2012-01-23

MEGAUPLOAD


Ni SOPA ni Ley Sinde. Patada en la puerta y el FBI, que ahora que ya no tienen a Bin Laden en el punto de mira (¿o esos eran los de la CIA?) y no hay más problemas en el mundo (ni narcotráfico, ni crimen organizado, ni células terroristas) han decidido librarnos del pernicioso portal de descargas de un señor gordo que parece escapado de una peli de James Bond y unos cuantos colegas que seguro que son socios fundadores del club de fans de Darth Vader.

Está claro que Megaupload, como tantísimas otras páginas de descargas que existen en el mundo, y las que existirán porque la guerra de la red mundial acaba de empezar, ofrece de manera ilegal o alegal un producto que no les pertenece. Y, lo que es peor, que se lucra con ello. Lo que ya me escama un tanto es que se salten por la patilla eso que tanto nos venden en las pelis de policías y abogados, la presunción de inocencia. Y sobre todo que se cierre una cosa que está en el aire (en la nube, que se llama ahora), y que encima se detenga a unos señores que casualmente no viven en los Estados Unidos de América. Para colmo, mogollón de gente tenía a la citada megaupload como una especie de caja de ahorros virtual, donde subían para su uso propio y disfrute sus documentos privados, los videos de la comunión de los niños o las insoportables fotos del crucero a Noruega. Gente que había comprado un disco duro virtual, legalmente, y que ahora ha perdido todo ese material. Quién sabe si lo volverán a ver.

De toda esta historia yo me quedo con dos contrasentidos: por bajarse películas sin comprarlas en DVD o sin pasar por la taquilla, el público de todo el mundo recurre a páginas como Megaupload… y a veces paga por tener acceso a esas películas de la manera más rápida. Un negocio que mueve una burrada de millones de dólares resulta que es ilegal y está perseguido cuando lo lógico sería que ese dinero que los compradores dan a Megaupload y similares fuera a las productoras de cine y televisión. De ahí el contrasentido de que no sean las productoras las que ofrezcan directamente la posibilidad de las descargas, ancladas en una forma de negocio que ya está obsoleta.


Publicado en La Voz de Cádiz el 23-01-2012

2012-01-21

STAR WARS UNCUT



Esta noche empieza el concurso.

Esta noche Agustín Bravo se arrepentirá de dónde se ha metido, criaturita.

Esta noche los estómagos agradecidos cantarán por esas bocas y se creerán durante dos meses que son de verdad la voz del pueblo.

Esta noche soportaremos de nuevo tópicos, loas, meteduras de pata de los presentadores, graciosillos sin gracia, políticos barriendo para casa, restauradores haciendo propaganda de sus postres.

Esta noche escucharemos piropos y bastinazos, se nos pondrán los vellos como escarpias y nos aprenderemos en seguida los estribillos de los más punteros. Nos reiremos y alguno llorará, sentiremos el pellizco de las bandurrias, el remate de las cuartetas, el quejío de quien solo tiene voz para protestar.

Esta noche veremos de nuevo el Carnaval descafeinado que hemos creado entre todos, las televisiones, los autores, los políticos, y el pueblo que jalea por igual dos pasodobles ideológicamente contrapuestos.

Pero entre tango y cuplé, entre estribillo y popurrí, todavía nos quedará bucear en las entrañas de esa fiesta que fue nuestra antes de ser de unos pocos o no ser de nadie. Esa fiesta donde había libre expresión, y había tradición popular, y había ganas de diversión y de llamar al pan pan y a la media limeta media limeta.

Queda inaugurado el post del Carnaval 2012. Tienen ustedes (sobre todo Alfred) la palabra.

Pinchando tal que aquí , tienen ustedes la reseña de La ciudad enmascarada en el portal de Literatura Fantástica.


Tuve el honor de presentar anoche al maestro José María Conget en la apertura del ciclo Voces en el Museo que se sigue celebrando en el Museo de Cádiz a pesar de lo chunga que se está poniendo la cosa para la cultura. Conget realizó un brillante recorrido, a partir de un cuadro de la Tía Norica que existe en el museo, por la cultura y el arte en nuestro país, por Pinocho y Calleja, el dibujante Don Paco, la alta cultura y la cultura popular.

Mi presentación fue esta que pueden leer ustedes más abajo. Pasamos un ratito la mar de entretenido y entrañable.





Si Rafael Alberti nació, y lo perdonamos, con el cine, hay también quienes hemos nacido (o morimos, como se dice en Cádiz) con las otras manifestaciones culturales del siglo veinte.

Recuerden ustedes que hubo un tiempo, antes de la televisión y del seiscientos, antes de las porras de los grises que ahora vuelven, antes de las hipotecas y justo al límite de los planes de desarrollo, quizá en su época de babuchas de esparto y heridas de pedradas en la cabeza, cuando la vida eran tardes de pan con aceite y azúcar o café con migotes y, entre Guillermo Sautier Casaseca y los chistes de El Zorro, cuando todavía el Carrusel Deportivo estaba en la voz de Bobby Deglané, cuando la poesía que más les enternecía era con mucho la de las canciones Machín (o quizá, según edades, la de Los Pecos) hubo una era no soñada en que los libros no eran solo de letras, sino de dibujos, y el mundo se configuraba con lo que leíamos y aprendíamos y disfrutábamos con esa curiosa mezcla de letras y dibujos.

Los llamamos tebeos. Luego, nos enteramos que les decían cómics. O historieta. Y después fueron comix (con equis), y en Francia se llamaban bandé dessiné, y en Argentina “literatura dibujada”, y en Italia "fumetti", y con el paso del tiempo se llamaron también manga, o ahora novelas gráficas.

Eran evasión barata. “Cine de pobres". Con los tebeos aprendimos que la épica se llamaba El Guerrero del Antifaz o el Jabato, que el costumbrismo era La familia Ulises y el naturalismo era Carpanta. Con los tebeos aprendimos que el surrealismo era parecido a las historietas del Reyecito, que la canción de gesta era Príncipe Valiente, que las vanguardias las reflejaba Little Nemo en Slumberland y que antes que Azcona y Berlanga existieron los personajes de la escuela Bruguera. El Capitán Trueno nos enseñó que no se podía soportar la tiranía, y comprendimos el existencialismo, mejor que con Salinger, viendo a aquel otro guardián entre el centeno del campo de béisbol que se llamó Charlie Brown, el niño que nunca cogió una pelota y del que se burlaban todos los niños.

Aprendimos tanta historia, tanta geografía… ¿Quién recuerda qué fueron los vikingos prehistóricos? ¿Quién se sabe hoy todavía, si no ha leído a Martín Mystere, que Talahassee es la capital de Florida, y no Miami? Conocimos a Celaya no solo por Paco Ibáñez, sino porque Carlos Giménez lo dibujó en El Papus. Sabemos cómo fue la transición de verdad porque todavía quedan los guiones de Ivá para España Una, grande y libre.

No nacimos con los cómics. Ni nacimos quizá para los cómics, pero los cómics no acompañaron buena parte del camino. Nos acompañan todavía. No nos avergonzamos de leerlos, de coleccionarlos, ni de escribir sobre ellos, ni de guionizarlos. No sé ustedes, pero yo empecé a comprar El País porque traía las páginas dominicales de Star Wars dibujadas por Russ Manning, y jamás oculté mis Totem o mis 1984 entre las páginas de ningún periódico progre.

Sabemos que los tebeos son mucho más de lo que creen los que desprecian los tebeos.

Sabemos que los tebeos son un medio de comunicación de masas.

Sabemos que son arte.

Sabemos que son también literatura.

Y lo mismo que hemos atesorado esas ediciones viejas que huelen a eso, a papel de tebeo, a tinta de colores, a infancia perdida y nunca recuperada, aprendimos también a admirar los originales, esos tableros de papel A3 llenos de cuadritos de tinta china y rastros de lápiz azul debajo. Unos querrán (yo también) ser Cristiano Ronaldo por sus novias. Otros quisiéramos ser George Lucas no sólo por el dineral que tiene y porque ha creado una mitología de nuestro tiempo gracias a sus sagas galácticas y sus arqueólogos sucios, sino porque en algún lugar de su mansión tiene la maravillosa viñeta donde, en 1937, el Príncipe Valiente se enfrentó a los vikingos.

José María Conget, con su apellido que se las trae, es un hombre de la cultura, de la literatura. Aragonés, autor de “worst sellers” como él mismo dice con ironia. Profesor emérito de lengua y literatura a quien escuché una vez decir una frase bellísima que atesoro como oro en paño y que me permito compartir ahora con ustedes: “Yo en mi vida he suspendido a un alumno. ¿Cómo puedo suspender a nadie en una asignatura que pretende potenciar un gusto?”.

José María Conget estuvo en Cádiz allá por el año de Tejero o el año de Naranjito, cuando el esperpento, en cualquier caso, cuando era más joven pero no más intrépido. Muchos de nosotros lo conocimos entonces. Por aquel tiempo, no sé si salió siquiera en la prensa, en el barrio del Pópulo, en la Casa del Almirante, el Ateneo Popular organizó unas jornadas dedicadas a la historieta y una exposición donde los artistas locales, que entonces eran mucho, expusieron sus originales.

No sé si esa fue la primera vez que Conget colaboró con unos actos culturales del medio. Pero desde entonces lo ha hecho muchas veces. Viajero impenitente, como si hubiera viajado por la vida a bordo del globo del mago Morgano, Conget ha vivido en Londres y en Nueva York, ha comisariado exposiciones y escrito sobre los tebeos. No solo sabe mucho de cómics, es que por sus manos han pasado, cuánta envidia, los originales de los títulos que formaron la edad de oro de la historieta en nuestro país, y encima los ha paseado por medio mundo. En el otro medio que falta está Cádiz. A ver cuándo nos toca…

Dijo Pablo Ruiz Picasso que lo único que lamentaba en la vida era no haber dibujado nunca cómics. Tampoco hubiera hecho falta: los tebeos y sus autores se defienden por sí solos.



Casi parece que Steve Thompson, el guionista, quería quitarse una espinita de encima. Después de todo, su episodio de la primera temporada de Sherlock es unánimemente considerado el más flojo de los tres. Estoy seguro que este The Reichenbach Fall será considerado no sólo el mejor de la temporada que terminó el domingo (en la BBC), sino de toda la serie. Y la serie, ya lo estarán comprobando ustedes, es de sobresaliente.

Moffat, Gatiss y el propio Thompson le tienen ya cogido el pulso a los personajes y a la puesta al siglo de las andanzas del detective consultor más famoso del mundo. Se toman las libertades de jugar a su gusto con el canon, siendo al mismo tiempo respetuosísimos y rendidos amantes del mismo. Los chistes cruzados, las alusiones, las mezclas de casos y, en especial, la introducción de la tecnología de nuestro tiempo como parte intrínseca del planteamiento de los misterios y de su resolución nos ofrecen un producto fresco que no se parece a las otras series de detectives que pueblan la pantalla, y que quizá nos pemite atisbar el impacto que causó el Sherlock "original" en los lectores que tuvieron la fortuna de leer sus aventuras en el momento de su publicación.

La alusión del nombre (levemente desviado con respecto a cómo lo interpetamos) de este último capítulo nos lleva inevitablemente a imaginar cuál va a ser la conclusión (de hecho el capítulo comienza con Watson revelándosela a su psicoanalista). Todos sabemos que Sherlock Holmes murió para resucitar en la catarata de Reichenbach, pero Moffat en especial, perro viejo en esto de burlarse del público y de la prensa, tiene todavía los redaños de negar y afirmar al mismo tiempo lo que pasa: hasta un día después de terminada la segunda temporada no se anunció que ya estaba firmada la tercera... desde el mismo momento en que se firmó la segunda.

Si en el primer episodio veíamos a Sherlock como una especie de moderno Batman, aquí los vericuetos de la trama lo llevan, en la seguna mitad del capítulo, hacia Spider-Man. Cumberbatch es capaz de mostrar al personaje, tan altanero y lleno de recursos, completamente fuera de pie cuando es perseguido por las autoridades y la ilógica de los planes maestros concatenados de Moriarty lo saca de su mundo seguro y estructurado.

El episodio le pertenece, sin embargo, a Moriarty, con sus imposibles ojos oscuros (que recuerdan a los del Hyde del Jekyll de James Nesbitt, también de Moffat) y su histrionismo contenido solo cuando le interesa. Si alguien tuvo alguna vez dudas, en la temporada anterior, de la interpetación de Andrew Scott, creo que quedan disipadas con este capítulo final, donde el actor nos ofrece un recital de registros y demuesta que puede ser más letal que Hannibal Lecter. Scott se postula ya como ganador de los prestigiosos Bafta de este año que empieza... lo mismo que este episodio se considera ya, y estamos a enero, como lo mejor que ofrecerá la tele, británica o de donde sea.

La temporada, vista desde la perspectiva de la conclusión final (y me imagino que la resolución pasará por, como en los viejos cliffhangers sabatinos, alterar el ángulo de la cámara) describe el viaje de Sherlock hacia la humanidad,o al menos hacia la comprensión de que puede contar con tres o cuatro personas como amigos, algo de lo que el Sherlock aislado y cuasi-Asperger de la primera temporada no habría sido capaz. En ese sentido, hay que destacar que los grandes momentos emotivos no pertenecen a la relación de Sherlock con Irene Adler, sino con Molly, tanto en el primer capítulo y la escena de los regalos navideños como en la conversación-confesión en el laboratorio en el tercero.

Dice Moffat que están solo empezando, que los personajes todavía son jóvenes y que le gustaría ver cómo sería su relación cuando, como en las novelas y la sherlockiana que todos hemos aprendido a admirar, tengan cuarenta o cincuenta años y veamos cómo avanzan al ritmo de los tiempos. Todo depende, dice, del calendario de trabajo de sus dos estrellas, ahora lanzadas ya internacionalmente a la fama. A razón de tres capítulos cada año y medio es posible que lo consiga... aunque acabe con los nervios de los espectadores.


En el fondo, me da la impresión de que en el mundo de la historieta no hemos hablado lo suficiente de la etapa de Chris Claremont y John Byrne al frente de los X-Men, como todavía no hemos reconocido e inmenso talento de John Byrne en su momento de máximo esplendor, mientras que la imagen que hoy podamos tener de Chris Claremont, consumido y fagocitado él mismo por el enorme éxito de eso que hemos dado en llamar la "franquicia mutante", es la de un señor que ha explotado demasiado tanto sus buenas cualidades como sus defectos. El mérito, claro, es llevar tantos años al pie del cañón.

La Patrulla X de Byrne y Claremont fue, no sé si lo saben ustedes, no sé si estaban allí, el último gran tebeo de una Marvel Comics que buscaba cada mes la sorpresa y la originalidad. Fue, también, el primer gran tebeo de la nueva hornada de tebeos: su momento de llegada al mercado coincide con la salida de los editores de toda la vida y la toma de la editorial por poderes económicos venidos de fuera, y los años que luego vendrían (ya sin Byrne a los lápices) quedarían marcados por aquel éxito y aquella forma de entender los tebeos de superhéroes.

Fue, digámoslo claro, un título fresco que se reiventaba número a número. Después de unos cuantos comic-books hechos con tesón e ilusión por Dave Cockrum, que no podía con las entregas mensuales, la llegada de Byrne y, sobre todo, la llegada de Byrne y Terry Austin a las tintas crearon un título capital en la historia de los superhéroes, a la altura de los grandes clásicos de Lee y Kirby o Lee y Ditko. Todo era nuevo en esos tebeos, todo era sorprendente, imaginativo. Durante los pocos años que ese equipo creativo tuvo en sus manos las historias de los mutantes, los lectores nunca sabíamos qué iba a pasar de un número a otro, y además nos sorprendíamos porque de pronto estábamos en un edificio lleno de yonkis y pasábamos a la Tierra Salvaje, o a planetas lejanos, o a la Zona Azul de la Luna.

Byrne y Claremont jugaron con sus personajes, los exprimieron, los remozaron, los llevaron a su máxima expresión, y por eso no es extraño que, de tanto experimentar y tanto romper los moldes, contaran prácticamente todo el futuro del subuniverso mutante en esos tebeos: los dos números de la saga Días del Futuro Pasado son quizás una forma de reconocer que ya lo habían dado todo.

Y fue, no lo olvidemos nunca, un tebeo de consumo. No un tebeo de cualité. Hecho por tres autores que se sabían, más que nada, artesanos. Luego vendrían los guionistas ingleses que llevarían al medio un paso más adelante (un paso de gigante aunque luego nadie quiso ni supo dar otro paso más).

Panini ha reeditado recientemente toda la etapa de Byrne y Claremont (y Cockrum) en dos sendos tomacos, donde además se incluyen (quizá innecesariamente para mi gusto) alguna que otra aventura de los mutantes en solitario o su aparición en otros títulos, incluso en blanco y negro. Dentro de la colección Marvel Gold, que viene a ser una versión española (¿o europea?) de los tomazos en formato Omnibus que publica Marvel en Estados Unidos.

Y me van ustedes a perdonar, pero lo mismo que cuando uno ve desaguisados en las ediciones lo dice, también hay que reconocer cuándo las ediciones superan a las originales. Este es uno de esos casos. El formato Omnibus es demasiado grande y aparatoso, mientras que este, un poquito más pequeño, es perfectamente manejable. Además, donde el formato Omnibus usa papel satinado y colores que acaban ocultando muchas veces la línea (el color de las ediciones Masterworks), el papel de la edición española, más poroso, absorbe mejor los colores (quizás porque el material procede de fotolitos distintos) y se pueden leer los tebeos sin que parezca que estamos delante de un lavado de cara mal hecho.

Me llegó ayer mismo el tomo de Fantastic Four de John Byrne y, francamente, como se ve esta Patrulla X en español no se ve el tomo original americano.

Anuncian para dentro de nada, por cierto, Los Vengadores de Roy Thomas y John Buscema. Si tiene la calidad de esta Patrulla X, no me importará tenerlos otra vez en otra edición... como ya tengo tantas ediciones de esta, la mejor etapa de los mutantes, uno de los mejores tebeos de superhéroes de la historia.

2012-01-05

CRISIS DE FE

En el frío del amanecer del 6 de enero, los niños que no habían sido buenos se despertaron, como todos los años, con el temor de que los Reyes Magos les hubieran traído carbón.

Este año, sin embargo, se lo habían llevado.


Las guerras zombis no empezaron porque temiéramos que nos devorasen.

Empezaron porque temíamos que los zombis, resucitados por la magia, nos quitaran el trabajo.

Naturalmente, las tuvimos perdidas de antemano.



2012 será el año de Dickens, pero empieza siendo el año de Sherlock Holmes. Al estreno inminente de la segunda versión revisitada y ultimatizada de Robert Downey Jr se suma, desde ayer mismo, el primer capítulo de la segunda entrega de la versión televisiva (y contemporánea) que la BBC entrega con cuentagotas desde hace año y pico, de las riendas de Steven Moffat y Mark Gatiss, que tienen que estar pasándoselo pipa reinventando y aliñando las aventuras del héroe de su infancia.

La espera ha valido la pena. En su hora y media de metraje, este "Escándalo en Belgravia" juega a poner al día el célebre encuentro entre Holmes y "la mujer", Irene Adler, en aquella historia que se llamó "Escándalo en Bohemia". Y como nos están contando historias similares de los mismos personajes en un ambiente contemporáneo, no queda sino quitarse el sombrero (de cazador de patos) ante la presentación de Irene Adler y su profesión de ahora, la sorpresa que encontrarse a un rival del sexo opuesto supone para un ser eminentemente asexuado como es este Sherlock, el juego de poderes a cuatro (Watson queda prudentemente relegado a un segundo plano) entre los dos hermanos Holmes, Irene Adler... y, sí, Moriarty, donde por cierto la resolución del cliffhanger de la temporada anterior se hace de manera absolutamente desconcertante y sobresaliente.

Los autores saben ya qué suelo pisan. Aplican la tecnología moderna a la investigación (impagable Watson transmitiendo a través del portátil) y hasta desmontan, con un par de frases, la manía moderna de solucionarlo todo a base de análisis de ADN. El juego de desconciertos entre Holmes y Adler sube de continuo, los chistes cruzados hacia el canon holmesiano (desde la gorra con la que Sherlock se cubre para salir del paso a los nombres de los casos, desviados a partir de las historias originales) se complementan con unos diálogos vivos y llenos de contrapuntos humorísticos... sin que por ello no dejen de existir un par de momentos de absoluta ternura: la reacción de Holmes al secuestro de la señora Hudson o su metedura de pata al revelar, sin darse cuenta, los secretos del corazón de la forense.

Les decía que poner al día el viejo escándalo en Bohemia sirve para colocar en perspectiva, a día de hoy, un equivalente a ese escándalo en su momento. Esta Irene Adler se declara dominatrix y bisexual, no escatima avances descarados hacia un atribulado Sherlock, lo recibe desnuda (en un jugoso despiece de la estrategia de disfraces del Holmes "original" para descubrir sus cartas) y asume un rol similar al de la Catwoman más o menos contemporánea. Como lo asumen todos, por otra parte: al rebuscar en las raíces del detective consultor por excelencia Moffat y Gatiss no pueden evitar desmontar algunas de las cartas del Hombre Murciélago (que ya se cruzó con Holmes, por cierto, allá por los años setenta, en una aventura donde reconocía la influencia que el inglés había ejercido en él). Quizá el inteligentísimo uso de textos en la pantalla, similares a bocadillos o cartelas sea un guiño más. Y, en cualquier caso, una explotación inédita de los muchos recursos narrativos de la imagen asociada a la palabra.

La semana que viene, la visión siglo 21 del perro de los Baskerville. El guiño ya está servido, en tanto el personaje de Sir Henry está interpretado por Russell Tobey, el hombre lobo de Being Human.





Se le pasaban las horas muertas de cara al mar, contentándose con su música de agua y su olor a capricho eterno, puesto que ya no podía verlo. Más allá de la orilla se hallaban la libertad y los recuerdos. El rumor de las olas cantaba una canción que en otros tiempos había amado y había temido, porque el mar es engañoso como una mujer fiel y al mismo tiempo es leal como una amante deshonesta. Él lo conocía bien, muchas veces había estado a punto de unirse a aquella inmensidad que ahora sólo podía atisbar con los ojos de su memoria, como una gota minúscula de lluvia que se suma inconsciente a un lago infinito. Una y otra vez el mar repetía en su balada que era el más grande, exagerado y pagado de sí mismo, mentiroso hasta en el nombre, distinto a todos y sin embargo idéntico. Él sabía que todos los mares eran el mismo mar, pero le divertía seguirle la corriente y escucharlo cantar, todos los amaneceres y todos los ocasos, retando a la luz y el viento su condición de océano único.

Se le pasaban las horas muertas esperando la muerte, fumando un cigarrillo tras otro, cebando mate y, a escondidas de Pandora, paladeando ron. Él, que había recorrido las aguas y las tierras, que había buscado tesoros y encontrado las más de las veces decepciones o el sabroso manjar del conocimiento, era ya una sombra de lo que un día fue. Él, que nunca había querido tener orden en su vida, se veía sometido cada día a unos horarios: sólo sentarse en la playa, mirando sin ver el mar que estaba allí siempre, le rescataba de los brazos en los que tenía que apoyarse, de la rutina de comidas y siestas y lecturas con la voz de otros y reprimendas porque el viento podía acatarrarlo o reproches porque contaba historias truculentas a los niños. Pero los niños siempre volvían a escondidas a escucharlo, y a que le contara las historias de Steiner, de Tristán, de Tiro Fijo o del teniente Slütter, del Monje y Cush y el Barón Rojo y Bepi Faliero y Shangai Lil y de Banshee O´Dannan y de la propia Pandora y el tío Caín. A los niños les sorprendía que la abuela y, sobre todo, el estirado tío Caín hubieran corrido alguna vez aventuras, y a veces recelaban si cuanto les contaba aquel marinero ciego era verdad o simples mentiras adornadas por la mente de una vida que se apagaba. Pero entonces buscaban la certificación de las historias en la otra mirada perdida, la del tío Tarao, quien se limitaba a asentir solemnemente cuando sabía que las historias eran verdad y se encogía de hombros cuando reconocía que la vida del marinero errante había recalado en otros puertos más allá del Pacífico.

A los niños les daba miedo cuando se mencionaba a Rasputín, pero en la sorna de la voz del viejo ciego cada vez que refería su larga relación de amor y odio se notaba que, a lo mejor, era alguien a quien no había que tomarse demasiado en serio. Si acaso, estaba claro que lo envidiaba, porque no tenía que pasarse las horas allí sentado, mirando hacia atrás, leyenda de sí mismo. Lo último que supieron de él, hacía ya meses, era que andaba por las sierras de Bolivia. Si a favor de los insurrectos o comandando, a sus años, un pelotón de guardias de asalto era algo que sólo podría decidir la cantidad de monedas que pudieran pagarle uno u otro bando.

Se le había vuelto amarillenta, la gorra de plato, pero ni por esas permitía que se la cambiaran por un sombrero nuevo, un panamá, un jipijapa. Se sentaba allí, fumando y mirando hacia adentro, atento a los sonidos de las olas, al canto de las gaviotas, y en las guerras que jugaban los niños escuchaba el recuerdo de otras guerras, ametralladoras, trenes, aviones, barcos que se hundían y almadías lejanas donde una vez, decía, maldijo el sol porque lo estaba dejando ciego, quizá porque, según contaba el tío Tarao, apareció allí un día encadenado, a la deriva, por truhán o por pirata. Pero no fue el sol lo que lo dejó ciego, sino una bomba, en la guerra de España, de la que los niños solo habían oído hablar cuando alguien preguntaba el motivo de la ceguera del tío.

Ciego y todo, y solitario, no perdía el buen humor, ni dejaba de hacer trampas al ajedrez o a las cartas. No había manera de que dejara de beber ron, y hasta identificaba los años, y las marcas. Sabía perfectamente cuándo no le habían planchado la levita, o lo que iban a ponerle de comer. Y siempre, allí sentado, se levantaba del sillón de mimbre dos minutos antes de que vinieran a verlo las visitas.

Eran viejos camaradas a los que saludaba con afecto, como si fueran fantasmas y no entendiera si estaban vivos o estaban muertos. Ancianos como él iba siendo sin darse cuenta, gente a quienes había salvado la vida, o con quienes había buscado tesoros que luego se tragó el mar. Pero en ocasiones venía a verlo gente nueva, como aquel grandullón italiano, dibujante, que hablaba con acento argentino y cebó mate y estuvo charlando con él días y días, tomando notas y esbozos. Los niños nunca supieron qué historias les contó el tío, hasta qué punto le mintió o le tomó el pelo, pero el dibujante italiano se marchó contento, después de estrecharle la mano. Unos años antes, cuando los niños aún no habían nacido o eran tan pequeños que ni siquiera lo recordaban, vino a verlo un muchachito argentino (¿qué tenían los argentinos que siempre venían a visitarlo?), en una moto, un médico asmático que estaba recorriendo América. También a él le dio la mano de la misma forma, y también él se marchó con la sensación de que ahora había encontrado un sentido a la vida.

Pero la vida, claro, ya no tenía sentido para quien tenía que soportarla mirando sin ver el mar, como el amante que no puede reunirse con la amada y sabe que el recuerdo solo no le basta. Cuando los niños despertaban, ya estaba sentado allí, tomando café cortado, empapándose de luz, oliendo las mareas. Y cuando los niños se iban a la cama él todavía seguía allí, bañado por la luz de la luna, mecido por el canto de los vientos entre los palmerales, escuchando canciones y añorando a Cush y los misterios de África.

Solo él, allí, una noche, fue testigo de que llegaba la barca. Manejando la vela venían Rosa Boca Dorada, y Morgana, y una Niña de Gibraltar que seguía siendo joven porque el tiempo ya no la afectaba. Y le dijeron ven, que llegó el día, ven, que ya no tendrás que buscar ni la clavícula de Salomón, ni el filtro de Paracelso. Ven, Corto, ven, que ha llegado el momento en que vuelvas a soñar, como te gusta, con los ojos abiertos.




Para celebrar que acaban de pagarme, tras once meses de espera, los tres últimos guiones de "12 del Doce", aquí tienen ustedes de regalo navideño, por si les interesa, el guión del lejano número 3 de Iberia Inc. Con mi agradecimiento a Manuel Díaz, que me lo rescata.




PÁGINA 1.

SPLASH PAGE. Vamos a ponértelo difícil. Una viñeta estilo Kirby. En primerísimo plano que ocupa casi toda la splash, Mácula se contempla en el espejo, por lo que vemos su cara dos veces. La que vemos de frente es, en realidad, el reflejo. La otra, la realidad. Detrás de ella, en el espejo, vemos una escultura metálica y barroca tipo Lladró, donde en plan Frazetta se ve una especie de ángel bello con alas de murciélago atacando a una doncella que se gira. Los dos forman un todo que parece ascender al cielo, como de humo. Consulta las esculturas de Remington si puedes.

En el espejo, al fondo, en la cama, vemos el cadáver consumido y cuasi momificado del curita cañón.

Hay algún reflejo plateado en la imagen, para que los más lerdos se den cuenta de que se trata de un reflejo.

Mácula se está mirando en el espejo y lo que hace, obviamente, es comprobar en primerísimo plano que su cutis ha rejuvenecido con su plan ponds especial, por lo que tendrás que dibujarla más hermosa y más bella que nunca.

TEXTO: Sevilla. Un día más en la vida de Elsabeth Rosinski.

TEXTO: Un amanecer cargado de nueva energía para el alma de Mácula.

Se me ocurre que Mácula podría tener en uno de los pechos una pequeña cicatriz en forma de murciélago, como la Vampirella.



PÁGINA 2.

1. Estirada. Acercamiento al cura, consumido, reseco. Puede verse el resto de la cruz que tenía colgada, ahora medio derretida sobre su pecho (consulta el Drácula de Coppola). Mácula, detrás, se ha dado la vuelta y lo contempla sin rubor. Va vestida con una bata de seda negra transparente y un body sexy y escotado, lencería negra, of course, ligero; parece mucho más exótica y hermosa que en el número anterior. Llama por un intercomunicador y enciende un cigarro con uno de esos encendedores-pisapapeles de vidrio tallado que tienen los ricos.

MÁCULA: María.

2. Entra María. Una mujer mayor, el cruce entre Tía May y la señora Watson. Bien vestida (o sea, que no va de chacha), pero con un aspecto triste en el semblante. Los cabellos grises. Ha sido una mujer bonita pero eso es ya un recuerdo que casi considera ajeno. Es a Mácula lo que María Dietrich a su mamá Marlene, un ancla de normalidad para un monstruo.

MARÍA: ¿Sí, Isabel?

3. Mácula está en escorzo, al otro lado de la habitación. Señala desdeñosa el cadáver del cura. Vemos la cara del cura, de perfil, la boca abierta en pleno rigor mortis, un trozo de nariz. Y frente a él, observándolo, María. No es la primera vez que la criada se encuentra con algo así, por lo que no hay expresión de espanto ni de horror en su cara, sino de piedad.

MÁCULA: Hay que deshacerse de eso.

4. Entre las dos mujeres llevan el cuerpo del sacerdote, cubierto con una sábana. Una mano asoma y se arrastra por el suelo. La mano es oscura, retorcida, como si fuera de madera (o la dibujara Frank Thorne). En el suelo, arrugado, con el alzacuellos claramente identificable, el clergyman del padre Lorenzo. Parece la sombra del traje negro-simbionte de Spider-Man.

Mientras el rostro de Mácula revela total indiferencia (al fin y al cabo, está sacando la basura), el de María refleja una terrible tristeza.

Como esta viñeta, teóricamente, ocuparía la parte inferior de la página, me gustaría que no tuviera recuadro. El único techo que tienen es por abajo, sus propias sombras. Vienen un poco hacia el lector, en tres cuartos, como si cargaran un ataúd (más o menos es lo que hacen). Como Mácula está de más buen ver, ponla delante. María detrás.

No hay texto.


PÁGINA 3.

1. Contrapicado. Visto desde el interior de un pozo. Las dos mujeres han retirado la tapa y vemos sus rostros (el de una o el de ambas, asomarse). El cadáver envuelto en el sudario cae, como el conde de montecristo por el sumidero del castillo de If, la sábana ondea y da la sensación de que el cuerpo se retuerce en la caída, ingravidez total.

La viñeta sería estirada y ocuparía los dos tercios de la parte izquierda de la página. La sucesión de viñetas repetidas (2, 3, 4, y 5) aparecerían a la derecha. El cambio de escena (viñeta 6) sería la viñeta del pie.

No hay texto.

2. El cadáver cae en una especie de alcantarilla, sucia, oscura. La mano ha quedado extendida, hacia arriba, inmovilizada. Vemos que hay otros cadáveres, ya corrompidos, sepultados en tres palmos de agua. ¿Una forma de diferenciar cadáveres de hombres y mujeres e indicar así para los lectores inteligentes (alguno habrá) que Mácula es bi y le va la marcha chupasangres de tipos y tipas?

La mano podría tener un anillo, un sello con una cruz y las letras grabadas AD (Agnus Dei), un detalle que luego podría servir para identificar al cura.

Una rata en primer plano, sobre un cráneo o un esqueleto (o atrapada en la jaula de la caja torácica). Se me ocurre que podría estar mordisqueando la copa de un sujetador, para así indicar el mujerío cadáver.

La viñeta recoge el momento inmediatamente posterior a la caída, NO el impacto.

3. Repetición de la viñeta anterior.

TEXTO: DOMINE....

TEXTO: MISERERE NOBIS

4. Repetición de la viñeta anterior.

TEXTO: MISERERE NOBIS

5. Repetición de la viñeta anterior, pero ahora la mano se mueve, como si hubiera dado una sacudida. La rata ha desaparecido, asustada (podría ponerse sólo el rabo: temo que si la ponemos saltando acojonada se pierda el efecto de la mano que se agita)

TEXTO: VEN. VEN.

TEXTO: MISERERE NOBIS.

6. La figura encorvada y consumida del sacerdote vuelto a la no-vida se pierde entre la oscuridad de las cloacas. Va sumergido en aguas fecales hasta las rodillas, avanza tambaleándose, de espaldas. La imagen que tengo en mente es el Ronin cuando decía aquello de Tashi.
TEXTO: VEN.

TEXTO: VEN.


PÁGINA 4-5

Doble splash, para no perder costumbre. Tomado desde arriba, pero no en plano demasiado picado, el Castell del Drac, un lugar salido de una pesadilla de Gaudí, torres retorcidas alzándose al cielo, enormes gárgolas de piedra (podría verse entre ellas al Demon, o a la Gargoyle marveliana, incluso a alguna que recordara a Gárgola Gris, al Hombre Dragón; el chiste, de todas formas, no debe ser demasiado claro). El castillo se alza entre montañas escarpadas y es la versión castillo de la Sagrada Familia o la Pedrera o un sitio de esos (podría tener una parte de tejados que parecieran las escamas-lomo de Dragón de la Pedrera). Las ventanas jamás son cuadradas, sino de formas retorcidas, ovaladas como la casa de Doc Extraño. Vamos, Gaudí puro. Entre fantasmagórico y futurista.

Si es posible, una rendijita de luna en cuarto menguante en el cielo (uno ya está harto de que siempre que aparece una luna en los tebeos esté llena). Para que la cosa quede más aparente y lucida, está cayendo la de dios: tormenta, agua, rayos en el cielo.

En la parte derecha de la splash (para no repetir la splash del número 2), Drac de Ferro muy grande, en plena frenada tras el vuelo. Las gotas de agua salpican en su armadura.

Drac de Ferro vuela hacia el castillo con los pies por delante, como supermán, pero en realidad nos damos cuenta de que cae, sin control, listo para estrellarse contra el castillo o contra el suelo. Una de las alas tiene una forma de pájaro (tipo las alas del Buitre o del Arcángel, por ejemplo); la otra es el fuelle estilo Rayo Negro.

TEXTO: Castell del Drac, Alto Ampurdán. Dos días más tarde.

TEXTO: El hombre dentro de la armadura del dragón vuelve a casa.

TEXTO: Más o menos.

DRAC: ¡No puedo controlarla! ¡Me voy a estrellar!

PÁGINA 6


1. Estirada, establishing shot. Drac de Ferro acaba de entrar por una de las ventanas, y lo vemos haciendo un aterrizaje forzoso en el suelo. Se estira como un jugador de beisbol que toca la base, una pierna estirada, la otra encogida, los brazos alzados (uno ya sin ala). Entra por la izquierda de la viñeta y se estira hacia la derecha, rozando el suelo y levantando chispas, hasta frenar la caída. Procura que la escena sea lo más cinemática posible.

Es el interior de una especie de laboratorio-mazmorra, oscuro y tal, entre medieval y futurista. En la parte derecha de la viñeta puede verse una sombra (o no, como quieras, va a salir después).

DRAC: ¡Mare de...!

2. Drac en el suelo, aturdido, intentando levantarse, apoyándose en las manos, como la Masa. El traje se le desparrama por el suelo, como si fuera un charco metálico. En la parte derecha de la viñeta, vemos una sombra inidentificable.

DRAC: Soy demasiado viejo. No aprenderé jamás.

3. La armadura líquida empieza a subir por la pierna de la sombra, recubriéndola, al mismo tiempo que se va borrando de Drac y vemos su rostro. Del nuevo Drac (o sea, de ella) apenas vemos un hombro sin cubrir, el rostro ya con la máscara magefesa.

Habría que procurar que el personal no tuviera en mente a Venom o el traje simbionte de Spider-Man, aunque el parecido es obvio.

Jaume, el Drac masculino, podría tener los rasgos de MANUEL VICENT. Un hombre algo maduro, de sienes plateadas, ojos muy claros y perilla no moderna, sino puramente clásica, y rasgos levemente mefistofélicos que cuadren con su personalidad de aristócrata indolente (Jaime de Mora y Aragón en sus años mozos, en guapo y convertido en superhéroe, vamos).

DRAC-SOMBRA: No digas tonterías. Algún día tendrás que llevar esta armadura.

DRAC-SOMBRA: Y ni siquiera me doblas en edad.

4. Una pantalla anuncia que quiere cobrar vida. Drac vuelve el rostro, una mano en posición de "detente" hacia Jaume.

VOZ EN OFF: ¡Drac de Ferro! ¡Pasa a conexión video! ¡Esto es una emergencia!

DRAC: Es Lázaro. Apártate del campo de visión.

DRAC: Dentro imagen.

5. Primer plano de Juan Pedro Lázaro, algo más demacrado que cuando lo vimos en el número 1.

LÁZARO: ¿Dónde demonios te escondes cuando haces más falta? Trueno necesita tu ayuda.

PÁGINA 7.

1. Drac se cruza de brazos ante la pantalla, orgulloso como él solo.

DRAC: No tengo conocimientos de medicina, así que pensé que no era útil. ¿Hay alguna novedad en el estado de Aquaviva?

2. Vemos a Lázaro, en plano general. Va vestido de oscuro, y tiene un bastón sobre el que se apoya, por lo que debe quedar claro que cojea de una pierna. Contempla un ordenador-conexión en el que se puede ver la cara metálica de Drac. Sobre la mesa donde está el monitor, una foto de una muchachita sonriente, CASCABEL. En otra foto, el Capitán Furia y Flechita, o sea, Roberto Alcázar vestido de Juan Centella y con la máscara de Green Lantern y Pedrín vestido de Flecha de la OJE con la máscara de Robin. Los dos llevan guantes negros. Si hay sitio, en la pared, el retrato constitucional del Rey (basta con que se note en esbozo).

Lázaro es delgado, alto, ancho de hombros, como corresponde a un ex-superhéroe.

LÁZARO: Ninguna. Por el amor de Dios, ¿nunca te quitas esa maldita máscara?

3. El yelmo se alza y dentro vemos la misma cara de JAUME SERRAT. Fuera del alcance de la pantalla, el verdadero Jaume está sentado, contemplando la escena con algo parecido a la socarronería, la pose típica del escritor en la contraportada de los libros, una mano en la cara, un dedo junto al ojo, el resto del puño bajo la barbilla. A su lado tiene una cubetera con una botella de champán (perdón, de cava) puesto a enfriar.

En alguna parte del laboratorio, a ser posible en lugar destacado, cuatro o cinco cajitas como el cubo cósmico, conteniendo la masa metálica de las armaduras (exobiocorazas, sería la palabra).

DRAC: ¿Así está mejor? ¿Qué quiere de mí el paladín de los dedos metálicos?

LÁZARO (desde la pantalla): Aquaviva se le escapa. Intenta colocarla en un campo de estasis, pero le haces falta. Duna no podía contactar contigo.

DRAC: No estaba aquí. Muy bien, me teleporto enseguida.

DRAC (bocadillo unido): Conexión fuera.


4. La pantalla ha ennegrecido. Drac se vuelve hacia Jaume, que se levanta de su silla a salvo de la cámara.

DRAC: Se acabaron las lecciones por hoy, Jaume.

JAUME: Dime una cosa, ¿de verdad pongo esa cara tan seria cuando hablo? No me reconozco en el holograma.

DRAC: Ya. Y también te ves la raya del peinado al otro lado en el espejo.

DRAC (bocadillo unido): No te preocupes. A mí tampoco me gusta tu cara.

5. Drac se borra, iniciando un efecto de teleportación. Detrás, vemos la cara burlona de Jaume Serrat que se sirve una copa de cava.

JAUME: Bueno, al menos tú puedes cambiarla.

PÁGINA 8

1. VIÑETA ESTIRADA EN VERTICAL, que ocupa todo el largo de la página. Como un Luke Skywalker cualquiera, Aquaviva en un tanque de agua. Flota ingrávida, con los cabellos esparcidos por el agua, y las burbujas de colores cubren los tres o cuatro puntos estratégicos de su cuerpo, lo suficiente para demostrar que no tiene la ropa puesta. Fuera, en alguna parte, está su traje. Hay cables y electrodos conectados a Aquaviva desde la pared interior del tanque, que tiene forma de coctelera.

Dentro del tanque, en lugar visiblemente pero tampoco sin pasarse, hay una mano metálica, toqueteando cosas, en plan Zarpa de Acero o así. Una mano derecha.

Fuera del tanque, entre máquinas y pantallas, Trueno trabajando contrarreloj. Esté lo que esté haciendo, sólo le vemos una mano, la izquierda (la otra está tapada por algun ordenata, o bajo la mesa, etc, para que no se vea inmediatamente que es manco y su mano es la que está toqueteando a Aquaviva dentro del tanque).

En primerísimo plano, en escorzo, el mismo efecto de teleportación de la última viñeta de la página anterior. DRAC ha llegado a la base.

TRUENO: Menos mal que has venido.

2. Los dos superhéroes miran juntos la lectura de un monitor. Ambos así como de perfil, mirando hacia abajo. Ahora sí podemos ver, tachán tachán, que a Trueno le falta un brazo.

TRUENO: No consigo estabilizar su estado. La gravedad de la herida es lo de menos. Es la infección lo que me preocupa.

DRAC: Por lo que sabemos de su biología, una aspirina podría matarla. Y el arsénico curarla.

3. TRUENO en plano medio o así, tomado un poquito desde abajo, en plan Gil Kane. La mano se reintegra sola a su hueco en el muñón, con efecto chasqueante.

TRUENO: No podemos correr ese riesgo. Uno de los poderes de Aquaviva es detectar niveles de contaminación. El arma que la hirió... estaba hecha de durometal.

TRUENO: Como mis brazos. Su propio poder funciona ahora en su contra.

4. Plano medio de los dos conversando. Algún detalle de comprobación de los datos de Aquaviva, etc. Pon que se vea claramente que Drac es cabeza y pico más alto que Trueno.

DRAC: Dolmen y Trasnu intentan recuperar el Cetro de la Sabiduría de Melkart por medios místicos. Tal vez con los conocimientos que almacena...

TRUENO: Me temo que yo no puedo esperar tanto. He de consultar con mi padre, en América.


PÁGINA 9.

1. Contraplano con respecto a la última viñeta de la página anterior.

TRUENO: Duna necesita tiempo para reorganizarse. Dedica buena parte de su atención a mantener el campo de estasis.

TRUENO: Así que tienes que quedarte vigilando el fuerte en mi ausencia, Drac.


2. Drac y Trueno en escorzo. Han salido de la habitación o entran en otra. Una mano de Trueno indicando, tachán, a TRAKA, que está sentada en plan sexy total en algún lugar en alto, cruzada de piernas, sin el gorrito hortera, absolutamente provocativa y sensual.

TRUENO: No te preocupes. No estarás solo.

TRAKA: ¿Qué tal, cabeza de gárgola?

3: Viñeta pequeñita. Primerísimo plano de Drac. A pesar de la máscara, la iluminación debería indicar la sorpresa y el resquemor en su rostro (si 3P0 lo consigue, nosotros no vamos a ser menos)

DRAC: ¿Ella y yo aquí... juntos? ¿Y Lobisome? ¿Y Melkart?

4. Viñeta grande que ocupa todo el resto de la página. Saltando hacia el lector, una potentísima moto de esas ultramodernas con manillar en alto. Conduce Melkart (pónle gafas de motero). Detrás, de paquete, con una mano sujetándose el peluquín, digo los harapos, LOBISOME, absolutamente acojonado por la velocidad y la forma de conducir del fenicio.

TRUENO (cartucho en off): Melkart decidió que no podía esperar ni una solución ni otra. Dijo tener una idea propia para intentar curar a Aquaviva.

TRUENO (cartucho en off): Lobisome le acompaña.

LOBISOME: ¿Dónde has aprendido a conducir?

MELKART: ¡No es tan diferente a una cuádriga!

LOBISOME: ¡Eso dices tú! ¿Lo saben en Tráfico?


PÁGINA 10.

1. Viñeta grande. Podría ocupar más de dos tercios de la página. El interior de La PEÑA CULTURAL Y RECREATIVA EL BURLADOR. Un sitio pequeño, algo infecto, lleno de carteles, infinidad de cuadros, alguna cabeza de toro colgando en un lado.

El plano es un picado. Vemos destacando en la viñeta un flotete clavado en el techo, algo sucio, con alguna que otra teleraña si no es pasarse ni desvía la atención.

Abajo, junto a la puerta, un asombrado y emocionado Burlador que la contempla, con el sempiterno maletín del otro florete en la mano. Para demostrar que esto es un comic moderno que no hace concesiones, podría ir vestido de forma distinta al número anterior.

Tras la barra hay una mujer que limpia vasos o esas cosas que se hacen detrás de las barras. Es talludita, entrada en años, pero todavía de buen ver. Un estilo a Loles León, por poner un símil. En la barra hay un par de parroquianos bebiendo cerveza. En las mesas, que son de mármol, un par de jubilados juegan al dominó.

Los cuadros (que, insisto, recubren todo hueco libre de las paredes), son un monumento a la mayor gloria y honor del Burlador. Hay fotos, recortes de periódicos, más fotos pero autografiadas, alguna en pose con algún superhéroe irreconocible. Un cartel de toros, que sigue siendo Sevilla. Un anuncio de Anís del Mono, o de Manzanilla la Gitana. Un gran espejo en un lado, para que no tengas que dibujar tantas chorradas. Y un uniforme del Burlador clavado a la pared, algo sucio y ajado, como si fuera la piel de Lobezno puesta a secar.

Las palabras "Peña C y R EL BURLADOR" podrían verse en el dintel la puerta, que sería de cristal, en inverso.

TEXTO: Sigue estando aquí. No ha cambiado nada.

TEXTO (con otra rotulación): ¡Me marcho, amigos míos! ¡Me voy a América!

TEXTO (con otra rotulación): ¡Aquí clavo mi espada! ¡Quien tenga el valor de imitarme, que la coja!


2. El Burlador, absolutamente emocionado, con un nudo en la garganta, pasa los dedos, incrédulo, por una foto donde se ve claramente a él mismo, de joven y con la máscara, junto a una reconociblísima AVA GARDNER y un superreconocible ERNEST HEMINGWAY. Burlador está entre ambos. Pueden verse las firmas garabateadas. Un detalle de estilismo innecesariamente barroco, pero bonito, sería que, visto de frente el cuadro y la foto, viéramos cómo el reflejo de los rasgos actuales del Burlador se superponen sobre los de él cuando jovencito. Más que nada por seguir con el símil de las máscaras del título.

TEXTO: Ava Lavinia... Papá Ernesto... Seguís aquí. Cuánto tiempo.


3. El Burlador, obviously, se sienta en la barra y le pregunta a la señora.

BURLADOR: Disculpe. La decoración de este local...

MUJER: Bonita, ¿verdá, mi arma? Venía ya con el traspaso, pero está la cosa muy dura para ponerse a encalar tabiques.

4. Plano medio de la mujer, que pone una cerveza y una copita de vodka o de algo así sobre la mesa. Su escote destaca adecuadamente.

MUJER: Dicen que el Burlador fue un superhéroe, ¿sabe? Como Kubala.

MUJER (bocadillo unido): A lo mejor resulta que los Reyes Magos existen.


PÁGINA 11

1. Viñeta estirada en vertical, ocupa todo el largo de la página. Una villa griega, o sea, un chalet superlujosísimo con detalles clásicos, situada en una roca cortada a pico que da al mar (no demasiado alto, supongo). El sueño de Lawrence Durrell, la isla aquella de ensueño donde Príncipe Valiente encontró a las dos morenazas y el remolino que destrozaba los barcos. Un pajarito volando en el cielo, que siempre hace bucólico.

En el mar, más cercano al lector, un yate de lujo, moderno y tal (consulta Bernard Prince). El yate tiene el nombre de ITACA, pero en letras griegas, para seguir con el despiste. Está anclado. NO HAY TEXTO.

2. Una chavala de bandera está tumbada al sol en el yate, boca abajo. Tanga reducidísimo (o sea, que le vemos el culo casi al completo). Los típicos daikiris al lado. Sensación de placidez total. Cerca, un hombre está enfrascado leyendo un periódico. Tiene un teléfono portátil cerca, y un arco y flechas anda tirado por alguna parte.

Ella es rubia, macizísima. Él tiene el pelito largo, como si fuera Michael Douglas. Sin barba. No es otro que Ulysses Oydeuss, o sea, nuestro amigo Odiseo del número 1, pero cambiado para ponerse a tono con los años. Ella, of course, es Nausicaa en plan matahari moderna y tal.

Puede haber un ordenador portátil conectado a internet en la mesita, otros periódicos financieros, qué sé yo. Consulta si puedes Largo Winch.

3. Acercamiento al hombre. Vemos sobre todo el titular del periódico (el DAILY ATHENS, por ejemplo), que dice: SPANISH DEMI-GOD ON A RAMPAGE (así, en inglés). Y la foto muestra a Melkart destrozando algo, viñeta perdida del número uno.

Odiseo sonríe con media sonrisa entre cínica y picaruela. Puede estar quitándose las gafas de sol.

ODISEO: ¿Has visto las noticias?

4. Primerísimo plano de la rubia. Sorbe una pajita de cóctel como si fuera el don natural de Rocco Sifredi. Tiene puestas gafas, el pelo recogido. Podría tener la parte de arriba del sujetador quitada, y vérsele un pezón (se van a enterar los mangakas, hombre). Sonríe también.

NAUSICAA: Ha comenzado.

(END del interludio).


PÁGINA 12

1. Establishing shot. Una farmacia. Todo tipo de marcas reconocibles entre los estantes (y eso que no nos pagan!) En la parte izquierda, LOUP GAROU, o sea, la versión iberia de BATROC THE LEAPER. Va vestido de paisano. Es un francés típico, con cara del amigo de Tarzán, bigote de punta. Sienes plateadas. Procura que no se parezca demasiado al Burlador, aunque el paralelismo entre ambos será evidente.

LOUP GAROU se vuelve y tose para no echar el bofe sobre la gente de la farmacia.

En primerísimo plano, una chavala de buen ver estira la mano para recoger (o recoge) una caja de preservativos CONTROL. Uno de los clientes es un japonés que lleva una cámara.

En la parte derecha de la viñeta, por el fondo, irrumpiendo con cara de pocos amigos, dos chorizos, no de Cantimpalo, sino dos drogatas. Chupa de cuero, pañuelo al cuello, recortada uno. Más bajo, calvo, con la camiseta de G.I.L. el otro (estamos en Marbella aunque no se diga). Sólo los lectores muy inteligentes deben darse cuenta de que son una versión realista de Makinavaja y el Popeye.

LOUP GAROU (pensando): Maldita lentitud. Este jodido cáncer me matará antes de que compre los medicamentos.

MAKI: ¡Todo el mundo contra la pared!

POPEYE: ¡Y cuidadito que esto se dispara!

2. Plano medio del Maki con la recortada apuntando al lector. Cara de pocos amigos.

MAKI: Venga, nena, vacía la caja. Rápido.

3. Todo el mundo petrificado. La maciza de antes a punto de ponerse de rodillas. La farmacéutica acojonada. Un par de clientes en el suelo. Sólo Loup Garou permanece en pie, aparte.

Popeye (que podría ser tuerto pero sin parche, como el de Segar), ha saltado o está saltando al otro lado de la barra.

Maki apunta a Loup Garou, mosqueado porque el otro no se cosca.

POPEYE: ¡Las anfetas! ¿Dónde coño están las anfetas?

MAKI: ¡Tú, franchute de mierda! ¿No entiendes cristiano o qué?

4. Empieza el lío. Loup Garou, a pesar de ser un pureta y estar casi en las últimas, pega un bote y traza una pirueta en el aire.

LOUP GAROU: Naturalmente, mon ami. Pero no me apetece mancharme la chaqueta.

LOUP GAROU: No merecéis la pena.


PÁGINA 13

1. Loup Garou aterriza sobre Maki, derribándolo y dejándolo k.o. con una patada de savate. Espectacular y todo eso. El Maki sale despedido hacia el lector. La idea sería que choca contra el "cristal" de la viñeta.

LOUP GAROU: Nést çe pas?

2. Detrás de la barra, el Popeye empieza a pegar tiros contra el Loup Garou. En homenaje a Kirby (y al Batroc), podríamos ver cuatro o cinco veces la figura de Loup Garou, dando volteretas por el suelo.

POPEYE: ¡Hijo de....! ¿Cómo se mueve tan rápido?


3. Loup Garou cae sobre Popeye. Con una mano le arranca la recortada y con la otra le da un golpe con el canto de la mano, en plan karate.

LOUP GAROU: ¿Esto es rápido para ti, basura? Tendrías que haberme visto en mis buenos tiempos.

4. Loup Garou se alza sobre los dos tipos. Tiene a uno de ellos cogido por el cuello de la camisa, el otro puño cerrado, en actitud amenazante. El otro chorizo es un guiñapo en el suelo (se sobreentiende que los está sacando de la farmacia, pero debe quedar también la duda de que vaya a... rematarlos). Lo vemos de espaldas, las piernas abiertas, volviéndose sorprendido hacia el lector, la pose típica de Spider-Man según Ditko.

Más cercanos al lector, los sorprendidos atracados, que se han puesto de pie y le aplauden.

LOUP (pensando): Malditos principiantes. Son una deshonra para la profesión. Debería...

LOUP: Mais...?

FARMACÉUTICA: ¡Bravo! ¡Magnífico!

CLIENTE: ¡Han visto cómo nos ha salvado? ¡Es un superhéroe!

5. El japonés, agachado, tira una foto. Vemos el reflejo del flash sobre Loup Garou, que sorprendido no sabe cómo reaccionar, y sonríe como Errol Flynn. La chica maciza le está besando en a mejilla, totalmente entregada. Plano medio (después será primera plana de LA VOZ DE MARBELLA, en el número 4)

CHICA: Gracias, monsieur.

LOUP: Je ne... No ha sido nada.


PÁGINA 14

1. Contraplano de la última viñeta de la página anterior. De espaldas, vemos la mano de LOUP GAROU posada sobre las ancas o directamente sobre el culo de la chica. El japonés de rodillas, tirando otra foto. Los demás comentando la jugada (uno de ellos puede darle una patada a uno de los chorizos).

LOUP GAROU (pensando): L´Spagne ces´t different! Si supieran que no soy precisamente un superhéroe...

LOUP GAROU (pensando, bocadillo unido): Increíble. Estas cosas sólo me pasan a mí.

2. Cambio de tercio. Vuelta a la peña del Burlador. Lo vemos sentado en la mesa, medio desplomado. Un par de botellas, una volcada. Burlador contempla la copa que tiene en la mano como si fuera una bolita mágica que contuviera todas las respuestas.

La camarera sirve un sol y sombra a otro cliente. Un camionero típico, patillas negras, grandullón, camiseta sucia y cara de pocos amigos, casi el bruto típico de los mangas o de Curro Jiménez. Un palillo en la boca. Vemos que el tío tiene intención de propasarse (acoso que le llaman con la chavala), una mano en el culo o directo bajo la falda.

3. Acercamiento a la escena. El camionero ha pasado directamente a la acción y ahora soba descaradamente a la camarera. Expresión lasciva, sonrisita de oreja a oreja. Ella, escotada todavía, aparta la cara con gesto de asco.

Al fondo, si hay espacio, podemos ver que el
Burlador vuelve la cara hacia ellos y se sacude levemente de la cogorza.

CAMIONERO: Venga, no te hagas la estrecha. Verás cómo te gusta.

MARUJA: ¡No! ¡Déjame!

4. Tachán tachán. El Burlador supera la tajada y lo vemos de pie, con el sable en la mano, actitud gallarda y ridícula al mismo tiempo. Vestido de paisano, of course. El plano está tomado un poco desde arriba, por lo que podemos ver también en la parte inferior de la viñeta las cabezas del camionero (futuro Vitriolo) y de la camarera.

BURLADOR: ¡Suéltala!

5. Primerísimo plano de la cara o la boca burlona del camionero. Viñeta pequeñísima, para no restar espectacularidad a la anterior.

CAMIONERO: ¡Vaya por Dios, el Jinete Fantasma en persona!


PÁGINA 15

1. Comparado con el Burlador, el camionero es enorme, como Goliat comparado con el Capitán Trueno o la Masa con DD. Es el típico matón de bar, experto en mil peleas, algo tripón, con camiseta de rayas que se le queda estrecha. Ben Grimm si viviera en Vallecas.

Sin soltar el palillo de la boca, el camionero agarra el sable por la misma hoja y levanta el puño que le queda libre.

CAMIONERO: Cuidado con la gillete, no te vayas a cortar.

2. Puñetazo barriobajero contra la cara del pobre Burlador. Este suelta el sable, que se queda en la mano del camionero.

CAMIONERO: Trae.

3. El Camionero se carga la hoja como si fuera un palillo. Detrás, con la cara hinchada por el puñetazo y los labios saltando, Burlador salta hacia él.

BURLADOR: ¡Mi espada!

4. Encontronazo entre ambos. El Burlador ataca a un muro de piedra.

CAMIONERO: ¿Todavía con ganas de jugar a los héroes? ¿Pero de dónde sales?

5. El camionero sujeta el puño derecho del burlador conteniéndolo dentro de su palma. Escena de tensión máxima.

CAMIONERO: ¿Te apuestas algo a que sé dónde vas a acabar?

6. Primerísimo plano de las dos manos, el puño contenido y la manaza que lo sujeta. Algo empieza a hervir y sisear, el puño del Burlador mismamente, que se derrite.

ONOMATOPEYA: Sssss...


PÁGINA 16


1. El camionero ha soltado al Burlador, atónito. Se mira la mano abierta, ilesa. El Burlador, acojonado, muertecito de dolor, se ha vuelto hacia el lector. En vez de mano, lo que tiene ahora es una cosa derretida y sanguinolenta. La mira a su vez, incrédulo.

CAMIONERO: Tu mano. ¿Qué carajo...?

2. El Burlador cae de rodillas, sujetándose la mano derretida con la otra, expresión de supremo dolor. La mujer acude a ayudarlo. El Camionero se larga corriendo hacia la puerta.

CAMIONERO: ¡Yo me abro!

3. El camionero se pierde en un callejón. Lo vemos correr, de espaldas.

4. El camionero choca con una sombra negra, enorme, malignamente protectora, que alza una mano como si fuera a dar una bendición, dos dedos estirados como un icono.

SIGNO: No huyas. Sólo es el miedo a ti mismo lo que te da alas.

5. La mano de SIGNO se posa sobre la frente del camionero, y vemos cómo muta a ojos vistas, derritiéndose de forma repulsiva.

SIGNO: Despierta, déjalo todo y sígueme, pues no he venido a buscar a los justos, sino a los pecadores.

6. El camionero se contempla en su nueva encarnadura, repulsivo, un sapo que suda un ácido chorreante.

SIGNO: Ven conmigo, Vitriolo. Levántate y anda.


PÁGINA 17


1. Viñeta grande, ocupando dos tercios de la página. Un cementerio de noche. En primerísimo plano, un ángel de piedra, tipo portada de Watchmen 2, perteneciente a un mausoleo. Detrás, un ciprés. Los MASCHERATTA en diversas poses y actitudes. Son:

DUX, el líder del grupo. Mascheratta es una familia mafiosa que viste en plan superhéroe los colores de la Comedia del Arte italiana, tipo veneciano y tal. Dux sería Pulcinella, el viejo esposo cornudo y mala leche. Va sentado en una silla de ruedas, pero como estamos en plan modelno, la silla puede no tener ruedas como tales y medio flotar en el aire como la de Xavier cuando se da un garbeo por el mundo Shi´ar. DUX es un hombre de unos cincuenta y cinco años, encorvado en la silla, las manos engarfidas, quizás sufra una enfermedad degenerativa tipo esclerosis múltiple o así. Se cubre con la máscara blanca. Si llegáramos a verle la cara en el transcurso de la pelea, me gustaría que se pareciera a AL PACINO un poco más mayor (bueno, a Al Pacino como está ya ahora), que a fin de cuentas son mafiosos y estamos jugando a el padrino.

ALONDRA es su esposa. Una muchacha joven, macicísima y tal. Es española. Ocupa el nicho de Colombina en la Comedia del Arte (pero "Colombina", o sea paloma, queda muy cursilón). Podría tener el físico de Eva Pedraza (que me encanta) o de la presentadorita esa de telecinco que se casó con el italiano, la de las tetas absolutamente esféricas, la que presentaba aquello de Vivan los Novios.

ARLEQUIN es el héroe del grupo... si los Mascheratta fueran héroes, claro. Apuesto, esbelto, atractivo, ágil. Un Daredevil del mal con la máscara veneciana y supongo que el gorrito negro. Andy García o Antonio Banderas.

BELVA (o sea, Fiera, Bestia). La Bestia de Neal Adams pero vestido con los colores y la máscara de la Comedia del Arte con algo del Lobezno de los primeros tiempos, que siempre vende. Simiesco, desproporcionado. Ocuparía el lugar de Brighella, el adláter de Arlequín, tonto y forzudo, fanfarrón. Arlequín es el Lancelot de Dux, y Belva es su Sancho Panza, grande, fortachón, con unas manos enormes. Arlequín es el guardaespaldas especializado, el protector frío, mientras que Belva se encarga del trabajo duro y físico, como el Buey en los Forzadores.

(OTROS DOS MIEMBROS DE LA FAMILIA MASCHERATTA SERÁN PIERROT, UNA MUJER; IL CAPITANO, UN TIPO CON ESPADA-CACHIPORRA CON ASPECTO DE CARABINERO-CARA DE CALAVERA; Y SCARAMOUCHE, EL ESPADACHÍN FRANCÉS QUE ENLAZA LA COMEDIA DEL ARTE ITALIANA CON LA FRANCESA. NO SALEN AQUÍ PARA NO TENER QUE PLANTEAR UNA BATALLA CON MILES DE PERSONAJES, DE NADA)

Los trajes de Mascheratta deben tener no una uniformidad absoluta como los 4F, pero sí variaciones en el diseño, como los Alpha Flight. En VENECIA CELESTE Moebius pinta las máscaras, me parece.

En la viñeta, vemos a ALONDRA (o sea, nuestra Ginebra), protegiéndose del viento nocturno con la capa negra. Mira inquieta hacia un lado, que no debe ser muy divertido andar profanando cementerios en países extraños o propios a medianoche. DUX controla la operación, sombrío y corcovado, casi un Ricardo III en silla de ruedas (es que en el fondo la máscara de Pulcinella la imagino como el físico de Lawrence Olivier). Más adelantado unos pasos, ARLEQUÍN en pose de guardaespaldas protector, asomado al agujero del que BELVA está desenterrando algo. Belva saca una caja enorme de una fosa.

TEXTO: Están fuera de lugar, pero no desentonan en este sitio.

TEXTO: Se llaman Mascheratta.

TEXTO: Son lo único que Drac de Ferro teme en este mundo.

ALONDRA: ¿Estás seguro de que dijeron que lo encontraríamos aquí?

DUX: Eso acordamos, Alondra. El material estará en su lugar.

ARLEQUINO: Mi Dux... Belva ha encontrado algo.

TEXTO AL PIE: * TRADUCIDO DEL ITALIANO.

2. BELVA parte de un puñetazo nealadamsiano el ataúd.

BELVA: Dejadme a mí

3. Contrapicado de Belva, que saca algo de la caja y lo alza a la luna. No llegamos a ver qué demonios sostiene, quizá porque el brillo de la luna se interpone con lo que tiene en la mano (que, según veremos luego, es un frasco con una droga de diseño que se inocula por medio de gotas en los ojos). La idea es hacer creer al lector que están sacando el Cetro de Melkart.

BELVA: ¡Aquí está!

BOCADILLO EN OFF (VOZ DE DRAC DE FERRO): Nosotros también.


PÁGINA 18


1. Drac se ha teleportado junto con Traka. Lo vemos en plan hiperespectacular, un pie apoyado en una de las tumbas, pose heroica. Detrás de él, un poco aturdida por el teleporte, Traka. La armadura de Drac parece crepitar de energía pura. Tal vez sería interesante dejar sin terminar de dibujar qué sé yo, parte de una pierna del Drac, o de Traka, para demostrar eso, que se están teleportando allí mismo.

Los Mascheratta se vuelven al verlo llegar. Gestos de sorpresa, tensión en los músculos, ganas de pasar al contrataque, etc.

DRAC: Buona sera, Mascheratta. Benvenutti a la Spagna.

DUX: Porco in Dio! ¡Nos han descubierto!

TRAKA (dream-balloon): La teleportación de Drac de Ferro es tan inmediata, tan diferente a los sistemas de Duna...


2. Belva salta hacia Drac Detrás de él, Arlequín se prepara.

BELVA: No sé quién demonios eres, fantasma de metal, pero la ley del silencio es norma en nuestra familia.

BELVA: ¡Verás cómo consigo cerrarte la boca!


3. Drac suelta un revés y detiene a Belva. Drac está de espaldas, y Belva se contorsiona en el aire por el bofetón como un gato. Seamos explícitos y que se note claramente que de su boca chorrea un borbotón de sangre que se pinta en el aire como un brochazo (oops, secuelas de Mundo de Dioses, lamento las descripciones literario-pictóricas, pero es difícil dejar el estilo tras cinco años de batallas escritas). Con la otra mano, Drac lanza una andanada de rayos positrónicos que Arlequin repele alzando una mano y plantando ante sí una especie de escudo de fuerza (Arlequín podría tener en la mano derecha una especie de guantelete protector al estilo del que Pacheco le ha puesto a Reed Richards).

DRAC: Inténtalo en otro momento, fanfarrón.

DRAC: Abreviemos, gente. Conozco vuestros poderes. Sé qué es lo que habéis venido a buscar.

DRAC: Sed sensatos. Entregádmelo.


4. Traka se lanza sobre Alondra y se apoya en sus hombros para derribarla, o como mejor veas.

TRAKA: Hacedle caso. Es un tipo duro, ¿sabéis? Insensible como una piedra.

TRAKA: Al menos yo no consigo ablandarlo.

TRAKA: Hola, linda palomita, ¿hablas mi idioma?


PÁGINA 19


1. Alondra remonta el vuelo y se lleva consigo a Traka, que no esperaba la reacción de la otra mujer. Viñeta de Spider-Man arrastrado por el Buitre o del Angel en los espolones de Sauron.

ALONDRA: Mejor de lo que tú crees, ninot con wonder-bra.

TRAKA: ¡Sabes volar! ¡Qué envidia!


2. Alondra lanza un puñetazo contra la cara de Traka, que cierra los ojos y todo eso como reacción.

ALONDRA: No es difícil. Lo peor es aterrizar.


3. Traka se da la hostia contra el suelo, de culo, y podría romper la estatua del ángel de antes o alguna otra parte del cementerio. Alondra sigue revoloteando. Detrás, vemos cómo un golpe de Drac de Ferro ha roto el escudo de fuerza invisible de Arlequín. Belva se ha plantado delante de la silla de ruedas para proteger a Duce.

ALONDRA: ¿Te das cuenta?

TRAKA: ¡Uuuff!

ARLEQUIN (habla con Drac): ¿Quién eres? ¿Cómo has dado con nosotros?

DRAC: Nuestros destinos están unidos, Arlequín. Hasta que pueda cortarlos.

4. Drac levanta por el cuello a Arlequín. De un puñetazo, podría romperle la máscara.

DRAC: Conozco vuestra identidad, Dago. Fue fácil comprobar que habíais entrado en España.

DRAC: Pero basta de explicaciones. Una de mis compañeras está muriendo.

DRAC: Quiero el Cetro. Y lo quiero ahora.


PÁGINA 20


1. Primer plano de Traka, todavía intentando incorporarse, que ve cómo Drac le da sopas con honda a Arlequín y a Belva.

TRAKA: Nunca había visto a Drac tan lleno de odio. Es como si la recuperación del Cetro fuera algo secundario para él.

TRAKA: Todo lo que dice parece tener doble sentido. Como si conociera el futuro, como si advirtiera un terrible peligro.

TRAKA: Como si quisiera vencer el miedo.


2. Drac, en el aire, quema con un rayo de lo que demonios sea las alas falsas del traje de Alondra, que empieza a caer.

DRAC: Mi paciencia se acaba, Mascheratta.

3. En el suelo, sin tiempo a levantarse tras la caída, Alondra recibe en la cara un puñetazo muy poco cortés de Traka, burlona y con cara de mala leche.

TRAKA: Sorpresa.

4. Sólo quedan en escena Drac y Dux. El de la silla de ruedas se alza un poquito en el aire, como Modok, y vemos que la silla no está desarmada ni mucho menos. Dispara un aluvión de balas que crepitan alrededor del Drac.

DUX: Ignoro qué buscas, dragón, ni porqué sabes tanto de nosotros.

DUX: Pero no te vamos a entregar el cargamento. ¿Quieres mejor una ración de muerte?


PÁGINA 21


1. Drac se ha colocado debajo de la silla y, tras agarrarla, hace que Dux voltee y caiga al suelo. Dux cae hacia el lector, dando una voltereta, en plan espectacular.

DRAC: En otra ocasión, tal vez, Dux.

DRAC: Ahora quiero el Cetro de Melkart. Y pronto.

2. DRAC se coloca a horcajadas sobre Dux, a quien puede arrancar la máscara en un arrebato de furia. Detrás, vemos que Traka da una patada doble a Belva, que intentaba correr al socorro de su boss.

DUX: No tenemos ningún cetro. Hemos venido a España en busca de tecnodrogas. Has seguido una pista falsa.

3. Primer plano de Al Pacino avejentado, cara de cabreo supino. Le sale sangre por la boca. La mano de metal de Drac forma un aguijón-garra de Lobezno.

DRAC: Entonces todavía estoy a tiempo de arreglar un par de cosas para el futuro.


4. Una vara de metal o madera se interpone entre el aguijón de Drac y el cuello de Dux. Es el bastón de Juan Pedro Lázaro, alias Flechita en sus años mozos.

VOZ EN OFF: Drac, no.

5. Lázaro en plano general, tomado un poco desde abajo.

LÁZARO: No puedes matarlo a sangre fría. No es nuestro estilo.

LÁZARO: Suéltalo.

PÁGINA 22

1. Paisaje después de la batalla. Belva recoge del suelo a Dux y lo coloca en la silla de ruedas. A ver si conseguimos con la sutileza mostrar que Arlequín, que ayuda a incorporarse a Alondra, que tiene el uniforme desgarrado y chamuscado, están liados. En otro lado, Lázaro de pie, majestuoso, casi más poderoso que Drac, que está con la cabeza gacha, frustrado por no haber conseguido alterar el futuro (sabe que en una de las futuras batallas con Mascheratta morirá y tendrá que ser sustituido por Jaume Serrat, de ahí todo su nerviosismo en la batalla; en la tercera mini-serie de Iberia Inc, allá por el 2003, lo contaremos). Traka puede tener en las manos las ampollas con la droga, que contempla con diversión poco disimulada, quizás incluso se la echa en los ojos (Traka es muy liberada y eso se nota tanto en su pose como en sus diálogos: se va a volver mala al final y hay que ir preparado el terreno). Está de pie junto a la caja rota. El cementerio ha quedado hecho un asquito (y será punto de referencia en el número 4).

LÁZARO: Duna me advirtió de lo que planeabas. Pero Mascheratta no viene en busca del Cetro. Lo habíamos comprobado ya.

LÁZARO: Son intocables. La inmunidad diplomática no es un dulce agradable de tragar. Lo siento.

TRAKA: ¿Esto es o que buscaban? ¿Una droga de diseño por vía ocular? ¡Qué original!

2. Los Mascheratta se reúnen en torno a Dux. Ahora vemos que, pasada su primera impresión de preocuparse el uno por la otra, Arlequín y Alondra se preocupan por el jefe del grupo. Ella solícita, se coloca a su lado, sujetándole un brazo. El viejales le palmea la mano. Arlequín se coloca detrás de la silla, como para empujarla, apartado y distante, casi dolorido. Están de perfil.

DUX: Estoy bien, esposa mía. No te preocupes.

DUX: Esto no quedará así, Drac de Ferro. Volveremos a encontrarnos.


3. Primer plano de Drac, super sombrío.

DRAC: Lo sé. Os seguiré esperando.

4. El Burlador tirado en un rincón, con la mano ensangrentada envuelta en un pañuelo sucio. Sufre dolor y delirium tremens, babea. Vamos, que está hecho un asquito.

TEXTO: Vencido, hundido, ignorado, borracho.

TEXTO: Ya lo tienes todo, Burlador. Círculo completo. ¿Quién ha oído hablar de un espadachín manco?


5. Un cochazo tipo Mercedes se detiene a su lado. Las ruedas podrían hacer salpicar agua de un charco.

TEXTO: Ya has tocado fondo, perdedor. ¿Qué más puede hacer que te ahogues en el lodo?

6. La puerta se abre. Vemos la pierna sinuosa y desnuda de Mácula y a ella que se asoma, atractiva y reconocible.

MÁCULA: Ven. Sube.


END OF CHAPTER THREE.

PROXIMO EPISODIO: ¿QUIÉN QUIERE VIVIR PARA SIEMPRE?



2011-12-26

VIVIR DEL CUENTO

Conozco a muchos escritores. Yo mismo, de verano en verano, soy uno de ellos. Algunos son de primera fila y otros de segunda B o de tercera regional. La inmensa mayoría no se gana la vida con lo que escribe, alguno se auto-edita sus libros, otros han inventado el término “worst seller” para reconocer que, contra viento y marea, siguen urdiendo tramas y emborronando folios aunque el éxito de ventas sea un país desconocido.

Escribir una novela lo mismo lleva seis meses que diez años. Si tienes suerte de que se publique, estará en las librerías otros tres meses, porque hay que dejarle sitio a los éxitos impuestos desde arriba. Nunca sabemos cuáles son de verdad las cifras de ventas. De vez en cuando, a los ocho meses o así tras la publicación del libro, se salda y se vende por menos de la mitad de su precio (y el escritor ya no cobra), o te llega la terrible nota de la editorial que anuncia que el resto de la edición va a ser destruido (quemado) porque no hay sitio en los almacenes para tanto libro náufrago de lectores.

También nos piratean. De vez en cuando, si pierdo algún original por las cosas estas de los ordenadores que se mueren sin avisar, yo mismo me he bajado de internet mis cosas. De vez en cuando, para ciertos lectores, no tenemos empacho en enviarles los archivos digitales cuando ya no nos quedan ejemplares físicos.

Mientras nos dure la inspiración y la ilusión, seguimos escribiendo. El libro digital lo mismo nos acaba de barrer del mapa o nos permite llegar a los lectores saltándonos dos intermediarios, el editor y el librero, que por cierto se llevan el noventa por ciento del porcentaje de la tirada con respecto al escritor.

La literatura es una cosa y la vida literaria es otra. Anunciar como se ha anunciado estos días, por parte de una de esas inexplicables primeras figuras del gremio, que no vas escribir más porque han pirateado tu libro no es más que una estrategia de marketing. Y se nota. Ningún pintor dejó de pintar cuando apareció la fotografía. Ningún actor dejó de pisar los escenarios cuando llegó el cine. Si llevas dentro el veneno, lo llevas siempre. Te pirateen o no te pirateen. Vendas o no vendas. Lo demás es farándula.


Publicado en La Voz de Cádiz el 26-12-2011

2011-12-26

CANON

Cuando Stoker se marchó, el lacayo se volvió hacia su amo.

—¿Cruces? ¿Ajo? ¿Luz del sol? ¿Estacas? ¿Por qué le has contado esas cosas, maestro?

—Porque mientras los hombres crean que así nos pueden matar, estaremos siempre a salvo —contestó el no muerto.



Me acaba de llegar el primer tomo de la nueva colección que el infatigable Manuel Caldas presenta, "Cómics de Prensa", centrado el primer número en Cisco Kid, el héroe del oeste que con guiones de Rod Reed ilustrara para la historia el grandísimo artista argentino José Luis Salinas.

Hace un par de semanas, está comentado más abajo, me llegó este mismo material en la reedición norteamericana.

¿Qué les puedo decir a estas alturas de Cisco Kid, de la enorme maestría de Salinas, de la belleza de sus dibujos, de lo majestuoso de su trazo? ¿Y del trabajo de amor y entrega de Manuel Caldas?

Compara uno esta edición con la norteamericana.... y es que no hay color. Donde los americanos resuelven con un borrón y adelante, aquí vemos con absoluta nitidez la línea, la pluma, los gestos, la elegancia de las mujeres, el poderío de los caballos, la galanura de Cisco (que debe ser el héroe varón más guapo de la historia de los cómics).

Un tour de force, el de Manuel, que hace justicia a los dibujos del maestro Salinas, como ya lo ha venido haciendo con los de Hal Foster.

Compra obligada, ya saben, pidiéndolo por correo al editor, que encima hace un regalo: la reproducción a tamaño real del original de la tira del 20 de agosto de 1951.

mcaldas59@sapo.pt
www.manuelcaldas.com
www.bloguedelos300.bloguespot.com

2011-12-23

MISFITS 3



Cuando al final de la segunda temporada Robert Sheehan anunció que no volvería a una tercera, y por tanto nos perderíamos al personaje de Nathan, muchos se rasgaron las vestiduras, anunciando agoreros el final a la serie y echando unas culpas que en cualquier caso habría que haber achacado al actor, que demostró con ese paso (¿en falso?) participar de más de una de las características de su personaje.

Nadie es insustituible, y la serie no se ha resentido demasiado de su marcha. No es difícil comprender que el nuevo personaje que se incorpora, escindido en dos mitades, habría sido el propio Nathan con sus nuevos superpoderes, pero en cualquier caso Joseph Gilgun da a su personaje de Rudy los suficientes matices para alejarlo de su comparación. Al igual que Nathan, es tosco, mal hablado y soez, pero contrariamente a él no tiene su tono angelical, que suple con creces con un aire desvalido y de pura malapata que lo diferencian.

La serie, otros ocho episodios, se atreve por un lado a hacer cosas que antes no había hecho y por otro no se aleja demasiado del modelo. La idea de cambiar los superpoderes pudo haber abierto un montón de posibilidades narrativas... pero en realidad lo que ha sucedido es que los superpoderes se han olvidado. Prácticamente en ningún momento se han hecho uso de ellos para resolver ninguna trama (o para enredarla, quitando el caso de Curtis), y al menos los poderes de Kelly (ser una científica de cohetes), de Alisha (ver a través de los ojos de otros) y Simon (tener flashes del futuro) parecen muy poquita cosa y no han sido explotados lo suficiente.

Sin embargo, los capítulos han seguido teniendo esa mezcla de irreverencia y despendole que son habituales. La serie, no sé si ustedes lo notan como yo lo noto, está hecha con dos duros y en apenas dos escenarios, y quizá por eso se antoja que la vuelta a los servicios de trabajos forzados parece un poco impostada. Esta falta de presupuesto se nota especialmente en el capítulo de los nazis, donde parece que ni siquiera había dinero para afeitar a los supuestos oficiales del nuevo Reich.

Ha habido momentos superiores: la exploración de su segundo sexo por parte de Curtis (y sus consecuencias), el horror de Rudy hacia las cheerleaders (y el origen de su psicosis), la idea del comprador-vendedor de poderes y, en especial, el último capítulo que no solo saca las castañas del fuego al supuesto error narrativo del viaje en el tiempo del capítulo cuarto, sino que redondea las tres temporadas con ternura y melancolía.

La cuarta temporada será muy distinta y tendrá un triple handicap que saltar. Y ya veremos qué son capaces de hacer los americanos con la versión que preparan...



Estuve viendo el otro día en clase, una vez más, el primer episodio de Doctor Who 2005, o sea, "Rose", el inicio de la era Davies con Eccleston. Un episodio, como casi toda la primera temporada, que es de tanteo, a la espera de que entre todos le cojan el tranquillo al revival y sean capaces de llevar las situaciones al límite absoluto en todos los campos que se le antojan.

Visto ahora una vez más, cuando ya hemos conocido qué derroteros ha tomado la serie en seis años de historia rediviva, cuando ni Eccleston ni Davies están ya al frente, cuando el público tiene en mente a otro(s) Doctor(es) posteriores, resulta asombroso ver cuánta sabiduría encierran esos pocos minutos de televisión, hechos con tan poco presupuesto.

Porque, analizando el episodio, nos encontramos con una auténtica lección de narrativa. Recordemos: Doctor Who, un programa infantil, había desaparecido de antena hacía un buen puñado de años. Un intento de resurgimiento con capital americano había fracasado, condenando al Octavo Doctor a ser el héroe de un solo capítulo. En ese tiempo, una o dos generaciones de televidentes solo conocían al personaje por los videos o DVDs, o por lo que pudieran conocer gracias a sus padres.

"Rose" tiene por delante la difícil tarea de resucitar al Doctor para una generación que no lo conoce o lo conoce de forma insuficiente. Y hacerlo además con un formato que es nuevo: hasta sus últimos días en antena, las series habían sido episodios semanales de veinte o treinta minutos con continuará. Nunca, hasta ese episodio, se adoptaría la fórmula del episodio autoconclusivo cercano a la hora.

Con "Rose", Davies se enfrenta a un género en el que no había probado suerte todavía. Tiene que recuperar una mítica y presentar a un personaje como si fuera nuevo. Y lo hace a la perfección cuando centra la historia (y buena parte de las dos temporadas) en el personaje de Rose y su enfrentamiento con un universo que es mucho más grande y más misterioso de lo que su experiencia como dependienta de unos grandes almacenes le había hecho conocer hasta ahora.

A través de Rose, Davies nos presenta al excéntrico Doctor, los autómatas, los seres de goma, y el misterio de la personalidad de ese hombre extraño. Las dosis de misterio están presentadas y medidas con meticulosidad de relojero: de los momentos de miedo en los sótanos de la tienda de modas al ridículo del brazo del maniquí que estrangula. El uso del ordenador (elemento contemporáneo) pone a Rose en contacto con un freak que sigue la pista del Doctor, y es a través de él como se va redondeando la presentación del personaje, de manera contradictoria, a base de fragmentos, y con elementos discordantes que no hacen sino aumentar su misterio.

Entra en juego la Tardis, con su aspecto de cabina vieja y su interior infinito. Y cuando el Doctor habla de su poder, de que siente que la Tierra gira a toda velocidad en el espacio, se recurre a esa poética de lo hablado que resulta todavía más interesante y sugerente que lo visto.

En apenas cuarenta y cinco minutos Davies presenta al Doctor a los espectadores nuevos. Pero va más allá: este Doctor ha pasado por un trauma terrible, es el superviviente de la Guerra del Tiempo, es el último de su raza, no ha podido o no ha querido salvar a otras tantas razas del universo. Y es débil. Y necesita la ayuda de una muchachita algo cutre que solo tiene en su favor una medalla de bronce en un campeonato de gimnasia.

Hay un par de momentos que nos avanzan, ya entonces, mucho de lo que cinco años más tarde va a ser el marchamo del sucesor de Davies al frente de la serie, Steven Moffat. Porque este Doctor número 9, con su chupa de cuero y su jersey de marinero y su sonrisa de loco beatífico (venía de hacer de Jesucristo reencarnado en otra miniserie, también con Davies) parece recién salido de su regeneración: se ve por primera vez en un espejo y hace un comentario mordaz sobre el tamaño de sus orejas, es reducido con facilidad por los maniquíes, no le funciona bien el destornillador sónico.

... y sin embargo el friki que colecciona datos sobre él tiene fotos donde lo vemos asistiendo al asesinato de Kennedy, en la erupción del Krakatoa, antes de que zarpe el Titanic. Lo que quiere decir que esos momentos que para él y para Rose son pasado para el Doctor todavía son futuro.

La dosificación de los elementos que conforman la mitología tienen su momento culminante en la revelación final, cuando el Doctor vuelve con la Tardis y le dice a Rose: "¿Te he dicho que también viaja en el tiempo?".

Y a partir de ese momento, ya solo se puede hacer historia.

Es que no falla. Les pone algún reportero avispado la muleta a tiro y ala, allá que pican con redoble de tambores, y encima dándoselas de listos, sin darse cuenta de que los titulares están ya preparados y no han hecho más que entrar al trapo y descubrir el pie del que cojean, ese pie que llevan (en otras partes) un par de siglos largos ocultando. Basta media vez que asome el hocico el lobo de los recortes, de la pérdida de los derechos que con tanta sangre y tanta lucha han conseguido nuestros antepasados conquistar para nosotros, las medidas impopulares que hemos votado para que nos conviertan en lastre para que allí aparezcan ellos, los aristócratas privilegiados por la suerte, los de la canción de cuna con institutriz británica, los que a veces ni siquiera se tomaron la molestia de disfrazarse con vestidos típicos populares ni aprender a bailar flamenco como sus progenitores. Se les pone el cebo a un palmo en forma de micrófono y dicen de verdad lo que piensan, que suele ser poco, y quedan como el culo.

Esto no tendría nada de particular, claro está, porque ni ellos ni nosotros somos tontos del todo, si no fuera porque aquí hemos llegado a una especie de acuerdo. Como el chiste del barbero con parkinson: “¿A que no vamos a hacernos daño?”, hemos quedado en que uno miran para otro lado y otros miran al cielo. Te pago una miseria para que no me hagas la revolución en el campo. Vale, vamos tirando. Y de pronto se mete la pata, se hace un comentario fuera de tono y ala, todos los andaluces, todos, de vuelta al pozo del tópico del bartolismo.

Es muy sencillo ver la vida en blanco y negro. Pero tiene narices que gente sin oficio conocido y con muchos beneficios por conocer dispare de esa manera aprovechando sus quince minutitos de fama televisiva. No sé si será verdad o no, pero por un comentario desafortunado de esa índole (“si no tienen pan que coman pasteles”, dicen que dijo) voló la peluca de María Antonieta.

Y encima añorando los tiempos medievales y sus justas a espada por un quítame allá este derecho de pernada. Menos mal que alguien le ha leído la cartilla y, como buen caballero, el aristócrata ha acabado envainándola.

Publicado en La Voz de Cádiz el 19-12-2011

2011-12-15

DISCRETO



Oh, maravilla, desde que inventaron el manos libres ya no tenía que dar explicaciones a nadie por su amigo invisible.



Pinchando aquí, la entrevista que Macarena Jiménez me hizo hace unos días para Cadizbook.

2011-12-12

EL CLÁSICO

Uno de fútbol entiende poquito: que no se puede coger el balón con la mano, a menos que tengas una novia presentadora, y que cuando ruge la marabunta (como escucho desde mi casa mientras tecleo mis cosas) es porque alguien ha marcado, normalmente el equipo de casa (o, en mi caso, el Cádiz, aunque los gritos se oyen poco).

Hoy se diferenciarán en los trabajos los del partido político del Barcelona de los del partido político del Real Madrid, lo mismo que hace un par de semanas se diferenciaron los del equipo de fútbol del PP de los del equipo de fútbol del PSOE. O sea, los que ganaron (los que usan la primera persona del plural en estas cosas, como si hubieran estado corriendo sobre el césped y bajo los focos a una hora tan intempestiva como la del sábado) llegarán los primeros al curro, sonrientes y ufanos, como si les hubiera tocado la bonoloto o les acabaran de anunciar una subida de sueldo.

Los otros, los que han perdido, irán a su bola, como si no supieran qué día es, como si hubieran tenido una boda a la que asistir en vez de ver el partidito de marras o, cáspita, como suele pasar con regularidad alarmante, se les hubiera estropeado la tele.

Y los que no entendemos de fútbol, ya digo (¿los equivalentes a los partidos políticos que no rascan nada?), nos sentimos un pelín decepcionados, porque no hay nada más divertido que ver a un par de señores serios discutir por cosas de críos y, además, no ponerse del lado de ninguno y reírte con las salidas de uno y de otro. Pero ya en los trabajos, ay, me da que no se habla ni de política ni de fútbol, porque nos hemos vuelto civilizados o a lo mejor hemos comprendido, por fin, que esto son habas contadas, tempus fugit, lo que hoy te viene de cara mañana te viene torcido, y por mucho que hablemos en primera persona del plural (“hemos ganado, han perdido”) esto es como lo de Europa y las medidas económicas del incipiente cuarto Reich y la ilusión de que decidimos nuestros destinos votando en unas elecciones: la pasta se la llevan otros, y nosotros solo estamos de pasmarotes, royendo pan, mirando el circo.

Publicado en La Voz de Cádiz el 12-12-2011

2011-12-09

0 TEMPORA, O MORES


Recién recibido el tomo de Flash Gordon/Jungle Jim, no deja de resultarme curioso el disclaimer que aparece en las primeras páginas referido a las caricaturas raciales, hoy inadmisibles.

Empiezo a pensar que lo mismo están esperando avalanchas de quejas por parte de los herederos de los hombres-león o los hombres-halcón cuando caigo en la cuenta de que no, de que la cosa va por Jungle Jim.

El imperialismo no espera cinco siglos para reparar en sus vergüenzas. Menos da una piedra.

2011-12-09

ORIGEN


El superhéroe que nace en los años sesenta es hijo espurio de J.D. Salinger y Ayn Rand.


Moore es consciente de que la lógica de los cómics no es aplicable al mundo real. Miller no.

(ayer,al teléfono)

Los fans siguen sin comprender que los productos de los medios de comunicación (ya sean tebeos, películas, canciones o series de televisión, videojuegos o kits de pintura) no se hacen para ellos, sino para el otro público que está ahí fuera, el general, el que compone la mayoría de clientes potenciales. O, en ejemplo diametralmente opuesto, el producto lo hace el autor para sí mismo, porque no piensa en otra cosa, porque la historias o las historias que tiene dentro son una necesidad que no va destinada a ningún mercado, sino que son como la medicina (psicológica o no) con la que se enfrenta a la realidad y a la vida.

Dicho en román más paladino: al fan no se le puede ofrecer otra cosa sino el guiño. Lo que compone la obra es mucho más grande, mucho más amplio, mucho más inaprensible.

Deberíamos, en todo caso, al juzgar una obra artística, no basarnos solo en su valor facial, en esa cosa tan difícil de valorar que es la objetividad de su valía: es bueno o malo porque a mí me gusta o no me gusta. La labor del crítico, o del lector o del público que se considera un par de pasos más allá del consumidor normal, debería ser la de explorar, investigar, sopesar los pros y los contras de lo que lee, contempla o degusta. Poner, en todo caso, las cosas en perspectiva.

Dicen que Napoleón perdió Waterloo por un ataque agudo de hemorroides. Stephen King no recuerda haber escrito libros enteros debido a su adicción al alcohol. A sus ochenta años, el bueno de Manolo Escobar (lo vimos el otro día en la tele) no era capaz de tararear una de sus canciones, pese a la ingenua dureza del público que lo arropaba.

Los creadores son gente de carne y hueso, de luz y sombra. No están a salvo de los avatares de la vida. El gran Alberto Breccia dibujó las mejores páginas de su Mort Cinder cuando su situación familiar, la enfermedad de su esposa, le obligó a buscar escape en su trabajo y, curiosamente, a tirar el academicismo por la borda. En el ámbito opuesto, Sonny Bono nunca fue capaz de superar la ruptura con Cher, quien a partir de entonces se libró de ataduras y explotó a conciencia su libertad.

A veces, los escritores o los músicos, conscientes del poco tiempo que les queda, componen sus mejores obras. A veces, los actores o los cantantes, incapaces de aceptar que el tiempo les va a la contra, mueren con las botas puestas y la garganta rota en un escenario, muy lejos ya sus mejores tiempos.

Una enfermedad cercana o propia, una mala situación familiar o económica, un capricho a deshora, todo afecta al trabajo creativo, como no podría ser de otra manera. Para bien, o para mal. Y el lector o el crítico que quiere siempre ir un paso más allá tendría que tenerlo en cuenta, no para perdonar o condescender, sino, ya digo, para poder ver las cosas con un poquito más de perspectiva.



"Frank Miller is someone whose work I’ve barely looked at for the past twenty years. I thought the Sin City stuff was unreconstructed misogyny, 300 appeared to be wildly ahistoric, homophobic and just completely misguided. I think that there has probably been a rather unpleasant sensibility apparent in Frank Miller’s work for quite a long time. Since I don’t have anything to do with the comics industry, I don’t have anything to do with the people in it. I heard about the latest outpourings regarding the Occupy movement. It’s about what I’d expect from him. It’s always seemed to me that the majority of the comics field, if you had to place them politically, you’d have to say centre-right. That would be as far towards the liberal end of the spectrum as they would go. I’ve never been in any way, I don’t even know if I’m centre-left. I’ve been outspoken about that since the beginning of my career. So yes I think it would be fair to say that me and Frank Miller have diametrically opposing views upon all sorts of things, but certainly upon the Occupy movement.

“As far as I can see, the Occupy movement is just ordinary people reclaiming rights which should always have been theirs. I can’t think of any reason why as a population we should be expected to stand by and see a gross reduction in the living standards of ourselves and our kids, possibly for generations, when the people who have got us into this have been rewarded for it; they’ve certainly not been punished in any way because they’re too big to fail. I think that the Occupy movement is, in one sense, the public saying that they should be the ones to decide who’s too big to fail. It’s a completely justified howl of moral outrage and it seems to be handled in a very intelligent, non-violent way, which is probably another reason why Frank Miller would be less than pleased with it. I’m sure if it had been a bunch of young, sociopathic vigilantes with Batman make-up on their faces, he’d be more in favour of it. We would definitely have to agree to differ on that one.”



BARRY YELLEN: La pregunta es, ¿podemos hacer lo que queremos, porque hay otras cosas fuera? Igual que la gente que está contra el control de armas dice “Bueno, hará asesinatos aunque se controle la venta de armas”. Eso no significa que no debamos controlar la venta de armas, ni que sea un paso que podamos dar.

STAN LEE: Tengo que decir que, como alguien que está dentro del mundo de los cómics (y, una vez más, no puedo hablar por el resto de la industria), si supieran la poca atención que le prestamos a la violencia, si supieran cómo intentamos mantenerla fuera de nuestros títulos, si supieran cómo incluimos sólo un mínimo porque recibimos tantas cartas de nuestros lectores que dicen: “La última historia no tenía suficiente acción”, y obviamente no queremos utilizar a los lectores más jóvenes. Si supieran que nos pasamos todo el tiempo potenciando el ángulo satírico, potenciando el ángulo sociológico, potenciando el ángulo psicológico, potenciando las características psicológicas de nuestros diferentes personajes, potenciando los subplots y…. De hecho, me siento ridículo hablando de esto. No es de recibo que se hable así de una revista de cómics. Pero en esto nos centramos.

BARRY YELLEN: No. Para mi, es un argumento mucho más inteligente, no argüir que la violencia no hace daño.

STAN LEE: Pero no yo no arguyo que la violencia no hace daño. Creo que no me estoy haciendo entender. Me pregunto si alguien, y no creo que la doctora Mosse pueda, desde luego ella no, me pregunto si alguien puede darme unos parámetros que pueda seguir. El Comics Magazine Code tiene unos parámetros. Los seguimos. Si alguien pudiera darme una guía sobre lo que es violencia dañina. Si alguien me dijera lo que es la violencia dañina, la eliminaremos, es una promesa. Nadie lo ha hecho jamás. Es como decir, acabemos con el crimen, acabemos con la guerra. ¿Cómo?

HILDE MOSSE: No, no es cierto que yo haya dicho que se puede eliminar toda la violencia. Eso es ridículo. Hay un modo de retratar la violencia de un modo que tiene un efecto anti-violencia.

STAN LEE: Oh, me encantaría saber como.

HILDE MOSSE: Si leyera usted muy buena literatura, por Dios. Los hermanos Karamazov de Dostoviesky, por ejemplo, tiene bastante violencia, pero es una declaración contra la violencia. Había un episodio maravilloso en… ¿Ironside? Es un programa de televisión. Había una historia maravillosa donde se cometía violencia que, al final, producía la sensación de que no solo no era lo adecuado, sino que era algo trágico, que no era una solución, sino algo que crea más violencia.

STAN LEE: Doctora, déjeme preguntarle una cosa. ¿Cuál es el último número de Spider-Man que ha leído?

HILDE MOSSE: Tengo aquí uno fechado en noviembre.

STAN LEE: ¿Lo ha leído?

HILDE MOSSE: ¡Sí! Claro, que lo he leído.

STAN LEE: ¿Cuál es la sensación que le produjo, que la violencia es deseable?

HILDE MOSSE: Por supuesto, es lo único que es excitante, tener el poder y la fuerza de…

DENNIS MARKS: Doctora, me gustaría estar de acuerdo con usted en una cosa en concreto. La violencia innecesaria, como modo de retratar la violencia, y hablo ahora específicamente de la televisión, de los dibujos animados.

STAN LEE: Creo que está diciendo que hay cosas de buen gusto y cosas que cualquier persona racional consideraría de mal gusto.

DENNIS MARKS: Así es.

STAN LEE: Sostengo que la mayoría de las cosas que hacemos son de buen gusto. Creo que no hay discusión en eso (….). Me crié con Mickey Mouse y Donald Duck, y puede que sea único, pero ni por un momento (me crié con las películas de Harold Lloyd), nunca intenté balancearme en el saliente de ningún edificio. Vi Jekyll y Hyde. Disfruté con Frankestein. No intenté crear ningún monstruo. Es posible que un joven que esté enfermo pueda verse afectado por un anuncio en un periódico, por ver algo raro en la calle, por cualquier cosa, pero intentar proteger… Tengo sentimientos contradictorios al respecto.

BARRY FARBER: Yo tengo experiencias distintas. No, de veras. Recuerdo no haber intentado algo así pero algunos amigos míos dijeron que sí lo hicieron. Estamos hablando… ¿de un grupo entre los diez y los catorce años?

STAN LEE: No estaba pensando en ningún grupo concreto. No creo que tenga sentido clasificar al grupo.


HILDE MOSSE: Es muy importante clasificar al grupo.

STAN LEE: Bien, ¿de qué grupo estamos hablando?

HILDE MOSSE: Los niños de edades distintas reaccionan de formas distintas. Y se descubre mucho más en las niñas, porque las niñas son, naturalmente, las víctimas, y es algo que no hemos discutido: la mayoría de estos superhéroes son escritos estrictamente para los niños. Por ejemplo, le he preguntado a las niñas. No les gusta ver Batman, no les gusta ver Hulk. Las mujeres de todas estas historias son las víctimas. Las mujeres son vilipendiadas. Solo son cosas.

STAN LEE: Pero no es por eso por lo que a las niñas no…

HILDE MOSSE: O son “muñecas” de gangsters…

DENNIS MARKS: ¿Cuántas veces ha visto a una heroína en el oeste?

STAN LEE: No son muñecas, doctoras.

HILDE MOSSE: Se hallan en una posición horrible y sádica en prácticamente todos los comic-books y los programas de televisión. Véanlos de vez en cuando.

STAN LEE: Son la novia del héroe, eso es lo que son. No son muñecas de gangsters, Y los héroes son los buenos.

HILDE MOSSE: Son las novias del héroe.

STAN LEE: Vamos a ver, Superman, ¿cómo se llama la novia de Superman?

DENNIS MARKS: Lois Lane.

STAN LEE: No es ninguna muñeca. La novia de Spider-Man no es ninguna muñeca.

HILDE MOSSE: No tienen chicas a las que las chicas quieran admirar o quieran ser como ellas.

STAN LEE: Bueno, las niñas juegan con muñecas, y los niños…

HILDE MOSSE: Wonder Woman es un tipo de mujer muy sádico al que querer emular. Es prácticamente la única en los comic-books.

BARRY FARBER: Tengo aquí delante un ejemplar del Código de la Asociación de Revistas de Comics de América. Y dice: “El crimen nunca será presentado de forma que cree simpatía hacia el criminal, promueva el rechazo de las fuerzas de la ley y la justicia, o inspire en otros el deseo de imitar a los criminales. Ningún cómic presentará de manera explícita los detalles concretos y los métodos de un crimen”.

Creo que es magnífico, porque estoy seguro de que es una acusación contra los cómics a lo largo de la historia que no se ha mencionado y que estoy seguro que admitirán rápidamente, y son los detalles. El criminal puede haber recibido su castigo, pero el delincuente en la vida real, de todas formas, copia su técnica.


STAN LEE: ¿Puede darme un ejemplo de estos diez últimos años, Barry?

BARRY FARBER: No ahora mismo, pero si vuelve…

STAN LEE: Verá, el tipo de crímenes que nosotros mostramos son que el Doctor Muerte quiere dominar la tierra, así que inventa un rayo que hipnotiza a todo el mundo, y entonces se sube a un cohete y se va a la luna donde no será afectado. Admito que es muy fácil que los niños imiten eso, y tal vez no deberíamos haber hecho esa historia, porque puedo ver a todos esos niños construyendo esos rayos y marchándose a la luna para no ser afectados, y seré el primero en declararme culpable de eso. Lamento muchísimo los terribles argumentos que ideamos.

(TO BE CONCLUDED)



HILDE MOSSE: (Los personajes) son hombres musculosos y muy poderosos, héroes, que resuelven todos los problemas por medio de la violencia física o de las armas. Las armas modernas juegan un papel enorme. La sociedad organizada, como organización, la ley no existe porque la toman en sus manos para resolver los conflictos en los que están. Son la antítesis de la democracia, porque son el Superman musculado, la adoración de la violencia física y el poder. Son exactamente, exactamente lo que todo el que sepa algo de lo que es el fascismo, lo que el nazismo representa, el ideal que tenía la gente en la época de Hitler.

Los (editores) de Superman trataron de publicarlo en Alemania después de Hitler, en los años cuarenta y los cincuenta, y sé que el pueblo alemán se horrorizó de los comics books y especialmente, por supuesto, por Superman, que fue enviado y promocionado allí. Di una charla al respecto en 1954. Me alegra que desde entonces Superman ya no se publique en alemán, porque hubo demasiada gente en Alemania Occidental que se sintió escandalizada, y la reacción en contra fue tan grande que alarmó a los judíos, porque desde luego conocen qué tipo de mentalidad se promociona con todos estos superhéroes. No me importa cómo lo llamen.

STAN LEE: ¿Sabe? Es increíble. Imagino que a mucha, muchísima gente que hay escuchando este programa que no lee comics y no ve los dibujos animados ni la televisión, le impresiona lo que dice la doctora Mosse. Y sé, por supuesto, que todo el que lea cómics estará igual de estupefacto, porque obviamente estos personajes no son todos iguales, no tienen la misma motivación psicológica…

BARRY FARBER: Stan Lee, ¿le importaría, en este momento, abrazar a sus aliados en los comics y denunciar a sus enemigos para que queden arrinconados y podamos hablar de los buenos y los malos, estando de acuerdo en quién es quién?

STAN LEE: Antes que nada, déjeme responder que no estoy en un bando distinto a la doctora Mosse. Me encantaría que hubiera menos violencia. Como dije antes, me encantaría que todas las historias fueran buenas y no tuvieran más que cosas positivas para los lectores. Estoy esperando a que alguien me diga cómo hacerlo. Deduzco por o que ha dicho sobre Supermán en Alemania y todo eso, y nunca pensé, perdónenme, que estaría aquí defiendo a Superman, que es un competidor, pero intuyo que ella considera que Superman es dañino y por tanto no debería existir, porque toda la psicología que tiene detrás está equivocada. Y me parece que si lo llevamos un paso más adelante, no debería haber superhéroes. Pero, por supuesto, en las leyendas, y en los clásicos, hay todo tipo de superhéroes. Imagino qué sería lo siguiente, porque, ¿dónde irá la buena doctora después de que los cómics hayan sido eliminados, y después de que los dibujos animados hayan sido eliminados, y siga habiendo crímenes y violencia? Tendremos que atacar otra cosa. Imagino que habrá un mundo estéril durante unas cuantas generaciones, pero en cuanto a delinear…

HILDE MOSSE: Si piensa usted que el único elemento creativo en el hombre es su propensión a la violencia, creo que estamos en bandos completamente opuestos.

STAN LEE: No he dicho eso. Nunca he dicho eso.

HILDE MOSSE: Pues lo parecía.

STAN LEE: Nunca he dicho eso. Estoy esperando a que alguien me diga qué es la violencia, y cómo eliminarlas de las historias. En otras palabras, me parece que toda historia está basada en un conflicto, en un problema que debe ser resuelto. Los niños quieren historias donde el conflicto sea más o menos físico. Los niños no leen historias donde no haya un conflicto físico y ese es el éxito de La isla del tesoro y similares. Estoy seguro de que podríamos tomar sus premisas y señalar un millar de cosas en La isla del tesoro que son dañinas, y entonces volvemos al mismo argumento. Podríamos tomar todos los clásicos del mundo, y como he dicho, podríamos coger la Biblia, que es el libro más dañino, lo siento, el libro más violento jamás publicado… El argumento es tan sofista, y tan ridículo, que yo mismo me siento como un idiota aquí sentado intentando razonar algo donde debería llegarse a una conclusión, pero usted ni siquiera intenta encontrar una solución, solo intenta proponer una discusión.


BARRY FARBER: Tal vez la solución de la doctora Mosse sea eliminar los cómics

HILDE MOSSE: Un momento, por favor, denme una oportunidad para responder. En primer lugar, depende por completo de cómo se retrate de la violencia. Ese es un aspecto.

STAN LEE: Eso es lo que me gustaría saber. ¿Cómo?

HILDE MOSSE: En segundo lugar, quiero dejar muy, muy claro, que es totalmente imposible comparar las historias de los cómics con la Biblia o con Sófocles, o con cualquiera de las historias de los cuentos de hadas. Porque, solo con mirar los dibujos, se nota de que las historias se basan un puñetazo en la cabeza, en el estómago, o en los ojos, una imagen violenta detrás de otra. La imagen violenta, la violencia física es la historia. Hay algunas excepciones. Spider-Man es un poco más sofisticado y gusta mucho a algunos jóvenes muy inteligentes. Pero, con diferencia, esa es la historia. No hay nada más. Debemos marcar la diferencia entre los comic-books y la televisión, porque está mal, es un error, científicamente, mezclarlos. Para mí los comics no son ni siquiera un medio legítimo. Sólo existen por que son una forma barata…

STAN LEE: Escuche…

HILDE MOSSE: Espere un momento. Para producir muchos de estos comics se inventaron nuevas imprentas en color para imprimir muchos a la vez. La televisión es algo totalmente nuevo invento de la humanidad, y uno de los mayores inventos que existen. La humanidad podría vivir perfectamente sin los cómics.

STAN LEE: ¿Cree que es posible que sea bueno asustar a los niños con cosas como la reina de Blancanieves convirtiéndose en bruja? ¿Qué tal vez eso les haga capaces de soportar los traumas de leer sobre lo que pasa en Vietnam, y sobre Buchenwald, y esas cosas? Tal vez si no tuviéramos historias así, que son fantasía y ficción, estos niños serían mucho más enfermizos y más problemáticos.


BARRY FARBER: Da usted pie a una cuestión muy interesante (Describe haber visto cómics alemanes muy aburridos). ¿Dice o no dice algo que un país que cometió la mayor violencia de la historia tuviera cómics completamente antisépticos, estériles y débiles para los niños?

HILDE MOSSE: No tiene nada que ver… una cosa no tiene nada que ver con la otra.

STAN LEE: Suele decir eso cuando se le presenta…

HILDE MOSSE: Absolutamente nada que ver. Los niños fueron adoctrinados. Sé exactamente cómo fueron adoctrinados. Mire, fue al colegio con niños que eran nacional-socialistas. Quiero decir que sus padres lo eran. Mis padres eran muy liberales. Mi padre era editor de un periódico muy importante de Alemania, y muy democrático, y no podía creerse lo que le dije sobre las teorías de las que hablaban los niños. Pero esto no tiene nada que ver con los comic-books.

STAN LEE: Pero, doctora Mosse, ¿puedo decir algo sin que me diga usted que no tiene nada que ver? Tal vez Barry ha planteado su pregunta demasiado claramente, y posiblemente si uno fuera más obtuso y tratara de darle la vuelta a todo esto, ¿no notaría la absoluta contradicción de todo esto, el absurdo, cundo dice que deberíamos reducir la violencia en los cómics, o incluso eliminar los cómics, porque el mundo es demasiado violento e insano? Barry ha sacado a colación un buen argumento. Hay un país que probablemente fue culpable del crimen más horrendo contra la humanidad en la historia del mundo, una nación que tenía cómics domados, que virtualmente no tenía comic-books, donde los niños estaban férreamente regimentados, donde no iban al cine hasta cierta edad, y estaban controlados por sus padres. ¿No le hace eso pararse a pensar y, por un momento, cuestionar la validez de su premisa?


HILDE MOSSE: ¿Me está diciendo que si los comic-books y la televisión hubieran existido en Alemania el fascismo no habría existido?

STAN LEE: No, pero digo que los cómics podrían haber sido una primera línea de defensa. Es muy posible, si los cómics hubieran sido publicados y escritos en una atmósfera libre y creativa, que los niños no hubieran escuchado, ni hecho tanto caso a sus adultos. Tal vez no hubieran seguido a Hitler tan a ciegas. Tal vez habrían podido reconocer al héroe y al villano. Tal vez habrían podido distinguirlos. Me parece, y no me refiero solo a los comics, me parece que una de las funciones de la literatura y el arte es hacernos reconocer las cosas del mundo que nos rodea. Darnos una perspectiva mejor.

Lo que más temo son a los benefactores fanáticos. Lo temo enormemente. Temo a la persona que sabe qué es bueno y qué es malo para mis hijos. Temo a la persona que, cuando escribo una historia que me parece divertida y entretenida, y creo que soy tan buen juez como cualquiera, y que no soy ningún malvado, temo a la persona que dice: “Eso es malo porque yo lo digo”. Y entonces digo, bueno, mire. Aquí tiene una nación que no tenía estas cosas, y son mucho peores de lo que somos nosotros, o lo seremos, y entonces esta persona dice: “Sí, pero eso no tiene nada que ver”. Y ni siquiera estoy a favor de todos los cómics. Si tuviera un hijo que solo leyera cómics, me preocuparía. Los universitarios que leen nuestros títulos no sólo leen nuestros cómics, por el amor de Dios. Y no creo que yo los leyera si no estuviera en este negocio.

BARRY FARBER: Su argumento me recuerda a los argumentos contra el control de armas.

STAN LEE: Con lo que estoy de acuerdo, por cierto.


(TO BE CONTINUED)


STAN LEE: ¿Sabe una cosa, Barry? Antes mencioné que odio parecer horrible, y por desgracia, como ha dicho la doctora Mosse, y con razón, siempre parece que estamos a la defensiva, como si fuéramos los editores de algún tipo de literatura despreciable y salimos en antena y tratamos de defender estas cosas terribles que hacemos. Como intentaba mencionar antes, de verdad pienso que somos tan responsables como los diversos médicos que tan a menudo nos condenan, y tan injustamente, y me gustaría dar mis motivos de por qué lo digo. También me gustaría añadir que, a menos que pueda demostrarse, hay el mismo número de médicos que tienen un punto de vista completamente opuesto al del doctor Wertham, y la doctora Mosse, y todos los de su ralea. Pienso que nuestra responsabilidad es muy grande. Intentamos entregar el mejor producto que podemos, y creo que estamos haciendo un buen trabajo. Creo, en muchos aspectos, que el trabajo que estamos haciendo es mucho más honesto que el trabajo que están haciendo algunos de nuestros detractores.

BARRY FARBER: Creo que no es solo un derecho, sino un deber, echar la vista atrás y revisar de vez en cuando. Me empecé a interesar por este tema porque me pregunto cómo sobreviví a las películas de mis hijos más pequeños. Antes teníamos algo que ya no tenemos. Una lástima, las cosas que ya no tenemos. Antes teníamos seriales (en la radio y el cine).

HILDE MOSSE: No los necesitan porque los niños ven la televisión. El sábado es la mañana más violenta en la historia de Estados Unidos en lo que respecta a programas de crímenes…

DENNIS MARKS: También están las noticias de las siete todas las noches.

HILDE MOSSE: Y le diré que la industria misma de la televisión, tras el asesinato del senador Robert Kennedy, dijo que iban a quitar la violencia de los programas de los sábados y que iban a cambiar los programas.

DENNIS MARKS: ¿Y lo han hecho?

HILDE MOSSE: Sí, lo han hecho.

DENNIS MARKS: Nosotros lo hicimos antes.

HILDE MOSSE: Porque hay mucha, muchísima gente que conecta con la violencia de a que somos testigos ahora mismo, y sabe usted perfectamente bien que no se puede caminar por las calles de ninguna ciudad de Estados Unidos sin miedo a ser atacado…

DENNIS MARKS: Estoy escuchando tonterías.

HILDE MOSSE: … y con el hecho de que la violencia ahora la comenten niños cada vez más jóvenes con los mass media. Cierto, no es el único factor…

DENNIS MARKS: Gracias.

HILDE MOSSE: Pero es un factor muy importante. Y creo que es totalmente irresponsable quedarse ahí cruzado de brazos y decir que no tiene nada que ver.

DENNIS MARKS: ¡Nunca hemos dicho que no tuviera nada que ver!

HILDE MOSSE: Los niños ven la televisión muchas más horas de las que están en el colegio.

STAN LEE: Creo que lo que me preocupa, doctora Mosse, cuando habla usted de que somos irresponsables, es que me considero una persona bastante culta, e intento ser científico…

BARRY FARBER: Todos lo somos, o no estaríamos aquí.

STAN LEE: Y estoy seguro de que así es, doctor Farber. E intento abordar las cosas desde un punto de vista científico, y cuanto esos psicólogos hace años se alzaron en armas contra los cómics, y luego contra los programas de televisión, y etcétera, yo estaba realmente de su parte, porque al principio empecé a pensar, debe haber algún motivo por el que suceden todas estas cosas terribles, y tal vez esta gente tenga razón. Y examiné el tema, y lo estudié, y asistí a conferencias, y recuerdo haber ido a una charla de un ayudante del doctor Wertham, un hombre que trabajaba con él o para él, no lo sé, y no mencionaré su nombre porque puede demandarme por lo que voy a decir. Recuerdo que en esa conferencia mostró una revista, y daba la casualidad de que era una revista de la que yo había sido editor, una revista para niños pequeños. No era una revista violenta. Era una revista de animalitos, al estilo Mickey Mouse. Y teníamos un gag en la portada, una jirafa. Y recuerdo que cuando hicimos esa portada, pensamos: “Bueno, ya hemos hecho de todo, ¿qué podemos hacer ahora?” Queríamos una portada sencilla y decorativa que pudiera atraer a un niño de cinco años. Y cogimos a la jirafa y la metimos en una jaula, y abrimos un agujero en lo alto de la jaula, y la cabeza de la jirafa asomaba por el techo, mientras mordía una manzana o algo de un árbol. Y nos pareció simpática, y la publicamos, y eso fue todo. Bueno, imaginen mi consternación, y mi sorpresa, cuando unos meses después ese socio del buen doctor mostró en alto la revista y dijo: “Debería ser dolorosamente claro para todos los presentes en esta sala lo que estos horribles editores están haciendo, el simbolismo fálico y la vulgaridad”.

HILDE MOSSE: Puedo asegurarle que nadie que trabajara con el doctor Wertham…

STAN LEE: Puedo darle su nombre a micrófono cerrado.

HILDE MOSSE: Nosotros nunca, nunca, hemos dicho nada de los aspectos sexuales.

STAN LEE: No, trabajaba con él porque estaba en una clase con el doctor Wertham en la universidad de Nueva York a la que asistí, doctora. En el momento en que vi esto en clase, me dije a mí mismo, y he pensado mucho en el tema, porque creo que hay algunos problemas auténticos en el mundo de hoy que merecen ser analizados, con la esperanza de ser solucionados, y me dije a mí mismo, si algunos de los mejores psicólogos del mundo pueden ser así de ridículos, y pueden desviarse de esta manera, y pueden estar tan disociados de todo lo que es razonable o racional, ¿en qué creemos? ¿Quién va a salvarnos? Y he descubierto, desde ese día, que he perdido la confianza en la gente que viene armada a un debate con carpetas, con estadísticas, con cosas para mostrar, y todo lo que dicen, en sí mismo, tiene sentido hasta que te pones a pensar y dices, esto parece una escena de Alicia en el país de las maravillas. Lo que están diciendo no es válido.

BARRY FARBER: ¿Cuántos comic-books publica Marvel en total?

STAN LEE: Oh, unos veinte al mes, Barry.

BARRY FARBER: Doctora Mosse, le he contado mi exagerada experiencia cuando, a los ocho o nueve años, estuve a punto de saltar de un tejado porque lo había visto hacer, no en una serie de dibujos animados, sino en un serial. No lo hice, y tengo que decirle que no conozco a nadie en el barrio que lo hiciera, pero recuerdo haber querido hacerlo, y haber estado a punto.

HILDE MOSSE: Sí, es un caso frecuente, y es otra cosa de la que los adultos no suelen saber nada. Verá, doy clases a los estudiantes de medicina, y siempre discutimos este hecho, siempre discutimos los mass media, porque, después de todo, pertenecen a la generación de los comic-books y ahora la televisión. Y de un grupo de diecisiete, entre dieciséis y diecisiete, siempre hay tres o cuatro, siempre, que empiezan a reírse, y a decir, sí, eso es exactamente lo que hacían de niños. Intentan volar, y siempre hay uno, a veces dos, que se rompieron un tobillo o un brazo y dijeron: “Siempre dijimos que fue un accidente, nunca le dijimos a nuestros padres lo que pasó en realidad porque nos daba vergüenza”. Y es algo bastante frecuente, que sólo demuestra que los niños quedan profundamente impresionados por lo que ven. Y, verán, no podemos ver esta imitación con un ratón. Creen que los ratones pueden encender fuego, eso no tiene ninguna importancia. Lo que los niños hacen, y si tiene usted hijos no tiene que aceptar mi palabra al respecto, obsérvelos: van y juegan con sus ratones o no. Imitan exactamente lo que ven, sobre todo en la pantalla del televisor. Les causa mucha más impresión que los comic books, y quiero decir, naturalmente, que se refuerzan entre sí, porque muchos comic books se llaman ahora TV comics, porque se pueden encontrar en los comics books y en la televisión. Lo que los niños pequeños hacen es que actúan jugando. Si se les muestra algo potencialmente peligroso y violento, lo representan. Y cualquier profesor podrá decirles que cualquiera que sepa algo de niños, niños de guardería, juegan a lo que han visto en la televisión o han visto en los comic books. Así que esto no es tema de debate, es una cuestión de lo que sucedió exactamente.

DENNIS MARKS: Eso no es bueno ni malo, es como son las cosas.

STAN LEE: Doctora, si usted fuera la reina del mundo y pudiera hacer lo que quisiera, ¿qué haría con la escena de Peter Pan en que los niños vuelan?

HILDE MOSSE: Bueno, eso es un cuento de hadas, ya sabe. Los editores de comics siempre tienen los mismos argumentos. Siempre quien desviar a la gente del tema real. La violencia es un asunto muy serio.

DENNIS MARKS: Ese no era el tema real. Usted ha dicho que los niños imitan.

HILDE MOSSE: No tiene absolutamente nada que ver.

STAN LEE: ¿Y por qué no tiene nada que ver?

HILDE MOSSE: Espere un momento, déjeme terminar. El programa de Peter Pan se ve tal vez una, dos veces al año.

STAN LEE: Oh, pero es un libro que se lee continuamente. Los cómics nunca están en antena.

HILDE MOSSE: Mire, pues claro que Spider-Man está en antena. No mienta descaradamente en esto.

STAN LEE: Tenemos algunos que no.

HILDE MOSSE: Sí, pero muchos de ellos sí.

STAN LEE: Spider-Man no vuela.

HILDE MOSSE: Pero estoy hablando de un aspecto de todo esto que es volar. Los niños imitan también otros aspectos. Eso no tiene nada que cer.

DENNIS MARKS: No, sí que tiene que ver. Es exactamente lo mismo.

STAN LEE: ¿Qué es lo que no tiene que ver y lo que sí?

HILDE MOSSE: Déjeme describir cómo experimentan esto los niños y cómo se identifican con ello. Mi única preocupación es la violencia. No tengo ninguna otra preocupación. No quiero discutir ningún otro aspecto, porque lo que hace daño es el aspecto violento. Nada más.

STAN LEE: Bueno, verá, cuando digo algo, dice usted que la gente que comparte mi punto de vista siempre responde lo mismo. Naturalmente, podría decir, y creo que con justificación, que he oído los mismos ataques por parte de ustedes durante los últimos 25 años o así, así que no creo que sea justo decir que decimos lo mismo cuando ustedes dicen lo mismo todo el tiempo. Lo que le estoy preguntando, y olvidemos Peter Pan si no quiere responder a eso, lo que le estoy preguntando es, si estuviera usted a cargo de todos los medios, ¿qué haría? ¿Diría que no hubiera revistad de comics ni dibujos animados? ¿O diría: “Déjenme decidir qué dibujos animados son buenos, y cuáles son malos”? ¿Y en qué punto pararía? Estoy seguro de que también decidiría qué programas normales son buenos y malos, porque siempre puede haber niños que los vean… algunos niños podrían ver La monja voladora y decidir volar, así que obviamente habría que retirarlo de antena.

HILDE MOSSE: Sabe usted perfectamente bien que ese no es mi argumento.

STAN LEE: No sé perfectamente bien cuál es su argumento.

HILDE MOSSE: Hablo de violencia, no hablo de…

DENNIS MARKS: No, ha hablado usted de acción imitadora.

BARRY YELLEN: Cosa que la mayoría de los niños comprenden rápidamente que no es posible.

DENNIS MARKS: Muy rápidamente.

HILDE MOSSE: Me ha preguntado específicamente qué sugeriría. La única sugerencia es que no debe consentirse que un niño entre los cinco y los catorce años pueda ver unos 12.000 crímenes cometidos en los mass media. No sé si reduciría ese número a 2000.

STAN LEE: Bueno, no creo que en ningún momento sean 12.000

HILDE MOSSE: Sí, durante ese periodo de su vida.

STAN LEE: Oh, durante toda su vida, ya veo.

HILDE MOSSE: Naturalmente. Hay una relación entre la violencia ficticia, y el asesinato ficticio, y lo que la gente piensa, sus fantasías, sobre todo en los niños, y la forma en que encuentran soluciones al conflicto que crea en la disposición a cometer actor violentos. Lo que yo sugeriría, y no soy la única, es que hubiera menos acciones violentas en todos los mass media. No me importa si es en la televisión, los cómics, o el cine.

STAN LEE: Creo que es una sugerencia digna de atención. Digna de atención.

HILDE MOSSE: No estoy sugiriendo cómo debe hacerse. Eso no es cosa mía. Como médico, digo que esa parte de los mass media es dañina.

STAN LEE: Eso es como si yo dijera: “Sugiero, con toda sinceridad, que no haya guerras, y no haya crímenes, pero por el amor de Dios, no me pregunten cómo, no me pregunten cómo hacerlo. Yo he hecho la sugerencia. Ahora que el resto de la raza humana abola la guerra”. Estoy con usted, doctora (Stan aquí la llama “doc”). Creo que no debería de haber tanta violencia. Ojalá los niños sólo vieran cosas que les hagan mucho bien. Ojalá no hubiera nada negativo, y ojalá no hubiera nada dañino ante los ojos de la gente joven, o de la gente mayor. Me encantaría estar en primera línea de los que van a participar en esta cruzada. Sigo esperando que alguien diga cómo hacerlo. Nosotros pensamos que nuestros títulos son buenos. Creemos que nuestros programas son enormemente divertidos y no tenemos nada dañino en ellos. Puede que haya gente que no esté de acuerdo, y puede que haya gente que piense que la escena del vuelo de Peter Pan es mala. No sé, pero me gustaría que alguien dijera, específicamente, a menos que esto sea solo una conversación para matar el tiempo y vender algunos productos, cosa que tampoco es mal objetivo, qué deberíamos hacer, y cómo deberíamos hacerlo.

HILDE MOSSE: Bueno, es muy sencillo. Todo el mundo sabe lo que es la violencia.

STAN LEE: Bueno, pero nadie se pondrá de acuerdo en eso.

HILDE MOSSE: Bueno, si todos estamos de acuerdo, ¿entonces por qué no van usted y Marvel comics y los programas de televisión de Marvel hacen algo al respecto?

STAN LEE: No, digo que nadie está de acuerdo en lo que es violento.

HILDE MOSSE: Personajes como Hulk, personajes como Atomic Man-

STAN LEE: Atomic Man no es nuestro. Superman no es nuestro. Hulk, nuestro encantador gigante verde, sí.

HILDE MOSSE: No me importa si es suyo o no, todos son exactamente…

STAN LEE: ¡Oh, no! ¡Oh, no, por Dios!

HILDE MOSSE:… la misma historia

STAN LEE: ¿Ve? Acaba de demostrar que no los lee. No son iguales.

HILDE MOSSE: Los he visto, todos son completamente iguales, porque sólo hay uno…

STAN LEE: ¿Los lee usted?

HILDE MOSSE: ¿Quiere dejarme terminar?

STAN LEE: Pero, verá, dice usted cosas que no son verdad, pero no puedo detenerla en ese punto, porque dice “Déjeme terminar”, y cuando termina se me ha olvidado, hemos pasado a otro tema, y parece que todo lo que usted está diciendo es muy válido, y es lo que hacen muchos de ustedes. Hablan con mucha autoridad, pero no son objetivos. Si alguien intenta decir: “Espere un momento, eso no es así”, dicen “Déjeme terminar”. Bueno, de acuerdo, continúe y termine.

HILDE MOSSE: Muy bien. Hulk, Submaríner (así pronuncia el nombre de Namor), Spider-Man…

STAN LEE: Submáriner.

HILDE MOSSE: Submáriner.

STAN LEE: Gracias.

HILDE MOSSE: No me importa cómo se pronuncia. Spider-Man, Superman, Batman, todos son iguales, psicológicamente son el mismo tipo de personaje.

STAN LEE: Bueno, perdóneme si no estoy de acuerdo.

HILDE MOSSE: ¿Quiere dejarme terminar?


(TO BE CONTINUED)







Es el 12 de noviembre 1968, en el programa de radio de Barry Farber. Stan Lee debate con la doctora Hilde Mosse sobre cómics, adolescentes, censura y psiquiatría. La cinta fue encontrada en los archivos de Stan, la transcribió Steven Tice, la editó Danny Fingeroth y la resumo y adapto para hacernos una idea. En el programa están también Dennis Marks y Barry Yellen.

Hilda Mosse, refugiada de la Alemania nazi, era psiquiatra infantil y colega del doctor Frederic Wertham, cuyas ideas, catorce años después de su libro La seducción del inocente, sigue a pies juntillas.

BARRY FARBER: ¿Alguien tiene algún comentario frívolo e irreverente sobre los cómics y lo que ha sucedido últimamente? (se refiere al mundo de los cómics desde la época de Wertham y la instauración del Comics Code)

STAN LEE: Bueno, diré que las revistas de cómics son gran literatura, lo cual debería empezar a ponernos a discutir lo más rápido posible.

BARRY FARBER: ¿Habla de todas, o solo de usted?

STAN LEE: Oh, no, me refiero sólo a las mías, las de Marvel Comics Group. ¿Saben? Debería añadir que no sé de qué bando debería estar, porque hace años, fui un gran fan del doctor Wertham, algo que en mi campo es casi una herejía. Cuando era mucho más joven, leí un libro. Creo que se llamaba Dark Legend.

HILDE MOSSE: Así es.

STAN LEE: ¿La historia del caso de un niño que mató a su madre o algo por el estilo?

HILDE MOSSE: Así es, sí.

STAN LEE: Me impresionó muchísimo, de joven. Me asustó tanto, que me dije: “Cielos, si escribieran esto para la gente joven, si un libro como este cayera en manos de los jóvenes…”. Me sorprendió mucho descubrir, años más tarde, que el autor hacía cruzada contra la violencia, porque sigue dándome un poco de miedo cuando pienso incluso en el título de aquel libro. Así que supongo que en realidad no demuestra nada.

BARRY FARBER: Pero yo quiero saber qué significa esto, en todo caso. En la página 3 de la Comics Magazine Association of America, dice: “Durante las reciente campaña electoral en Vietnam del Sur, los candidatos usaron más de dos millones de comic books para ganar votos, según indicó Time Magazine”.

STAN LEE: Incluso los candidatos perdedores, lo que debe decir algo a favor de los cómics. No, el tema es que, con los comics, creo que nadie niega que los hay buenos y los hay malos. Pero creo que hemos hablado de esto antes, Barry. Los cómics son un medio. Son un medio de comunicación que emplea dibujos y palabras, y no creo que pueda condenarlos por su formato.

BARRY FARBER: No, no puedo condenarlos, pero se los puede examinar más a fondo que con los libros. Le diré por qué nadie ha hecho ningún programa solo de libros. Podemos hacer un programa sobre un libro concreto, pero no conozco a nadie que diga: “Esta noche vamos a hablar de los libros, en general”. Porque es demasiado grande. ¿Por qué discutir sobre los libros? Pero tenemos derecho a discutir sobre los cómics en general por el sencillo motivo de que los comic books tienen un gran poder para impulsar, para pervertir, para hacer lo que quieran, que merece que se discuta sobre ellos.

STAN LEE: ¿Entonces cree que los comic books tienen más poder que un libro o una película?

BARRY FARBER (susurra): Por supuesto.

STAN LEE: ¿De verdad? ¿Y eso, Barry?

BARRY FARBER: Porque se trata de una mentalidad inferior, bien por la edad, que es excusable, o por la edad mediana normal y una mentalidad inferior, que es menos excusable, pero se trata del grupo más impresionable. Pero si pongo un mensaje en el medio de un dibujo animado o un comic book, mi público es mi marioneta. Mis lectores son mi electorado. Son casi mi juguete.

STAN LEE: Bueno, entonces está hablando realmente del público, del hecho de que piensa usted que cualquier tipo de comunicación que se dirige hacia la gente más joven los afectará más que cualquiera que sea dirigida a gente mayor, y no creo que se pueda discutir ese punto. Pero respecto a que los cómics son más influyentes, o tienen más impacto, no creo que nada tenga más impacto que una buena película dramática.


EN ESTE PUNTO, LA DOCTORA INTERVIENE PARA ATACAR LOS DIBUJOS ANIMADOS, EN CONCRETO AL CORRECAMINOS, PORQUE UN NIÑO LE PRENDIÓ FUEGO A UNA CORTINA MIENTRAS LA MADRE PLANCHABA Y ELLA VEÍA EL CORRECAMINOS. Y QUE HAY NIÑOS QUE SE TRAGAN PETARDOS. ENTONCES LE DEVUELVE EL DARDO A STAN LEE Y DICE:

HILDE MOSSE: No se puede comparar un libro, que es científico y artístico, como Dark Legend, con el matricidio cometido por un chico de Nueva York con Hamlet y Orestes y los comic books, que son solo dibujos, dirigidos específicamente hacia los niños, donde el argumento es de lo más primitivo y simple. Es muy fácil escribirlos, porque la mayoría de ellos, ahora y cuando empezamos a interesarnos en ellos, naturalmente, tratan con estos tipos de hombres fuertes, ya sean Atomic Man o Spider-Man. Son dibujos muy primitivos. Naturalmente causan más impresión, porque cuando Wertham escribió su primer libro, se publicaban cada vez cien millones de ejemplares de comic books, y eran el mayor éxito en la historia del mundo editorial. Así que se trata de algo completamente distinto de un libro, que si es un best seller, en esa época vendía tal vez diez mil ejemplares o menos. Así que no se pueden comparar.

DENNIS MARKS (guionista de dibujos animados): Ese niño que causo el incendio después de ver el Correcaminos. Estoy seguro de que no es posible demostrar en un juicio que, porque el Correcaminos estaba en antena en ese momento, el chico le pegó fuego a las cortinas. Estoy seguro de que la doctora encontrará en sus archivos casos de veinte, treinta, incluso cien niños que han saltado de los tejados con una capa roja diciendo “Soy Superman”. ¿Cuántos niños metieron a sus abuelas en el horno después de leer Hansel y Gretel?

HILDE MOSSE: Hay casos demostrados, no solo en este país, sino en todo el mundo, de acciones imitadoras directas, violentas y de todo tipo, no tienen que ser solo violentas, después de ver películas, o programas de televisión, o comic-books. No tienen que aceptar mi palabra. Está claro que la imitación existe. Incluso se ha demostrado que existen asesinatos por imitación. Ahora bien, signifique eso lo que signifique, yo diría, de un modo u otro, que no significa necesariamente que no haya que mostrar asesinatos en la televisión. No llegue a esas conclusiones.

DENNIS MARKS: Bien, ¿dónde nos paramos? Eso es lo que quería preguntar.

HILDE MOSSE: Espere un momento. Tenemos que saber exactamente cómo actúan los niños. Estoy hablando de los niños, y esa es la experiencia que tengo, porque examino a los niños con mucha atención, y se trata de análisis clínicos, no especulaciones ni nada por el estilo. Y demuestran que esto existe.

STAN LEE: Doctora Mosse, ¿no les afecta a los niños todo lo que oyen y dicen?

HILDE MOSSE: Por supuesto que sí.

STAN LEE: Y casi habría que segregarlos del mundo mismo si no quiere que las cosas les afecten negativamente. Quiero decir, ¿qué hacemos con la guerra? Ahora mismo están expuestos a los titulares sobre una guerra (se refiere a Vietnam). Están expuestos a las noticias de sucesos.

HILDE MOSSE: Bueno, por desgracia, no hay nada que yo pueda hacer al respecto. Pero me gustaría proteger a los niños de influencias dañinas.

STAN LEE: ¿Pero no es el objetivo de la psiquiatría y la psicología, no trata de la salud mental, o al menos intenta conseguir algún tipo de salud mental? ¿Y es mentalmente sano, incluso racional, escoger un área muy pequeña en un mundo que tiene tantos males más serios, y estar continuamente acosándola? Creo que llevo veinte años oyendo este discurso. He oído los mismos argumentos, y las mismas respuestas. El doctor Wertham y sus seguidores, sus discípulos, o lo que sean, nunca se han desviado de su punto de vista, ni se han dejado convencer. Creo que la gente que piensa como yo tampoco. No me gustaría parecer horrible. No estoy a favor de causar que los niños hagan cosas terribles. Creo que todos tenemos el mismo objetivo. El único punto es que creo que tenía usted razón cuando preguntó hace un momento por Hansel y Gretel. ¿Dónde nos paramos? ¿Dejamos de leer la Biblia porque pasan cosas horribles? ¿Los cuentos de hadas, los periódicos? ¿Por qué centrarse en ciertas cosas? Debe haber algo más racional que hacer, y debe haber algo a lo que se pueda aplicar una solución. Obviamente, lo que intentan ustedes conseguir, si se salieran por completo con la suya, no sería un mundo más sano, y por eso pienso que la filosofía del doctor Wertham es completamente ridícula, porque si todo lo que él quiere se cumpliera, si no hubiera comic-books, y los programas de televisión con crímenes, y acción, y violencia, desaparecieran de las antenas, no creo que el clima mental de este país mejorara ni una pizca, porque lo que sucedería es que las otras cosas, que son mucho más serias, afectarían entonces a los niños, y no existiría el alivio de la fantasía.

HILDE MOSSE: Primero, me parece muy interesante que esté usted a la defensiva. No he atacado a nadie. Sólo he mencionado nuestros descubrimientos. No he dicho nada sobre el contenido de los programas excepto que así es como afectan a los niños. Creo que es interesante que se sienta atacado. Yo examino a los niños. Soy científico, soy médico. Examino a los niños que me traen.

STAN LEE: ¿Pero admite que el doctor Wertham ataca a las personas?

HILDE MOSSE: No admito nada, porque ni siquiera me ha dejado terminar. Sólo se puede comprender esto como sólo se puede comprender cualquier otro fenómeno social si se conoce su historia. Cuando examinamos por primera vez el efecto de los mass media en los niños, no había televisión. El doctor Wertham y un grupo fundamos la primera clínica de salud metal de Harlem, y examinamos a los niños allí, y yo estaba en el sistema escolar, etc, y en la práctica privada, y descubrimos que esos niños, la mayoría de ellos, estaban muy preocupados con ciertas historias en imágenes que llevaban consigo, y que descubrimos que eran comic books.

Entonces empezamos a estudiar los comic books, sobre los que hasta entonces nadie había hecho absolutamente nada. Y en el proceso de investigar las reacciones de nuestros niños no en relación a los cómics, sino al examinarlos a conciencia como hacemos como médicos, toda la vida interior y la exterior, su consciente, su inconsciente, su conducta en casa, en la escuela, en todas partes, llegamos a la conclusión de que esos comic books causaban una profunda impresión en los niños. Fuera negativa o positiva, ese no era el tema. Pero descubrimos que éramos los primeros en decir públicamente que hay un factor totalmente nuevo en la historia, un medio de masas dirigido específicamente a los niños, que los influye profundamente. Y en el proceso de examinarlos, descubrimos que un aspecto de la influencia negativa que este medio tenía era la forma en que trataba el crimen y la violencia. Esta investigación, naturalmente, se ha ampliado mucho desde entonces. Entonces descubrimos que todo el que tenía relación con la industria del comic book reaccionaba exactamente como usted lo está haciendo, poniéndose a la defensiva.


STAN LEE: Bueno, creo que se está usted defendiendo ahora mismo, doctora Mosse. Y he de añadir…

HILDE MOSSE: No estoy defendiendo nada. Estoy haciendo constar lo que encuentro…

STAN LEE: Supongo que no puedo añadir nada.

HILDE MOSSE: Lo que encuentro como doctora cuando examino a los niños. Eso es todo.

STAN LEE: Bueno, déjeme decir que podríamos haberles ahorrado un montón de tiempo y dinero, porque si tardaron años de estudio e investigación exhaustivos para descubrir que los niños eran afectados e influidos por esos millones de comic-books, creo que nosotros podríamos habérselo dicho en diez minutos. Me pregunto por qué es necesario que gente tan profunda dedique tanto tiempo para explorar y descubrir lo obvio.

DENNIS MARKS: Acérquese al kiosco de cualquier esquina y véalos comprarlos.


HILDE MOSSE: Bueno, no se puede ser las dos cosas. No puede decir por un lado que es obvio, y por otro que no afecta a los niños.

STAN LEE: Nunca he dicho que no afecte a los niños. He dicho que todo afecta a los niños, y todo afecta a los adultos.

DENNIS MARKS: No creo que el señor Lee ni yo hayamos dicho que no tenemos responsabilidad. Claro que la tenemos.

(TO BE CONTINUED....)