores por ser el día de los inocentes (o el 1 de abril), más un puñado de páginas de las copias a carbón de los guiones de Charlier que sirven, sobre todo para la curiosidad de quien esto reseña, para ver cómo se planteaba los guiones, de una manera muy abierta y parecida, sin sus excesos, a la de Alan Moore.

La reproducción es bastante mejor de la que estamos acostumbrados a ver en las ediciones españolas de este material álbum a álbum, siquiera porque la rotulación forma parte de la estética de la página y no un remiendo como solemos hacer por aquí. No sé si tendrá continuidad (es de suponer que los álbumes de Blueberry todavía aguantan como unidad en el mercado), ni si se publicarán alguna vez en España, donde el revival de los integrales se abre poco a poco hueco a pesar de los precios y el público limitado. Pero es una iniciativa interesante a la espera de ver cómo despega la habilidad plástica de Gir y qué otros regalos en forma de bocetos e ilustraciones perdidas puedan incluir futuros integrales.