2010-02-09

CARNAVAL HIGH-TECH

Nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato. Y ya toca. Tenemos un carnaval con más solera que la cota de mallas del Guerrero del Antifaz, y cada año seguimos encontrándonos con los mismos boquetes tanto en la organización de la cosa a nivel de calle (atrinchérense este sábado), como en el concurso de marras, que sigue dando palos de ciego y nos sigue dando palos a los aficionados con tantísimos días de retransmisión de agrupaciones que están muy, pero que muy por debajo que la inmensa mayoría de las que uno se encuentra luego cantando en El Pópulo y que no van con ínfulas de artistas.

Todos hablan de preselección, pero la pela es la pela. Y la preselección supondrá menos días de concurso, menos días de taquilla. O lo mismo no, si hacen cuentas, que abrir el Falla cada noche no tiene que salir barato. ¿Cómo preseleccionamos? ¿A puerta cerrada, , en plan casting de Fama, venga una y otra agrupación entrando por una puerta y saliendo por otra y un grupo de señores detrás de un biombo apuntando quién pasa a la siguiente ronda y quién se va para casa? Es una opción, desde luego.

Otra sería aceptar de una vez que no podemos dar la espalda a la tecnología. ¿Qué quiere usted presentarse al concurso? Envíe grabado en video, que hoy hacen maravillas en cualquier sitio, su repertorio registrado por si las moscas. Un grupo de expertos (yo diría que chirigoteros y comparsistas que ya no salgan, para que nadie luego llame a tongo), ve esas grabaciones, y decide quién pasa y quién no pasa. Como cualquier concurso literario o pictórico de los que en el mundo son.

Lo malo de este mundillo es el secretismo continuo, la sorpresa, el querer darlo todo sobre las tablas. Para evitar que los cámaras estén haciendo primeros planos cuando la chirigota en masa hace un gag en plano general, quizá sería conveniente que el director de la agrupación se reuniera antes de la retransmisión con el regidor para que luego los espectadores no se pregunten qué ha pasado en el escenario que se ríe la gente cuando en la pantallita lo que vemos son las mellas de uno, que no tienen mucha gracia.

Publicado en La Voz de Cádiz el 08-01-2010

2010-02-07

TV SERIES 2010



Terminó, con más pena que gloria, Dollhouse, el último intento fallido de Joss Whedon por volver a ser el que era. La serie, lo hemos dicho por aquí ya un par de veces, se resintió siempre de su indefinición: ni drama adulto/sexual ni historia de espías, ni una actriz que fuera capaz de mostrar registros distintos con cada descarga según misión y episodio, ni un arco narrativo que enganchara. Ni un presupuesto que les permitiera, ya en esa extraña prórroga que ha sido la segunda temporada, escapar del decorado de la Casa de Muñecas. Con todo, el último sprint mejoró bastante, intentando no cerrar en falso los huecos abiertos y tratando de dar cierta consistencia (aunque se sacaran al malo de la manga) en el penúltimo episodio. Lástima que el final, con ese mundo post-apocalíptico de dentro de unos pocos años, sonara tan hueco, tan apresurado, tan poco certero. Si, como se quejan los televidentes americanos, no se emitió antes el episodio fantasma que le precede, peor todavía. Whedon atraviesa horas bajas, su interés en Dollhouse en el fondo parece haber sido mínimo, perdió miserablemente un puñado de años de su vida con el proyecto de Wonder Woman que jamás llegó a buen puerto, y se tendrá que poner las pilas si no quiere tener que volver a las sitcoms y/o reflotar la franquicia Buffy con una nueva generación de cazadoras, que tampoco estaría mal. Su destino ideal, suponiendo que sea capaz de darle un toque adulto a su trabajo, está en la HBO. No sé quién no se entera.

El año comienza, en UK, con la segunda temporada de Being Human, más torva y más sombría que la anterior, ocho episodios esta vez. Ya han renovado para una tercera temporada y me imagino que la versión americana que se está preparando será un poquito más movida. La serie mejora sus cosas buenas e incide en sus cosas no tan buenas: me sigue sobrando la chica fantasma. Con todo, hay perlas en cada episodio, detallitos que recrean un mundo que sería bueno explorar más a fondo: esos vampiros que se comportan como alcohólicos anónimos, esos emos que se ofrecen voluntarios (o no) para sus ritos de sangre, la connivencia entre la policía y la secta vampírica para que les limpie las calles de indeseables.

Sigue el drama legal de The Good Wife, que se está emitiendo ya en FOX España en sustitución de la siempre añorada Boston Legal. Uno, que prefiere las series de abogados a las de médicos, se lo pasa pisa con las tribulaciones de esta mujer de su tiempo, engañada (o no) por su marido y con la subtrama de Mr. Big entre rejas. Y ojito que la serie se merece un spin-off ya mismo con el personaje de Kalinda. Ya ha renovado por una segunda temporada, aunque los índices de audiencia no son para tirar cohetes, pero imagino que el premio de interpretación que acaba de llevarse Julianna Margulies también cuenta.

Siguen los Winchester enfrentándose a sí mismos y al Apocalipsis. La paráfrasis con Caín y Abel ya ha quedado clara en el episodio del jueves pasado. Supernatural es, sin duda, mi serie favorita del momento, y los dos actores lo bordan de continuo. Esta nueva temporada, que parecía condenada al arco, recupera sin embargo buena parte del espíritu primero, el monstruo de la semana, la carretera, la familia, el humor. Aunque todo parecía indicar que la serie terminaría esta quinta temporada, se habla de una sexta. Cosa que a mí, por cierto, no me importaría en absoluto. A falta de Buffy, buenos son Winchesters.

Entre la comedia y el drama policial, White Collar (que quiere decir "guante blanco" y que me temo que traducirán por "collar blanco" o "cuello blanco", ay), nos cuenta la historia de un guapo ladrón, al estilo Leonardo di Caprio en la obra maestra de Spielberg Atràpame si puedes, que colabora con su Tom Hanks particular resolviendo robos y misterios. Graciosa, con su puntito incongruente (ver a un chicarrón de hoy día vestido del Rat Pack tiene su miga), a mí me recuerda a una de las series míticas de mi infancia, Ladrón sin destino.

Y tenemos Spartacus: Blood and Sand, una serie que recoge, y en demasía, los excesos visuales de ese horror que se llamó 300, y que pretende seguir, o no, la historia del gladiador tracio e, imagino, su revuelta contra Roma. De momento van tres capítulos y yo de ustedes me saltaba directamente el primero, que es horrible. El segundo, sin embargo, ya tiene mejor cara: remedando claramente la película de Stanley Kubrick, vemos la iniciación del rebelde Espartaco en la escuela de gladiadores, con doctore negro y calvo con látigo incluido. La serie sigue, en barato, buena parte de los supuestos de Roma, y si bien los momentos de cámara lenta, los CGI, y las explosiones de sangre y vísceras son cansinas y bastante feas a la vista, las actuaciones compensan el exceso y, pese a algunas libertades escénicas bien gordas, la trama está bien construida y te permiten empatizar tanto con el rebelde Espartaco como con los otros personajes del domus. Junto a ese hierático entrenador de gladiadores destacan la pareja formada por Batiatus y Lucrecia (John Hanna y una Lucy Lawless de muy buen ver), dos pobres diablos que luchan por ascender en el escalafón de una república romana que los asfixia con sus problemas económicos. La serie destaca, además de por los litros y litros de sangre, por su tratamiento del sexo, que para eso estamos en Roma, faltaba más. Son abundantes los desnudos masculinos y sobre todo femeninos, y las escenas de cama o triclinio son bastante explícitas, imagino que porque el producto es directo a televisión por cable. Tampoco se andan con rodeos en los diálogos: ver a una Xena despelotada a medias metiéndole mano al gladiador y decir nada menos que "Necesito tu polla dentro de mí" tiene su miga, qué caramba.

La serie supongo que seguirá la historia más o menos mitificada de Espartaco, su paso por Roma y el circo y luego la rebelión de esclavos y su muerte, a menos que tiren de la estrategia de los cómics de Yugurta y le den el final feliz que no fue. Habrá que esperar, porque parece que ya han firmado una segunda temporada, y eso que sólo llevan tres capítulos.

A la espera de que regresen FlashForward y V (si es que regresan), y ver qué tal lo hace el Doctor Who número 11, tienen ustedes en Caprica un pre-spin-off de Galactica. Y, por supuesto, Perdidos, cuyos dos primeros episodios me han dejado bastante frío, quizá porque me temo que todo va a acabar convertido en un enfrentamiento entre el bien y el mal, o sea, las piezas blancas del backgammon contra las piezas negras, y los dos universos temporales que ahora mismo coexisten en la pantalla (no sé si el espectador normal entenderá la maniobra) acabarán con llamadas al gran poder y la gran responsabilidad y a obligar a decidir a los personajes un destino que sabemos inevitable entre la realidad enmendada y la realidad originalmente vivida. O sea, lo dicho siempre: un viaje muy largo para tan cortas alforjas. O no.

2010-02-03

COMO EN EL CINE

Tenemos desde ayer la ciudad tomada, y no es que se acerque el carnaval y la gente esté ya dándole al trinki. O sí. Resulta que se celebra una reunión en la cumbre de todas las ministras de la Unión Europea, cortesía de Bibiana Aído. Y así, entre cochazo blindado de lujo y cortes en la avenida (que sólo es una aunque tenga siete nombres), hay policías nacionales por todo Cádiz, lo que significa que en algún otro lugar de España los cacos estarán haciendo su agosto en febrero.

Pasan las lecheras a toda leche, rastrean las alcantarillas, prohíben aparcar y te miran como si fueras relaciones públicas de Al Qaeda. En la plazoleta del Hotel Playa (que es como llamamos en petit comité a la Glorieta Ingeniero La Cierva), delante del hotel, dos vehículos azules, siete u ocho policías con chaleco antibalas. En cada entrada del aparcamiento, un hombre. En la esquina del McDonald´s, junto al buzón de correos, otro: comprueba de vez en cuando si alguien ha echado algo que no tenga el sello reglamentario. En la parada del autobús, una mujer policía controla a los que bajan. Otro agente se queda mirando la barra de pan que lleva mi mujer, no sé si porque le parece sospechoso o porque tiene hambre.

Y ya, para remate, entre tanto policía azul, un basurero empoujando el carrito, con el chaleco reflectante y, cáspita, un pinganillo en la oreja. No sé si está el hombre escuchando la Cope o si es un policía camuflado, si la realidad imita al cine o si es la pura casualidad de estar allí en una esquina donde parece que están rodando otra película de buenos y malos.

2010-02-02

EL PENSIONAZO

Cantaban los Beatles aquello de “When I’m sixty-four”, que traducido resulta cuando tenga sesenta y cuatro años, o sea, la ensoñación de lo que haría uno cuando fuera anciano y no tuviera que estar ahí que pin que pan al pie del cañón, si hasta nos vendieron la moto de que jubilación viene de júbilo, y ahora resulta que cuando nosotros tengamos esa edad que no llegaron a ver ni George Harrison ni John Lennon no estaremos descontando las horas para cumplir los sesenta y cinco y poder decir “Yaba-daba-dú” como Pedro Picapiedra cada vez que sonaba la sirena y podía dejar el brontosaurio , sino que tendremos que pasar otros dos años más encabronados hasta que nos den el finiquito. Y encima viejos.

Al final los horóscopos van a tener razón, cachis en la mar. Los acuario nacidos en el 59 gozarán de una vida laboral plena. Como que vamos a tener que currar dos añitos más que los géminis del 57, si los avispados empresarios no nos despiden antes, vaya tela. ¿Pero de verdad se imaginan ustedes con 67 tacos a las espaldas y levantándose a las siete de la mañana todos los días? ¿Subidos en un andamio, bregando con cuarenta niños en clase, dirigiendo el tráfico, pasando el mocho? No todos somos Fraga, por Dios. Nos desgastamos.

Y si hay que hacer cuentas y buscar un reparto más equitativo de todo, ¿no habría que empezar por eliminar esas prejubilaciones de oro donde tíos con cincuenta años de la banca y otros campos se van a casa de rositas con un sueldazo como no nos quedará a ninguno? ¿Se jubilarán también los políticos, o seguirán buscándose chollazos europeos cuando las urnas les den la espalda, como hasta ahora?

¿Nos quedarán entonces fuerzas para aprovechar los viajes del Inserso o ya estaremos para sopitas y caldo? Uno soñaba con sacar a pasear a los nietos que no tiene y me temo que a este paso serán los nietos los que me tengan que sacar a mí.

Las dudas perpetuas de nuestro presidente tienen una duda actual en el electorado. ¿Ahora a quién votamos?


Publicado en La Voz de Cádiz el 01-02-2010

2010-01-30

INVICTUS


Clint Eastwood se vale del deporte para hacer una parábola política. O de la pequeña historia de un momento casi anodino perdido en el recuerdo para hacer un ensayo sobre la épica. Sobrio y contenido, como es norma, con su fiel Morgan Freeman dando vida a un Nelson Mandela al que no se parece demasiado más allá de las camisas, Eastwood no fuerza nunca la mano en esa partida de ajedrez que está librando con el público. Cuenta la historia desde el minimalismo, y la sazona a placer de pequeños detalles cotidianos que sirven para convertirla en una gran historia: ese plano primero que abre y muestra a los blancos jugando al rugby en un campo de hierba y a los negros jugando al fútbol en un pedregal y ese otro plano que cierra con los niños negdros jugando ya al rugby en un campo de hierba y que muchos espectadores se pierden porque salen a toda leche del cine, cuando rompe la cuarta pared y nos muestra a los personajes reales en quienes la película se basa.

Toda la película juega con la sutileza y explota el sentimentalismo sin exagerarlo, con unas réplicas de diálogo que están cargadas de mensaje, y un juego de secundarios excelente, gente corriente que se ve de pronto sobrepasada por el carisma de Mandela y el tiempo nuevo. Quizá no entendamos en el doblaje que los blancos hablan afrikaaner y los negros su propio idioma, puesto que no entendemos ni uno ni otro, pero sí queda clara esa idea de unificación a partir del deporte: me falta un plano del niño que no quiere la camiseta verde y oro vistiéndola al final, la canción es demasiado cursilona, los All Black son mucho más terroríficos en los videos de Youtube, pero Eastwood sale muy airoso de una historia que no tiene más morbo que verla desarrollarse poco a poco, sin que nos preocupe jamás que no vayan a ganar el campeonato. Se agradece que no haga falta entender las reglas del rugby, ni que se saquen de la manga, como en tantas películas de deporte, una remontada épica que da la vuelta al marcador cuando parece imposible no desde el punto de visa físico, sino matemático. Incluso el momento de tensión con el avión es una pequeña patada en el morro a quienes esperaban que de pronto, por arte de magia, la historia se complicara con un intento de atentado.

Atentos a Matt Damon, que pese a ser demasiado bajito para el deporte que representa da perfectamente, tanto en músculos como en presencia, el papel de capitán. Es puro Steve Rogers.

Con tres pinceladas, Eastwood recrea extraordinariamente la soledad de Mandela, sus problemas familiares, su grandeza. La escena, casi obligada, de la visita al presidio y el encuentro con los fantasmas de la culpa que allí habitan supone un extraño y hermoso momento lírico.

Me perdonan ustedes, pero con todo y con eso, siendo un biopic que no llega a serlo de Nelson Mandela, me pregunto hasta qué punto no se está jugando al paralelo con Obama.

2010-01-25

EL FUTURO DEL FALLA

De lo que llevamos de concurso uno no sabe qué es peor: si la buena voluntad inoperante de tanta gente como se presenta sin estar preparados para no hacer el ridículo, si lo poco críticos que resultan los presentadores televisivos de la cosa, a los que todo parece poco menos que escrito al dictado de Paco Alba, si los excesos admirados del respetable (esto es lo que comprendo más, puesto que los familiares tienen el don mutante de conseguir siempre entradas para ver a los suyos), o la tardanza entre una actuación y otra.

¿Se imaginan ustedes un concurso de Eurovisión donde se tardaran diez o doce minutos en dar paso del cantante de Eslovenia al de la República Chequia? ¿A que no? Pues aquí cada agrupación que canta se sabe dueña de los quince minutos de fama que predijera Andy Warhol, y allá que monopoliza los minutos para descanso de los que rajan y ganancia del ambigú y la pizzería de la esquina. Y todo mientras el respetable jalea, o se levanta, o se duerme, y los telepresentadores tienen que llenar minutos de cháchara que luego quedan fatal en lo de youtube.

Si la semana pasada intentaba yo decirles que se podría abrir el concurso del cartel a la fotografía, que no sólo se hace arte con témpera y óleo, ya sería hora de que conviniéramos que no es de recibo prestar de esa manera el Falla y los minutos del Falla a que cada agrupación levante el campamento indio de un forillo que debe costar tela de encargar, hacer, y montar luego. Estamos en el siglo veintiuno, y aunque el Carnaval sea tradición, ahí estamos celebrando (de aquella manera, pero bueno) los cincuenta años de la comparsa, que vino a romper la tradición antigua para iniciar una tradición nueva que ya no hay quien menee. El carnaval no puede hacer la vista gorda a la tecnología, llámese internet como antes se llamó guitarra, y no sería descabellado que en vez de tardar tanto tiempo en desmontar un forillo y colocar otro se proyectara detrás del escenario una escena móvil o una lámina, en PowerPoint o en cualquier otro sistema que hoy permiten, en los musicales de teatro que cuestan un potosí, darle vistosidad, ritmo y modernidad a la representación. Y arte, desde luego.


Publicado en La Voz de Cádiz el 25-01-10

2010-01-24

MATER DOMINATRIX



Antes que Yoko Ono estuvo Gala.


Hombre, señor Carlos Bardem, vale que diga usted la boutade de que "Avatar" es una peli de pitufos con esteroides, pero vale también recordar que está rompiendo la taquilla en todo el mundo, y que quienes la han realizado han arriesgado su dinero, sin obligarnos a nadie a pagarles el capricho con nuestros impuestos.

Ale, a ver si aprendemos algo del patriarca de la familia.


Hacía quince años que no compartía micro, mesa y mantel con Paco Roca en Cádiz, aunque por fortuna nos hemos encontrado otras veces en su natal Valencia y otras ciudades, cada uno haciendo bolos a su manera. Ayer tuve la fortuna de compartir con él diez o doce horas de charlas, confesiones, bromas, teorías mágicas. Como muchos otros amigos valencianos, Paco Roca es uno de mis mejores amigos aunque tengamos la desgracia de vernos si acaso una vez cada dos o tres años.

La última vez que estuvo en Cadiz, allá por el año 95, Paco Roca no era el Paco Roca que hoy conocemos, sino un muchachito simpático y algo tímido, todavía con más aspecto de Peter Pan que ahora, que hacía ilustraciones para nuestros cuentos y caricaturas y portadas y todavía, creo, no se había liado la manta a la cabeza para convertirse en eso tan difícil y tan envidiable, un autor de cómics.

Ayer, en las Presencias Literarias que organiza la Universidad de Cádiz, ante una cincuentena de espectadores, estuve charlando con Paco exactamente en los mismos términos que habíamos estado hablando desde que nos reunimos para almorzar y luego charlamos paseando por las calles de Cádiz, una conversación que quizá fuera la continuación de alguna otra conversación que dejamos interrumpida, y que seguro que continuamos la próxima vez que volvamos a vernos.

Paco, que se sabe importante aunque no deja de ser sencillo, contestó con gracia y labia, quizá un poquito estupefacto por todo el revuelo que se ha causado con "Arrugas", y que le ha traído cosas buenas y cosas menos buenas, entre otras cosas porque lleva casi dos años dale que te pego con el tema, restándole tiempo para dibujar. Repasamos su carrera, desde sus inicios como diseñador a sus escarceos con la ciencia ficción disfrazada de historieta pornográfica, siempre con humor, con un punto de candidez. Mientras Paco hablaba y se metía en el bolsillo al respetable, fui viendo que ya no era el joven de aspecto aniñado que era hace quince años, que en el fondo es el Paco Roca que uno tiene en la memoria. Se nos ha hecho mayor, lo que quiere decir mucho más sabio, y en su cuidado aspecto desgarbado atisbé unas cuantas arrugas propias.

Habla con gracejo, saltando de un tema a otro y repitiendo historias que ha contado ya una y mil veces, dándole la importancia justa a su trabajo y a la evolución de su carrera, pero no puede evitar (quizá él no se da cuenta) que cuando habla de "Arrugas", de su investigación para "Arrugas", de todo lo que luego le ha traído "Arrugas" y que tan magistralmente retrata en el "Emotional World Tour", no puede evitar, les decía, que la voz se le haga un punto más cálida, más melancólica, más emocionada.

Tiene anécdotas para dar y regalar, y como uno es perro viejo en esto le tiró de la lengua lo justo y preciso para que no revelara de sus golosos proyectos presentes más que lo estrictamente necesario, una estrategia de teaser que estoy seguro dejó a los asistentes con la miel en los labios. Luego, sabiendo que Paco Roca observa y calla, y apunta y algún día quizás recree, mientras comíamos pescao frito, le contamos anécdotas que arrancaban carcajadas quizá con la esperanza de influir en algunas viñetas algún día.

Y a mi pregunta más capciosa se salió, naturalmente, por peteneras: no quiso decir si se consideraba o no un poeta.

2010-01-19

SHERLOCK HOLMES



Butch Cassidy y Sundance Kid se convierten en Sherlock Holmes y el doctor Watson para enfrentarse al Conde Drácula disfrazado de Lord Voldemor. Una reinvención de los personajes que es a la vez respetuosa y subversiva, donde Robert Downey Jr. rescata buena parte de los tics que incluyó en su Tony Stark para recrear al detective en su estado más literariamente naturalista, potenciando la fisicidad y el hastío que tanto lo caracterizan (¿era entonces Holmes hiperactivo y ni Conan Doyle lo sabía?) para un argumento mal contado, mal explicado, enormemente mal rodado y tan sin pies ni cabeza como se puede imaginar de una historia con tres guionistas y dos argumentistas a bordo.

El mejor es, con diferencia, guiños holmesianos aparte, Jude Law haciendo de un doctor John Watson impagable, enormemente fiel al original, con la cojera que hemos aprendido a apreciar en el personaje, pero ahora atractivo y enamoradizo, cosa que en nada contradice al Watson literario, sino todo lo contrario. Se agradece que no sea el típico tonto al uso que va a remolque de las deducciones de Holmes, y su relación entre amistosa y pachangera con el detective es lo más saludable del film, rescatando buena parte de la relación que une a House con Wilson. Tampoco se puede despreciar a Irene Adler (pronunciado "Airín" en el doblaje), que aunque parezca un poco la Viuda Negra de los cómics presenta eso que los lectores siempre hemos querido ver: un nuevo encuentro entre Holmes y su amor imposible.

El problema es el caso. El problema es que la fisicidad de las escenas está mal contada, las peleas mal resueltas: como en tantas películas del cine reciente, no se ve un carajo. Guy Ritchie abusa del flashback tonto, de la cámara lenta que ya creíamos superada, y cada vez que cuela, algo con calzador, los momentos de acción la película se le viene abajo y el ritmo se lastra. El casting, bastante cuidado en algunos aspectos, naufraga estrepitosamente con ese ministro de exteriores tan juvenil y se pasa un pelín con lo tétrico de Lord Blackwood.

El argumento, en el fondo, no engaña a nadie: todos sabemos que no existe lo sobrenatural, aunque tanto nos guste ver a Holmes metido en esos fregaos. Lo malo es que las explicaciones apresuradas y las razones químicas y electromagnéticas son propias del Cheminova, una sacada de la manga que no se puede creer a estas alturas. El plan diabólico es una chorrada como la copa de un pino, el típico deseo de ser califa en lugar del califa y reconquistar las colonias, que si no los yanquis se enfadan, y me sigue extrañando cómo al final, que se ve venir a la legua, son capaces de aparecer de pronto en Tower Bridge tras recorrer los sótanos del Parlamento... que debe estar a unos tres kilómetros de distancia.

La sombra de La Liga de los Caballeros Extraordinarios y Alan Moore es larga. Lord Blackwood, espiritismos aparte, no deja de ser una recreación de V, o más bien del golpista inglés por excelencia, Guy Fawkes. El pentáculo donde Holmes descubre el lugar del clímax final remite clarísimamente al famoso paseo en carruaje por los iconos masones del Londres victoriano.

La película es entretenida, pero ni de lejos una obra maestra. Es bueno airear los iconos y darles un aspecto remozado, pero se agradecería un poquito más de claridad expositiva. La segunda película, tan descaradamente anunciada, podría y debería remediar las carencias que tiene ésta.

Los más jartibles están, estamos, de enhorabuena. Se acabó la crisis. Todas las preocupaciones del año y de la vida pasarán durante más de un mes a segundo plano. Cierto, perderemos un poco el mordiente que sería necesario con la que nos está cayendo encima, pero como somos como somos, la ciudad que sonríe hará durante un puñado de semanas honor a su nombre. Ya estamos en Carnaval, a un mes de distancia del Carnaval todavía, aunque uno se lo cuente a alguien de Logroño y se crea el gachó que nos estamos quedando con él. Cualquiera le explica, encima que aquí simplemente el Carnaval no se crea ni se destruye, sino que se transforma y se pone la careta de otro año.

Dicho lo cual, y como nos hemos internacionalizado en demasía, perdiendo casi todo lo que hacía que el Carnaval fuera nuestro, luego nos tocará quejarnos del caos del primer sábado, donde el atasco de salida allá donde el aparcamiento de la obra infinita creará marabuntas humanas camino de la estación lejana. Y que no veamos una agrupación en la calle ese día (cosa que, de verdad, como ese día ya no salgo, casi no me preocupa ni nada).

El Carnaval tiene una cosa curiosa: ninguna retransmisión televisiva le hace justicia a cómo se ve y se escucha y se siente dentro del Falla. Ni Canal Sur, ni Onda Cádiz, ni los especiales, nada. Igual que tampoco le hace justicia la grabación en cedé o antes en vinilo o en cinta, que siguen sonando a hueco. El Carnaval, lo sabemos todos, como se vive y se goza esa en vivo y en directo, cuanto más cerca de la agrupación mejor, pero nos tenemos que contentar con hacernos con recuerdos que lo sustituyan, que tampoco es mala cosa.

Tampoco le hace justicia el cartel. No sólo el de este año. Hace ya mucho tiempo que el cartel que anuncia la fiesta es más soso que un caramelo de agua. Antes, recuerden ustedes (“¿Quién eres, joé?” “¡El del cartel, ¿po no lo ves?”) el criterio estético del cartel era puesto de chupa de dómine por las mismas agrupaciones del concurso, siendo la más celebrada la interrogación retórica de los Borrachos a cuenta del que firmó Alberti. Tiene que ser muy difícil, a estas alturas, innovar en el tema, pero sobre todo es imposible si las bases para la realización del cartel son tan restrictivas que parece que están pidiendo cada año que se repita el mismo cartel: aparte de los datos escritos de fecha, eso de que tenga que aparecer lo de “Interés turístico internacional”, y el logo del ayuntamiento y demás, súmenle el consabido monumento de la ciudad. Al final, claro, lo que acabamos viendo que se presenta a concurso, cuando concurso hay, es un puñado de variantes sobre la Torre Tavira, las Puertas de Tierra, el Monumento a las Cortes, los leones de Correos, la Caleta, la diosa Gades o, como este año, la Catedral. Con más o menos gracia, con más o menos arte, y con un puñado de muñequitos saltando o posando alrededor, muñequitos que se sobreentiende que son gaditanos disfrazados, pero que no lo parecen porque son eso, muñequitos.

Dudo que al final se consiga lo que en teoría se pretende, que es que se anuncie la fiesta que es, o fue, puramente gaditana. Los carteles que se premian, y los que no se premian, valen tanto para un roto como para un descosido: son carteles tan genéricos como las medicinas baratas. Lo mismo pueden anunciar el Carnaval de Cádiz que el de la Chimbamba, con la que sin duda nos hermanaremos algún día.

Y digo yo, ¿no sería más representativa una fotografía? ¿Abrir al menos el concurso a que la foto que inmortalice un momento del carnaval en el Falla o en la calle pueda representarnos? ¿Una foto de una agrupación señera, esa que se identifica fácilmente allá por donde vaya? Estamos en el siglo veintiuno, y se puede hacer arte con algo más que pintura y acuarelas.


Publicado, a la mitad, en La Voz de Cádiz el 18-01-10

2010-01-16

BEING HUMAN.


Un vampiro, un hombre-lobo y una fantasma que comparten apartamento podría haber sido el tema de una sitcom al uso. Sin embargo, aunque no desdeña elementos humorísticos, nos encontramos con una serie de fantasía y terror oscuro donde lo importante es, como su propio título indica, la cualidad de ser humano, de no renunciar a ser humano, o de intentar vivir como si lo fueran.

Seis episodios (más un piloto donde dos de los actores son distintos) le sirven a esta serie inglesa para ahondar en la temática de moda, pero siendo respetuoso con los cánones: Mitchell, el vampiro, sí, es guapo (y friolero, a tenor de los guantes que siempre usa indoors), pero no pierde la masculinidad y es capaz de mostrarse como un personaje fuertemente sexual y salvaje en ocasiones; George, el hombre-lobo (interpretado por Rusell Tovey, Alonso en Doctor Who y candidato derrotado a encarnar al undécimo Doctor) pone el detalle tímido, la inseguridad, la normalidad de quien era normal antes de haber sido maldecido por un licántropo que, lo conoceremos luego, nos caerá a la vez simpático y repulsivo; Annie, la fantasma, es la más débil, un poco como Susan Storm en los Cuatro Fantásticos, por lo que no extraña que todavía se esté intentando buscar un modo de sacarla de la casa encantada, de hacerla visible para quien no es sobrenatural como sus compañeros de renta, y de dotarla de poderes.

Un Bristol frío y húmedo de hospitales que dan miedo y de calles casi siempre desiertas se nos ofrece como centro de la vida de varios vampiros capitaneados por un intrigante sargento de policía que pretende dominar a la humanidad reclutando entre la humanidad nada menos que a aquellas personas que puedan ofrecerle algo a cambio. La aristocracia del vampiro se presenta aquí como la elite de quienes pueden dominar a los demás por medio de sus capacidades, una utopía que da miedo como tantas otras utopías.

Siendo Mitchell el mejor personaje de los tres, un vampiro antiguo en un mundo moderno que ha pasado por modas y reprime como puede el instinto, aunque no siempre, el canon vampírico se respeta en gran medida: sin llegar a los extremos de otros vampiros con rimmel de la actualidad, estos vampiros sí soportan la luz del sol, que les molesta, pero sucumben a estacas y símbolos religiosos. El hombre-lobo sólo se transforma una sola noche al mes, y se explica muy gráficamente que el paso de humano a licántropo es como si sufriera un infarto masivo y se fueran colapsando los demás órganos. La fantasma intenta en todo momento recuperar una normalidad que le está vedada, primero preparando compulsivamente cientos de tazas de café, y luego tratando de hacerse corpórea y acosar a su asesino (a quien, por cierto, no parece afectarle para nada verla allí delante, al menos al principio).

La serie no olvida la mezcla con los referentes pop del momento, e incluso un tema social, la pedofilia, ocupa todo un capítulo de la primera temporada. Hay momentos emotivos y momentos eróticos, sexo y sangre (sobre todo en el primer capítulo de la segunda temporada, emitido ya el domingo pasado), y una muy buena caracterización de personajes.

Parece que los americanos van a hacer su propio remake, ay, Dios. La segunda temporada, ya les digo, ya está en marcha, y parece que va a ser un mucho más heavy que la primera: ocho episodios anunciados, comprada ya una tercera temporada, hay unos misteriosos cazadores de rarezas que me temo sean componentes de alguna secta de tipo religioso.

Una vez más, es envidiable cómo la televisión británica es capaz de hacer series de corte fantástico con rigor, con pasión, con inteligencia, y sin avergonzarse de ello.

2010-01-15

CARNAVAL 2010



Este cartel horrible marca el principio de la fiesta. Hoy mismo empieza el Carnaval en Cádiz, o más bien el Carnaval en Cádiz se disfraza hoy de una cifra nueva.

Para lo que ustedes quieran comentar, se abre aquí el telón de sus opiniones, consejos, valoraciones, vivencias y saberes.



El próximo jueves, 21 de enero, tendré el gusto de presentar y entrevistar a Paco Roca en los Encuentros Literarios de la Universidad de Cádiz. Siete de la tarde, aulario La Bomba. Allí nos veremos.

2010-01-14

2164. CATÁSTROFE

El houngan, sin embargo, sonrió.

Como siempre hay confusión entre temporadas, doctores, episodios editados en video o DVD, y casualmente una de las revistas que he comprado en los Londones trae esa información, no me resisto a compartirla con ustedes, whovians de la piel de toro. Recordemos que hasta la llegada del noveno Doctor, los episodios eran de media hora y emisión semanal.

WILLIAM HARTNELL (1963-1966)



1. 100,000 BC (4 episodios)
2. The Mutants (o The Daleks) (7 episodios)
3. Inside the Spaceship (2 episodios)
4. Marco Polo ( 7 episodios)
5. The Keys of Marinus (6 episodios)
6. The Aztecs (4 episodios)
7. The Sensorites (6 episodios)
8. The Reign of Terror (6 episodios)
9. Planet of Giants (3 episodios)
10. The Dalek Invasion of Earth (6 episodios)
11. The Rescue (2 episodios)
12. The Romans (4 episodios)
13. The Web Planet (6 episodios)
14. The Crusade (4 episodios)
15. The Space Museum (4 episodios)
16. The Chase (6 episodios)
17. The Time Meddler (4 episodios)
18. Galaxy 4 (4 episodios)
19. Mission to the Unknown (1 episodio)
20. The Myth Makers (4 episodios)
21. The Dalek's Master Plan (12 episodios)
22. The Massacre of St. Bartholomew's Eve (4 episodios)
23. The Ark (4 episodios)
24. The Celestial Toymaker (4 episodios)
25. The Gunfighters (4 episodios)
26. The Savages (4 episodios)
27. The War Machines (4 episodios)
28. The Smugglers (4 episodios)
29. The Tenth Planet (4 episodios)


PATRICK TROUGHTON (1966-1969)



30. The Power of the Daleks (6 episodios)
31. The Highlanders (4 episodios)
32. The Underwater Menace (4 episodios)
33. The Moonbase (4 episodios)
34. The Macra Terror (4 episodios)
35. The Faceless Ones (6 episodios)
36. The Evil of the Daleks (7 episodios)
37. The Tomb of the Cybermen (4 episodios)
38. The Abominable Snowmen (6 episodios)
39. The Ice Warriors (6 episodios)
40. The Enemy of the World (6 episodios)
41. The Web of Fear (6 episodios)
42. Fury from the Deep (6 episodios)
43. The Wheel in Space (6 episodios)
44. The Dominators (5 episodios)
45. The Mind Robber (5 episodios)
46. The Invasion (8 episodios)
47. The Krotons (4 episodios)
48. The Seeds of Death (6 episodios)
49. The Space Pirates (6 episodios)
50. The War Games (10 episodios)


JON PERTWEE (1970-1974)



51. Spearhead from Space (4 episodios)
52. Doctor Who and the Silurians (7 episodios)
53. The Ambassadors of Death (7 episodios)
54. Inferno (7 episodios)
55. Terror of the Autons (4 episodios)
56. The Mind of Evil (6 episodios)
57. The Claws of Axos (4 episodios)
58. Colony in Space (6 episodios)
59. The Daemons (5 episodios)
60. Day of the Daleks (4 episodios)
61. The Curse of Peladon (4 episodios)
62. The Sea Devils (6 episodios)
63. The Mutants (6 episodios)
64. The Time Monster (6 episodios)
65. The Three Doctors (4 episodios)
66. Carnival of Monsters (4 episodios)
67. Frontier in Space (6 episodios)
68. Planet of the Daleks (6 episodios)
69. The Green Death (6 episodios)
70. The Time Warrior (4 episodios)
71. Invasion of the Dinosaurs (6 episodios)
72. Death to the Daleks (4 episodios)
73. The Monster of Peladon (6 episodios)
74. Planet of the Spiders (6 episodios)

TOM BAKER (1974-1981)



75. Robot (4 episodios)
76. The Ark in Space (4 episodios)
77. The Sontarian Experiment (2 episodios)
78. Genesis of the Daleks (6 episodios)
79. Revenge of the Cybermen (4 episodios)
80. Terror of the Zygons (4 episodios)
81. Planet of Evil (4 episodios)
82. Pyramids of Mars (4 episodios)
83. The Android Invasion (4 episodios)
84. The Brain of Morbius (4 episodios)
85. The Seeds of Doom (6 episodios)
86. The Masque of Mandragora (4 episodios)
87. The Hand of Fear (4 episodios)
88. The Deadly Assassin (4 episodios)
90. The Robots of Death (4 episodios)
91. The Talons of Weng-Chiang (6 episodios)
92. Horror of Fang Rock (4 episodios)
93. The Invisible Enemy (4 episodios)
94. Image of the Fendahl (4 episodios)
95. The Sun Makers (4 episodios)
96. Underworld (4 episodios)
97. The Invasion of Time (6 episodios)
98. The Ribos Operation (4 episodios)
99. The Pirate Planet (4 episodios)
100. The Stones of Blood (4 episodios)
101. The Androids of Tara (4 episodios)
102. The Power of Kroll (4 episodios)
103. The Armageddon Factor (6 episodios)
104. Destiny of the Daleks (4 episodios)
105. City of Death (4 episodios)
106. The Creature from the Pit (4 episodios)
107. Nightmare of Eden (4 episodios)
108. The Horns of Nimon (4 episodios)
109. The Leisure Hive (4 episodios)
110. Meglos (4 episodios)
111. Full Circle (4 episodios)
112. State of Decay (4 episodios)
113. Warrior's Gate (4 episodios)
114. The Keeper of Traken (4 episodios)
115. Logopolis (4 episodios)


PETER DAVISON (1981-1984)



116. Castrovalva (4 episodios)
117. Four to Doomsday (4 episodios)
118. Kinda (4 episodios)
119. The Visitation (4 episodios)
120. The Black Orchid (2 episodios)
121. Earthshock (4 episodios)
122. Time-Flight (4 episodios)
123. Arc of Infinity (4 episodios)
124. Snakedance (4 episodios)
125. Mawdryn Undead (4 episodios)
126. Terminus (4 episodios)
127. Enlightenment (4 episodios)
128. The King's Demons (4 episodios)
129. The Five Doctors (1 episodio)
130. Warriors of the Deep (4 episodios)
131. The Awakening (2 episodios)
132. Frontios (4 episodios)
133. Resurrection of the Daleks (2 episodios)
134. Planet of Fire (4 episodios)
135. The Caves of Androzani (4 episodios)


COLIN BAKER (1984-1987)




136. The Twin Dilemma (4 episodios)
137. Attack of the Cybermen (2 episodios)
138. Vengeance on Varos (2 episodios)
139. The Mark of the Rani (2 episodios)
140. The Two Doctors (3 episodios)
141. Timelash (2 episodios)
142. Revelation of the Daleks (2 episodios)
143. The Trial of a Time Lord (14 episodios)

SYLVESTER McCOY (1987-1996)



144. Time and the Rani (4 episodios)
145. Paradise Towers (4 episodios)
146. Delta and the Bannermen (3 episodios)
147. Dragonfire (3 episodios)
148. Remembrance of the Daleks (4 episodios)
149. The Happiness Patrol (3 episodios)
150. Silver Nemesis (3 episodios)
151. The Greatest Show in the Galaxy (4 episodios)
152. Battlefield (4 episodios)
153. Ghost Light (3 episodios)
154. The Curse of Fenric (4 episodios)
155. Survival (3 episodios)


PAUL McGANN (1996)



156. Doctor Who


CHRISTOPHER ECCLESTON (2005)



157. Rose
158. The End of the World
159. The Unquiet Dead
160. Aliens of London / World War Three (2 episodios)
161. Dalek
162. The Long Game
163. Father's Day
164. The Empty Child /The Doctor Dances (2 episodios)
165. Boom Town
166. Bad Wolf / The Parting of the Ways (2 episodios)


DAVID TENNANT (2005-2010)



167. The Christmas Invasion
168. New Earth
169. Tooth and Claw
170. School Reunion
171. The Girl in the Fireplace
172. Rise of the Cybermen / The Age of Steel (2 episodios)
173. The Idiot's Lantern
174. The Impossible Planet / The Satan Pit (2 episodios)
175. Love & Monsters
176. Fear Her
177. Army of Ghosts / Doomsday (2 episodios)
178. The Runaway Bride
179. Smith and Jones
180. The Shakespeare Code
181. Gridlock
182. Daleks in Manhattan / Evolution of the Daleks (2 episodios)
183. The Lazarus Experiment
184. 42
185. Human Nature / The Family of Blood (2 episodios)
186. Blink
187. Utopia / The Sounds of Drums /Last of the Time Lords (3 episodios)
188. Voyage of the Damned
189. Partners in Crime
190. The Fires of Pompeii
191. Planet of the Ood
192. The Sontaran Stratagem / The Poison Sky (2 episodios)
193. The Doctor's Daughter
194. The Unicorn and the Wasp
195. Silence in the Library / Forest of the Dead (2 episodios)
196. Midnight
197. Turn Left
198. The Stolen Earth / Journey's End (2 episodios)
199. The Next Doctor
200. Planet of the Dead
201. The Waters of Mars
202. The End of Time (2 episodios)


Nada, que nos siguen ganando la partida. Va aquí el españolito que firma a gastarse sus magros ahorros a la pérfida Albión, también llamada Inglaterra, que no la visita desde hace dos lustros y medio, y lo hace con la sensación de que bueno, ahora que somos Europa y además presidentes de Europa ya no nos separará tanto la forma de vivir y de disfrutar de las comodidades del progreso, nada que ver con las primeras sorpresas del tardoadolescente que fui y se asomó al primer mundo cuando Madonna todavía cantaba, lo mismo hasta creyéndoselo, aquello de “Like a Virgin”.

Y la primera en la frente, claro, porque aunque nosotros aceleremos para no quedarnos en la cola, ellos nos llevan siglos de ventaja. Todavía nos estamos quejando acá de la ley anti-tabaco y de si se endurecerá o no, y echa uno un vistazo a Londres y ve que no fuma nadie, ni indoors ni outdoors, o sea, ni dentro ni fuera: todos han acatado que el humo es un coñazo y además haces el perla fumando un cigarrito en la puerta de los sitios, con la rasca que hace. Cae la del Beri en forma de nieve, se colapsa el país entero, se retrasan aviones y medio millón de colegios cierran, y la oposición no le echa la culpa al gobierno, como pasa aquí cada vez que un conductor pincha en carretera (lo mismo, cierto es, porque el gobierno del señor Brown anda en guerra civil consigo mismo).

Siendo la sociedad industrializada por excelencia, no descuidan al turista. Quien diseñó el metro se merece un premio Nobel póstumo, porque allí no se pierde ni un analfabeto. Sale uno allá en la quinta puñeta pensando en no despistarse por las calles porque quiere llegar a tal o cual museo, y ya han pensado por ti y no tienes ni que pisar la superficie: túnel que te crió, con sus correspondientes salidas, una en cada museo que te pueda interesar. Mucho más efectivo que pintar las aceras con líneas azules, señores. Los museos, además, son sitios donde se juega y se aprende.

Cuando acompañas a la parienta a comprar ropita y tienes ya los pies como si estuvieran metidos en dos copitas de coñac (Pepe da Rosa dixit), han pensado otra vez por ti y tienes tu correspondiente sofá para que no se te lleven los demonios en la espera. Los camareros son amables, y hasta aprenden con una sonrisa cuando les enseñas a decir “picha”. Como el servicio va aparte, para que no te escaquees si pagas con tarjeta, antes de pulsar el botoncito verde la pantallita de marras te pregunta si quieres dar propina o no, cáspita. Igualito que aquí, que no hay conexión telefónica la mitad de las veces.

No sé cómo andarán de piratería digital los ingleses, que históricamente han sido tan piratas, pero seguro que el equivalente brit de Teddy Bautista tiene menos quebraderos de cabeza: te encuentras el disco de moda o la peli de moda por poco menos de tres euros si esperas un poco, algo que hace que no merezca la pena descargarte nada. Los teatros empiezan a las siete de la tarde, o sea, a una hora de personas, y terminan a la hora justa para que puedas cenar y no acabar saqueando la mortadela del frigo.

La única pega, que en el museo de cera no hay ni un solo representante español: ni los reyes, ni ZP acompañando a Sarkozy y demás líderes, ni los deportistas que según Cuatro son la caña del mundo. El único español que sigue allí inmortalizado en cera, sentadito él, es Picasso. Lo mismo es porque creen que era francés, oigan.


Publicado en La Voz de Cádiz el 11-01-10

2010-01-10

2161. MOFFAT ON WHO



Steven Moffat ya es, desde el día uno, el encargado oficial de llevar las riendas del Doctor Who esta nueva temporada, la 31 y la primera de Matt Smith. Son trece capítulos, de los que el propio Moffat ha escrito seis (el primero, cuarto, quinto, segundo, duodécimo y décimo tercero, por ese orden), y que tampoco se han rodado en orden de emisión. Habrá un arco narrativo que empezará en el primer episodio y se extenderá hasta la conclusión, con al menos dos aventuras en dos partes. Los otros guionistas, y agárrense, son: Mark Gatis, Toby Whitehouse (de Being Human, guau), Simon Nye (de Men Behaving Badly), Chris Chibnall (de Torchwood), y nada menos que Richard Curtis (de Mr. Bean, Blackadder, Notting Hill y Cuatro bodas y un funeral). O sea, que Moffat se ha rodeado de buenos escritores.

Vuelven los daleks, y los ángeles sollozantes serán presentados de una forma nueva ("¿De verdad crees que no parpadeando te vas a librar de ellos?"), y un nuevo diseño interior para la TARDIS.

Y, por mucho que uno tenga ganas de que llegue abril, más ganas tengo de ver lo nuevo que está escribiendo Moffat, junto con Mark Gatis: una nueva serie llamada Sherlock sobre cierto detective consultor que vive en Baker Street...

2010-01-09

2160. AVATAR 3D

En Londres, que es donde he estado desaparecido esta semana, tuve la oportunidad de ver Avatar en 3D. Y de evaluar la película de otra manera, en una segunda lectura. Lo primero, que se hace mucho más corta, menos tópica y se lee mejor con un nuevo visionado, y además te puedes centrar en lo que nos ha hecho centrarnos tantas veces en las películas que hemos visto muchas veces: en los detalles. También, en especular posibles continuaciones, y cómo se desarrollarán los acontecimientos, y qué será de los personajes. Uno tiene la impresión de que, sí, Avatar acabará convertida en trilogía, y que saltaremos de un planeta a otro. Parker, que se pasa toda la película con cara de duda sobre sus acciones (cosa que no sucede con el coronel Quaritz) me imagino que acabará teniendo mucha importancia en el futuro: no se contrata a un actorazo como Ribisi sin atarlo para otras historias. Tendremos que ver la Tierra sin verde... y acabaremos viendo la Tierra con verde. Cosas mías.

La experiencia 3D: Es cierto que se ve otra película, es cierto que la sorpresa es continuada, que el efecto de las plantas y la exobiología es alucinante. Sin embargo, creo que está poco explotado. O será que el ojo se acostumbra pronto al trampantojo. La nitidez de la imagen en 2D es tal que uno se pasa toda la película en 3D buscando el más difícil todavía, y los efectos especiales han progresado tantísimo que ya no nos sorprendemos por casi nada. ´

La duda que me asalta, si el cine en 3D se afianza (como tendrá que afianzarse ante la competencia de lo digital en casa), es si no habrá entonces que reinventar una gramática, si el concepto del plano narrativo no estará pensado para una pantalla en dos dimensiones. Lo digo porque a veces el plano contraplano, el paso brusco del plano general al plano medio, "aplanan" la tridimensionalidad. Cuando la acción acelera, el efecto estroboscópico se diluye, o el ojo humano (los míos, al menos) no tienen tiempo de aclimatarse a los cambios tan veloces.

Por lo demás, recalcar que las voces de los Na´vi no son tan molestas como en el doblaje español.

Cameron, por cierto, ha imitado a Lucas, que a su vez siguió a Campbell. Tenemos claramente a los mismos personajes en una historia nueva: el elegido, el menos capacitado para la misión, el ser de fuera que inicia la rebelión (Jake, Luke); la chica guerrera, trasunto amoroso, ahora puesta al día y en plano de igualdad (Leia, Neytiri); el amigo del héroe que cambia de opinión (Han Solo/Trudy Chacon); el mentor o médico brujo o científico (Obi Wan, la doctora Grace); el malvado cruel (Vader, el coronel), y el burócrata frío (Moff Tarkin, Parker).

Extrapolando a partir de estos elementos, les apuesto a ustedes mi colección de memorabilia de Star Wars a que Sigourney Weaver vuelve como espectro fundido con la Fuerza-Eywa. Tampoco se contrata a una actriz como Susan para matarla sin más.

El viaje relativista concede a Jakesully y los Omaticaya casi doce años para prepararse para el segundo asalto. Esperemos que Cameron no tarde tanto tiempo.

2010-01-02

2159. DOCTOR 11



Con el pesar de que este capítulo doble marca la despedida de David Tennant, quizás hemos pasado por alto que también es el adiós de Russel T. Davies, el hombre que hace ya cinco años resucitó al Doctor Who del ostracismo y ha conseguido hacer de la serie un éxito en todo el mundo.

The End of Time es, entonces, no sólo el canto de cisne del gran Tennant, sino también el momento en que RST vuelve a guardar los juguetes en la caja. Y lo hace dejándolo todo como estaba antes de su llegada, sabiendo que es difícil que los muchos y divertidos secundarios (sobre todo humanos) que ha incluido de su cosecha en la larga y jugosa mitología del Doctor vuelvan a aparecer en las pantallas cuando la serie caiga en manos de otros herederos. La trama iniciada la semana anterior se resuelve casi a veinte minutos de terminar el largo episodio, y es el momento para que el Doctor, y RTD, se despidan de todo lo que han ido creando. Hay un claro tono de melancolía en esos minutos finales, con alguna aparición cuanto menos desconcertante, pero todo ello sirve para revalidar que el Señor del Tiempo, nuestro Señor del Tiempo, es antes que nada un profundo enamorado de la vida. De ahí, claro, sus palabras finales, y de ahí ese tono de dolorido despegue que muestra en toda la historia.

RTD es inteligente, de eso no cabe ninguna duda. Ante la imposibilidad de matar al Doctor como elemento de sorpresa, tiene que jugar con lo predestinado: los espectadores sabemos que un Doctor sustituye a otro Doctor, por lo que la muerte y el dolor de la muerte casi parecerían sobrantes. Sin embargo, se refuerza muy claramente el dolor de la despedida, el compartir recuerdos de experiencias que no se van a volver a experimentar: el nuevo Doctor será, como ya dijo el propio Tennant, un tipo de hombre nuevo, y aunque la mitología de daleks y cibermen y ángeles sollozantes seguirá ahí, lo veremos todo desde un nerviosismo y una excentricidad nuevas. Davies, por otra parte, se las arregla para explicar por qué los Señores del Tiempo han desaparecido de la continuidad, explicando de nuevo sin mostrarlas las terribles consecuencias de esa guerra que se nos ha escamoteado. No evita, tampoco, jugar en los minutos finales con su propia llegada a bordo de la serie, y casi riza el rizo de un encuentro imposible entre Tennant y Ecclestone y hasta se nos incita a creer, durante un segundo, en que el Doctor se reencarnará en su actor anterior.

David Tennant está llamado a ser un grande de la televisión de los próximos años. Doctor Who, sin duda en buenas manos, seguirá siendo esa serie absurda y divertida, emocionante y sin sentido del ridículo, que no debe nada a nadie y que se perpetúa porque tiene la clave mágica para viajar de un lado a otro del mundo de la aventura.

Se acabó el Allons-y. Empieza la era Gerónimo.

GRAN TORINO
MALDITOS BASTARDOS
AVATAR
STAR TREK
LA SOMBRA DEL PODER
UP
VALKIRIA
WATCHMEN
WOLVERINE


En riguroso orden de preferencia, mis nueve películas de 2009. ¿Nueve y no diez? Es que no he visto otras.

Debería ir más al cine. O tendrían que hacer mejores películas. Y mejores salas...




Como mañana nos despedimos del grandísimo David Tennant, y a la espera de cazar el episodio antes de me llegue el día 11 el DVD, me he puesto a ordenar mi colección de pelis del Doctor Who. No cuento los diez o doce viejos videos que tengo por ahí.

Mi colección de dividís del buen Doctor, rigurosamente originales, es la siguiente:






WILLIAM HARTNELL

The Beginning
The Time Meddler

PATRICK TROUGHTON

The Invasion
The Seeds of Death

JON PERTWEE
The Three Doctors

TOM BAKER

Image of the Fendahl
The Brain of Morbius
Horror of Fang Rock
Genesis of the Daleks
Robot
The Invasion of Time
City of Death
Destiny of the Daleks
The Robots of Death
The Sontaran Experiment
Planet of Evil
The Leisure Hive
Pyramids of Mars
The Hand of Fear
The Talons of Weng-Chiang

PETER DAVIDSON

Earthshock
The Five Doctors

PAUL McGANN

The Movie

CHRISTOPHER ECCLESTONE

New Series 1

DAVID TENNANT

New Series Seasons 2, 3, 4
The Infinite Quest (dibujo animado)


En estos tiempos de incomprensible revival zombie, no es de extrañar que se recurra una vez más a adaptar el libro que está en el fondo de todo el tema: El día de los trífidos, la novela de John Wyndham que todos aprendimos a amar a partir de la adaptación al cómic en Mundos Desconocidos de la Ciencia Ficción. Antes de que admirados premios Nobel tomaran la premisa y le dieran una pátina de calidad (y antes de que Cormac MacCarthy cogiera por su parte a Lobo Solitario y su Cachorro y los convirtiera en protagonistas de La Carretera) ya Wyndham había contado una historia de fin del mundo ciego y del caos de la civilización, de seres que andaban muy despacito y no tenían mentalidad propia y se alimentaban con paciencia de los restos de la raza humana y no se podía razonar con ellos y se eliminaban, qué casualidad, con fuego o cortándoles la cabeza.

Existen ya otras adaptaciones, una al cine en los años sesenta, y otra en seis episodios televisivos en los primeros años ochenta. Ahora, aprovechando el revival (las primeras escenas de 28 días después son trífidas a tope) la BBC ha vuelto a adaptar, en dos capítulos de hora y media de duración cada uno, la novela, y lo hace siendo sorprendentemente fiel, poniendo al día lo que se puede y respetando algún que otro contrasentido que quizá no encaja (¿cuándo se desarrolla la historia? ¿dónde está internet?).

Mucho más interesante el primer capítulo que el segundo, ciertamente, como es mucho más interesante el arranque de la novela que su continuación. Lo mejor, la rápida muestra de cómo en situaciones de caos es el fascismo y el cinismo de los aprovechados lo que se hace con el poder, encarnado aquí por un personaje muy menor en la novela, Torrance, que se convierte en uno de los coprotagonistas. Lo peor, la huida de la granja y la explicación acientífica cuando todos los personajes se han partido la vida intentando encontrar una solución racional.

Los trífidos, curiosamente, apenas aparecen en todo el primer capítulo, soslayando quizás un aspecto que hemos considerado, desde Frank Kelly Freas, como algo ridículo. En esta versión no vemos del todo las tres patas que le dan nombre, pero asustan un montón, se les ha convertido directamente en depredadores carnívoros y no carroñeros, y ya lo único que los distingue de los zombis es que no corren.



Estuve viendo anoche, váyanse ustedes a saber por qué, Jóvenes Ocultos 2, la secuela muy tardía de una película ochentera que, como tantas películas ochenteras, resultó en su momento original y divertida, aunque no fuera para tirar cohetes. Entre tanto vampiro con rimmel como se ve hoy, me apeteció ver una película de vampiros rockeros y sanguinolientos, una secuela donde se notan las influencias de Buffy (en quien tanto influye la peli original) y del Drácula de Coppola, por cierto, en los colmilludos y sus muertes pelín desaforadas.

A lo que iba: Corey Fieldman vuelve a interpretar su papel de Edward, ahora constructor de tablas de surf y cazador de vampiros, toma ya, que parece un cruce entre Rambo y la parodia que de Rambo hizo Charlie Sheen entre chupito de droga y detención por malos tratos. Corey, que ha tenido una vida desordenada que se ha cargado su carrera, o quizá lo primero sea causado por lo segundo, explica en un momento determinado que todo lo que sabe de vampiros lo ha aprendido leyendo cómics. O sea, como en la primera película. Y entonces saca unos cómics y se los muestra al atribulado hermano incestuoso que es el protagonista de la película.

Los tebeos que muestra, lástima, no existen. Son tebeos hechos para la ocasión, como ya hemos visto últimamente en tantas películas y tantas series de televisión. En Jóvenes Ocultos, la original, como en los Goonies, o los Gremlins, o tantas otras pelis del momento, los tebeos que salían en la historia eran tebeos de verdad: Conan, X-Men, Tomb of Dracula, Superman, hasta Amazing Heroes, como me recuerda CP al teléfono. Eran tebeos reconocibles, guiños no sólo al espectador entendido en comics, sino parte de la realidad que conformaba la historia.

De un tiempo a esta parte, imagino que por no pagar derechos, se recurre a tebeos que no existen. Lo malo no es que no existan, sino que son tebeos hechos por fanzineros o ni siquiera por gente que empieza, quizá por el primo del amigo del hermano del cuñado del técnico de sonido. Tebeos que, cuando se abren y se muestan a cámara, se ven mal dibujados, ridículos, sin arte, sin gracia. Tebeos que, aunque los que leemos tebeos queramos reivindicar como algo cultural, y serio, y sesudo, y digno, no lo son. Tebeos que dejan al tebeo a la altura del betún, porque son eso, betún, mierda.

Una cosa es inventarse un personaje y que ese personaje tenga cierta gracia en la historia (recordemos las tiras de La Mano dibujadas por Barry Smith o las que dibujaba Jack Lemmon en Cómo asesinar a la propia esposa), y otra cosa esto. Si ponemos al cortesano al lado del pordiosero, el pordiosero le pisará el pie, o algo así que decía Hamlet. Decir que esa porquería que se ve en las películas son tebeos, y mostrar pasión por ellos por parte de unos personajes que son en su ficción entendidos en tebeos es un error que nos desprestigia a todos, que nos ridiculiza todavía más.

2009-12-29

2152. HIGH TECH

Toda la tecnología megachachipiruli que quieran, pero los subtítulos del I-Plus siguen sin ser capaces de mostrar las vocales mayúsculas cuando llevan tilde.



La Navidad es sobre todo recuerdo, y ya sabemos que el recuerdo tiende a la mitificación. Cualquier tiempo pasado fue más cálido y la memoria se nos llena de presencias de sabores y olores que ya no relacionamos con los que experimentamos ahora, bien porque la sesera flaquea o porque la interpretación de lo que hemos hecho en el pasado, lo dicen los psicólogos, es un constructo que amoldamos según nos interesa para ir sobreviviendo a la disonancia cognitiva. Hay cosas, sin embargo, que nunca fueron. El día de hoy, sin ir más lejos.

En los almanaques de los tebeos de antaño el Día de los Inocentes era, antes que nada, un jolgorio de muñecos blancos colgados en las espaldas de los incautos personajes de la Escuela Bruguera o la Editorial Valenciana. Bromazos inocuos, aunque a veces hubiera mucha mala leche allí dentro y uno acabara sintiendo una doble pena por Carpanta o por Bartolo el vago. Al niño que yo era, y al niño que sigo siendo, le fascinaba la idea de que personas mayores hechas y derechas se dedicaran a hacer lo que yo no era capaz de intentar siquiera, quizás porque las vacaciones de los años sesenta eran la época en que los niños nos quedábamos en casa mientras nuestros honrados papás se dedicaban a buscar regalos en el grupo de empresa. O sea, que no teníamos oportunidad de salir a la calle con media docena de recortes de periódico con cabeza, manos y patas, para prenderlo en la espalda de un caballero de gabán y bufanda o una buena señora de bolsa de la compra y apuro con los mandaos. La única opción que nos quedaba, y era un engorro, era colgarnos el sambenito (o como se llamara, mi mujer dice que en el Puerto se llaman “lárgalos”) de un hermano a otro. O sea, una broma sin gracia.

La verdad sea dicha, nunca he visto a nadie por la calle con el muñequito colgado. Y no tengo constancia, aunque la habrá, posiblemente, o la hubiera en otras épocas, de que los honrados ciudadanos de este país de nuestras subidas de la luz se dediquen tal día como hoy a gastarse bromazos en el cafelito de media mañana o en la cola de la fruta de la plaza, bajo las goteras. El día de los Santos Inocentes ha quedado, me temo, como buena parte de la Navidad cada vez más desvirtuada, para que los periódicos nos cuelen una trola inane, pero nos cuelan tantas trolas y tantos errores y tantos desmentidos cada día, que ya ni siquiera hacen gracia. Y no digamos ya las teles, donde el presentateur o la presentatrice nos largan la gracieta sonriendo de oreja a oreja, cuando uno ya sabe que la gracia de la broma está en hacerla con cara de palo, sin mover una ceja. Y luego, naturalmente, negarla.

El día de los inocentes, en otras culturas, está desligado de la Navidad: lo hacen el uno de abril. Aquí el de la foto, que lo mismo tiene alma de anglosajón, hasta lo comprende, porque ya de chiquetito le chocaba aquello de que en plena fiesta religiosa nos dedicáramos a celebrar la matanza de un puñado de recién nacidos, con la polémica que eso desataría ahora, y encima haciéndolo de guasa y broma. Extraño país el nuestro, catoliquísimo en Pascua y tan dado a lo pagano en Navidad, desde la figurita que caga en el portal de Belén a los villancicos donde la espiritualidad se sustituye por la continua invitación al chunda-hunda y el atracón o el cachondeo a costa del pobre de San José, del que ahora, tan tarde, hacen befa y mofa en Nueva Zelanda.


Publicado en La Voz de Cádiz el 28-12-2009


El superhombre ha dejado de ser privativo de los cómics, y quizá no sería aventurado decir que ha encontrado su medio ideal: no el cine, sino la tele. Mientras que las majors editoriales se empeñan en revampirizar una y otra vez los mismos conceptos, y en ofrecer versiones y recontraversiones de unos personajes a los que no dejan evolucionar de manera lógica porque la gallina de los huevos de oro sigue dando huevos aunque sólo sea ya en merchandising, la traslación del concepto a la imagen en movimiento trae, lo hemos visto, un soplo de aire fresco, en tanto cuenta como si fuera la primera vez (es el caso de Héroes) historias que el gran público ve por primera vez. El carácter episódico de la televisión aventaja al cine en el desarrollo de los personajes y en las situaciones. Los efectos especiales, más allá de las piruetas que han vencido ya a la plasmación entre viñetas, son ahora, presupuesto aparte, el acicate para que los técnicos y sobre todo los guionistas se devanen los sesos para mostrar lo sorpresivo de los superpoderes en un mundo, la imagen fotografiada, donde a pesar del truco lo que prima son las leyes físicas de nuestro mundo. Y, naturalmente, no olvidemos que en los tebeos de superhombres prácticamente no existe el sexo.

Todo eso ofrece Misfits, la miniserie de seis episodios, británica ella, que ha querido verse como la réplica a Héroes. Los ingleses, como siempre, son capaces de ir un par de pasos más allá, y hacen a la vez retrato y crítica social, aventura y humor, denuncia y parodia. Cinco adolescentes marginados, enfundados en espantosos monos de color naranja, pequeños delincuentes con pasados lumpen, son alcanzados por un rayo y adquieren superpoderes. La premisa es tan simple y tan absurda como las que nos hemos tragado desde hace siete décadas en los cómics. Y sin embargo aquí se cuenta con gracia, sin sonrojo, sin recurrir a los supervillanos ni a las grandes conspiraciones: los cinco misfits no salvan el mundo, bastante tienen con salvar su propio pellejo, con no pelearse entre ellos mismos, con aprender a dominar sus poderes... y con ocultar un par de asesinatos que han ido dejando por el camino.

La visión del mundo adolescente contemporáneo es tan turbadora que el espectador no puede por menos que pensar que debe ser, en buena medida, cierta. Aquí hay alcohol, y drogas, y un lenguaje oral y gestual que sería capaz de sonrojar al menos pintado. El sexo es algo natural tirando a sucio, con su pelín de perversión. Casi podríamos decir que nos están mostrando una visión naturalista del superhombre: qué haríamos usted y yo si de pronto pudiéramos leer mentes, o volvernos invisibles (e inaudibles), o darle la vuelta al tiempo, o, sobre todo, si con nuestro contacto se despertara la lujuria de quien tenemos al lado y le dejáramos hacer realidad todas sus fantasías, aunque luego no las recuerde.

La serie es procaz, humorística en ocasiones, pero también sabe ser terriblemente humana y doliente: el encuentro del charlatán Nathan con la chica rubia en el asilo de ancianos y sus consecuencias; la enorme soledad del siempre marginado Simon seducido por la oficial de vigilancia; cómo Curtis sabe en todo momento que ha tirado por la borda la única oportunidad de su vida; la castidad forzosa a la que se ve sometida la explosiva Alisha.

Con solo seis capítulos, y a la espera de una nueva temporada, Misfits logra poner patas arriba el mundo de lo superheroico presentando a cinco personajes que no llegan a serlo, y a un montón de otros afectados por el misterioso rayo que aprovechan sus poderes para cosas tan ridículas como dejar calva a la gente que odia u olisquear cubos de basura convertidos en perros desnudos. Lo mejor, para el capítulo final, con la presentación de lo políticamente correcto, de lo limpio, de lo educado, en un ambiente que ya hemos visto es pura decadencia contemporánea.

Los Nuevos Mutantes, como debieron ser y nunca serán, como jamás veremos en un cómic. Masturbación mutua, voyeurismo, la presentación de unos valores que arrancan, aunque lo neguemos, de los mismos valores que la sociedad de los adultos ha construido. No deja de ser una humorística casualidad que la mosca de la emisora, allí en el rinconcito superior izquierdo de la pantalla, sea un número 4 tan familiar como pasado ya de época.

2009-12-25

2149. O HAPPY DAY

Sabes que te lo estás pasando bien en Navidad cuando buena parte de la conversación de sobremesa gira en torno al carnaval.