La perfección formal de las viñetas de Hal Foster no fue óbice, sino más bien acicate, para impulsar el desarrollo y la constante evolución de la serie. En el periodo 1955-1956 que cubre este libro, a prácticamente veinte años de la creación de Prince Valiant, el autor ya ha establecido los parámetros sobre los que vertebrar su relato: un día acción, otro la familia. Y, más allá de eso, el viaje que siempre ha sido la marca natural de la strip se estructura en tres puntos establecidos, lo que permite que las historias alternen y, distanciadas en el tiempo por la publicación semanal de una sola página, no parezcan repetitivas: aventuras en Camelot, en Thule y en las Islas de la Bruma, con escarceos secundarios en misiones a Irlanda, batallas contra vikingos díscolos o excursiones por Tierra Santa.

Quizá consciente de ello, Foster evita en este periodo el viaje por mar o por el corazón de Europa, que los personajes ya han realizado con diversos reveses de fortuna antes, y echando mano a la información sobre la cultura vikinga que empieza a asomar cada vez más en la serie (Val se vuelve “bersekr”), relata lo que hemos traducido por “la gran ruta por tierra”, el titánico esfuerzo por remontar los ríos del este europeo hasta el norte cargando con los barcos allá donde no hay cauces de agua. Es, quizás, el viaje más arduo que jamás realizaran Valiente y los suyos, y el autor lo relata con la habitual minuciosidad, explorando el territorio y comunicando la dilación en el tiempo y el esfuerzo que supone ese azaroso regreso a casa.

Han pasado casi veinte años desde el inicio de la serie y vemos a Val más falible que nunca: no sólo porque dispare una flecha de manera imposible (página 942, viñeta 6), sino porque lo vemos herido y vuelto a herir, renco, debilitado, pasajero de segunda en su propia serie, un héroe desvalido que recurre a contar su pasado a sus hijos, subterfugio que permite a Foster ganar unas semanas de tiempo (dedicadas, según parece, a viajar por los escenarios futuros de sus personajes), y quizá recordar a los públicos que aún acudían a ver la película de Henry Hattaway cómo fueron en realidad los primeros años de Valiente.

Asoma la posibilidad del relevo: el príncipe Arn deja de ser un niño y empieza a transitar el camino de la adolescencia. Es el joven aguilucho que despliega con gallardía sus alas, abandonando el nido, y una vez más la maestría de Foster el narrador, ese que hace biografía de tantas de nuestras vidas, nos cuenta la desazón de los padres, el silencio y el vacío. Pocas viñetas son más hermosas, en la historia de la serie (y en la historia de los cómics) que esa panorámica de la página 1007 donde Val y Aleta ven a su hijo alejarse en la barca que lo lleva a su futuro.

Nunca reconoció Foster a Dickens entre sus influencias, pero en los criados patosos y de buen corazón parecen encontrarse ecos del Club Pickwick. Hay una clara simpatía del autor hacia estos personajes desmañados, metepatas y cobardes: sin ellos, lo vemos siempre, ni Val ni Gawain podrían correr sus aventuras. Les sirven de cocineros o de espías, les sanan las heridas y a la vez los desconciertan. Son objeto de chanza y desespero pero los caballeros bien saben que no pueden vivir sin ellos. Val, que nunca ha olvidado sus orígenes humildes, conecta rápidamente con las clases populares, y los mira no sólo desde el respeto, sino desde la admiración. La trágica historia de Alfred y el desprendido sacrificio que hace en las últimas páginas de este libro es, para mí, el momento más heroico y más hermoso de todos cuantos contó Harold Foster.

2014-10-07

PEPE-5



Cinco álbumes y muchísimas páginas de tebeo después, seguimos sin saber cómo fue Pepe González. Imagino que igual que la gente que lo conoció: un genio inquieto, un artista de muchos palos abocado a la autodestrucción, un marginal de sí mismo. Quién sabe. Qué importa. A lo largo de los cinco álbumes que el maestro Carlos Giménez ha dedicado a su amigo (y que sin duda han redundado en un nuevo interés hacia la obra de Pepe González y la reedición de Vampirella) lo importante no es tanto la acumulación un tanto repetitiva en ocasiones de anécdotas, sino la lenta gradación hacia el desastre.

Decía el poeta aquello de que los de entonces no somos los mismos, y ese imparable paso del tiempo lo refleja Giménez en el cambio continuo del look de sus personajes, desde el propio Pepe al elenco de secundarios que lo rodean. Giménez hace una vez más memoria de una época, retratando modas y formas de ver la vida, centrándose siempre en el mundo de la historieta y, más que eso, en el de las agencias ya desaparecidas. Hay nostalgia, pero sólo la justa. La historia es, sobre todo, el reflejo de una incertidumbre: hacia el pasado y hacia el futuro. Qué fueron y qué son, o qué serán. Y qué quedará de todos aquellos autores, circunstancia que el lector puede también aplicarse a sí mismo.

Giménez no bucea en la psique de Pepe González, quizá porque se encuentra en su muerte, como se encontró en su vida, con un muro. Si nadie sabía cómo era, qué pensaba, a qué dedicaba la otra mitad Hyde de su vida el dibujante de Vampirella, habría sido una osadía por parte del autor de estos álbumes dar una interpretación, un análisis psicológico, una respuesta. Pero los dibujos hablan por sí solos: hay un recital de gestos, una exhibición de soledades. Las muecas de incomprensión de los que rodearon a Pepe, las miradas de cariño, los gestos desesperados, la frialdad del propio Pepe, y esas viñetas terribles de la decadencia en los bares, viviendo de la caridad, y la marcha hacia las luces de la noche en la que Giménez no ha querido internarnos.

El último álbum repite en su primera parte los esquemas anteriores, mostrando a un Pepe González que sabe que va a morir pero se contenta con vivir de su suerte. En este sentido, no supera al magistral número anterior. Pero Giménez se saca un as de la manga, un recurso narrativo genial, y tras la muerte (casi en off) de Pepe nos muestra un bellísimo flash back visual, tras el hallazgo de las fotografías del difunto, donde deja para el final tres escenas maravillosas y terribles donde, quizá, esté la clave de quien fue González: el joven ingenuo que estropea el desfile, el pícaro desalmado que tiende la trampa al testigo de Jehová, el niño travestido que vive en el miedo ese momento de felicidad en que, disfrazado de princesa, puede ser otra persona y aceptarse a sí mismo.

—Pero... Reed, ¿nos recordarán? Lo que hicimos, lo que fuimos, nuestros sacrificios, nuestras victorias... ¿serán recordados por alguien alguna vez?

—Lo que fuimos, fuimos, Sue.

—Amén, cuñado.

—Oh, ¿te callarás alguna vez, cabeza de cerilla? Deja que el estirado haga las frases bonitas.

—¡Fantastic Four... Forever!


Ya está impreso y listo para empezar a enviarse en 4 o 5 días el volumen 1 de las planchas dominicales de

TARZAN de Russ Manning
64 páginas en color
23.2 x 31.5
18.50 Euros

Se venderá en librerías el mes próximo, pero si me lo piden a mí recibirán de regalo una cartulina exclusiva y los gastos de correo son gratis.

Como habitualmente, pago a través de Paypal (si le sale gratis, hágalo como “personal”/“other” o "Voy a enviar dinero a familiares o amigos"), transferencia bancaria (IBAN: PT50003506660003845690063, BIC/SWIFT: CGDIPTPL; sí el banco les pide más dígitos, añadan xxx) o giro postal (indicando en el motivo: Tarzan 1), no olvidando comunicármelo por e-mail.

También se informa que el 10º volumen de PV ya se está imprimiendo y en dos semanas estará listo. Pero de esto recibirán más informaciones en debido tiempo.

(Manuel Caldas)



Marvel Studios, que es ya una división de Disney, ha hecho una extraña pirueta en su presentación en cine de los personajes de la casa editorial que ahora posee y, tras lo que han llamado fase uno (la introducción de los personajes sueltos que han ido a unirse en esa especie de megacrossover que fue Los Vengadores) inicia la fase dos recurriendo no a su abundante poso editorial (cercenado en parte porque tres de los títulos-franquicias-subuniversos más potentes están en otras manos: a Spider-Man, X-Men y Fantastic Four me refiero) sino a unos personajes relativamente recientes y no asentados en el Nueva York que ha sido habitualmente la capital de los superhéroes.

¿Una jugada arriesgada? Posiblemente. En realidad, una jugada maestra. Uno duda que los Guardianes de la Galaxia (versión 2.0) tengan ningún punto de atractivo incluso para la gran masa de lectores de tebeos, pero ahí está precisamente el quid de la cuestión. Obviando que los contactos con la parte cinematográfica de los cómics son los guionistas de estos tebeos, no podemos olvidar que ha vuelto a abrirse el litigio entre los herederos de Jack Kirby y los actuales dueños de la editorial, el motivo de la sustitución o el cambio de look de los personajes de toda la vida (como ya sucedió con Superman hace unos pocos años) o la anunciada muerte de alguno de ellos: todo por demostrar que esos personajes ya no son los que Kirby creó o co-creó hace cincuenta y pico años.

Tampoco podemos pasar por alto la prueba del nueve, esa que tanto duele: los lectores de cómics son una inmensa minoría en un mar de consumidores. A la productora cinematográfica le da lo mismo llevar a las pantallas un personaje que otro. Todo es hype. Que un personaje tan secundario como Iron Man se haya convertido en un triple (o cuádruple) éxito de taquilla indica ya, desde que comenzó esta historia, que sólo hacen falta un par de buenos actores, una inversión razonablemente potente, mucho humor y mucha publicidad para fabricar un éxito. O sea, lo que viene siendo de toda la vida el séptimo arte. Ojo, pues, a lo que puede ser el futuro de Marvel Studios de aquí a pocos años, cuando los actores envejezcan o se cansen y se tire hacia otros personajes aún más secundarios que estos Guardianes de la Galaxia (versión 2.0)... o se creen otros superhéroes directamente para el cine.

¿Y la película, me dirán ustedes? Pues, violencia aparte, quizá la más Disney de todas las que hemos visto hasta ahora. Los personajes tienen carisma (menos Gamora, ay), y sentido del humor: en realidad, lo mejor de todo son los chascarrillos (a los que imagino que hay que agradecer, por una vez, al doblaje tanto en voz como en traducción) y la interacción entre unos y otros, en especial el tan denostado Mapache Cohete y al simpático Groot.

Sin embargo, la película tiene un argumento lleno de agujeros y sacadas de la manga (¿qué demonios hace la nave de Starlord aparcada allí mismo en el penal espacial?), con momentos de absoluto rubor (el bailecito del principio, ampliamente superado por el bailecito del final), una elección de supervillano (Ronan) que más que miedo da risa (me recordaba a Data), y una exposición de tramas y subtramas que oscilan entre lo confuso y lo tonto. El palimpsesto que se hace sobre Star Wars episodio IV (y algunos otros momentos de la saga, incluido el principio a lo Indiana Jones) es demasiado evidente. El paralelismo con las Bolas de Dragón, tan hábilmente escamoteado en los cómics, es en el cine un handicap añadido.

Mención aparte merece el diseño de producción: la estética es fea y confusa, los diseños de la máscara de Starlord o el mismo Ronan son ridículos, Xandar (el único planeta que pueden usar, me imagino, puesto que todos los demás pertenecen a las franquicias hipotecadas -literalmente- de X Men o Fantastic Four) parece la Expo sevillana, y el cuerpo de Novas es una mera escuadrilla de cazas-T con muchos picos y purpurina.

Eso sí, los niños aplaudían.

Episode 1: Deep Breath
Written by Steven Moffat
Directed by Ben Wheatley

Episode 2: Into The Dalek
Written by Phil Ford and Steven Moffat
Directed by Ben Wheatley
Introducing Samuel Anderson as Danny Pink.

Episode 3: Robot Of Sherwood
Written by Mark Gatiss
Directed by Paul Murphy

Episode 4: Listen
Written by Steven Moffat
Directed by Douglas Mackinnon

Episode 5: Time Heist
Written by Stephen Thompson and Steven Moffat
Directed by Douglas Mackinnon

Episode 6: The Caretaker
Written by Gareth Roberts and Steven Moffat
Directed by Paul Murphy

Episode 7: Kill The Moon
Written by Peter Harness
Directed by Paul Wilmshurst

Episode 8: Mummy On The Orient Express
Written by Jamie Mathieson
Directed by Paul Wilmshurst

Episode 9: Flatline
Written by Jamie Mathieson
Directed by Douglas Mackinnon

Episode 10: In The Forest Of The Night
Written by Frank Cottrell Boyce
Directed by Sheree Folkson

Episode 11/12 Dark Water/Death In Heaven
Written by Steven Moffat
Directed by Rachel Talalay



Encarnó al truhán simpático, vivalavirgen, poco dado a las pendencias. En cierto modo, podríamos decir que creó un personaje a partir del modelo explorado por Cary Grant, cuya vis cómica heredó. Un paisano que lo mismo era un jugador del oeste (en Maverick, papel que alternó con varios primos, uno de ellos Roger Moore), o el conseguidor que a todos nos encandiló tanto en esa joya del cine que es La gran evasión, o su personaje de Jim Rockford, ese detective que parte de Marlowe (a quien interpretó un par de años antes) y que anda siempre entre la vagancia, la picaresca y la astucia.

Fue presidente de los USA celoso de otro viejo presidente, le fue fiel a una viejita con Alzheimer, recibió el apoyo de un pueblo de locos cuando hizo de sheriff, como Wyatt Earp (por segunda vez) recorrió el Hollywood del cine mudo, sufrió una crisis de identidad cuando se enamoró de Víctor sin saber que era Victoria, corrió delante de un dobermann y fue un astronauta jubileta, y hasta recuperó su personaje fetiche haciendo de padre de quien es, en el fondo, uno de sus herederos, Mel Gibson.

Tenía esa extraña habilidad de caer bien y el don de los actores de hacer de sí mismo casi siempre. El olimpo del cine está lleno de actores de raza que hacen del personaje de su vida el mejor de los legados.

Hoy, a la entrada de la playa. Yo con mi camiseta de Star Wars. Un crío de unos seis años, rubio y mellado, la señala. Ni corto ni perezoso, se viene hacia mí y me dice "¡La guerra de las galaxias! ¡La carrera de vainas de Anakin y.... y...". No se acuerda del nombre del malo. Yo tampoco (creo ahora que Sebulba). Y yo, entre risas, le digo "Veo que la Fuerza es poderosa en ti, joven padawan". Y él me dice, nervioso y pizpireto, que tiene dos sables de Darth Maul (uno el doble) y un sable más, y que Disney va a hacer una nueva trilogía. Le digo que yo tengo las naves, los cómics, los posters, y el chaval flipa. Me insiste con Darth Maul y le digo que, para ser rubito como es, tendría que ser Jedi, que parece Luke Skywalker III. Cuando le comento que conozco a alguien que está trabajando en el rodaje de la nueva película, da saltos de emoción. Nos reímos un rato y cuando se marcha, le digo, "¡Que la Fuerza te acompañe!", y él se va tan ufano. Lo dicho: todavía hay esperanza.

2014-06-28

ITV PHONE HOME

Me acerco al lugar donde hacen la ITV. Entro en la oficina. Dos señoritas ante un mostrador. "¿Para pedir cita?", digo. "Tiene que ser por teléfono", me contestan. "Oh", digo. "¿Cuál es el número?". Y la señorita me señala un teléfono rojo y viejo que sólo tiene una tecla. "Llame desde este mismo". Y llamo, pulso el número 2 (el único), y conecto con alguien que lo mismo está en Ponferrada. Y me dan la cita. Surrealismo, tienes nombre de marca España.

2014-06-13

AL FILO DEL MAÑANA



Poco a poco, Tom Cruise sigue demostrando que es el heredero natural de Charlton Heston en el cine de ciencia ficción contemporáneo. Arriesga en la producción, se compromete con papeles que no siempre parecen los ideales para su estatus de estrella, les da su impronta, y suele ofrecer productos de calidad. Otra cosa es que la taquilla le esté dando la espalda a sus últimas propuestas o, caso de esta última e interesante película, parezca que no ha recibido el respaldo que, visto lo visto, parecía inevitable.

"Al filo del mañana" es un cruce entre Tropas del Espacio y El día de la marmota, sí. Basado imagino que levemente en la novela "All you need is kill" del japonés Hiroshi Sakurazaka, luego adaptada al manga y al anime, nos cuenta una historia que hemos visto ya alguna vez, pero lo cuenta con garra y con gracia, con el humor y la tragedia inevitables, con su final feliz (quizá prescindible) y sus buenas dosis de adrenalina. No falta una historia de amor en elipsis, como en elipsis se cuenta (o no) buena parte del camino del guerrero de este relaciones públicas del ejército convertido en soldado a la fuerza (nunca se explica claramente por qué) y condenado, tras su muerte, a repetir ad infinitum el mismo día, las diferentes muertes que lo llevarán, y a nosotros con él, a un proceso de perfeccionamiento hasta la victoria final y la redención contra esos extraterrestres velocísimos cuya función en la historia ni queda clara ni es necesaria.

La película no da descanso. Juega con las iteraciones del momento eterno del despertar del personaje lo justo y suficiente para luego acelerar y jugar con esa aceleración continua. No toma por tonto al espectador y se permite el lujo de variar una y otra vez la propuesta, usando la elipsis como un elemento de la narración más. Y es divertida todo el tiempo.

Sí, cierto, flojea en los últimos minutos. No queda suficientemente dramático el momento de descubrimiento de que no habrá más vidas en ese videojuego eterno que es, son, sus vidas. Se nota que no han querido arriesgarse a contar (como sucede en el manga, que no conozco) lo que parece un secreto a gritos: que Rita es el topo de los alienígenas y que Cage (Kaiji en el original japonés) está condenado a la muerte para conseguir una victoria pírrica que aquí se vende como victoria final.

Buenos efectos especiales, impresionantes los exoesqueletos de esos marines de esta guerra interminable, grandes momentos de acción y simpáticos elementos de humor. Y como cameo, a dos minutos del final, aparece "la mujer". Yo me quedo con ganas de saber más de este mundo, de estos aliens, de este personaje y esta guerra.

2014-06-09

Y VAN ONCE...



Tiene que dar algo de cosa haber iniciado tú mismo la moda de las películas de superhéroes marvelianos-pero-menos que nos invade, que llegue otro y te destroce el chiringuito (aunque tú mismo seas productor ejecutivo), y llegue después otro más y le de mil vueltas a los personajes, al sentido de la narración, a la puesta en escena y hasta al reparto (aunque tú mismo seas productor ejecutivo también). Como existe el karma, las presiones, los compromisos y las ganas de seguir explotando la franquicia, Bryan Singer, el de los sospechosos habituales y tal, vuelve al redil mutante para mostrar una versión muy sui generis de aquellos dos números históricos de Claremont y Byrne, Días del Futuro Pasado, con que nos alegramos las pajarillas los lectores de tebeos de la Patrulla X... hace ya tantos años que ni merece la pena hacer cuentas.

Los dos tebeos, no sé si recuerdan o ustedes pero se lo digo yo con la perspectiva que dan los años y las canas, no son en el fondo sino el epitafio de la saga mutante. Con aquellos dos números maravillosos los autores, a un número (si no me falla la memoria) de despedirse de la serie en su colaboración (Claremont seguiría, claro), quizá sin saberlo estaban cavando la tumba de la continuidad para décadas venideras. Porque al contar aquel futuro que podría ser, en el fondo, estaban dando por agotado el presente de la colección, e hipotecando el futuro de los mutantes, que se verían abocados desde entonces, en sus infinitas colecciones y sus infinitos crossovers, a ese futuro apocalíptico o a variaciones sobre el mismo. Con sus contradicciones, claro. Nadie sabe en realidad qué alternativas se abren o se cierran cuando se viaja en el tiempo.

Y tampoco lo saben Bryan Singer y sus guionistas. La película funciona como todas las películas de los X-Men: una película de Lobezno donde los demás actúan de secundarios para mayor gloria del actor. A estas alturas, evidentemente, no se podía adaptar el tebeo con los verdaderos protagonistas de aquel viaje en el tiempo, y se hace bien en centrarlo en Lobezno. Funciona, en gran parte, como un intento de ordenar las contradicciones que abrió la excelente (y superior a esta en todos los sentidos) X-Men: First Class, aunque para ello tenga que arrasar, literalmente, con el interesante casting de secundarios y centrarse sólo en cuatro de aquellos actores.

Menos claro queda el intento de que pasado y futuro se combinen, que lo que se hace en 1973 tenga efecto en 2023. Y el intento final, donde el director se pasa un pelo con la muerte de los X-Men del mañana (y que no han sido debidamente presentados: son unos tíos raros que están allí, desgranan poderes extraños, destruyen y palman) mientras vemos cómo en 1973 todos sueltan parlamentos larguísimos, no casa. No todas las películas son capaces de mostrar el equilibrio de acciones, donde una no es más importante que la otra y se debe a las demás, que aquella película de ese señor tan denostado, George Lucas y El retorno del Jedi.

La película entretiene, sí, y tiene momentos de sobresaliente. Pero muestra cambios de ritmo que la retienen demasiado. Los personajes principales (Xavier y Magneto, en definitiva) quedaron mucho mejor trazados en First Class, y por mucho que quiera Jennifer Lawrence, monísima ella, sigue siendo una niña buena que no da miedo por muchas capas de azul que le pongan encima.

El gato al agua se lo lleva, y es una lástima porque tendría que haber aparecido más, ese joven "Peter" que ni siquiera es identificado como Quicksilver y que revalida la tesis de que, bien tratado, con la posibilidad que ofrecen hoy los efectos especiales, el tebeo de superhéroes puede todavía sorprender en pantalla. Atentos al guiño que se hace a Wally West (el velocista de la Distinguida Competencia) o quizá a Impulso, cuando vemos que el joven Maximoff (¿su madre se llamará Magda?) acumula galletas, dulces y refrescos azucarados. Hay un error, por cierto, en la apabullante escena donde Mercurio (llamémoslo así aunque no se le llame así, a la espera de ver cómo llaman al personaje -que no al actor- cuando aparezca repetido en Vengadores 2) se calza los walkman y escucha "Time in a bottle", una canción de dos minutos y poco más que es imposible que escuche en una milésima de segundo. Como licencia poética se acepta, vale.

Un par de guiños a Watchmen, el inevitable tip of the hat a Terminator, unos Centinelas muy feos que casi recuerdan a los robots de I, Robot y un final feliz que es imposible en la lógica de ese viaje temporal que nos presentan, muy buenos gags visuales (Lobezno en el control de metales o Magneto en la estación de metro Victor Hugo, el autor de Los Miserables), un Bolivar Trask que no sólo no convence si no que no pega, y nuevos huecos en la continuidad inter películas desembocan, como en las pelis de la competencia que no es tal pero sí lo es, en una escena post créditos donde se nos anuncia que la próxima película será la adaptación (o tal que así) de Age of Apocalypse, donde o se quitan de en medio las paradojas temporales o el final de la franquicia está servido.

Y mientras tanto, algunos aún querríamos ver a Magneto y los demás en la Tierra Salvaje...





Lo acabo de recibir de manos de Manuel Barrero. En cuanto lo devore, tendrán ustedes reseña. El libro, de partida, es bellísimo. Y los autores, de primera fila.

2014-05-31

JUGLAR REGRESA



Abandonado de niño en un monasterio, Esteban de Sopetrán parece destinado a pasar su vida entre monjes, libros y rezos… Pero el destino no quiere que esa sea su vida: no tardará en abandonar el monasterio como escudero de don Fernán y, de manos de su señor, descubrirá que el mundo está plagado de oscuras fuerzas mágicas para las que está dotado de un modo innato. A partir de ese momento, su vida se convertirá en una sucesión de aventuras y desventuras, una búsqueda personal en la que su camino se cruzará varias veces con el de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador.

A caballo entre la fantasía y la historia, el horror y la magia, la guerra y el amor, Rafael Marín construye en Juglar una epopeya fascinante en la que lo picaresco, lo mágico y lo épico se combinan a la perfección para reconstruir un siglo XI fantástico e inquietante.



From Manuel Caldas:

Ya está impreso y listo para empezar enviándose en la próxima semana el volumen 1 de las tiras diarias de

TARZAN de Russ Manning
80 páginas en blanco y negro
23.2 x 31.5
18.50 Euros

Se venderá en librerías a finales de mayo, pero si me lo piden a mí recibirán de regalo una cartulina exclusiva (cómo se ve en la foto) y los gastos de correo son gratis.

Como habitualmente, pagamento a través de Paypal (si le sale gratis, hágalo como “personal”/“other” o "Voy a enviar dinero a familiares o amigos"), transferencia bancaria (IBAN: PT50003506660003845690063, BIC/SWIFT: CGDIPTPL; sí el banco les pide más dígitos, añadan xxx) o giro postal (indicando en el motivo: Tarzan 1), no olvidando comunicármelo por e-mail.

Para los que preguntan si la reproducción del material es mejor que la de la edición de IDW, la respuesta es: naturalmente, aunque no mucho, pues la edición americana reproduce las tiras diarias muy bien. Por otro lado, en el primer volumen de las páginas dominicales, que está ya en fase final de preparación, la calidad de reproducción es MUY SUPERIOR a la de IDW.

2014-04-28

BANTHA PUDU NO MORE



Anda el sector integrista del fandom de Star Wars soliviantado porque el nuevo dueño de la franquicia, o sea, Disney, mientras prepara el nuevo bombardeo cinematográfico con que va a hacerse a sí mismo la competencia (al boom supeheroico de la casa me refiero) ha anunciado lo que era evidente a poco que uno dedicara dos segundos a reflexionar sobre el tema: eso que hemos dado en llamar el "universo expandido" no existe en las continuaciones que se preparan.

La sangre de fan defraudado no se convierte en ríos de tinta porque ya todo el mundo escribe online, pero no me extrañaría que acabaran por plantear eso que el fan cree que es su última arma: el boicot. Tal parece que les hubieran robado la infancia.

Y todo porque, en buena lógica, la productora no quiere tener hipotecado el futuro de la franquicia ni la capacidad de sorprender al espectador. Un espectador-target que es muchísimo más numeroso que el espectador-fan. Muchísima más gente ha visto las pelis de SW que la que ha leído las novelas, los cómics, los dibujitos animados o los videojuegos.

Disney sabe la lección. Los tebeos, las novelas, los dibujitos animados, las enciclopedias son bantha pudu: el placebo con el que se entretiene al fan mientras el producto real (el de los cines) queda en barbecho o, como en el mismo caso de SW, se suspende sine díe. Gran parte del fracaso de la primera trilogía (los episodios I al III) se debe a que perdimos, todos, el factor sorpresa. El espectador ya sabía lo que iba a pasar, lo había imaginado mil veces en los veinte años de hiato transcurridos, y lo que le ofreció la imagen no pudo competir con lo que había visto ya mil veces en su mente.

Así pues, no habrá comandantes azules, ni academias Jedi, ni hijos de Han y Leia, ni muerte de Chewbacca, ni clones de Obi Wan o el Emperador.

O sí. Porque al no "respetar" lo que se ha hecho en otros medios el cine puede picar de acá y de allá, a su gusto, mezclando las ideas y los argumentos, sin casarse con nadie pero explotando a placer lo que les interese. Buscando la sorpresa y la espectacularidad, que de eso se trata.

Tener que recordar a estas alturas que El ojo de la mente, la primera franquicia, quedaba ya desautorizada en El Imperio Contraataca, y que la adaptación al cómic que hizo Marvel nunca fue tenida en cuenta en las películas...




Todos estamos de acuerdo en que reiniciar la franquicia con The Amazing Spider-Man fue una tontería. No todos estamos de acuerdo con que la citada película fuera mala: a mí me pareció aceptable y con momentos de buena narración; en algún lugar de esta desatendida bitácora tienen ustedes mis impresiones.

Nos llega ahora la segunda parte. Y por desgracia, ay, se me antoja la peor película de superhéroes que he visto (no cuentan, claro, las que no he visto). Diría que a la altura de la tercera película de la primera franquicia si no fuera porque semejante engendro lo tengo olvidado ya de mi memoria, como sin duda olvidaré este desaguisado narrativo.

Verán ustedes: hay superhéroes y superhéroes. Y luego está Spider-Man. O sea, otra cosa. Un peldaño en la escala evolutiva del superhombre tebeístico desde que lo idearon Stan Lee y Steve Ditko hasta... bueno, hasta la saga del clon, diría yo. No todo el mundo puede ser un figura toda la vida.

Lo que no comprende uno es cómo, si en los tebeos fue un personaje riquísimo, con un plantel de secundarios de lujo, con un magnífico juego de identificación con el lector y un equilibro perfecto entre el melodrama romántico-familiar-escolar-laboral y las hazañas superheroicas, no se consigue trasvasar todo eso al cine. No lo logró Raimi (sí, ya sé que lo tienen ustedes muy idolatrado) ni lo logran ahora. Quizás es que llega demasiado tarde y lo que podría ser Peter Parker/Spidey en las pantallas lo hizo, hace un puñado de años ya, Buffy the Vampire Slayer.

Este Spider-Man 2.B o como queramos llamarlo tiene una buena versión del personaje enmascarado: el muñeco solo canta unas pocas veces, se mueve como imaginamos que se mueve desde los tebeos, no hace falta que se desenmascare cada dos por tres para que nos creamos que las proezas las hace el actor... pero olvida a los secundarios de lujo, olvida las escenas de transición, olvida la gracia inherente a la locura absurda de ser estudiante (o lo que sea) de día y enmascarado de noche, a cambio de contar de manera confusa una historia que ya hemos visto antes: se cambia el supervillano central, que nunca está a la altura... y poco más. Mira que hay buenas historias de Spider-Man por contar, estén ya contadas en los tebeos o se imaginen directamente para la pantalla... pues ni por esas.

Spider-Man, lo vengo diciendo desde hace la tira, es un tebeo de niñas hecho para niños. Y la peli es claramente una peli para el público femenino, en tanto potencia la historia de amor hasta convertirla en un dulce empalagoso. Ya no hay química entre este Peter Parker llorón y morisquetero y esa Gwen Stacy que tiene los ojos más grandes y más redondos que Frodo Bolsón, y que ha dejado de ser una chica encantadora (lo fue en la otra peli) para convertirse en una idiota marisabidilla que se mete donde no la llaman y acaba como acaba.

Es un guión atroz, tan atroz que ni siquiera existe. Las escenas se suceden unas a otras con sacadas de la manga que son de rubor, desde ese Electro que es tontito y se convierte en malo porque le conviene a los guionistas (y que de paso plagia al Doctor Manhattan sin venir a cuento), a ese Harry Osborn que de pronto, albricias, se descubre como el mejor amigo de la infancia de este Peter Parker que vende fotos a un JJ Jameson que no existe. No se tomen ustedes la molestia de descargarse la banda sonora: váyanse a cualquier obra a pie de calle y es más o menos lo mismo.

La peli juega a querer recuperar lo que le interesa de la continuidad anterior y a la vez a partir de cero. Su gran baza, la muerte de Gwen Stacy, es confusa, atropellada y mal contada. Ya se jugó con tirar a Mary Jane desde el puente de Brooklyn en una de las pelis anteriores, así que no se puede repetir la misma escena, sustituyéndola por un campanario irreal que parece más profundo que el cráter del monte del Destino. Y, como el error de las pelis anteriores fue colocar a Mary Jane como asunto amoroso de Peter (porque entonces era lo que existía en los cómics), matar a Gwen aquí, tan rápido, cuando el espectador "de fuera" no ha tenido tiempo de conocerla y encariñarse con ella parece una metedura de gamba importante. Este Peter Parker es más gafe que el de los tebeos, aunque se le muera la misma gente: una cosa es que te quedes sin secundarios en veinte años de publicación y otra que en dos pelis se mueran tu tío, tu suegro y tu novia. Como punto culminante de la acción dramática, insisto, me parece pronto para eliminar a Gwen, aunque todos supiéramos cuál iba a ser su destino: habría que haber esperado a la tercera peli. Aquí son tan tontos, además, que la propia Gwen habla del tema en el discurso de graduación. Pa echarlos.

Por probar, vi la peli en 3D. Y me reafirmo en la idea de que el 3D es una tomadura de pelo que no ofrece tridimensionalidad más que en un par de detalles aislados y que sigue recordando a los dioramas de las postales de nuestra infancia: lo que se ve son capas de imágenes planas. Para colmo, las escenas muy rápidas de acción no se ven un pijo. A menos que te tiren algo contra la cámara, claro.

Amenazan con los Seis Siniestros para la próxima entrega. Visto cómo es el Rino, que parece que se haya hecho la armadura con latas de conservas, creo que me quedaré en casa.




Después de haber querido ver toda la vida cómo continuaba George Wunder "Terry y los piratas" tras la marcha de Milton Caniff, me llega hoy mismo el volumen americano que ha publicado Hermes Press. Es bueno, Wunder: imita muy bien al maestro. Lástima que la edición sea como todas las ediciones de Hermes Press: una mierda.



La verdadera ultimatización del universo Marvel no está en la línea de cómics divergente (y desaparecida), sino en el cine. La nueva versión de personajes que tienen ya sobre sus espaldas tres cuartos de siglo (como el que nos ocupa) no se está haciendo en el papel, sino en las pantallas (de cine, televisión o incluso videojuegos). De esta manera, argumentos y caracteres que los lectores conocemos desde hace décadas se transforman, se ofrecen como nuevos para públicos nuevos. Dejan de ser cómics para convertirse en iconos de otra cosa, una nueva moda, apta para todos los públicos casi siempre, lo que quiere decir para espectadores no freaks, no en el ajo, que es donde está, mal que nos pese, la parte importante de todo este negocio: el dinero que da la mayoría.

Repitiendo a su aire el esquema de crossovers que Stan Lee (y hablo ahora del Stan Lee editor) creó con su pequeña editorial en los años sesenta, el cine que ha absorbido a aquella editorial con problemas económicos y al borde de la bancarrota (recuerden ustedes la suspensión de pagos allá por el año 2000), ha vendido su stock y parece que lo ha hecho bien, en tanto la invasión de los superhéroes marvelianos, desde dentro de la propia empresa reconvertida a productora como de las otras productoras a las que hipotecó antes algunos personajes emblemáticos (Spider-Man, X-Men, Fantastic Four, etcétera) es tan apabullante que no deja tiempo a la sorpresa. Imagino que para el espectador neófito, para el adolescente que se inicia en esa mezcla de melodrama, aventura, efectos especiales y testosterona superheroica debe ser una experiencia única, como lo fue para los que vimos aquello mismo en papel, hace tanto tiempo, de una manera algo más propia y (quizás) más redonda.

Enlazando una película con otra, jugando a los referentes, Marvel Studios ha conseguido crear una sensación de universo más o menos coherente (siguen echándose en falta, claro, los personajes vendidos a las otras empresas), con Nick Furia como eje central y los Vengadores como escaparate más o menos vistoso. Que estrellas de primera fila como Scarlett Johannson o Robert Redford o Robert Downey Jr. se presten al juego es indicativo de por dónde se mueve el mercado. Imagina uno que en España se consiguiera hacer algo así y a ver si alguno de nuestros divinos actores sería capaz de jugar a este juego.

La segunda entrega de las aventuras del Capitán América ejemplifica que el proceso de prueba y error iniciado con Iron Man ha culminado, por fin, en una cinta que puede verse como cine de acción y no solo como el trasvase más o menos acertado de un personaje de papel al cine. Si ya la primera entrega, por lo menos hasta la traca final, conseguía hacer ver que el Capitán América es quizás el personaje que mejor puede funcionar en pantalla (es la única película donde el relato del origen es más interesante que todo lo que viene luego) aquí se abunda en esa misma idea: como en los años sesenta, pero ya ha llovido, Steve Rogers es un desclasado, aislado de su tiempo, un patriota que conserva su integridad (y su liberalismo), y que no solo no entiende los matices del mundo moderno y la tecnología, sino los quiebros y piruetas que ese mundo moderno ha acabado por adoptar con tanto descaro que parece que fueran sus enemigos (en la ficción del cine y en la realidad de nuestras vidas) quienes hubieran ganado la guerra.

La película es una excelente película de acción, quizá la mejor de todas las que se han hecho de los superhéroes hasta el momento: el referente Indiana Jones de la primera película se transmuta aquí en James Bond, y es bueno que el personaje no tenga superpoderes exagerados y lo veamos sufrir, dañarse, sangrar y enfrentarse prácticamente a manos desnudas, con escudo o sin él, a todo el montón de obstáculos que se le ponen por delante, desde un caza armado hasta los dientes a dos docenas de maromos en un ascensor. Si Robert Downey Jr convirtió a Tony Stark en sí mismo, Chris Evans se mete en la piel de Steve Rogers como si hubiera nacido para interpretarlo: es apuesto y desvalido al mismo tiempo, ingenuo y pícaro, duro y tierno. Lo vamos a echar de menos cuando abandone la franquicia... y el abandono de la franquicia se ve a la legua en esta película.

Los guionistas tiran sin disimulo no del Capitán América, sino de aquella miniserie de Nick Furia contra Shield, y la mezclan con la quizá demasiado reciente saga de El Soldado de Invierno. De hecho, la importancia de este personaje en el devenir de la película es prácticamente anecdótica y el argumento podría haberse desarrollado igualmente sin él, en tanto la riqueza de su pasado apenas se insinúa y la tercera película irá en esa dirección. Más adecuado, en mi opinión, habría sido llamar a este film "Capitán América contra SHIELD" y dejar este título para la tercera entrega. Pero doctores (Extraños) tiene Marvel.

La historia de espías, donde nadie se fía de nadie, las escisiones de SHIELD, los malos infiltrados, las persecuciones, la presencia en la sombra del malo malísimo, incluso la versión más o menos moderna de personajes como el Halcón o Arnim Zola es interesante, bien contada, trepidante. Los momentos de pausa no hacen sino revalidar la enorme riqueza emocional que Stan Lee (sí, Stan Lee, no los creadores originales) supo añadir al personaje, creando un ente nuevo que sobrevive hasta nuestros días.

Menos me convence la idea de que en la organización de espías han estado in albis toda la vida, que Hydra inmortal Hydra tenga miles de malosos infiltrados en todas partes. La película habría salido ganando si, en vez de Hydra, nos hubieran presentado, incluso descafeinado, lo que no deja de ser un golpe de estado del Imperio Secreto, o cómo los políticos y sus seguidores actúan no por maldad intrínseca (como parece el caso), sino por eso tan doloroso que experimentamos en la vida real cada vez más: por pragmatismo. Que Robert Redford, con su pasado casi izquierdoso, haga de malo aquí parece indicar que por ahí pudieran haber ido los tiros.

El status quo del universo Marvel cinematográfico queda patas arriba al término de esta película, algo que afectará a la serie televisiva de los hombres de Coulson y que habrá que ver cómo se menciona en la próxima entrega de esta "fase dos" (miedo da la "fase tres") de los personajes marvelianos.

Hay un par de huevos de pascua divertidos. O dolorosos, según se mire. Porque ver cómo Sharon (no sabemos su apellido) acierta en la diana de su blanco como nueva agente de la CIA tiene su aquel, no me digan ustedes...

2014-03-14

PEPE-4



Hay demasiadas ocasiones en que servidor de ustedes no comprende cómo Carlos Giménez no tiene hoy en día la veneración que se merece desde hace décadas. Carlos lo ha dado todo y lo ha hecho todo en el mundo del tebeo, desde la ciencia ficción a la historia, desde el humor a la crónica, desde la sátira periodística a la autobiografía. Y siempre desde su categoría de narrador impresionante, imprescindible, explorador antes que los demás de géneros y recursos dentro del medio. Se nos van los elogios a autores extranjeros, nos escudamos en distinguir tebeo o cómic de novela gráfica cuando Giménez, insisto que desde hace décadas, tendría que ser un referente de todo y para todos. To boldly go where Gimenez has gone before.

La última empresa del genio es relatar en historieta, en cinco álbumes, la biografía de Pepe González, lo saben ustedes. Una aproximación que en ocasiones parece un palimpsesto de su célebre obra anterior, Los Profesionales, donde sólo el nombre de Pepe González figura sin disfraz y donde editores y autores (Toutain o el propio Giménez) aparecen camuflados o con nomenclatura diferente a la del pasado.

La historia de Pepe, así, se nos muestra como una acumulación de anécdotas, momentos vividos, recordados o relatados donde el genial autor de Vampirella demuestra su arte y su incapacidad de orden en el mundo caótico que lo rodea y del que se rodea. Hay muchas risas en los álbumes anteriores, un tanto de repetición machacona al respecto de su enorme valía como dibujante y su falta de interés por muchas cosas.

Pero el retrato se empaña en este último álbum, el penúltimo, donde empezamos a asistir al deterioro físico y personal de Pepe González. Las risas se convierten ahora en un nudo en la garganta: hay tristeza, hay soledad, hay ese sentido inevitable de luchar contra la muerte. Pepe asiste a su decrepitud física, a la vejez, al descuido y la desidia, a la enfermedad y el desorden. Y nosotros con él sufrimos todo eso, como una avanzadilla de lo que también nos esperará algún día.

Giménez no quiere contar el mundo de la noche que al parecer fue también parte indivisible de la historia personal de Pepe González. Quizá no le hace falta. En este álbum permea la idea de indefensión, de desastre inmimente, y ni siquiera un gran desastre: el final que nos aguarda a todos, como ya le ha alcanzado a Truffaut-Toutain en su historia, como le alcanza al mundo de las agencias y las revistas. Las últimas páginas son una reflexión en voz alta, un lamento por la pérdida desde la experiencia y la sabiduría.

Giménez no está haciendo solamente biografía de otro autor. Está haciendo biografía de un medio, de una época, de nosotros.

Está haciendo biografía de sí mismo.



Ahora falta que hagamos un carnaval a la altura.

2014-02-20

ROBOCOP 2014



En el fondo, era inevitable que el único superhéroe del cine de los ochenta que no procedía de los cómics quiera sumarse al carro de los personajes de los cómics que inundan el cine. El problema del nuevo Robocop, que inició de la mano de Paul Verhoeven una larga franquicia que tuvo una no menos larga agonía en varias secuelas, una infausta serie de televisión con actores de carne y lata y otra no menos infausta de dibujos animados, es que veinte años más tarde cuenta más de lo mismo y ni siquiera lo cuenta igual, sino peor.

El Robocop original era una historia intrascendente y algo exagerada que estaba tan cargada de mala leche que resultó profética. Iba limitadita de presupuesto y no tenía más complicación que el mecanismo de un botijo, pero funcionaba muy bien y, en aquellos tiempos de efectos especiales que hoy nos parecen del cuaternario, causaba hasta asombro.

El nuevo Robocop tiene el problema de enfrentarse a aquella película y querer ser un remake, cuando podrían haber asumido directamente lo que la(s) otra(s) películas ya contaron y repetir el experimento con otro policía hecho chiribitas que no fuera ni se llamara Murphy. Porque la película pretende distanciarse y casi lo logra en tanto se dedica mucho más a explorar el dilema humano-robot o el componente ético (y hasta familiar) del experimento que la caza de los malos. Este Robocop de armadura negra se colapsa en seguida, realiza sus detenciones casi off camera, y dedica la última media hora de película a investigar su propia muerte y a llegar a conclusiones detectivescas, localizando al malo, que parecen tan sacadas de la manga que resultan inverosímiles. Todos sabemos que el pobre Michael Keaton es el villano, pero no está bien explicado ni es convincente.

La peli se rodea de al menos cuatro actores que han aparecido en diversas películas de superhéroes: el citado Keaton, el insoportable Samuel L. Jackson, un repulsivo y poco creíble e insuficientemente explorado Jackie Earlie Haley (o sea, para entendernos, el fulano que estaba debajo de Rorschach), y el grandísimo Gary Oldman, que si está inmenso haciendo de malo está todavía mejor haciendo de bueno, y que interpreta al personaje más agradable y mejor logrado de la película.

No lo hace mal el protagonista, aunque su cuerpo blindado no engancha tanto como el original, ni tiene ese peso en movimiento que aquí comunica el sonido. No hay ningún atisbo de crítica social (con la que está cayendo ahora mismo en Detroit, precisamente), y el alcalde y los ricachos no tienen ese reverso tenebroso de la peli original. La violencia es profundamente light: Robocop dispara cargas paralizantes.

Se deja ver toda la primera hora, el proceso de Frankensteinización de Murphy, y empieza a perder fuelle desde el momento, demasiado apresurado, en que el Robocop se enfrenta a tropecientos robots y se los carga. Luego ya el desenlace es puro trámite.

Doctor Q: Manuel Dicenta
Segundo Doctor: Manuel Alexandre
Tercer Doctor: Pablo Sanz
Cuarto Doctor: Valeriano Andrés
Quinto Doctor: Pedro Osinaga
Sexto Doctor: Paco Valladares
Séptimo Doctor: Raúl Sender
Octavo Doctor: Eusebio Poncela
War Doctor: José Sacristán
Noveno Doctor: Jose Coronado
Décimo Doctor: Javier Antón
Undécimo Doctor: Diego Pérez
Duodécimo Doctor: Antonio Dechent


The Master: Pastor Serrador/ Luis Tosar



En estos días en que tengo el blog algo desatendido, porque no tengo nada interesante que contar ni ganas de repetirme y me muerdo la lengua porque no me fío de cómo anda el patio, llega como todos los años el carnaval de Cádiz.

O eso que se le parece cada vez menos y que a muchos gaditanos nos repele cada vez más. Empieza esta noche el Concurso Oficial de Agrupaciones, o sea, el Falla de toda la vida, con ausencias notables, los deberes por hacer, un reglamento que no gusta a nadie, la polémica ya servida porque no dejan acceder a los medios online, y con un montón de días por delante para soportar agrupaciones que no llegarán, muchas de ellas, ni a los niveles de calidad que tienen muchas agrupaciones callejeras, esas que los exquisitos del concurso siguen llamando ilegales.

Tres semanas largas de preliminares donde las emisoras y las teles locales darán la brasa con lo bien que está todo en Cádiz y donde las agrupaciones defenderán las acciones de Gamonal pero ni se les ocurrirá criticar más cerca y donde al final todos correrán a hacerse la foto con el político de turno o a actuar el sábado a la capital andaluza (que ya podía, por cierto, la capital andaluza, esperar a que terminara el carnaval en Cádiz).

Pues eso, que tampoco ando yo con muchas ganas de carnaval, pero como todavía falta un mes, aquí pueden ustedes ir haciendo boca y comentar lo que se les apetezca. Alfred, que anda con menos ganas de Carnaval que yo, ya avisó que colaborará poco. Esperemos que se desdiga y nos entretenga con su sapiencia.

Tataratachín, tataratachero, el Carnaval de Cádiz abre el telón de nuevo.



7. MADE IN AMERICA

Lo que Lee tenía que contar ya lo contó en su momento. Fue capaz de poner la máquina a punto y echarla a andar, lo cual ya es bastante. Si alguna vez dio la impresión de que era un rebelde al sistema, su salida del mercado por la puerta de plata contradice cualquier impresión de que fuera un luchador por la causa como, ahora, se nos vende la imagen de Jack Kirby o se le niega (por ser aún más individualista y facha) a Steve Ditko.

El mérito de Lee quizá esté más en sus funciones como "editor" que como argumentista. Sus magníficos textos y sus exaltados diálogos podrían parecernos hoy superados, y quizá así sea, pero en su momento rompieron moldes y demostraron que había que leer los bocadillos para disfrutar de un tebeo. Los dibujos de Jack Kirby se leen y admiran solos, pero son los diálogos que inserta Lee, los cambios que Lee fuerza, los engaños que Lee escamotea (por ejemplo, la discusión respecto a la cicatriz diminuta de Doctor Doom, según quiere absurdamente Kirby; la personalidad de Green Goblin, un tipo anónimo según exige Ditko), son lo que al fin y al cabo han venido a dar la imagen de la casa, la marca de fábrica.

Es posible que Lee no quisiera o no le dejaran continuar siendo el papá sonriente pero tiranuelo dentro de la casa. Es posible que, fuera ya de la empresa los artistas con los que mejor se entendía y con los que más se peleaba (y a lo peor a los que más ideas robaba), él mismo se diera cuenta de que diez años en el mundo del comic (diez años de entonces, equivalentes a unos dos de ahora) son demasiados, más de una o dos generaciones de lectores. Es posible que, al dictado el género de terror y de kung-fu que se imponía, con el despertar de la Distinguida Competencia y la aparición de títulos más "adultos" y con el marchamo de "cualité" al que desde entonces ha jugado DC a falta de poder desarrollar algo interesante en sus series más señeras, Lee comprendiera que su época como guionista y multipoderoso editor de todos los títulos de la casa había pasado. Una generación de nuevos lectores, dibujantes y escritores necesitaba una nueva generación de editores, y fue entonces cuando Lee se convirtió en el relaciones públicas de sí mismo que hemos aprendido a admirar y a repeler, identificándose quizá sin trasfondo real con la maquinaria que es Marvel (aquello de "el estado soy yo" pero en tebeos), publicitando productos inferiores cuando no horrorosos fuera del género para televisión o videojuegos (nunca cine), donde se saquean sin disimulo guiones de comic-books a los que se altera orden y significado, quizá porque todo vale una vez el tebeo está terminado y cobrado...

Stan Lee ha vendido siempre su imagen sonriente de abuelete insertado en el sistema, de creador millonario, despreocupado y feliz. Sabemos por otros autores que Marvel no los ha tratado bien, o que ha destrozado sus ideas o sus derechos, pero Lee jamás ha dicho esta boca es mía. Si ha tenido algún roce (que debe haberlos tenido, claro) con los "powers-that-be", con la gente que estaba y está por encima, nunca ha levantado la voz por la cuenta que le trae. Y aunque no se hablara ya con Ditko o con Kirby reconozco que jamás he leído más que alabanzas por su parte hacia sus compañeros de fatigas creativas. Quizá en eso, como en tantas otras cosas forzadamente alegres e intrascendentes, Lee no sea sincero. Mucho más que Kirby, casi a la altura del hosco Ditko, Stan The Man sigue siendo un desconocido escondido tras la cortina de humo de su sonrisa de gato de Cheshire.

Me da la impresión de que a Stan Lee nunca le ha importado demasiado el enorme potencial de lo que él y otros han creado; o, para ser más exacto, que no se lo ha tomado demasiado en serio. Y quizá hace bien.

A fin de cuentas, son sólo tebeos.



6. EN LA CRESTA DE LA OLA

Siendo un magnífico escritor, con un sensacional sentido del tempo narrativo y del drama, resulta curioso que los personajes más emblemáticos y significativos del universo marveliano se le discutan o que él mismo reconozca son creación de otros. Es el caso de Estela Plateada, que a pesar de ser creado de rondón por Jack Kirby es "usurpado" por Lee poco después y acaba por ser, junto con Spider-Man, su personaje más característico.

Silver Surfer, dibujado por los hermanos Buscema en uno de los más bellos ejercicios de exhibición anatómica plateada y de poses declamatorias (y de sexo encubierto, ah, Mefisto y Shalla-Ball), constituye el punto álgido de Lee como escritor, y también, curiosamente, su más sonoro fracaso. Cierto que eran tebeos dobles, más caros, y que hubo según confiesan problemas de distribución que dieron al traste con el experimento. Pero a pesar de los maravillosos dibujos y de los hermosísimos monólogos de Estela Plateada el lector no puede desprenderse de la sensación de estar leyendo un peñazo inaguantable.

Estela Plateada es el personaje de Lee llevado al paroxismo pacifista, el quiero y no puedo definitivo, un tebeo adulto como eran los tebeos adultos hace dos o tres décadas, infantil a ratos, profundo sin sonrojo. El marginado definitivo. El mártir absoluto.

Y también el personaje con el que Lee, en más de una ocasión, trata de escapar al Universo Marvel. Ya la novela gráfica (recientemente reeditada) realizada con Jack Kirby se juega a la peligrosa baza de tratar de "aislar" al surfero plateado del resto del universo de papel, en peligroso movimiento que hace que, por ejemplo, los personajes Marvel (y también DC) no valgan un pimiento fuera del género, pues falta el contrapeso de todos los otros personajes y el contexto del universo para darles equilibrio (¡toma nota, Hollywood!).

Cuando Lee inicia la serie del Surfer, lo hace con otros puntos de vista, y son contados los otros superhéroes (Thor, Fantastic Four, Spider-Man) que asoman a sus páginas. Estela Plateada ya había tenido sus más y sus menos con Doctor Doom en la serie de los Fantásticos, pero éste no se ve por aquí ni con lupa. Es Mefisto el malo malísimo de este título. Y, para demostrar que Lee es un chico muy leído que adora la ópera, hasta el Holandés Errante se permite hacer una incursión por sus páginas. Y el monstruo de Frankenstein, en una nueva y tediosa revisitación después de su puesta al día bajo la piel verde de Bruce Banner. Y los badoon como raza extraterrestre-futura no conocida en el universo marveliano del momento.

Silver Surfer es un tebeo extraño. El primer número, donde se narra el origen del personaje, entra en absoluta contradicción con lo contado ya en la serie de los 4F: pues si Norrin Radd ya era noble, bello e idealista allá en su planeta de calvos, antes de que Galactus le diera su capa de barniz titanio, ¿a qué venía entonces su súbito cambio de actitud y su revuelta contra Dios, la "humanidad" aprendida de Alicia Masters, lo injusto de su destierro en la Tierra? O Lee no se acordaba o no le interesaba. Tuvieron que llegar luego otros, claro, y enmendarle la plana, y explicar la amnesia provocada por Galactus al darle los poderes y todo eso. Siempre es bueno tener a los subalternos al quite.

Después del origen cósmico, el resto de la serie es un incesante vagabundeo en busca de respuestas, palabras huecas y metáforas hermosas que a nada conducen (pero dando, ojo, mil vueltas a piruetas sobre vacío como Haxtur), explotando hasta la saciedad el tema de la incomprensión, la falta de solidaridad o la violencia inherentemente humanas. El castigo de reclusión en la Tierra acabará por pesar enormemente sobre la serie, pues Lee jamás llevó adelante ningún paso lógico en las situaciones estancadas de sus personajes, excepto para casar a alguno de ellos, y no es extraño que, agotado en sí mismo el concepto, Estela Plateada volviera a ser un secundario de lujo, ultrapoderoso (que ese pudiera ser otro fallo), relegado a apariciones esporádicas en el título que lo vio nacer. Y tampoco es extraño que, cuando muchos años después volvieran a resucitar la serie, obviaran el bello batacazo de papá Lee y optaran por darle al personaje un matiz spaceoperístico la mar de horroroso, libre de las cadenas impuestas por su pecado de ser hippy bienintencionado y meditabundo en una Tierra que ya no estaba para esas zarandajas.